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sábado, 12 de noviembre de 2016

El cerebro y el mito del yo

Una neurona es, entre otras cosas una pila eléctrica y, como tal, genera un voltaje.
Somos básicamente máquinas de soñar que construyen modelos virtuales del mundo real.
Lo que hemos dado en llamar pensamiento es la interiorización evolutiva del movimiento.
El movimiento sin objetivo no sólo es un gasto inútil, sino que puede ser muy peligroso.
¿Cómo se efectúa esta interiorización de la motricidad cuando adentro nada se mueve?
El control cerebral del movimiento organizado dio origen a la generación y naturaleza de la mente.
Las plantas no se mueven activamente y no necesitan cerebro: su sobrevivencia no depende de la anticipación.
La gran desventaja de la homogeneidad es que disminuye la variación, la cual es la clave de la supervivencia.
Las emociones representan la plataforma premotora que impulsa o que frena la mayoría de nuestras acciones.
A pesar de que el corazón late por sí mismo, el sistema nervioso también modula la periodicidad de este ritmo intrínseco, como en el caso de estar aterrorizado.
Algunos estudiosos señalan que el hecho de no poder determinar directamente si lo animales tienen sentimientos subjetivos (cualias) implica que no los tienen.
Si el problema de caminar se dejara en manos de las propiedades intrínsecas de nuestros músculos propiamente dichos, no llegaríamos ni a la esquina de la casa.
No parece que los computadores de hoy en día estén listos para tener una mente, pero ello puede deberse más a limitaciones del diseño arquitectónico que a limitaciones teóricas para crear mentes artificiales.
Dada la naturaleza del sistema tálamo-cortical, la entrada sensorial del mundo externo sólo adquiere significado merced a la disposición funcional preexistente del cerebro en un momento dado, es decir, merced a su contexto interno.
La relación entre los estados emocionales y las acciones –y, por supuesto, la motricidad misma- es de suma importancia, pues, bajo circunstancias normales, los estados emocionales son disparadores de la acción y de su contexto interno.
A pesar del saludable respeto que tengo hacia la evolución, he llegado a creer que ésta puede explicarse básicamente como un producto de la Ley Universal de la Pereza. Esta ley ordena la comodidad y la utilidad: la vía de la menor resistencia.
Aunque nos resulte molesto, el hecho es que el “sí mismo” es fundamentalmente tan sólo una estructura funcional útil, generada por parte del sistema nervioso para centralizar y por tanto para coordinar sus propiedades predictivas.
Las cuestiones concernientes a la función de la mente se rigen por las mismas reglas biológicas que resultaron en la evolución del sistema nervioso, a saber, el desarrollo evolutivo por ensayo y error por parte de la selección natural, tanto en células singulares como en el animal como un sistema completo.
Si se coloca un electrodo de estimulación en el haz medial telencefálico de la rata, el centro de placer del cerebro, y se permite al animal activar esta área presionando una palanca conectada eléctricamente, la rata dejará de comer, de dormir y de beber para mantenerse en un estado de perpetua felicidad. Y se mantendrá así hasta morir.
Una vez evolucionadas, las neuronas constituyen la estructura central de todos los cerebros en todas las formas animales: transmiten información, construyen, soportan y memorizan el mundo interno –mundo compuesto de neuronas que simula la realidad externa apropiándose de sus principios operativos, para después volver a introducir en el mundo exterior el producto de la cognición por medio de los movimientos que denominamos conducta.
El cerebro es básicamente cerrado en su naturaleza y operación, escapa completamente al examen directo de los sentidos, no lo vemos ni oímos, no lo sentimos palpitar, no se mueve en ninguna dirección, no siente dolor si lo golpeamos. Más aún, parece muy distante de su asiento corporal como cuando nos compadecemos del dolor ajeno u observamos admirados el universo.
El placer debe tasarse y no inhalarse demasiado profundamente. Idealmente el placer no es un “fin en sí mismo”, sino el medio para un fin. Si llegamos a un tipo de conciencia colectiva, podría ser una conciencia peligrosamente narcisista, una conciencia que precipitara la desintegración de la sociedad, ya de por sí debilitada por el clima ominosamente anti-intelectual en el cual vivimos.
¿Es la ”mente” una propiedad únicamente biológica o es en realidad una propiedad física, que en teoría podría ser soportada por una arquitectura no biológica? En otras palabras, ¿hay alguna duda de que la biología sea diferente de la física? El conocimiento científico acumulado en los últimos 100 años sugiere que la biología, con todo y su sorprendente complejidad, no difiere de los sistemas sujetos a las leyes de la física. Por tanto, sería posible generar la conciencia con base en un organismo físico, que fue lo que ocurrió en nuestro caso, y al cual llamamos “un sistema biológico”.
El cerebro debe reconstruir el mundo externo como una película o un sueño continuo, en permanente discurrir. Para ello debe anticipar o prever constantemente, operando y orientando su foco de manera discontinua, pero integrando todo lo anterior mediante una actividad en saltos, en intervalos discretos de tiempo. En otras palabras, la predicción impulsa la reorganización de foco de manera rápida y evanescente.
Teóricamente se comprende que el sistema nervioso puede diseñar dos tipos generales de estrategia. En la primera dejaría el sistema en completa libertad y en la segunda lo dotaría de un mecanismo intrínseco que reduzca el número de tales elecciones. Por libre entiendo que si una gacela ve llegar a un tigre, puede decidir correr brincando de la manera esperada, o con sólo tres de sus cuatro patas o con dos patas hacia adelante y dos hacia atrás. El problema de una acción completamente libre, con posibilidades infinitas, es que resultaría muy costoso para el sistema. Por ser hipercompleto, necesita un mecanismo eficiente que reduzca sus grados de libertad, ya que sus elecciones son verdaderamente críticas. No sólo sería ineficiente, sino potencialmente letal pasar demasiado tiempo deliberando cómo escapar del tigre. Un sistema que implemente inadecuadamente la fuga, como sería, por ejemplo, intentar primero movimientos natatorios entando en la tierra, llevaría a la muerte.
El cerebro y el mito del yo. Rodolfo Llinás. Bogotá. Norma. 2002. 360 páginas.

