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domingo, 12 de febrero de 2017

Sócrates en el centro comercial

Confieso que me he traicionado a mí misma
Antes de cumplir diez años me hice varias promesas que no cumplí:
Ser estoica como Sócrates:
¿Ves todo lo que hay expuesto en la feria para la venta?
Sí, maestro, muy bonito todo. Muy buenas las promociones de enero.
¡No necesito ninguno de esos objetos, todos son innecesarios!
Vivir toda la vida en la misma casa como Flaubert:
Una persona debe vivir toda su vida en la misma casa, ser parte de ella. Cuando la persona muere deben enterrarla y quemar la casa porque la casa es un objeto vivo, es parte del difunto, no es un simple espacio para vivir.
Ser autodidacta como los verdaderos Maestros:
Para despreciar el sistema educativo no necesité a Sócrates ni a Flaubert porque lo descubrí con mis propios ojos y oídos. Cuando todavía no era bachiller tomé la decisión de no someterme más a esa prisión, a ese espacio creado para uniformar a las personas, para hacerlos dóciles, buenos ciudadanos, para que acojan con cariño y sumisión los aparatos ideológicos del Estado que tan bien explicó Althusser antes de matar a su esposa. La educación sirve para que la gente educada repita la misma historia hasta el infinito: nacer, crecer, estudiar, buscar novio, casarse, tener un hijo, comprar casa, tener otro hijo, comprar otra casa y carro, comprar, tener varias tarjetas de crédito, viajar, comprar en Zara y en Mango, debatir en las redes sociales, defender diferentes Causas, esperar que sus hijos repitan la misma historia, ver crecer a las nietos, morir convencido de que lo hizo todo muy bien y fue un ciudadano ejemplar.
También me prometí no ser esposa abnegada ni madre amorosa y de eso sí me siento bastante orgullosa porque cumplí, claro. Pero en estos últimos días me he torturado pensando que me traicioné a mí misma porque yo quería ser estoica, vivir siempre en la misma casa y no haber terminado el bachillerato (me hubiera gustado tener segundo de Primaria) y me doy látigo todos los días porque me siento como una idiota entre millones de idiotas en el centro comercial. Soy como todos.
Por no haber cumplido esas tres grandes promesas me siento inauténtica, frustrada, fracasada, una idiota entre millones de idiotas, una ciudadana ejemplar, una persona que ha “triunfado en la vida” y se puede constituir en modelo digno de ser imitado y yo no soñaba con eso para mi vida. Pienso en lo que hubiera podido llegar a ser sin tener una casa PROPIA, formación educativa en las mejores instituciones del país, un trabajo digno porque me deja mucho tiempo libre y -en vista de que pagan por trabajar- estar obligada a comprar, a hacer uso de la ganancia en el centro comercial.
Si me hubiera rebelado de verdad sería otra, el camino hacia la escritura hubiera sido mucho más complicado, no tendría los lectores que tengo ni me prestarían la atención que me prestan porque los benditos títulos pesan más que lo que yo pueda decir si sólo tuviera segundo de Primaria, no tendrían valor mis palabras aunque hubiera leído todos los libros que he leído en la biblioteca. En la universidad estuve apenas seis años y esos seis años pesan más que los treinta años como lectora de biblioteca, no es justo ese trato con los autodidactas.

Los signos de puntuación

Primero se lee y después se escribe.
Cuando usted descubre que le gusta leer más que cualquier otra cosa en la vida se pregunta con lágrimas de emoción ante la verdad revelada por qué le gusta tanto leer y no ver televisión o hablar con el hijo de la vecina, por ejemplo. Cuando SABE que le gusta leer más que realizar cualquier otra actividad en la vida deja de pensar en el contenido de los textos y pasa a fijarse con atención en la forma como están escritos esos textos que lo conmueven hasta las lágrimas y lo llevan a descubrir que tiene cerebro y corazón, raciocinio y sentimiento; descubre usted que no es un simple animal y es ahí donde con lágrimas de alegría se fija en los signos de puntuación, se pregunta si son cosas de Dios o el secreto mejor guardado de los escritores profesionales.
Sobre los signos de puntuación puede usted encontrar manuales, letra muerta redactada por gente de mente cerrada que está segura de que hay una sola forma de escribir, gente que casi siempre asume con prepotencia que la coma, por ejemplo, es para respirar y que hay una diferencia radical entre el guión y la raya o entre un asterisco y una nota de pie de página.
La forma más efectiva de entender los signos de puntuación consiste en fascinarse con un texto muy bien escrito, un clásico, por ejemplo. También le puede servir un premio nobel de literatura. Debe leerlo varias veces, tratar de entender por qué es tan particular, único, diferente a todos los demás, así como cuando estamos enamorados y lloramos de emoción porque nos sentimos bendecidos y afortunados al suponer -antes de que caiga el velo- que nos hallamos ante la perfección hecha carne. El amor se acaba pero el texto permanece siempre fijo, dispuesto a ser descubierto si se mira con atención, listo para convertirse en su maestro.
¿Por qué ante un texto que nos gusta mucho es imposible parar de leer y cuando terminamos queremos volver a comenzar? ¿Por qué siente usted que es como música? ¿Por qué lo recuerda después de varios días si ha leído otros textos y sólo ese llega a su memoria en el momento menos esperado? ¿Será el contenido, la sinceridad  o los signos de puntuación?
Son los signos de puntuación.
Los signos de puntuación son de uso exclusivo de la escritura, no de la oralidad. En pocas palabras, los signos de puntuación son signos de sentido como el tema, el tipo de texto, el tratamiento, la selección de las palabras, la intención, el tono y todo lo demás.
Entre más leo, escribo, pienso y siento más me convenzo de que la fuerza de la escritura está en los signos de puntuación.

