Mostrando entradas con la etiqueta lectores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lectores. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de noviembre de 2016

El día del Juicio

¿Quién lee para llegar al final, por deseable que éste sea? ¿Acaso no hay ocupaciones que practicamos porque son buenas en sí mismas, y placeres que son absolutos? ¿Y no está éste entre ellos? A veces he soñado que cuando llegue el Día del Juicio y los grandes conquistadores y abogados y estadistas vayan a recibir sus recompensas -sus coronas, sus laureles, sus nombres grabados indeleblemente en mármol imperecedero-, el Todopoderoso se volverá hacia Pedro y le dirá, no sin cierta envidia cuando nos vea llegar con nuestros libros bajo el brazo: “Mira, ésos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles, han amado la lectura”.
Virginia Woolf, en El lector corriente II.

domingo, 4 de octubre de 2015

El marco del lenguaje

Aunque no me gustaba estudiar estudiaba
Y buscaba siempre a los mejores profesores
A los más fieros, a los más exigentes
A los que se salían de la mediocridad típica del profesor universitario.
Cuando lo tenía identificado
No sé a través de qué poder lograba que mi profesor favorito me terminara prestando sus libros favoritos.
No recuerdo cómo los abordaba
No recuerdo cómo se los pedía
No recuerdo cómo ellos terminaban prestándome sus libros.
Estos hombres fieros me prestaban los libros pero no me dejaban ver la biblioteca porque los lectores son gente extraña.
No me interesaban los libros de las profesoras sino los de los profesores
Debe haber algún placer morboso que yo misma no puedo explicar.
No los deseaba a ellos sino deseaba sus libros
Pero no quería libros favoritos de mujeres sino de hombres.
Es Extraño.
***
Un lector comprometido no presta libros sino los recomienda, los recicla y los regala. No los presta porque se los pueden robar.
Y ellos me los prestaban porque sabían que no era una ladrona.
No me robé ninguno.
Sólo le he robado libros a mis hermanos, a nadie más.
Es un secreto de familia.
No recuerdo cómo terminaba con los libros favoritos de mis profesores favoritos encima de mi mesa, en el centro, como reyes
Pero sí recuerdo que me despertaba en medio de la noche para saber si todavía estaban ahí.
Los libros prestados que recuerdo con más cariño son estos dos
descarga (10)descarga (11)
Tuve muchos libros de mis profesores favoritos sobre mi mesa pero sólo recuerdo estos dos.
Así de triste es la vida.
Mi profesor favorito me mostró muchos libros.
Los más selectos los tenía guardados en una vitrina y esos sí los podía ver, pero no tocar.
Me hablaba de un libro, iba a la biblioteca, lo traía, me lo dejaba tocar y si yo quería me lo prestaba.
De la vitrina no se me antojó leer ninguno.
La biblioteca se veía desde la calle, pero desde adentro no me la dejaba ver.

martes, 22 de septiembre de 2015

Adictos a la lectura

Está científicamente comprobado que leer es una adicción. La buena noticia es que los adictos a la lectura son los únicos adictos que no se hacen daño ni buscan ayuda para superar su adicción sino que a medida que pasa el tiempo son más adictos y se convencen de que leer ha sido la gran experiencia de su vida, la mejor por encima de cualquier otra porque la lectura enaltece y el placer no se agota nunca; al contrario, entre más leen más aman la lectura.
El adicto a la lectura no es formado por su entorno, por sus padres, maestros, colegas o amigos sino que surge de manera espontánea, es un ser nacido para leer que descubre los libros por sí mismo en el instante mismo en el que es consciente de que puede leer y escribir. Cuando el adicto descubre que puede leer frases del tipo amo a mi mamá, mi mamá me ama, mi mamá me mima, yo mimo a mi mamá,  el enano come banano… empieza a leer no no puede parar. Para cuando llena la 

lunes, 27 de julio de 2015

Carta abierta a un lector enamorado

Desde hace una semana un lector frecuente de este blog dejó varios comentarios, decía que envidiaba a Andrés, que le encantaría conocer a alguien como yo porque sería un privilegio. Para demostrarle que soy una señora de carne y hueso que desayuna, almuerza, come, duerme y trabaja como cualquier otro ser humano le pedí que me siguiera en Twitter y habláramos. Hablamos y se deshizo en halagos. Quería conocer mi voz y que yo conociera la suya, entonces pasamos a WhatsApp y oí su voz.
Hablamos durante cuatro o cinco horas y mi deseo era que entendiera que soy una persona común y el hecho de que escriba tan bien no me convierte en un ser sobrenatural. Para que viera que soy humana le dije que podríamos vernos algún día y tal vez podríamos llegar a ser amigos. Más allá de eso no porque vivimos en ciudades diferentes y tenemos muy pocos rasgos comunes. Para comenzar nos separan 18 años de edad y no quiero volver a relacionarme con hombres menores porque no quiero que me tomen por feminazi. Le conté varios detalles de mi vida privada para que me viera como la persona común que soy, ese detalle lo hizo sentir en una relación íntima y se ilusionó un poco más.
Hoy le dije que no deberíamos volver a hablar pero insistió. Tuve que bloquearlo y entonces decidió dejar comentarios en el blog diciendo que es un bobo. Sus últimos mensajes en Whatsapp fueron reproches, que mi nivel es muy alto para un hombre como él, que tengo razón al rechazarlo.
Es una situación muy incómoda, no lo voy negar.
No soporto la idea de que alguien se entusiasme o sufra por la señora que escribe aquí. Ni amor ni odio, esos sentimientos no deben tener nada que ver con la escritura. La gente no debería experimentar sentimientos gracias a la escritura sino por el trato directo con las personas, aunque escriban bien o no porque ese detalle no es tan importante en las relaciones humanas. La escritura es un oficio más y la gente que escribe también es humana, como todos los demás, no deben tener privilegios.
La escritura tiene muy poco que ver con la persona que escribe. Hay libros enteros sobre eso, la persona que escribe no debe ser confundida con la escritura y el escritor no debe usar su estatus de “artista” para tener un séquito de admiradores y para disponer del cuerpo de sus lectores sólo porque escribe muy bien. Eso no es justo y los escritores que confunden la escritura con el sexo son unos abusadores. Los lectores que convierten al escritor en objeto del deseo también están un poco confundidos porque el sexo no tiene nada que ver con la escritura. Lo mejor que se puede hacer con un texto escrito es leerlo y ya.