Franciso Bacon. Retrato de una pesadilla

No podía vivir sin la decadencia de las grandes ciudades. . El campo le producía horror, decía que no soportaba “despertar con todas esas cosas cantando afuera”. (Felipe Restrepo).
Aunque ya había pasado los cuarenta cuando conocí a Peter, me di cuenta de que nunca antes me había enamorado. Por supuesto, desde el inicio fue un desastre: estar enamorado de esa forma tan extrema -total y físicamente obsesionado- es como tener una enfermedad espantosa (Francis Bacon).
Soy idiota, pero soy curioso y brillante. No me importa nada y no creo en nada. Nada. Sólo existe mi brillantez y la brillantez de la vida (Francis Bacon).
Francis y yo nos encontramos situados en polos opuestos del espectro. A él le gustan los camioneros de mediana edad, y yo prefiero a los jovencitos. El se mofa de la inmortalidad y para mí es lo único que importa. Aunque claro que estamos relacionados por a morbosidad de nuestros temas (William Burroughs).
Desde luego Bacon siempre fue un ateo y sostenía que toda creencia religiosa no era más que una ilusión autoprotectora y dentro de su visión de mundo, en donde el azar era lo más importante, no había espacios para ningún Dios.
No creo en nada, pero siempre me alegra despertarme por las mañanas. No me deprime. Nunca estoy deprimido. Sé que es una locura, porque es un optimismo sobre nada. Creo que la vida no tiene sentido y sin embargo me excita. Siempre creo que va a suceder algo maravilloso (Francis Bacon).
El crítico Grey Gowrie dijo que Bacon y Eliot comparten “el mismo sentimiento de una civilización que atraviesa una depresión nerviosa” (Felipe Restrepo).
Una vez en Londres, el funeral de Dyder fue emotivo. A lo largo de la toda la ceremonia, Bacon mantuvo la misma actitud que le habían criticado tanto: no mostró ni un poco de tristeza y más bien parecía mirar todo con cierto sarcasmo (Felipe Restrepo).
A pesar de que sus cuadro se vendían en miles de libras, Bacon siempre mantuvo un estilo de vida austero. Aparte de algunas extravagancias -como las apuestas y las fiestas alocadas- no dejó que el dinero le cambiara la vida: nunca quiso tener lujos ni un estilo de vida burgués. Decía que, al igual que Picasso, quería “ser lo suficientemente rico para vivir pobremente”. Y la prueba es que, aunque comía en los mejores restaurantes de Londres, sostenía que su comida favorita era un huevo hervido (Felipe Restrepo).
Mi vida ha sido un desastre. Todos los que he amado están muertos. O se mataron con el alcohol o se suicidaron. No sé por qué atraigo a este tipo de personas, pero no hay nada que pueda hacer al respecto (Francis Bacon).
Siempre pretendí expresar las cosas del modo más directo y crudo posible, y puede que, si una cosa llega directamente, la gente sienta que es horrible. Porque si dices algo muy directamente a alguien, aunque sea un hecho, el otro suele ofenderse (Francis Bacon).
Creo que el arte es una obsesión de vida y, después de todo, dado que somos seres humanos, nuestra mayor obsesión somos nosotros mismos, aunque detesto mi propia cara y he hecho autorretratos porque no podía pintar a otros (Francis Bacon).
La mirada de Bacon se posa sobre el rostro como una mano brutal, intentando apoderarse de su esencia, de ese diamante oculto en las profundidades. Es cierto que no estamos seguros de que las profundidades encierren realmente algo. Pero, como quiera que sea, en cada uno de nosotros está ese gesto brutal, ese movimiento de la mano de arruga el rostro del otro, con la esperanza de encontrar en él o detrás de él, algo que se ha escondido allí (Milan Kundera).
A finales de los setenta le informaron que el Palacio de Bukhingham quería nombrarlo caballero del Imperio Británico, pero él declinó el honor y dijo en broma que ya era suficiente con un Sr Francis Bacon (Felipe Restrepo).
Tengo siempre conciencia de mi condición mortal. Y odio esa condición: no quisiera morirme nunca (Francis Bacon).
La violencia de los cuadros elegidos le dio la razón a los comunistas más conservadores. Para ellos ésta era la prueba de la decadencia del capitalismo y de Europa en general. Algunos extremistas llegaron a decir que el pintor era un pervertido, que estaba poseído por el demonio o que sufría de alguna enfermedad psiquiátrica. Un médico incluso escribió un artículo en el que explicaba que la manera de pintar de Bacon se debía a una grave lesión cerebral (Felipe Restrepo).
Deleuze sostenía que Bacon había creado una forma de pintura en la que sus figuras estaban vaciadas de todo sentido, en las que la sensación lo era todo (Felipe Restrepo).
Francis Bacon. Retrato de una pesadilla. Felipe Restrepo Pombo. Bogotá: Panamericana. 2006. 124 páginas.