Carolina Sanín y el peligro de dejarse devorar por el mundo virtual

Me he ocupado de Carolina Sanín desde hace siete años, supe de su existencia en Twitter y a partir de ese momento le he hecho seguimiento a su carrera, a sus actitudes y a su apuesta  estética porque es feminista y porque está interesada en la literatura, como yo. No la sigo porque esté obsesionada con ella, la envidie o la odie sino porque es perfecta para pensar en temas de mi total interés como lo son el campo literario, los intelectuales colombianos, la literatura del futuro  y especialmente internet, cómo se puede afectar la vida personal y laboral cuando los usuarios no son hábiles para navegar en estos mundos en los que no se sabe en qué momento la persona se convierte en personaje y el personaje termina arruinando la vida del sujeto, la vida privada de la persona de carne y hueso que sufre y llora, que siente miedo con todo su cuerpo y  no sabe cómo encaminar de nuevo esa vida real que ha sido tragada por el personaje virtual.
Lo que en algún momento parecía tener forma se desfiguró por completo porque teniéndolo todo (capital social, intelectual, económico, cultural y simbólico) Carolina Sanín asumió la actitud de una joven inocente que no tiene nada sino apenas una cuenta en Twitter o en Facebook y se lanza con furia al vacío con un propósito bien definido: volverse famosa, influencer, emprendedora, empresaria, conseguir novio rico o de la farándula, convertirse en actriz porno siendo periodista, etcétera. La joven inocente y arriesgada apuesta y gana o no gana, si pierde no pierde nada puesto que no tiene nada que perder, no  tiene capital y por eso es arriesgada y pendenciera; hará el ridículo durante una o dos semanas y luego aparecerá la apostadora de turno, la protagonista del nuevo show mediático. Una persona como Carolina Sanín no necesitaba jugar en las redes sociales de esa forma y mucho menos en Facebook, donde la ignorancia, el fanatismo, la zalamería y la desinformación son ley.
Carolina Sanín en muy poco tiempo parece haber acabado con la obra que había construido, con su formación profesional y su desempeño laboral. Terminó poniéndose en contra de la universidad de la que es egresada y de la que luego fue profesora. Eso se llama desde la teoría del campo no saber jugar, no saber mover las fichas, no saber apostar, jugar de forma torpe. Y toda una suma de errores no es más que el fruto de haber sentido que podía ejercer más poder desde un tonto perfil de Facebook que desde el mundo real. Sintió que sus fans y los cientos de mensajes zalameros que recibe cada día tenían más valor que lo que había cosechado en el mundo real, en la realidad ajena a las redes sociales.
Como experta en lectura y escritura en redes sociales cuál es mi consejo para no caer en estos límites absurdos:
Cuando sienta que su vida virtual es más relevante que su vida real, que la gente de carne y hueso y su propio cuerpo, cuando su personaje virtual empiece a ser más importante que el cuerpo que usted habita y ese personaje empiece a afectar de forma negativa su vida real y sus relaciones con otros seres humanos en diferentes entornos, lo mejor es desaparecer de una vez y para siempre de todas las redes sociales, hacer de cuenta que no existen. Muchas personas en el mundo viven perfectamente sin redes sociales.
Cuando sienta que su personaje en internet es más fuerte que usted como persona, como ser humano de carne y hueso que disfruta comiendo, bebiendo, durmiendo, caminando, trabajando y compartiendo la vida con otros seres humanos, lo mejor es desaparecer de las redes sociales de una vez y para siempre, no pensarlo tanto, no seguir arruinando la vida.
Internet produce adicción física y psicológica y puede ser más peligroso que el bazuco, arruina vidas y el usuario debe estar siempre alerta. En este mundo negro donde la persona deja de ser relevante para darle todo el poder al personaje puede caer el niño de siete años y la profesional mayor de cuarenta, no es un asunto simple y no debe ser tratado con ligereza.

