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domingo, 12 de febrero de 2017

Escritura académica 2017

Después de haber escrito sin parar durante más de veinte años llegué a la siguiente conclusión: el terreno en el que mejor me desempeño es en el de la escritura académica, ensayos sobre teoría y crítica literaria.
En 1996 empecé a escribir ensayos académicos, veinte ensayos a través de los cuales traté de dar respuesta a los grandes interrogantes que me obsesionaban en ese tiempo en relación con la literatura, la teoría y la crítica literaria, el amor, la melancolía, la risa, la lectura, la escritura y la interpretación de textos. Esos ensayos terminaron de publicarse en 2004 y el gran problema tiene que ver ahora con el hecho de que me quedé sin preguntas siendo aún muy joven y entonces no tengo tema de investigación. Hay otros temas que me interesan, claro, pero lo mío tiene que ser una obsesión, una pregunta que me desvele y me afecte la vida. Esos temas dejaron de existir hace mucho tiempo, leo por placer pero no estoy buscando respuestas, las encontré todas antes de haber cumplido treinta años; a esas respuestas me acojo y todavía no me han defraudado.Vivo una buena vida pero me encanta escribir, ese es mi dilema. Mi escritura tiene que ser honesta, no está a la venta ni es para fortalecer el ego, es por el simple placer de ver cómo se van organizando las frases en la pantalla, sincronización total entre dedos y ojos, es decir, placer neuronal. Me gusta darle placer a mi cerebro y lo que más lo satisface es la escritura. No lo creo, lo sé.
Fui bloguera durante diez años y creo que fue ahí, aquí, donde perdí rigurosidad y profundidad; me acostumbré a escribir en tiempo real y ahora Word parece retrógrado, una máquina de escribir manual en tiempos de DOS; mi cerebro se ha modificado, lo que lo emociona hasta el límite es ver como empiezo un texto, lo termino y lo publico ese mismo día, es decir, hoy, mañana es demasiado tarde, ese es el límite del placer cerebral. Si empiezo un texto en Word y lo reviso mañana a mi cerebro le parecerá un texto muerto, he  intentado escribir con calma, puliendo el estilo, tratando de llevarlo al límite, he intentado volver a ser la gran erudita más de diez veces en los últimos cinco años y siempre termino desechando el texto porque me parece un texto sin vida. La escritura en tiempo real termina convertida en arma de doble filo: produce adrenalina pero nos hace sentir culpables y sin compromiso como intelectuales, dolorosamente superficiales.
Sospecho que mi tragedia es una tragedia compartida por personas que escribieron y publicaron antes y después de internet, antes de las redes sociales, YouTube y WhatsApp. Vivimos el día a día y los días se esfuman de forma asombrosa, pasamos el día entero chateando y muertos de la risa leyendo las estupideces que la gente escribe en Twitter, siendo testigo de las olas de indignación de un día.
¿Cuál es el destino de la escritura académica? ¿Muertos casi todos los intelectules del siglo XX debemos acostumbrarnos a la falta de profundidad, a que los grandes temas sean abordados de la forma en que se abordan en las redes sociales?
Este año decidí no volver a comprar libros y eso también es preocupante. Tomé la decisión porque comprar libros se me ha convertido en un vicio y una enfermedad. Compro cien y leo veinte y luego los regalo o los tiro a la basura.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Esas no son penas

La semana pasada tuve una conversación muy erudita con Estefanía Uribe Wolff, una joven promesa de la literatura colombiana que ha publicado un solo libro en el que retumban dos voces de las letras hispanas: Juan Rulfo y Fernando Vallejo:
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Le pregunté a Tefa entre sollozos por qué los ensayistas tienen la bendita manía de posar con libros -para la foto- en vez de aparecer subidos en un rodadero o con una peluca afro y entre las dos concluimos que los grandes intelectuales asumen poses porque tal vez son inseguros y necesitan reafirmarse y ese es el motivo por el cual aparecen (buscando en Google-Imágenes) con sus libros al lado, al frente o atrás:
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Tefa me propuso que fuera más osada: que no sólo usara peluca afro sino que buscara la rosada -la del Pibe- y esta fue la mayor aproximación que encontré en Cachivaches (la tienda de moda), con la ilusión de aparecer en el futuro al lado de los grandes intelectuales y ensayistas del pasado, del presente y del futuro, con los más grandes del mundo y de todos los tiempos, claro:
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Aquí poso con libros y con gafas para parecer un poco más creíble:
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Mientras compraba la fallida peluca del Pibe recordé que siempre soñé con verme un poco como Marina Abramovic,  Terele Pávez y Charlotte Gainsbourg pero el problema es que no soporto el pelo largo.
Compré esta otra peluca para gozar durante media hora con mi fantasía:
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lunes, 27 de julio de 2015