Imagen

El estilo es un asunto sencillo

El estilo es un asunto sencillo; todo es ritmo. En cuanto lo comprendes, no puedes equivocarte de palabras. Aunque por otra parte aquí estoy, después de media mañana, llena de ideas y visiones y cosas así, pero incapaz de verterlas por falta del ritmo adecuado. Esto sobre la esencia del ritmo es muy profundo y va mucho más allá de las palabras. Una visión, una emoción, crean esta ola en la cabeza mucho antes de que surjan las palabras apropiadas. Y al escribir (esto es lo que creo ahora) uno tiene que recapturar esto y asentar este funcionamiento (que aparentemente no tiene nada que ver con las palabras), de modo que después, cuando se fragmenta y rueda por la cabeza, crea las palabras adecuadas.
Virginia Woolf a Vita Sackville-West.

Las horas

Sólo el cielo sabe por qué lo amamos tanto. (La señora Dalloway)
Quería escribir sobre todo, sobre la vida que tenemos y las vidas que hubiéramos podido tener. Quería escribir sobre todas las formas posibles de morir. (La señora Dalloway)
La sorprende como la sorprendería un objeto raro y extraordinario, una obra de arte; por la sencilla razón de que sigue siendo, a través del tiempo, pura y simplemente él mismo. (La señora Dalloway)
Cuando vio este nuevo libro sobre su mesa de noche, apilado sobre el que había terminado la noche anterior, estiró la mano automáticamente, como si leer fuera la primera y única tarea evidente del día, la única forma viable de negociar el tránsito del sueño al deber. (La señora Brown)
Leonard, el brillante e incansable Leonard, que se niega a distinguir entre un retraso y la catástrofe; que venera el éxito sobre cualquier cosa y que resulta insoportable para los demás porque cree genuinamente que puede arrancar de raíz y reformar todas las manifestaciones de la irresponsabilidad y de la mediocridad humanas. (La señora Woolf)
Los hombres puede preciarse de escribir honesta y apasionadamente sobre los movimientos de las naciones; pueden pensar que la guerra y la búsqueda de Dios son los únicos temas de la gran literatura; pero si la posición de los hombres en el mundo tambaleara por un sombrero mal escogido, la literatura inglesa cambiaría dramáticamente. (La señora Woolf)
No tengo tiempo de describir mis planes, Debería decir muchas cosas sobre las horas y mi descubrimiento; cómo excavo hermosas grutas detrás de mis personajes; creo que eso plasma exactamente lo que quiero; humanidad, humor, hondura. La idea es que las grutas conecten entre sí, y cada una sale a la luz del día en el momento presente. (Virginia Woolf)
Piensa que Clarissa Dalloway se matará por algo que en la superficie no parece gran cosa. Su fiesta será un fracaso, o su esposo se negará una vez más a admitir algún logro en relación con ella misma o con su hogar. El truco estará en transmitir intacta la diminuta pero real desesperación de Clarissa; en convencer al lector sin lugar a dudas de que para ella las derrotas domésticas son tan devastadoras como las batallas perdidas por un general. (La señora Woolf)
Estas dos muchachas crecerán hasta llegar a la edad madura y después a la vejez, y se marchitarán o se hincharán; los cementerios donde serán enterradas eventualmente se volverán ruinas donde la hierba crecerá salvaje y los perros merodearán de noche; y cuando no quede nada más de estas muchachas que unas cuantas calzas perdidas bajo tierra, la mujer en el remolque, ya sea que se trate de Meryl Streep o de Vanessa Redgrave o incluso de Susan Sarandon, aún será conocida. Existirá en archivos, en libros; se guardarán las grabaciones de su voz en otros objetos preciosos y venerados. (La señora Dalloway)
Sí, piensa Clarissa, es hora de que el día termine. Damos fiestas; abandonamos a nuestras familias para irnos a vivir solos a Canadá; luchamos por escribir libros que no cambian el mundo a pesar de nuestros talentos y de nuestros generosos esfuerzos, de nuestras extravagantes expectativas. vivimos nuestras vidas, hacemos lo que sea que hagamos, y después dormimos -es así de fácil y ordinario. Unos cuantos saltan por una ventana o se ahogan o toman pastillas; muchos más mueren por accidente; y la mayoría de nosotros, la gran mayoría, somos devorados lentamente por alguna enfermedad, o si somos afortunados, por el tiempo mismo. No nos queda más que este consuelo: una hora aquí y allá en la que nuestras vidas se abren en una explosión, contra todas las posibilidades y todas las expectativas y nos ofrecen todo lo que jamás imaginamos, aunque todos excepto los niños (y quizás ellos también) saben que a estas horas inevitablemente seguirán otras más oscuras y más difíciles. Y sin embargo, amamos la ciudad, la mañana, más que nada, tenemos la esperanza de más. (La señora Dalloway)
No comer es un vicio, una especie de droga: con el estómago vacío se siente limpia y veloz, con la cabeza despejada, lista para la pelea. Toma un sorbo de café, baja la taza, estira los brazos. Levantarse a lo que parece ser un buen día, prepararse para trabajar pero no embarcarse todavía, resulta una de las experiencias más singulares. En este momento las posibilidades son infinitas, tiene muchas horas por delante. Su mente canturrea. Es posible que esta mañana logre atravesar el ofuscamiento, las tuberías atascadas, y llegar al oro. Lo siente en su interior, un segundo yo prácticamente indescriptible, o más bien un yo paralelo, más puro. Si fuera religiosa, lo llamaría el alma. Es más que la suma del intelecto y de sus emociones, más que la suma de sus experiencias, aunque corre por las tres como venas de metal brillante. Es una facultad interior que reconoce los misterios que animan el mundo porque está hecha de la misma sustancia y cuando es muy afortunada es capaz de escribir directamente a través de esa facultad. La satisfacción más profunda que conoce es escribir en ese estado, pero su capacidad de hacerlo viene y se va sin previo aviso. A veces levanta la pluma y la sigue con su mano mientras se mueve por el papel; a veces levanta la pluma y descubre que es sólo ella, una mujer con una bata de estar en casa y una pluma en la mano, temerosa e incierta, apenas competente, sin ninguna idea de dónde empezar o qué escribir. (La señora Woolf)
Las Horas. Michael Cunningham. Bogotá: Norma. 2000. 281 páginas.