Obsesión fatal

Mi nombre es Elsy, tengo 46 años y no soy nadie.
No soy nadie en el sentido de que no he publicado una obra, no tengo amigos influyentes, no devengo sueldo de millonaria, no vivo en un barrio exclusivo de Bogotá, no tengo carro, no uso Uber, no tengo tarjeta de crédito ni cuenta corriente, no aparezco ni publico en medios, no soy modelo, youtuber, influencer, emprendedora, empresaria independiente ni nada parecido. No  tengo grandes aspiraciones en la vida y paso por un momento crucial porque me siento atascada como un carro, no sé si lo mejor es seguir o quedarme donde estoy y hay momentos en los que me pregunto preocupada: ¿Seguir para dónde si siempre he estado más o menos en el mismo lugar? Es complicado y lo peor de todo es que presiento que estoy exactamente en medio del camino, sospecho que me quedan más de cuarenta años por vivir.
Soy la persona más común con la que usted se pueda cruzar en esta ciudad sin méritos llamada Bogotá. Casi nunca salgo, me desplazo siempre a los mismos lugares, hablo con muy pocas personas y no tengo una vida digna de ser contada. No redactaré mis Memorias porque no serían más de dos páginas.
Y sin embargo tengo fans que me persiguen, me buscan, se esconden, juegan conmigo, intentan enamorarme, me dicen que me van a matar o se quieren casar conmigo, buscan hacerme dudar de mi propia valía o me dicen que soy la mujer más grande del universo, plantean juegos psicológicos y a la larga siempre termino preguntándome qué putas pasa, cómo es posible que la escritura en un simple blog y en una simple cuenta de Twitter desencadene emociones tan funestas que en varias ocasiones me han hecho sentir en una película de terror psicológico y me han llevado a preguntarme si esos admiradores o enemigos confundidos van a conducirme al suicidio como a Kurt Cobain o me van a matar como mataron al pobre John Lennon, mientras salga a comprar lo del desayuno en la tienda de la vecina. Lo pienso y me pregunto si la escritura tiene tanto poder y si esas personas de sentimientos confusos, obsesionados conmigo y empeñados en hacer de mi vida una pesadilla sin fin me toman por estrella de rock o por premio nobel de literatura.
En este momento no me interesa el sexo ni el amor, saber si soy bonita o fea, deseable o despreciable porque la edad no lo amerita, voy rumbo a la tercera, a la peor de todas. En este momento de la vida me obsesiona la escritura y sólo la escritura, nada más. Es casi lo único en lo que pienso, lo que me pone a suspirar. Parece una contradicción porque es precisamente la escritura la que desencadena la locura de mis fans enamorados pero es inevitable, escribir es lo que disfruto con pasión intensa desde hace más veinte años.
Estoy perdiendo la memoria o el pasado no me importa o no me toca, no sé qué es lo que pasa en mi cerebro, el hecho es que siento que estoy pasando por un momento crucial, lo que mi caja craneana oculta pasa por un proceso que seguramente se ha repetido durante varias generaciones en miembros de mi familia que no conozco y me tiene un poco sorprendida porque presiento que se trata de un viaje hacia lo desconocido.

El sentido de mi vida

Mi vida ha sido especialmente monótona y lo peor de todo es que me gusta.
Cuando tenía nueve soñaba con escribir poemas y los escribía, claro.
Se los mostraba a la profesora entusiasmada esperando que llorara de alegría al leerlos y la maldita vieja esa me decía indignada:
¡Eso no lo escribió usted!
Me acostumbré a ser La incomprendida. A ser tratada de loca y después de vieja hijueputa.
Cuando cumplí treinta escribí todo lo que pude en Word.
Cuando cumplí cuarenta vomité todo lo que pude en internet.
Ahora -cerca de los cincuenta- lucho como las estrellas muertas, trato de escribir como escribía cuando tenía doce y no, me abandonó la inspiración, perdí la fuerza, se me acabó el entusiasmo. Sospecho que voy a empezar a vivir de los recuerdos como los abuelos con Converse.
Me imagino que la vida consiste en hacer algo muy bueno en algún momento sin ser conscientes de que lo fue y luego luchar el resto de la vida para tratar de rescatar eso que no percibimos mientras estaba pasando porque estábamos muy ocupados escribiendo y tratando de entender cómo funciona la vida.
Me imagino que cuando tenga setenta recordaré con dolor que cerca de los cincuenta se me ocurrían poemas burlescos mientras lavaba la loza y subía corriendo a escribirlos con una mezcla de aburrimiento, risa y pesar porque la vida va pasando y se va haciendo más pesada.

Escritura académica 2017

Después de haber escrito sin parar durante más de veinte años llegué a la siguiente conclusión: el terreno en el que mejor me desempeño es en el de la escritura académica, ensayos sobre teoría y crítica literaria.
En 1996 empecé a escribir ensayos académicos, veinte ensayos a través de los cuales traté de dar respuesta a los grandes interrogantes que me obsesionaban en ese tiempo en relación con la literatura, la teoría y la crítica literaria, el amor, la melancolía, la risa, la lectura, la escritura y la interpretación de textos. Esos ensayos terminaron de publicarse en 2004 y el gran problema tiene que ver ahora con el hecho de que me quedé sin preguntas siendo aún muy joven y entonces no tengo tema de investigación. Hay otros temas que me interesan, claro, pero lo mío tiene que ser una obsesión, una pregunta que me desvele y me afecte la vida. Esos temas dejaron de existir hace mucho tiempo, leo por placer pero no estoy buscando respuestas, las encontré todas antes de haber cumplido treinta años; a esas respuestas me acojo y todavía no me han defraudado.Vivo una buena vida pero me encanta escribir, ese es mi dilema. Mi escritura tiene que ser honesta, no está a la venta ni es para fortalecer el ego, es por el simple placer de ver cómo se van organizando las frases en la pantalla, sincronización total entre dedos y ojos, es decir, placer neuronal. Me gusta darle placer a mi cerebro y lo que más lo satisface es la escritura. No lo creo, lo sé.
Fui bloguera durante diez años y creo que fue ahí, aquí, donde perdí rigurosidad y profundidad; me acostumbré a escribir en tiempo real y ahora Word parece retrógrado, una máquina de escribir manual en tiempos de DOS; mi cerebro se ha modificado, lo que lo emociona hasta el límite es ver como empiezo un texto, lo termino y lo publico ese mismo día, es decir, hoy, mañana es demasiado tarde, ese es el límite del placer cerebral. Si empiezo un texto en Word y lo reviso mañana a mi cerebro le parecerá un texto muerto, he  intentado escribir con calma, puliendo el estilo, tratando de llevarlo al límite, he intentado volver a ser la gran erudita más de diez veces en los últimos cinco años y siempre termino desechando el texto porque me parece un texto sin vida. La escritura en tiempo real termina convertida en arma de doble filo: produce adrenalina pero nos hace sentir culpables y sin compromiso como intelectuales, dolorosamente superficiales.
Sospecho que mi tragedia es una tragedia compartida por personas que escribieron y publicaron antes y después de internet, antes de las redes sociales, YouTube y WhatsApp. Vivimos el día a día y los días se esfuman de forma asombrosa, pasamos el día entero chateando y muertos de la risa leyendo las estupideces que la gente escribe en Twitter, siendo testigo de las olas de indignación de un día.
¿Cuál es el destino de la escritura académica? ¿Muertos casi todos los intelectules del siglo XX debemos acostumbrarnos a la falta de profundidad, a que los grandes temas sean abordados de la forma en que se abordan en las redes sociales?
Este año decidí no volver a comprar libros y eso también es preocupante. Tomé la decisión porque comprar libros se me ha convertido en un vicio y una enfermedad. Compro cien y leo veinte y luego los regalo o los tiro a la basura.