Carta abierta a un lector enamorado

Desde hace una semana un lector frecuente de este blog dejó varios comentarios, decía que envidiaba a Andrés, que le encantaría conocer a alguien como yo porque sería un privilegio. Para demostrarle que soy una señora de carne y hueso que desayuna, almuerza, come, duerme y trabaja como cualquier otro ser humano le pedí que me siguiera en Twitter y habláramos. Hablamos y se deshizo en halagos. Quería conocer mi voz y que yo conociera la suya, entonces pasamos a WhatsApp y oí su voz.
Hablamos durante cuatro o cinco horas y mi deseo era que entendiera que soy una persona común y el hecho de que escriba tan bien no me convierte en un ser sobrenatural. Para que viera que soy humana le dije que podríamos vernos algún día y tal vez podríamos llegar a ser amigos. Más allá de eso no porque vivimos en ciudades diferentes y tenemos muy pocos rasgos comunes. Para comenzar nos separan 18 años de edad y no quiero volver a relacionarme con hombres menores porque no quiero que me tomen por feminazi. Le conté varios detalles de mi vida privada para que me viera como la persona común que soy, ese detalle lo hizo sentir en una relación íntima y se ilusionó un poco más.
Hoy le dije que no deberíamos volver a hablar pero insistió. Tuve que bloquearlo y entonces decidió dejar comentarios en el blog diciendo que es un bobo. Sus últimos mensajes en Whatsapp fueron reproches, que mi nivel es muy alto para un hombre como él, que tengo razón al rechazarlo.
Es una situación muy incómoda, no lo voy negar.
No soporto la idea de que alguien se entusiasme o sufra por la señora que escribe aquí. Ni amor ni odio, esos sentimientos no deben tener nada que ver con la escritura. La gente no debería experimentar sentimientos gracias a la escritura sino por el trato directo con las personas, aunque escriban bien o no porque ese detalle no es tan importante en las relaciones humanas. La escritura es un oficio más y la gente que escribe también es humana, como todos los demás, no deben tener privilegios.
La escritura tiene muy poco que ver con la persona que escribe. Hay libros enteros sobre eso, la persona que escribe no debe ser confundida con la escritura y el escritor no debe usar su estatus de “artista” para tener un séquito de admiradores y para disponer del cuerpo de sus lectores sólo porque escribe muy bien. Eso no es justo y los escritores que confunden la escritura con el sexo son unos abusadores. Los lectores que convierten al escritor en objeto del deseo también están un poco confundidos porque el sexo no tiene nada que ver con la escritura. Lo mejor que se puede hacer con un texto escrito es leerlo y ya.

