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domingo, 12 de febrero de 2017

Carolina Sanín y el peligro de dejarse devorar por el mundo virtual

Me he ocupado de Carolina Sanín desde hace siete años, supe de su existencia en Twitter y a partir de ese momento le he hecho seguimiento a su carrera, a sus actitudes y a su apuesta  estética porque es feminista y porque está interesada en la literatura, como yo. No la sigo porque esté obsesionada con ella, la envidie o la odie sino porque es perfecta para pensar en temas de mi total interés como lo son el campo literario, los intelectuales colombianos, la literatura del futuro  y especialmente internet, cómo se puede afectar la vida personal y laboral cuando los usuarios no son hábiles para navegar en estos mundos en los que no se sabe en qué momento la persona se convierte en personaje y el personaje termina arruinando la vida del sujeto, la vida privada de la persona de carne y hueso que sufre y llora, que siente miedo con todo su cuerpo y  no sabe cómo encaminar de nuevo esa vida real que ha sido tragada por el personaje virtual.
Lo que en algún momento parecía tener forma se desfiguró por completo porque teniéndolo todo (capital social, intelectual, económico, cultural y simbólico) Carolina Sanín asumió la actitud de una joven inocente que no tiene nada sino apenas una cuenta en Twitter o en Facebook y se lanza con furia al vacío con un propósito bien definido: volverse famosa, influencer, emprendedora, empresaria, conseguir novio rico o de la farándula, convertirse en actriz porno siendo periodista, etcétera. La joven inocente y arriesgada apuesta y gana o no gana, si pierde no pierde nada puesto que no tiene nada que perder, no  tiene capital y por eso es arriesgada y pendenciera; hará el ridículo durante una o dos semanas y luego aparecerá la apostadora de turno, la protagonista del nuevo show mediático. Una persona como Carolina Sanín no necesitaba jugar en las redes sociales de esa forma y mucho menos en Facebook, donde la ignorancia, el fanatismo, la zalamería y la desinformación son ley.
Carolina Sanín en muy poco tiempo parece haber acabado con la obra que había construido, con su formación profesional y su desempeño laboral. Terminó poniéndose en contra de la universidad de la que es egresada y de la que luego fue profesora. Eso se llama desde la teoría del campo no saber jugar, no saber mover las fichas, no saber apostar, jugar de forma torpe. Y toda una suma de errores no es más que el fruto de haber sentido que podía ejercer más poder desde un tonto perfil de Facebook que desde el mundo real. Sintió que sus fans y los cientos de mensajes zalameros que recibe cada día tenían más valor que lo que había cosechado en el mundo real, en la realidad ajena a las redes sociales.
Como experta en lectura y escritura en redes sociales cuál es mi consejo para no caer en estos límites absurdos:
Cuando sienta que su vida virtual es más relevante que su vida real, que la gente de carne y hueso y su propio cuerpo, cuando su personaje virtual empiece a ser más importante que el cuerpo que usted habita y ese personaje empiece a afectar de forma negativa su vida real y sus relaciones con otros seres humanos en diferentes entornos, lo mejor es desaparecer de una vez y para siempre de todas las redes sociales, hacer de cuenta que no existen. Muchas personas en el mundo viven perfectamente sin redes sociales.
Cuando sienta que su personaje en internet es más fuerte que usted como persona, como ser humano de carne y hueso que disfruta comiendo, bebiendo, durmiendo, caminando, trabajando y compartiendo la vida con otros seres humanos, lo mejor es desaparecer de las redes sociales de una vez y para siempre, no pensarlo tanto, no seguir arruinando la vida.
Internet produce adicción física y psicológica y puede ser más peligroso que el bazuco, arruina vidas y el usuario debe estar siempre alerta. En este mundo negro donde la persona deja de ser relevante para darle todo el poder al personaje puede caer el niño de siete años y la profesional mayor de cuarenta, no es un asunto simple y no debe ser tratado con ligereza.