Zygmunt Bauman y mi regreso como bloguera

Muerto Zygmunt Bauman sólo queda Noam Chomsky, los grandes intelectuales del siglo XX están todos muertos. Nos quedamos sin mentes brillantes que analicen nuestra torpeza y nuestra miseria y eso causa bastante desasosiego, claro.
En vista de tan preocupante panorama me veo en la penosa necesidad de seguir escribiendo aquí para reflexionar sobre los grandes problemas de nuestro tiempo, sobre nuestros héroes de un día y nuestros escritores sin talento aplaudidos por un público torpe e ignorante que no sabe de literatura.
¿Me da miedo que me maten por opinar?
No. Si me diera miedo hubiera dejado de escribir hace mucho tiempo, en 2010 o quizá un poco después.
Fue fácil vivir  sin escribir durante dos meses, no me muero si no escribo, lo pude comprobar. Puedo vivir sin dar cuenta de mi vida privada, sin anotar citas, sin comentar libros y películas; comprobé también que no vivo del aplauso ajeno, pero debo reconocer que escribir es divertido y a medida que pasa el tiempo me convenzo más de que mi destino no son los libros sino la escritura de textos en tiempo real.


sábado, 12 de noviembre de 2016

El estilo es un asunto sencillo

El estilo es un asunto sencillo; todo es ritmo. En cuanto lo comprendes, no puedes equivocarte de palabras. Aunque por otra parte aquí estoy, después de media mañana, llena de ideas y visiones y cosas así, pero incapaz de verterlas por falta del ritmo adecuado. Esto sobre la esencia del ritmo es muy profundo y va mucho más allá de las palabras. Una visión, una emoción, crean esta ola en la cabeza mucho antes de que surjan las palabras apropiadas. Y al escribir (esto es lo que creo ahora) uno tiene que recapturar esto y asentar este funcionamiento (que aparentemente no tiene nada que ver con las palabras), de modo que después, cuando se fragmenta y rueda por la cabeza, crea las palabras adecuadas.
Virginia Woolf a Vita Sackville-West.