Tres citas sobre el cerebro

La realidad es sólo una ilusión, pero una ilusión muy persistente.
Einstein
El cerebro está acostumbrado a asociar la visión del fuego cerca de la piel con la sensación de quemado, o la imagen de un cristal que cae, a un gran ruido. En el experimento los engañamos: la estimulación táctil del cuerpo real se sincroniza con la estimulación visual del cuerpo virtual. El cerebro intenta arreglar la incoherencia y acaba diciéndonos que nuestro cuerpo está allí donde se encuentra la imagen virtual.
Ehrsson
Si la tecnología de la conciencia se desarrolla suficientemente, se podría colocar a una persona en un entorno virtual y engañar a su cerebro hasta el punto de hacerle creer que su auténtica realidad es aquella y que su cuerpo real es el cuerpo que siente en el mundo virtual… la vuelta al mundo real podría ser muy impactante: una experiencia de este tipo conferiría una percepción muy clara de un hecho que normalmente tendemos a ignorar: que el mismo mundo real, la misma sensación que percibimos cada día de tener una identidad y estar en un cuerpo, no es nada más que una creación del cerebro, tan arbitraria y manipulable como la del mundo virtual. Incluso podríamos ser cerebros conservados en formol y nuestra conciencia, el resultado de una sencilla estimulación externa.
Metzinger