viernes, 24 de julio de 2015

El fin de la revista El Malpensante

Ayer publicaron en El Espectador un lamento titulado “La utilidad de un mal pensamiento”, se trata de una noticia y un grito desesperado: la revista El Malpensante está a punto de quebrar y Andrés Hoyos pide una colaboración a sus suscriptores para que no se pierda esta joya. Cuando leí la noticia me alegré porque le he hecho seguimiento a esta revista desde 1996, desde su fundación, he sido testigo de los mitos y leyendas que se han creado a partir de su nombre. Creo que su quiebra es un hermoso pretexto para escribir sobre revistas, intelectuales y escritores colombianos.
En 1996 Andrés Hoyos fundó la revista El Malpensante y ese fue un gran acontecimiento para los intelectuales colombianos, era una revista famosa en los departamentos de literatura de las universidades bogotanas, relucía en librerías grandes y pequeñas, hasta un mísero vendedor de revistas tiradas en una acera -carcomidas por el polvo y por el agua- se sentía elegante porque vendía los números pasados de tan importante documento. Tener el primer número era signo de estatus. Nosotros, los lectores, los intelectuales, las jóvenes promesas, nos sentíamos obligados a formar parte del milagro, también queríamos leer la revista El Malpensante.
Sin más preámbulos empecemos a desarrollar tan apasionantes temas:
1) Revistas
Las revistas están condenadas a desaparecer, desaparecerán todas antes de que caigan los pocos periódicos que todavía sobreviven. A pesar de los soportes pasados, presentes y por venir el libro seguirá existiendo, el papel de los libros sigue siendo seductor, comprar libros todavía es la gran experiencia y leerlos nunca pasará de moda porque los lectores de libros no leen por moda, leen en letra impresa porque ese es el soporte perfecto para el libro, no es cuestión de estatus.
Se puede prescindir de revistas y periódicos impresos porque los contenidos de estos medios son manejables en la web, no tiene sentido luchar y llorar por una revista o un periódico que desaparece porque hay millones de periódicos y revistas en versiones digitales, es ridículo armar un escándalo, sentir que al desaparecer El Malpensante los lectores pierden algo noble, algo que no puede faltar en el estudio o en la sala de nuestra casa, un objeto de aristocracia, un fetiche cultural, cuando en realidad no se está perdiendo nada, los contenidos que publican en ese medio seguramente están publicados en otras revistas o en las páginas personales de los autores. No tiene sentido armar un drama por algo que se veía venir, las revistas que desaparecen mueren de muerte natural. Lo que las mata no es la mala calidad sino la tecnología.
2) Intelectuales
Los intelectuales colombianos quedaron desnudos gracias a las redes sociales, primero en Facebook y luego en Twitter. Algunos, los más rancios, los herederos de Adorno, todavía no tienen correo electrónico y siguen escribiendo sus composiciones en su vieja máquina de escribir, esas almas de élite no producen ni risa.
Los otros, los de las redes sociales, nos mostraron de qué está hecha la cultura colombiana. Los grandes intelectuales, las grandes mentes, los gestores, los editores, los correctores de estilo y los colaboradores frecuentes de la revista El Malpensante están casi todos en las redes sociales y el panorama no puede ser más desalentador. Deben estar muy tristes con la muerte de la revista, cuando desaparezca quedarán convertidos en un simple tuitero, en un pobre hombre con cinco mil amigos en su cuenta de Facebook. ¿Para reír o para llorar? Yo creo que es lo justo, es lo que esta gente se merece.
3) Escritores colombianos
En el artículo de El Espectador mencionan tres grandes mentes de la cultura colombiana: Ricardo Silva Romero, Alberto Salcedo Ramos y Piedad Bonnett, me permito citar:
Sobre el tema de la calidad, el escritor Ricardo Silva Romero, varias veces publicado en El Malpensante, cree que esta revista “ha logrado elevar el nivel de la discusión, no tiene miedo de hablar y ha servido para conectar a muchos autores en español”. Alberto Salcedo Ramos, quien se dedica en exclusiva a la literatura de no ficción, siente que allí encontró “unos editores que siempre se mostraron dispuestos a apostar por una buena historia”.
Salcedo Ramos es periodista, pero en el caso de Silva y otros autores que crecieron en la ficción, el periodismo ha sido otra forma de vivir de la escritura. Aunque muchos no viven de ello. Es el caso de Piedad Bonnett: “No espero vivir de escribir. Tener otros oficios no es bueno sólo en términos pragmáticos sino como opción de vida. Por ejemplo, Kafka era abogado.
Gracias a las redes sociales y a la lectura de las obras de estos “maestros” sabemos que la literatura colombiana pasa por una de sus peores crisis. No hay escritores dignos de ser estudiados en un salón de clase (por eso, yo, por ejemplo, prefiero a los estudiantes de comunicación social, música, mercadología, publicidad o pedagogía), porque la literatura colombiana actual, la que publican las editoriales, la de los autores que ganan los premios importantes, no es digna de ser leída, mucho menos de ser estudiada. Es triste haber estudiado literatura para terminar renunciando a dar clases de literatura.
Faltó que en El Espectador pidieran la voz de auxilio de estas otras mentes brillantes, amantes todos de la alta cultura, de la Idea que defiende con ahínco el gran intelectual Andrés Hoyos. ¿Por qué no sentaron su voz de protesta también las mentes más autorizadas, los amigos de la Casa Malpensante: Héctor Abad Faciolince, Daniel Samper Ospina, Adolfo Zableh, Luis H. Aristizábal, Antonio García Ángel, Camilo Jiménez,Vladdo, Carolina Sanín, Juan Gabriel Vázquez, Evelio Rosero Diago, Juan Esteban Constaín, Margarita Posada, Virginia Mayer, Catalina Ruiz-Navarro..?
Lo justo es que escriban una hermosa Carta Abierta para que sea firmada por ellos y por los que no están en la lista, los intelectuales que no desean que desaparezca la revista. Convertir el sueño en una gran causa para promover en un grupo de Facebook.
Les propongo el título de la Carta: “La revista El Malpensante no puede desaparecer”.

lunes, 20 de julio de 2015

El papel del intelectual

Debido a que estamos en un mundo dividido por las identidades, forzosamente el papel del intelectual se ve reducido. Para que un intelectual pueda expresarse libremente debe tomar distancia de sus "pertenencias" culturales. Considero que esto sucede muy poco. Muchos temen ir en contra de la opinión de la comunidad a la que pertenecen. La edad de oro de los intelectuales coincidió con la época de los conflictos ideológicos. Fue en la época de la Guerra Civil española, de la lucha contra el fascismo y las dictaduras, etc. Estamos en una época en la que los intelectuales son puestos al margen y existe tal profusión de medios de comunicación que es mucho más complicado escuchar ciertas voces. En Francia se escuchaba a personajes como Sartre o Camus. En este momento hay muchas voces, pero finalmente tienen menos impacto y credibilidad puesto que se pierden en la marea de informaciones. Estamos en un mundo donde todo se ahoga en la instantaneidad y el zapping. Nos interesamos en ciertas cosas por un día o dos y enseguida nos aburrimos y pasamos a otra cosa. Ya no hay debates a largo plazo, únicamente chispazos y nada más. Es más difícil encontrar un debate intelectual serio que tenga impacto en la sociedad. Y en este tiempo los intelectuales deberíamos hacernos escuchar aún más. Pero es imposible: el ruido mediático es demasiado violento.
Amin Maalouf