Cartas poéticas e íntimas

Me podría decir qué es el hogar.
El Hoy hace que el Ayer signifique.
El corazón sigue sollozando en su sueño.
La vida es para dos. Nunca para un comité.
El dolor que merece la pena no se va tan rápido.
Cada uno que perdemos se lleva una parte de nosotros.
La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.
Nunca intenté levantar las palabras que no puedo sostener.
El temor – como el Morirse, dilata la confianza o la impone.
Llévate tu corazón y tus rizos, y nada más excepto tus dedos.
Las candilejas no pueden mejorar la tumba, sólo la inmortalidad.
Extraño que yo, que tanto digo “no”, no pueda soportarlo de otros.
“A una hora en que tú no piensas” significa algo cuando lo pruebas.
Un Hoyuelo en la Tumba Convierte esa feroz Habitación En un Hogar –
El amor de Dios puede ser enseñado para que no parezcamos osos.
Sólo se conoce lo que se pierde. Sólo se posee lo que se destruye.
La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo.
Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para turbar a nadie.
Para un Emigrante, es País es ocioso a no ser que sea el suyo propio.
Laboro para deshacerme del espanto, pero el espanto impulsa la labor.
La vida es una muerte que prolongamos; la muerte es el gozne de la vida.
No recibo cartas de los muertos, y sin embargo, cada día los quiero más.
No sabemos dónde se encuentra, aunque sean tantos los que nos lo dicen.
Ya te quieren. Sé simplemente la doncella que eres para mí y te querrán más.
Tenemos que tener cuidado con lo que decimos. Ningún pájaro vuelve al huevo.
No ha sucedido nada sino la soledad, acaso demasiado cotidiana como para relatarla.
El Cielo ronda tenazmente a aquellos que lo encuentran aquí abajo, y los arrebata.
Siempre hay una cosa por la que estar agradecido -y es que uno sea uno mismo y no otro.
El éxtasis lo encuentro en el vivir, la mera sensación de estar viviendo es suficiente gozo.
Es reconfortante reconocer que somos provisionales permanentes, aunque nada más sepamos.
La vida está construida de tal manera que el acontecimiento no puede igualar a las expectativas.
Vivir es tan asombroso que apenas deja espacio para otras ocupaciones, aunque los Amigos son, si cabe, un acontecimiento más hermoso.
Uno aprende, cuando se hace viejo, que ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable, como lo sería la simple verdad.
Su pensamiento es tan solemne y cautivador que le deja a uno más fuerte y mas débil también, a Sanción de la Dicha.
La mayor parte de nuestros Momentos son Momentos del Prólogo. “Siete Semanas” es una larga vida – si se viven del todo.
La idea de que algún día miremos hacia abajo, y veamos los pasos torcidos que hemos dado, desde un lugar más seguro, debe ser algo precioso.
Cada día la vida parece más poderosa, y puesto que tenemos el poder de existir, más asombrosa.
Me alegra que mi niñita esté tranquila. La calma es un lugar profundo. A algunos, demasiado débiles para empujar, los asisten los ángeles.
Ninguna parte de la mente es permanente. Esto desconcierta a los felices pero ayuda a los tristes.
Oigo petirrojos a lo lejos y carretas a lo lejos y ríos a lo lejos, y todo se me aparece como apresurándose hacia algún sitio no desvelado para mí.
Hasta que el primer amigo muere, creemos impersonal el éxtasis, pero luego descubrimos que él era la copa de la que bebíamos, siendo ella misma aún desconocida.
Mi gato ideal tiene siempre una enorme rata en su boca, al tiempo que desaparece a la vista – aunque al desaparecer de la vista tiene en sí mismo un peculiar encanto.
Cómo vive la mayor parte de la gente sin pensamientos. Hay mucha gente en el mundo (usted lo debe haber notado en la calle). Cómo viven. Cómo sacan fuerzas para vertirse por las mañanas.
El genio es la ignición del cariño -no del intelecto, como se supone- la exaltación de la devoción, y en proporción a nuestra capacidad para eso, es nuestra experiencia del genio.
Madre estaba hermosa cuando murió. Los serafines son artistas solemnes. La iluminación que no viene sino una sola vez, se posó sobre sus facciones y parecía como esconder un cuadro al ponerla en la tumba.
Sueño con mi padre todas las noches, siempre un sueño diferente, y olvido lo que hago durante el día, preguntándome dónde estará. Sin nadie, continúo pensando. ¿Cómo puede ser eso?
Una carta la siento siempre como la inmortalidad, porque es la mente sola sin el amigo corporal. Deudores en nuestra conversación de la actitud y del acento, parece que hay un poder espectral en el pensamiento que camina solo.
Cuando frecuentaba el Bosque de Pequeña, me decían que una Serpiente podría picarme, que podría coger una flor venenosa o que los Duendes me podrían raptar, pero continué yendo y no encontré sino Ángeles, mucho más tímidos ante mí de lo que yo pudiera sentirme ante ellos.
Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Esta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?
Emily Dickinson. Cartas poéticas e íntimas (1859-1886). Barcelona: Grijalbo. 1996. 244 páginas.

Los consejos de Rilke

Los profesores de literatura y los críticos literarios se ven asediados siempre por jóvenes escritores que esperan de ellos los motivos suficientes que les sirvan de aliento para lanzarse a la aventura literaria, lo primero que hacen es pedir que sus manuscritos sean leídos y comentados, anhelando siempre una respuesta favorable que se resuma en la frase: “lo felicito, es usted un artista”. Por desgracia, esta frase casi nunca brota de los labios de quien lee manuscritos, razón por la cual consagrarse a dicha tarea no es una actividad precisamente enaltecedora: se pierde tiempo leyendo textos poco meritorios y casi siempre se dan malas noticias.
Con el propósito de que los jóvenes profesores de literatura no tengan que pasar por el trance antes descrito, Rainer María Rilke ha dejado la Carta a un joven poeta, un texto breve, claro, contundente y aleccionador que servirá para quitarse del paso a cualquier escritor de manuscritos. Cuando se entregue la carta se deben agregar las siguientes palabras: “Léala y después decida si quiere que lea su texto o no”. Cuando se le entrega la Carta a un joven poeta o novelista, éste desaparecerá de la vista del profesor -con sus manuscritos- para siempre.
He aquí algunas verdades y consejos de Rilke, pensando en los jóvenes poetas:
– Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo-, he de rogarle que renuncia a todo eso. está usted mirando hacia afuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer”.
– Adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuera permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: ¿Debo yo escribir?. Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un “Sí debo” firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso”.
– Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde”.
– No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura, para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados”.
– “Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean, de las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo”.
– “Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir a atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente”.
Bibliografía:
Rilke, Rainer María. Versos a un joven poeta. Madrid: . 1999.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Escribir