Cartas poéticas e íntimas

Me podría decir qué es el hogar.
El Hoy hace que el Ayer signifique.
El corazón sigue sollozando en su sueño.
La vida es para dos. Nunca para un comité.
El dolor que merece la pena no se va tan rápido.
Cada uno que perdemos se lleva una parte de nosotros.
La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.
Nunca intenté levantar las palabras que no puedo sostener.
El temor – como el Morirse, dilata la confianza o la impone.
Llévate tu corazón y tus rizos, y nada más excepto tus dedos.
Las candilejas no pueden mejorar la tumba, sólo la inmortalidad.
Extraño que yo, que tanto digo “no”, no pueda soportarlo de otros.
“A una hora en que tú no piensas” significa algo cuando lo pruebas.
Un Hoyuelo en la Tumba Convierte esa feroz Habitación En un Hogar –
El amor de Dios puede ser enseñado para que no parezcamos osos.
Sólo se conoce lo que se pierde. Sólo se posee lo que se destruye.
La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo.
Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para turbar a nadie.
Para un Emigrante, es País es ocioso a no ser que sea el suyo propio.
Laboro para deshacerme del espanto, pero el espanto impulsa la labor.
La vida es una muerte que prolongamos; la muerte es el gozne de la vida.
No recibo cartas de los muertos, y sin embargo, cada día los quiero más.
No sabemos dónde se encuentra, aunque sean tantos los que nos lo dicen.
Ya te quieren. Sé simplemente la doncella que eres para mí y te querrán más.
Tenemos que tener cuidado con lo que decimos. Ningún pájaro vuelve al huevo.
No ha sucedido nada sino la soledad, acaso demasiado cotidiana como para relatarla.
El Cielo ronda tenazmente a aquellos que lo encuentran aquí abajo, y los arrebata.
Siempre hay una cosa por la que estar agradecido -y es que uno sea uno mismo y no otro.
El éxtasis lo encuentro en el vivir, la mera sensación de estar viviendo es suficiente gozo.
Es reconfortante reconocer que somos provisionales permanentes, aunque nada más sepamos.
La vida está construida de tal manera que el acontecimiento no puede igualar a las expectativas.
Vivir es tan asombroso que apenas deja espacio para otras ocupaciones, aunque los Amigos son, si cabe, un acontecimiento más hermoso.
Uno aprende, cuando se hace viejo, que ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable, como lo sería la simple verdad.
Su pensamiento es tan solemne y cautivador que le deja a uno más fuerte y mas débil también, a Sanción de la Dicha.
La mayor parte de nuestros Momentos son Momentos del Prólogo. “Siete Semanas” es una larga vida – si se viven del todo.
La idea de que algún día miremos hacia abajo, y veamos los pasos torcidos que hemos dado, desde un lugar más seguro, debe ser algo precioso.
Cada día la vida parece más poderosa, y puesto que tenemos el poder de existir, más asombrosa.
Me alegra que mi niñita esté tranquila. La calma es un lugar profundo. A algunos, demasiado débiles para empujar, los asisten los ángeles.
Ninguna parte de la mente es permanente. Esto desconcierta a los felices pero ayuda a los tristes.
Oigo petirrojos a lo lejos y carretas a lo lejos y ríos a lo lejos, y todo se me aparece como apresurándose hacia algún sitio no desvelado para mí.
Hasta que el primer amigo muere, creemos impersonal el éxtasis, pero luego descubrimos que él era la copa de la que bebíamos, siendo ella misma aún desconocida.
Mi gato ideal tiene siempre una enorme rata en su boca, al tiempo que desaparece a la vista – aunque al desaparecer de la vista tiene en sí mismo un peculiar encanto.
Cómo vive la mayor parte de la gente sin pensamientos. Hay mucha gente en el mundo (usted lo debe haber notado en la calle). Cómo viven. Cómo sacan fuerzas para vertirse por las mañanas.
El genio es la ignición del cariño -no del intelecto, como se supone- la exaltación de la devoción, y en proporción a nuestra capacidad para eso, es nuestra experiencia del genio.
Madre estaba hermosa cuando murió. Los serafines son artistas solemnes. La iluminación que no viene sino una sola vez, se posó sobre sus facciones y parecía como esconder un cuadro al ponerla en la tumba.
Sueño con mi padre todas las noches, siempre un sueño diferente, y olvido lo que hago durante el día, preguntándome dónde estará. Sin nadie, continúo pensando. ¿Cómo puede ser eso?
Una carta la siento siempre como la inmortalidad, porque es la mente sola sin el amigo corporal. Deudores en nuestra conversación de la actitud y del acento, parece que hay un poder espectral en el pensamiento que camina solo.
Cuando frecuentaba el Bosque de Pequeña, me decían que una Serpiente podría picarme, que podría coger una flor venenosa o que los Duendes me podrían raptar, pero continué yendo y no encontré sino Ángeles, mucho más tímidos ante mí de lo que yo pudiera sentirme ante ellos.
Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Esta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?
Emily Dickinson. Cartas poéticas e íntimas (1859-1886). Barcelona: Grijalbo. 1996. 244 páginas.

Dos bellas columnas de alabastro cubiertas de seda

(Desde el lazareto del Pireo, Atenas) Allí había, escondida detrás de las cortinas, en la cama, una chica muy joven, de unos 16 o 17 años, de piel blanca, tez morena, con una blusa de seda ceñida a las caderas, extremidades finas, cara dulce y expresión adusta. Era la hija de Madame en persona, reservada sólo para las grandes ocasiones. Andaba con melindres y la han obligado a irse conmigo. Pero cuando ya estábamos echados y yo le había puesto el dedo índice en la vagina, después de que mi mano hubiera recorrido lentamente dos bellas columnas de alabastro cubiertas de seda (estilo pícaro Imperio), va y me dice en italiano que quiere examinar mi instrumento para ver si estoy sano. Como tengo todavía un callo en la base del glande y tenía miedo de que lo viera, me he hecho el señor y he saltado de la cama protestando por esta injuria, le he dicho que eso eran unas maneras inaceptables para un caballero, y me he ido, en el fondo muy mosqueado por haberme perdido un polvo tan estupendo y muy humillado por andar con un carajo tan impresentable.
Carta de Flaubert a Louise Bouilhet, 19 de diciembre de 1850. Razones y osadías. Barcelona: Edhasa. 1997

Sobre la amistad

Soy muy capaz de hacer y conservar amistades raras y exquisitas. Como me ato con tanto apetito a las uniones que son de mi gusto, me muestro, me abalanzo tan ávidamente que no puedo dejar de ligarme fácilmente y de dejar huella cuando me doy. A menudo he hecho la prueba con felicidad. Para las amistades comunes soy algo estéril y frío pues mi andar no es natural si no es a toda vela; aparte de que la fortuna, al haberme acostumbrado y engolosinado desde mi juventud con una amistad única y perfecta, en verdad que de algún modo me ha hecho perder el gusto por los demás y me ha grabado en el cerebro que soy animal de compañía y no de tropa, como decía aquel clásico. También porque por naturaleza me cuesta comunicarme a medias y con disimulo, y con esa servil y desconfiada prudencia que se nos ordena en el trato con esas amistades numerosas e imperfectas; y se nos ordena principalmente en esta época en la que no se puede hablar del mundo sin peligro o falsedad.
Montaigne

