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jueves, 26 de noviembre de 2015

El revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad

En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad. Se encuentran profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños; su mirada se limita a deslizarse sobre la superficie de las cosas y percibe “formas”, su sensación no conduce en ningún caso a la verdad, sino que se contenta con recibir estímulos, como si jugase a tantear el dorso de las cosas. Además, durante toda una vida, el hombre se deja engañar por la noche en el sueño, sin que su sentido moral haya tratado nunca de impedirlo, mientras que parece que ha habido hombres que, a fuerza de voluntad, han conseguido eliminar los ronquidos.
Nietzsche

viernes, 24 de julio de 2015

Títulos, viajes y libros

Tengo en mis manos el libro titulado El hombre en las redes de las nuevas tecnologías. Aportes a la disolución del enfrentamiento hombre-técnica, de Andrea Cortés-Boussac. Un libro pretencioso que no terminé de leer porque mi paciencia tiene límites.
La autora es filósofa de los Andes y doctora en filosofía de la Freie Universität de Berlín (Alemania, aclara ella), parece que allá conoció a su esposo ilustre, a quien dedica su libro agradecida por haberla sacada de la ignorancia en la que estaba sumida. A su esposo Etienne, a su hija Sophie y a su maestro Andrew Feenberg, quien fue discípulo de Marcuse, quien fue discípulo de Heidegger.
Andrew Feenberg se deshace en elogios al libro de Andrea Cortés-Boussac, quien se deshace en elogios a la obra de Marcuse y Heidegger, parece que Andrea parte del presupuesto de que en la universidad se gestan las grandes ideas y que el cuatrinomio Cortés-Boussac-Feenberg-Marcuse-Heidegger es apenas lógico: los maestros preparan a los discípulos para que dominen la materia y den cuenta de que en la universidad surgen las grandes ideas, las más revolucionarias.
En el libro son fundamentales los títulos, los cargos y los reconocimientos académicos de la autora y de quien presenta el libro de la autora y se presenta la obra y la figura de Heidegger como si se tratara de El Más Sabio de los hombres. Se usan las grandes ideas del Maestro para saber si cuando una persona usa su cuenta de Twitter o de Facebook se trata de un hombre, un ser, un ser humano, un ente, un humano, un sujeto, una persona, una cosa, un zombie… Lo más gracioso de todo es que la autora se rompe la cabeza tratando de explicar la tonterías que el Maestro explicó de manera confusa (para que las entendiera sólo él mismo) y la susodicha ni siquiera tiene perfil en las redes sociales, es una completa nulidad en el manejo de estos espacios.
¿Por qué se publican este tipo de libros?
¿Quién lee este tipo de libros?
¿Qué sentido tiene usar la obra de Heidegger para explicar algo tan tonto como la experiencia de los usuarios en las redes sociales?
¿Qué sentido tiene viajar desde Bogotá hasta Berlín, perder varios años de la vida allá para terminar escribiendo babosadas del tipo?:
“Esto no quiere decir que el hombre esté preso de la tecnología porque según esta interpretación seguiría primando el esquema sujeto-objeto. Bajo este esquema no se explica el mundo en redes, más que como una suma de objetos que afectan al sujeto, pues, en determinados casos éste ya no los puede dominar. Por el contrario, la propuesta heideggeriana de “In-der-Welt-sein” (ser o estar en el mundo) envuelve hombre y mundo en una unidad con diferentes dimensiones que no la descomponen, sino la exponen mejor y la enriquecen”. (página 35).
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