Este texto lo escribí hace quince años, cuando era una Gran Erudita. Ayer oí leerlo en voz alta y descubrí que detrás de la señora que teoriza hay una Gran Poeta, una Ovidio del amor a la escritura en potencia. Hay frases que parecen música. Vamos a tomar un fragmento del texto extenso y resaltaré la Poesía en medio de la Prosa, la Magia en medio de la Erudición:
La alfabetización y la erudición no garantizan la constitución de una configuración mental de comunidad letrada, en el proceso se involucran aspectos sociales e históricos mucho más complejos que la simple alfabetización.
Para los miembros de las comunidades orales la escritura expresa mensajes directos y unívocos en los que ni la reflexión ni la interpretación juegan un papel fundamental, para ellos el cosmos es un suceso progresivo con el hombre en el centro y los textos escritos no les dicen más de lo que pueden expresar los sonidos y las transformaciones de la naturaleza. En este mundo fundamentalmente oral, comunitario, cíclico y predeterminado, opuesto al impreso, individual, lineal y mediado por la voluntad, la narración y el diálogo juegan un papel fundamental como en su opuesto lo juega la lectura, la escritura y la interpretación de textos.
La lectura y la escritura son actividades interdependientes, prácticas complementarias y recíprocas, escribir es ejercitar con especial rigor y esmero el arte de la lectura. Para escribir es necesario haber leído antes en una proporción mayor, haber interpretado los textos y encontrado en éstos los argumentos suficientes para ser tenidos en cuenta en el momento de iniciar el proceso de escritura. Los textos son leídos e interpretados dependiendo de la disposición anímica, la edad, las áreas de interés, las experiencias de vida y las lecturas anteriores.
Ser lector se puede convertir en una práctica gratificante siempre y cuando se realice de manera libre y se tengan claros los propósitos que se persiguen: se lee para comprender el mundo, para comprenderse a sí mismo o simplemente para vanagloriarse de ser un gran erudito; cualquiera de las opciones es válida con tal de que el lector obtenga lo que se propone y acepte que al ejercitar esta actividad se está aislando, ya que la lectura y la escritura exigen absoluta soledad para realizarse plenamente.
La lectura es de por sí un actividad placentera cuando se ha convertido en un acto casi natural, la escritura, en cambio, es un proceso mucho más complicado ya que en éste entran en juego desde el uso de mínimas bases de redacción y conocimiento de la lengua, hasta complejos procesos de abstracción y transmisión de información. A través de la escritura se le debe presentar el mundo al lector de manera ordenada y clara, no de manera caótica, tal como se representa en la mente o a través de la oralidad en situaciones cotidianas.
Todo texto es una linealidad de signos que puede ser explicada a través de la observación y el análisis de la estructura interna a partir de la cual se ha constituido, como material homogéneo susceptible de ser observado desde sus elementos más mínimos -los fonemas- hasta la concepción del texto como una extensa frase (si se tratara de una novela, por ejemplo) que expresa una intención, como un discurso. El lector se puede conformar con develar la estructura sobre la que se sustenta el texto, tratarlo como un objeto sin mundo y sin autor, sin contexto, dar cuenta del conocimiento del mismo a partir del análisis de sus relaciones internas, de su estructura formal. También se puede emprender el salto a un nivel de lectura más complejo, vital y enriquecedor, se trata del paso de la observación y la comprensión al de la interpretación.
Lo que el lector debe lograr es la fusión de la interpretación del texto con la interpretación de sí mismo.
Gracias al carácter lineal de la escritura es posible hacer una “traducción analítica y distintiva de todos los trazos sucesivos y discretos del lenguaje, aumentando así su eficacia” y logrando de esta manera una mayor apertura en relación con la interpretación textual, apertura que no se logra a través de la oralidad debido, entre otras cosas, a la fugacidad de los mensajes, a que “en la oralidad, el sentido muere en la referencia y ésta en su señalamiento”,  mientras que “lo que llega a la escritura es una descripción directa de una intención de decir… y la escritura es una inscripción directa de esta intención”.
A través de la oralidad se establecen diálogos que giran alrededor de temas de interés común; en este tipo de relaciones la gesticulación, las modulaciones de la voz, la presencia del referente, etc., son aspectos esenciales. En la escritura la ausencia del referente debe ser subsanada y el escritor debe garantizarle al lector la presencia del mundo, al lector se le debe devolver el universo a través de la escritura.
Para adquirir buen dominio de la escritura es necesario haber pasado antes por el dominio de la oralidad. Cuanto mayor sea la comprensión de las palabras que se pronuncian con la certeza de que fluyen lógicamente para ser evocadas luego como reminiscencias y cuanta mayor conciencia se tenga sobre la importancia del sonido y la gestualidad, mayor precisión se tendrá en el momento de acceder a la elaboración escrita, ya que toda teoría del texto escrito parte de la teoría y el dominio de la oralidad: “la escritura no es más que la institución, posterior al habla, que parece destinada a fijar por medio de un grafismo lineal: todas las articulaciones que ya han aparecido en la oralidad quedan fijadas en la escritura… lo que está fijado por la escritura, es entonces un discurso que hubiéramos podido decir, pero, precisamente se escribe porque no se lo dice”.
A través de un número limitado de materiales (los signos tipográficos que tengo ante mis ojos) y de otro tan limitado como yo quiero que sea (el conocimiento consciente que poseo de la realidad), debo generar en el lector lo que en la oralidad logran la gestualidad, la entonación, el contexto; para escribir sólo cuento con mi repertorio léxico, el manejo de los signos de puntuación y la destreza que he desarrollado para sostener la atención del lector a través del uso de recursos técnicos que en un lector desprevenido pueden llegar a representar cualidades casi mágicas. A través de la escritura se pueden subsanar errores que la oralidad corrige a través de gestos que contradicen lo dicho y que difícilmente van a trascender tanto como la escritura,la escritura debe ser determinante porque aspira a ser eterna.
El escrito (a diferencia de la narración o el diálogo oral) conserva el discurso y hace de él un archivo disponible para la memoria individual y colectiva que le permite al lector apropiarse de la escritura con el propósito de realizar nuevas interpretaciones de los textos y de sí mismo. A lo largo del proceso de interpretación, que se empieza a prefigurar a partir de la comprensión, la intertextualidad ocupa un lugar central: si la lectura es posible, es porque el texto no está cerrado en sí mismo, sino abierto a otra cosa; leer es, sobre todo, encadenar un discurso nuevo al discurso del texto, relacionar experiencias anteriores de lectura y de vida y actualizar o activar la lectura de nuevos textos o de textos ya leídos a partir de perspectivas nuevas; la capacidad de reactualización de los textos es lo que garantiza su carácter abierto.