La tristeza de Madame Bovary

Aquella felicidad, sin duda, era una mentira imaginada por la desesperación de todo deseo.
Los apetitos de la carne, las codicias del dinero y las melancolías de la pasión, todo se confundía en un mismo sufrimiento.
Allí seguía tendida, con la boca abierta, las manos extendidas, inmóvil, y blanca como una estatua de cera. De sus ojos salían dos amagos de lágrimas que corrían lentamente hacia la almohada.
Las dichas futuras, como las playas de los trópicos, proyectan sobre la inmensidad que les precede sus suavidades natales, una brisa perfumada, y uno se adormece en aquella embriaguez sin siquiera preocuparse del horizonte que no se vislumbra.
Se sintió languidecer y completamente abandonada, como una pluma de ave que gira en la tormenta; e instintivamente se encaminó hacia la iglesia, dispuesta a cualquier devoción, con tal de entregarse a ella con toda el alma y de olvidarse por completo de su existencia.
Cuando se arrodillaba en su reclinatorio gótico dirigía al Señor las mismas palabras de dulzura que antaño murmuraba a su amante en los desahogos del adulterio. Era para avivar la fe; pero ningún deleite bajaba de los cielos y se levantaba con los miembros cansados, con el vago sentimiento de un inmenso engaño.
Estaba enamorada de León, y buscaba la soledad, a fin de poder deleitarse más a gusto en su imagen. La presencia de su persona le turbaba la voluptuosidad de aquella meditación. Emma palpaba el ruido de sus pasos; después, en su presencia la emoción decaía,y luego no le quedaba más que un inmenso estupor que terminaba en tristeza.
¿No parecía atravesar la existencia, apenas rin rozarla, y llevar en la frente la señal de alguna predestinación sublime? Estaba tan triste y tan tranquila, tan dulce y a la vez tan reservada, que uno se sentia a su lado prendido por un encanto glacial, como se tiembla en las iglesias bajo el perfume de las flores mezclado al frío de los mármoles.
La luz blanquecina de los cristales bajaba suavemente con ondulaciones. Los muebles en su sitio parecían haberse vuelto más inmóviles y perdidos en la sombra como en un aceáno tenebroso. La chimenea estaba apagada, el péndulo seguía oscilando. Y Emma se quedaba pasmada ante la calma de las cosas, mientras que dentro de ella se producían tantas conmociones.
Acostumbrada a los ambientes tranquilos, se inclinaba, por el contrario, a los agitados. No le gustaba el mar sino por sus tempestades y el verdor sólo cuando aparecía salpicado entre ruinas. Necesitaba sacar de las cosas una especie de provecho personal; y rechazaba como inútil todo lo que no contribuía al consuelo inmediato de su corazón, pues, siendo de temperamento más sentimental que artístico, buscaba emociones y no paisajes.
Estaba tan triste, tan triste, que viéndola de pie a la puerta de su casa, hacía el efecto de un paño fúnebre extendido delante de la puerta. Su enfermedad, según parece, era una especie de bruma que tenía en la cabeza, y los médicos no podían hacer nada, ni el cura tampoco. Cuando le daba muy fuerte, se iba completamente sola a la orilla del mar, de manera que el oficial de la aduana, al hacer la ronda la encontraba a menudo tendida boca abajo y llorando sobre las piedras. Dicen que, después de casarse, se le pasó.
-Pero a mí -replicaba Emma- eso me ha venido después de casada.
El siguiente día fue para Emma un día fúnebre. Todo le parecía envuelto en una atmósfera negra que flotaba confusamente sobre el exterior de las cosas y la pena se hundía en su alma con aullidos suaves, como hace el viento en los castillos abandonados. Era ese ensueño que nos hacemos sobre lo que ya no volverá, el cansancio que nos invade después de cada tarea realizada, ese dolor, en fin, que nos causa la interrupción de todo movimiento habitual, el cese brusco de una vibración prolongada.
Gustave Flaubert. Madame Bovary. Madrid. Cátedra. 2002. 432 páginas

La mayoría de los escritores

La mayoría de los escritores son gente tan fea que sus caras destruyen un sentimiento que quizá podría haberles sido favorables. Quizá soy demasiado sensible, pero varias veces me he sentido tan repugnado por esas caras que no he podido leer los libros sin que la cara se interpusiera. Especialmente esas caras de mujeres maduras gordas con ojos de cuervo.
Es horrible admirar el libro de un hombre y después conocerlo, y destruir todo el placer que causó su obra con unas pocas posturas egocéntricas, de modo que no sólo a uno le disgusta su personalidad, sino que nunca puede volver a leer nada de él con una mente abierta. Su pequeño ego malo siempre está espiándolo a uno detrás de las palabras.
Otros escritores están haciendo cosas todo el tiempo (charlas en ferias del libro, giras de firmas de autógrafos, conferencias, difusión de sus personalidades en tontas entrevistas) que, no puedo evitar pensarlo, los hacen parecer un poco baratos. Para ellos es parte del oficio, para mí, es lo que lo vuelve un oficio.
Cada cosa que uno alcanza elimina un motivo para querer alcanzar algo más. ¿Quiero ser un gran escritor? ¿Quiero ganar el premio Nobel? No si es demasiado trabajo. Qué diablos, les dan el premio Nobel a demasiados mediocres para que me interese. Además, tendría que ir a Suecia y ponerme un frac y pronunciar un discurso. ¿El premio Nobel vale todo eso? Diablos, no.
¿Por qué diablos esos idiotas editores no dejan de poner fotos de escritores en sus sobrecubiertas? Compré un libro perfectamente bueno… estaba dispuesto a que me gustara, había leído sobre él y entonces le echo una mirada a la foto del tipo y es obviamente un completo imbécil, una basura realmente abrumadora (fotogénicamente hablando) y no puedo leer el maldito libro.
El simple arte de escribir. Cartas y ensayos escogidos. Raymond Chandler. Barcelona: Emecé: 2004. 326 páginas.
Imagenmo