sábado, 18 de julio de 2015

Los eruditos

Calvas cabezas que olvidan sus pecados,
Respetables calvas, viejas e instruidas
Editan y anotan los versos
Que jóvenes, inquietos en sus lechos,
Rimaron con amoroso desespero
De halagar el ignorante oído de la Belleza.
Todos andas con rodeos; todos tosen tinta;
Todos gastan la alfombra con sus pasos,
Todos piensan lo que otros piensan;
Todos conocen a quién conoce el vecino.
Señor: ¿qué dirían
Si su Cátulo caminara de tal manera?
W. B. Yeats

miércoles, 15 de julio de 2015

¿Por qué los intelectuales no tienen blog?

La información encontrada en internet es poco confiable para los intelectuales rigurosos, ellos ven con desconfianza los anuncios relacionados con la desaparición de los libros, las bibliotecas, las universidades, los profesores y los intelectuales que escriben libros extensos para especialistas, su cortedad mental no les de para comprender que tarde o temprano los medios virtuales terminarán aniquilando a la industria editorial y alterando todo lo que de ella depende, incluyendo el campo intelectual y las instituciones educativas, se niegan a aceptar que todo lo que empieza termina y que de la tecnología llamada imprenta y sus respectivos sucedáneos pasaremos irremediablemente al mundo digital, a la realidad virtual; no conciben que así como ya no resulta práctico escribir en un piedra o en una máquina de escribir manual, llegará el momento en el que, por puras cuestiones prácticas, publicar un libro como el que lleva los panes al horno será tan romántico como atravesar la cordillera a pie o a lomo de mula.
Casi ningún gran intelectual publica los resultados de sus investigaciones o los avances de sus reflexiones en una revista virtual, tampoco se le pasaría por la mente la idea de crear un blog para poner a consideración del público aquello que le ha costado tanto tiempo, trabajo, desvelo y hasta quebrantos de salud, no concibe la idea de compartir el mismo espacio con millones de personas que, al no haberle encontrado un sentido a la vida han decidido crearse un espacio propio en la virtualidad para gritarle al mundo que ellos existen y tienen algo que comunicar, qué es lo que comunican la mayoría de las personas que tienen un blog? La respuesta es muy sencilla: la mayoría de las personas que tienen blog escriben banalidades, nos ponen al tanto de su vida privada, incluyendo disfunciones sexuales, alteraciones de peso, estados maniacodepresivos, comparten con la "comunidad" fotos de toda su familia, incluidas las mascotas, nos ponen al tanto de cada anécdota de su vida para que nosotros también lloremos evocando su triste o maravilloso presente y pasado. El cincuenta por ciento de la gente que tiene blog hace pública su vida privada, el cuarenta por ciento se cree poeta y nos tortura sin nosotros haber hecho nada en su contra, el diez por ciento restante supone que nadie sabe lo que ocurre en el mundo, parece hacer caso omiso de la cantidad de noticieros que invaden diariamente las pobre mentes a través de los medios de comunicación y pasa el día copiando y pegando cuanta noticia encuentra para compartirla con los demás a través de su blog; en todo blog que se respete hay imágenes sugestivas, música, video, deporte y un poco de política siempre de izquierda, si hicieramos un balance del sentido de existir de los blogs llegaríamos a la triste conclusión de que si un día desaparecieran para siempre todos los blogs lamentaríamos no poder continuar haciendo el seguimiento de uno en un millón. Con este paisaje tan desolador cómo pretendería el gran intelectual ilusionarse con compartir su trabajo a través de estos medios?
No todas las noticias son malas: cuando una nueva tecnología relacionada con la palabra aparece a disposición de todos cada persona se siente con el derecho a hacer uso de ella sin saber exactamente con qué propósito, no olvidemos la avalancha de diarios publicados en el siglo XVIIl gracias a la prodigiosa tecnología llamada imprenta. De todos los diarios escritos y publicados en esta época cuántos de ellos pueden ser catalogados como innegables obras de arte o documentos de valor histórico? no más de diez. ¿Cuántos se escribieron en total? es imposible precisar la cifra, lo mismo está sucediente en este momento de la historia de la escritura con el fenómeno llamado blog.