Virginia Mayer y la autoficción

La revista SoHo se constituye cada cierto tiempo en soporte para publicar historias escandalosas con la idea de que presentan irreverencia o verdad desnuda, historias  narradas por gente común que busca ser vista y leída y que para conseguirlo se vale de estrategias que en muchas ocasiones atentan contra su dignidad como seres humanos. A ellos, a los “escritores” y al director de la revista no les importa si el texto está bien escrito o si la historia es relevante, lo que de verdad importa es que se hable mucho de la publicación, bien o mal pero que se hable para que los lectores no olviden que la revista todavía existe y da de qué hablar. Para lograr su cometido cuentan con una colabora  frecuente, una mujer sin pelos en la lengua, la gran Virgina Mayer.
Lo más sorprendente de la última colaboración de Virginia Mayer en la revista SoHo es que en medio del revuelo que causó la historia de su aborto terminó revelando que es autora en primera persona -como Fernando Vallejo y como Jaime Bayly- (en otras ocasiones ha dicho que es la versión femenina de Charles Bukowski y no tiene claro todavía si goza más de sus experiencias sexuales con hombres o con mujeres, como Frida Kahlo). Virginia Mayer sabe que escribe como los grandes y vive como los rebeldes, no espera que otros se lo digan, ella lo sabe.
Virginia Mayer nos dio a entender en la entrevista que concedió en Caracol Radio que se instala en la autoficción y entonces vale la pena hacerse varias preguntas:
¿Convertir la vida privada en espectáculo público es arte?
¿Narrar una historia vivida detallando los pasajes más escabrosos y buscando de forma deliberada afectar las emociones del lector es autoficción, amarillismo,  falta de decoro o deseo loco de llamar la atención recurriendo a los recursos más extremos, una especie de porno de la vida?
¿Se está confundiendo la autoficción con la autodenigración?
¿Por qué le resulta tan estimulante al público de las redes sociales ver como personas comunes se autodenigran compartiendo sus miserias personales en espacios públicos y suelen solidarizarse con ellos?
¿Por qué la miseria ajena genera tanto morbo?
¿Por qué las revelaciones de carácter sexual son las que gozan de más éxito en un país como Colombia?
¿Es parte de nuestro subdesarrollo?
¿Por qué quienes narran las historias escabrosas cargadas de sentimentalismo y estados de ánimo, arrebatos del alma dignos de ser tratados por un profesional de la salud mental, son tan explícitos y por qué eso excita tanto a los lectores? Los detalles del abuso infantil, la destrucción de unos senos en una cirugía mal practicada, un aborto fruto de un encuentro ocasional -sin condón- con un desconocido contactado en Tinder.
¿Cansados de las telenovelas los internautas se excitan más con las historias reales narradas por seres destrozados?
¿Gozan un poco con estas exposiciones de la propia miseria y se consuelan pensando que hay alguien en el planeta que sufre, llora y maldice su soledad, su abandono, su falta de amor, más que ellos?
¿Por qué el recorrido de estas historias siempre es similar?:  publicación en un medio impreso que también se puede leer en versión electrónica, impacto en las redes sociales, explosión de la noticia en todos los medios y en muchos casos -pensemos en la revelación de Adolfo Zableh- el pobre ser vulnerado y sufrido termina publicando un libro que espera vender bastante bien en la próxima feria.
La entrevista a Virginia Mayer en Caracol Radio -medio amarillista por excelencia- fue titulada: “La polémica columnista reveló todo lo sucedido tras haber revelado su decisión” y en medio de risas vulgares, frases procaces y un español pobrísimo las periodistas felicitaron a Virginia Mayer por  su valentía, por hablar de una situación que han vivido millones de mujeres, porque es una mujer provocadora. Virginia Mayer muerta de la risa pronunció frases no precisamente dignas de una escritora de autoficción sino de una persona común sin formación literaria ni sentido del gusto; cabe recordar que en la  autoficción el autor renuncia a su clase, se burla del poder, al que renuncia también, claro; renuncia a una posición económica o social acomodada, no es una simple exposición burda de la vida privada de forma directa sin haber pensado en una apuesta estética, es algo mucho más complejo, no es algo que pueda hacer cualquier persona.
Estas son las frases célebres de Virginia Mayer para Caracol Radio:
“Yo pensé que me iban a dar durísimo porque este es el país del Sagrado Corazón, estoy lista a que me llueva lo que me llueva, no importa qué me digan, no me da duro, no me interesa qué me diga nadie, es problema mío cómo follo, soy sin pelos en la lengua para nada, súper abierta, escueta, es difícil ser Virginia Mayer, empecé a escribir en primera persona, revelo las cosas más íntimas, muy cruda, muy real, ellos (mis viejos) me aceptan como soy, me aceptan como vengo. Yo le dije a Chaves: Eres famoso pero nadie sabe quién eres. Yo no me enamoro de un hombre o de una mujer, ya no queda nada oculto, yo quiero amor, me ilusiono con cualquier baboso y la vuelta no funciona”.
¿Virginia Mayer es una especie de Fernando en La virgen de los sicarios y Chaves es Wilmar?
¿Virginia Mayer tiene claros los límites entre escritor, narrador y personaje?
Mejor no me sigo haciendo más preguntas y espero que no me vayan a amenazar de nuevo de muerte o con ácido por haberme ocupado de un tema tan sensible como este.
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sábado, 27 de agosto de 2016

¿Para qué sirve la educación?