Dieta depresiva

Arrastrándome regreso a mi casa, con el rostro inundado de poppers derramado, apestando de pies y boca, hacía años que no estaba tan borracho, con unas ganas terribles de vomitar y cagar al mismo tiempo, imposible hacer las dos cosas a la vez, hay que elegir. Elijo evacuar primero mi diarrea, sentado en el retrete, una salsa infecta y pestilente salpica la loza, pero, de repente, el deseo de arrojar es demasiado intenso, me doy la vuelta para vomitar una bilis ácida que me arranca la garganta en la taza, a cuatro patas y con el culo desnudo entre el olor a desinfectante, y he aquí que la cagalera vuelve con fuerzas renovadas y acabo proyectando un litro de mierda líquida y apestosa sobre la puerta mientras lloro y llamo a mi madre.
Frédéric Beigbeder. El amor dura tres años. Barcelona: Anagrama. 2003: 95.

Reflexiones de algunos místicos presocráticos

Desde que empecé a leer me gustó coleccionar frases de Sabios, mis sabios favoritos no son los del siglo xx sino los presocráticos. Hay un postsocrático que me cambió la vida, se trata de Séneca. Entre las frases de los sabios mis favoritas están relacionadas con la eudemonología o arte del buen vivir. La tradición empieza con los presocráticos, luego con los griegos, de ahí pasa a los latinos, luego están los seguidores de los griegos y los latinos: Montaigne, Schopenhauer (a él también lo seducen los filósofos orientales), Nietzsche. Hasta ahí llego yo, no he encontrado después de Nietzsche o Baudelaire a otro moralista de su talla. León Bloy es muy dramático, llega a ser inauténtico. Me gusta la idea de Dios tal como la plantean Pascal, Baudelaire y Hugo Ball. El gran defecto de Flaubert fue no haber creído en Dios.
Las reflexiones de los presocráticos:
Yo he sido muchacho, muchacha, planta, ave y pez mudo del mar.
La amistad de un solo hombre de juicio es preferible a la de todos los insensatos.
No seas arrogante en la prosperidad, pero si caes en la pobreza no te humilles. Aprende a soportar los cambios de la fortuna con nobleza.
No debe sorprender, entonces, que hablemos así y estemos satisfechos de nosotros mismos y nos consideremos bien dotados. También el perro parece hermoso ante el perro, el buey ante el buey, el asno ante el asno y ciertamente el cerdo para el cerdo.
Conócete a ti mismo. Honra a los que han muerto santamente. Respeta a los más ancianos. Prefiere la pérdida sentida a la ganancia vergonzosa, pues aquélla trae dolor sólo una vez; ésta, siempre. Domina la ira. Obedece las leyes. Si sufres injusticia, reconcíliate; de la Hibris, defiéndete.
Y los hombres observan en su vida sólo una pequeña parte de toda su existencia, pues corren a una rápida muerte, llevados hacia la altura como el humo, persuadidos únicamente de que lo que como individuos encuentran por azar en todas direcciones, pero seguro cada uno de haber descubierto el Todo.
Nada en exceso, huye del placer que provoca dolor. No conquistes amigos demasiado pronto, pero si los has ganado no los rechaces con rudeza. Si tú has aprendido a obedecer, aprenderás también a mandar. Aconseja a tus ciudadanos no lo más agradable sino lo mejor. Sé comprensivo frente a tus propios allegados. Deduce lo invisible de lo visible.
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Los consejos de Rilke

Los profesores de literatura y los críticos literarios se ven asediados siempre por jóvenes escritores que esperan de ellos los motivos suficientes que les sirvan de aliento para lanzarse a la aventura literaria, lo primero que hacen es pedir que sus manuscritos sean leídos y comentados, anhelando siempre una respuesta favorable que se resuma en la frase: “lo felicito, es usted un artista”. Por desgracia, esta frase casi nunca brota de los labios de quien lee manuscritos, razón por la cual consagrarse a dicha tarea no es una actividad precisamente enaltecedora: se pierde tiempo leyendo textos poco meritorios y casi siempre se dan malas noticias.
Con el propósito de que los jóvenes profesores de literatura no tengan que pasar por el trance antes descrito, Rainer María Rilke ha dejado la Carta a un joven poeta, un texto breve, claro, contundente y aleccionador que servirá para quitarse del paso a cualquier escritor de manuscritos. Cuando se entregue la carta se deben agregar las siguientes palabras: “Léala y después decida si quiere que lea su texto o no”. Cuando se le entrega la Carta a un joven poeta o novelista, éste desaparecerá de la vista del profesor -con sus manuscritos- para siempre.
He aquí algunas verdades y consejos de Rilke, pensando en los jóvenes poetas:
– Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo-, he de rogarle que renuncia a todo eso. está usted mirando hacia afuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer”.
– Adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuera permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: ¿Debo yo escribir?. Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un “Sí debo” firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso”.
– Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde”.
– No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura, para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados”.
– “Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean, de las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo”.
– “Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir a atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente”.
Bibliografía:
Rilke, Rainer María. Versos a un joven poeta. Madrid: . 1999.