Una de las ventajas de tener blog es que se puede tratar cualquier tema y los lectores pueden opinar. Publico todos los comentarios para que quien los lea pueda ver todos los puntos de vista, no sólo los que me favorecen. En eso consiste la libertad de expresión y en eso creo. La ejerzo con todos los riesgos, a pesar de las amenazas de muerte y todos los inconvenientes que me han ocasionado quienes en un momento dado no han estado de acuerdo con lo que he escrito aquí y no sólo han dejado comentarios altaneros sino que me han ocasionado verdaderos tropiezos que han afectado mi vida privada, la de la persona de carne y hueso, la misma que escribe y espera que le respondan con escritura, no con atentados a la vida real, a la tranquilidad y a la paz perpetua.
A pesar de las amenazas de muerte sigo escribiendo sin censura, sin pensar que al hacerlo estoy arriesgando mi vida o la tranquilidad de mi familia. Es una apuesta arriesgada pero no sé vivir de otra manera.
En un blog se  puede escribir sobre la propia vida privada, sobre la vida privada de los demás (porque la exponen en internet, la hacen pública), sobre oralidad, lectura, escritura, interpretación, literatura, cine, periodismo… sobre cualquier tema, y me ha llamado la atención la altura del discurso y la argumentación en el post titulado “¿Quién es Lucas Ospina?”.
Aunque se toca y se hiere la sensibilidad de muchas personas nadie me ha amenazado de muerte ni me ha insultado. Han comentado más de veinte personas y todos han estado a la altura de la discusión, han presentado sus puntos de vista y sus desacuerdos con buen español y en tono respetuoso, sin poner en peligro la vida ni la honra de quien esto escribe sólo porque mi opinión no concuerda con la suya.
Hagamos un ejercicio para ver los contrastes:
Volvamos a leer una colección de los comentarios más insultantes dejados en este blog cuando me ocupé de lo que he dado en llamar “las divas tuiteras” y después leamos el comentario más respetuoso acerca del profesor Lucas Ospina. El lector saca las conclusiones:
“¿Doña Elsy usted no tiene vida propia? pareciera que tiene que entrometerse en la de los demás para tenerla. su vida debe ser muy triste y patética para meter con tanto esmero sus narices en la vida de esta mujer así como hace con … o …, estas habida de atención me imagino que esta chica sera tu nueva obsesión.
y cual es la envidia vieja patetica? le da envidia que … pueda comenzar una carrera y que usted se tenga que conformar con ser una profesora por horas de una universidad mediocre? le da envidia que … pueda salir con una persona reconocida y exitosa mientras usted …? le da envidia que … salga en medios de amplia circulacion mientras usted tiene que llamar las atencion desde este pinche blog? aunque intente hacerlo parecer humor se le nota por encima el resentimient. petetica.
perdedora envidiosa porque … es atractiva y puede salir con quien sea y usted da asco. no se la come ni el ebola.
ojala tenga claro demente patetica que si lo que usted hace en internet causa daños a las personas en la vida real usted lo tiene que pagar en la vida real. no se queje cuando llegue su turno.
sigase metiendo conmigo perra hijueputa y vfa a quedar como natalia ponce y el malparido de su novio va a quedar como un marica pedofilo con toda la gente de … si quiere hagamos la prueba. ya sabe cual mierda tiene que borrar malparia desforme. lo de menos es citar a ese hijuepita … y meterle una levantada bien hijueputa. perra hijueputa metase una vez mas conmigo y vera gonorrea”.
Ahora veamos el comentario de  El otro estudiante de Lucas Ospina:
“Elsy, yo también fui estudiante de Lucas Ospina y compañero de Daniel Segura en esa misma clase. Daniel era muy talentoso, de los mejores de la clase. Era un poco retraído y hoy lamento no haberme acercado más a él, hubiera querido ser un apoyo en esos períodos de duda que nos acompañan a los artistas. En la clase había estudiantes que pasaban mucha parte de su tiempo buscando la confirmación de que eran artistas. Cuando el profesor Ospina les daba un gesto de aprobación lo adoraban. Hay muchos que todavía dicen que él fue quien los entusiasmó a seguir su camino. Para quienes no estábamos tan atormentados por nuestra vocación, el profesor Ospina era más bien una pesadilla, un hombre completamente lleno de verdades incuestionables (para él), que parecían más bien elucubraciones de una mente paranoica. Como el “razonamiento” que lo llevó a enviarle una carta tan vergonzosa a la profesora Bonnet: ¿en qué estaba pensando Ospina? Pues en otra de sus grandes y brillantes ideas. Como cosa rara le pareció tan buena que no pudo esperar a enviársela a la profesora Bonnet. En clase teníamos el chiste de que el profesor Ospina era EL artista de meter el dedo en la llaga, solo que en su caso era el brazo completo. Como en este caso. Todo en nombre de la verdad, nunca con mala intención. 18 años de experiencia docente y esto es lo mejor que puede hacer: me sorprende que siga siendo profesor cuando está rodeado de gente mucho mejor en la misma universidad. El tirón de orejas que le dieron no servirá para nada, esos egos tan grandes no tienen cura”.