Reflexiones de Borges

Hubo una época en que un rey, por ejemplo, podía ser inocentemente cruel; no tenía necesidad de justificarse. Tal vez hoy se actúa mal pero se siente la necesidad de hacer creer a los otros , y lo que es más importante, se hacerse creer a sí mismo, que se ha actuado bien. Hemos llegado a una mejor etapa, la etapa de la mentira y la hipocresía. Y eso es mucho. Vivimos en el tiempo, vivimos en la sucesión.
Puesto que la felicidad no es más que un estado pasajero que no presagia nada nuevo, lo que hay que buscar es menos la felicidad que la serenidad. Para mí la serenidad, y quizas la felicidad, se encuentran más fácilmente en la lectura y en la reflexión que en las otras cosas de este mundo.
La literatura es mi único destino y trato de cumplirlo lo mejor que puedo. Para mí, la literatura es más verdad que muchas otras cosas, más verdad que circunstancias de mi propia vida.
Cuando tenía treinta años creía no haber vivido. En esa época no sospechaba todavía que era imposible no vivir. A los treinta años comprendí el error de pensar que la lectura y al meditación pertenecen menos a la vida que otras ocupaciones del hombre. En el presente creo que la meditación, el estudio, la pedagogía, el ocio, el sueño y el soñar son tan reales o irreales como las cosas de la vida de los hombres que llevan una vida “activa”: todo es real, todo está vivo.
Si podemos concebir las cosas tal vez podamos realizarlas. Pienso que la imaginación puede cumplir una misión profética: se comienza por imaginar las cosas y después éstas llegan.
Estoy seguro de que Jesús no pensé nunca en fundar una religión. Pienso que le habría sorprendido si le hubieran hablado de la religión cristiana. El era judío y se sentía como los otros.
Hay muchos autores jóvenes -y yo era uno de esos hace tiempo- que escriben pensando menos en la literatura que en la historia de la literatura, en su lugar en la historia de la literatura. Piensan: “Soy argentino, escribo en 1969, después de dos guerras mundiales, después de una dictadura, etc. ¿Qué suerte de poemas debo escribir, quién convendrá con ese carácter abstracto que acabo de crear?”.
La muerte me inquieta muy poco. Ya que estamos entre amigos puedo decirle que hay una sola cosa de la que tengo miedo, es la eventualidad de no morir.
Si las cosas no van tan bien aquí. quizá vayan mejor en otro lugar o, lo cual sería mejor, quizá no haya nada en absoluto. Eso sería perfecto.
Sería triste para mí, después de mi muerte, pensar que en la Tierra me llamaba Borges, que publiqué algunos libros, que venía de una familia de militares… prefiero olvidar todo eso, al igual que prefiero olvidar la época en que estaba en el vientre de mi madre. Estoy un poco fatigado de ser Borges, y después de mi muerte seré tal vez alguien, tal vez nadie, pero espero no ser Borges.

Las frases del amor

Así es como termina siempre. Un poco de magia. Un poco de humo. Algo flotando. Pero no funciona sin los medios adecuados: un poco de risa, un hombre, una hermosa mujer y amor. Comencemos por el principio. Primero un hombre. No, no está solo. Todavía. Ese es el primer paso: un hombre. Luego viene la risa, la mujer, el amor.
Un hombre entra a un bar. Ve a una hermosa mujer ¿Se conocen? No parece. Pero aún así parecen conocerse ¿Quién conoce a quién? ¿Esto es un comienzo o un fin? Eso es lo que estamos por ver. El comienzo y el fin, Amor y adiós. Sé que no necesito decirlo pero recuerden: Todo es una película. Es una interpretación, pero aún así, duele.
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Todos están buscando amor, los queridos niños. Puede ser un poco una batalla. ¡Que comience!
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– ¿Por qué está tan obsesionado con el amor?
– No sé si lo estoy.
– No, pero es famoso por escribir sobre él apasionadamente.
– Porque me interesa, supongo.
– Como hombre ¿Cree que su visión del amor es diferente a la de la mujer?
– Como detesto las generalizaciones, permítame darle una: Creo que el amor significa algo diferente para un hombre que para una mujer. Para una mujer, el amor es una necesidad. Algo sin lo que no puede vivir, es una elección consciente, algo que ella decide.
– ¿Entonces puede ser una elección consciente que uno elige hacer?
– Si ¿No? Pero el romance no necesita excluir el amor como elección consciente. Los hombres sólo queremos que el amor nos tome por sorpresa. Es algo que no queremos planear, porque en realidad es algo bastante vergonzoso. Algo que interfiere en el camino. Ya sea un fin o un medio el amor tiene que ser impuesto para seguir siéndolo.

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