Obsesión fatal

Mi nombre es Elsy, tengo 46 años y no soy nadie.
No soy nadie en el sentido de que no he publicado una obra, no tengo amigos influyentes, no devengo sueldo de millonaria, no vivo en un barrio exclusivo de Bogotá, no tengo carro, no uso Uber, no tengo tarjeta de crédito ni cuenta corriente, no aparezco ni publico en medios, no soy modelo, youtuber, influencer, emprendedora, empresaria independiente ni nada parecido. No  tengo grandes aspiraciones en la vida y paso por un momento crucial porque me siento atascada como un carro, no sé si lo mejor es seguir o quedarme donde estoy y hay momentos en los que me pregunto preocupada: ¿Seguir para dónde si siempre he estado más o menos en el mismo lugar? Es complicado y lo peor de todo es que presiento que estoy exactamente en medio del camino, sospecho que me quedan más de cuarenta años por vivir.
Soy la persona más común con la que usted se pueda cruzar en esta ciudad sin méritos llamada Bogotá. Casi nunca salgo, me desplazo siempre a los mismos lugares, hablo con muy pocas personas y no tengo una vida digna de ser contada. No redactaré mis Memorias porque no serían más de dos páginas.
Y sin embargo tengo fans que me persiguen, me buscan, se esconden, juegan conmigo, intentan enamorarme, me dicen que me van a matar o se quieren casar conmigo, buscan hacerme dudar de mi propia valía o me dicen que soy la mujer más grande del universo, plantean juegos psicológicos y a la larga siempre termino preguntándome qué putas pasa, cómo es posible que la escritura en un simple blog y en una simple cuenta de Twitter desencadene emociones tan funestas que en varias ocasiones me han hecho sentir en una película de terror psicológico y me han llevado a preguntarme si esos admiradores o enemigos confundidos van a conducirme al suicidio como a Kurt Cobain o me van a matar como mataron al pobre John Lennon, mientras salga a comprar lo del desayuno en la tienda de la vecina. Lo pienso y me pregunto si la escritura tiene tanto poder y si esas personas de sentimientos confusos, obsesionados conmigo y empeñados en hacer de mi vida una pesadilla sin fin me toman por estrella de rock o por premio nobel de literatura.
En este momento no me interesa el sexo ni el amor, saber si soy bonita o fea, deseable o despreciable porque la edad no lo amerita, voy rumbo a la tercera, a la peor de todas. En este momento de la vida me obsesiona la escritura y sólo la escritura, nada más. Es casi lo único en lo que pienso, lo que me pone a suspirar. Parece una contradicción porque es precisamente la escritura la que desencadena la locura de mis fans enamorados pero es inevitable, escribir es lo que disfruto con pasión intensa desde hace más veinte años.
Estoy perdiendo la memoria o el pasado no me importa o no me toca, no sé qué es lo que pasa en mi cerebro, el hecho es que siento que estoy pasando por un momento crucial, lo que mi caja craneana oculta pasa por un proceso que seguramente se ha repetido durante varias generaciones en miembros de mi familia que no conozco y me tiene un poco sorprendida porque presiento que se trata de un viaje hacia lo desconocido.

Escritura académica 2017

Después de haber escrito sin parar durante más de veinte años llegué a la siguiente conclusión: el terreno en el que mejor me desempeño es en el de la escritura académica, ensayos sobre teoría y crítica literaria.
En 1996 empecé a escribir ensayos académicos, veinte ensayos a través de los cuales traté de dar respuesta a los grandes interrogantes que me obsesionaban en ese tiempo en relación con la literatura, la teoría y la crítica literaria, el amor, la melancolía, la risa, la lectura, la escritura y la interpretación de textos. Esos ensayos terminaron de publicarse en 2004 y el gran problema tiene que ver ahora con el hecho de que me quedé sin preguntas siendo aún muy joven y entonces no tengo tema de investigación. Hay otros temas que me interesan, claro, pero lo mío tiene que ser una obsesión, una pregunta que me desvele y me afecte la vida. Esos temas dejaron de existir hace mucho tiempo, leo por placer pero no estoy buscando respuestas, las encontré todas antes de haber cumplido treinta años; a esas respuestas me acojo y todavía no me han defraudado.Vivo una buena vida pero me encanta escribir, ese es mi dilema. Mi escritura tiene que ser honesta, no está a la venta ni es para fortalecer el ego, es por el simple placer de ver cómo se van organizando las frases en la pantalla, sincronización total entre dedos y ojos, es decir, placer neuronal. Me gusta darle placer a mi cerebro y lo que más lo satisface es la escritura. No lo creo, lo sé.
Fui bloguera durante diez años y creo que fue ahí, aquí, donde perdí rigurosidad y profundidad; me acostumbré a escribir en tiempo real y ahora Word parece retrógrado, una máquina de escribir manual en tiempos de DOS; mi cerebro se ha modificado, lo que lo emociona hasta el límite es ver como empiezo un texto, lo termino y lo publico ese mismo día, es decir, hoy, mañana es demasiado tarde, ese es el límite del placer cerebral. Si empiezo un texto en Word y lo reviso mañana a mi cerebro le parecerá un texto muerto, he  intentado escribir con calma, puliendo el estilo, tratando de llevarlo al límite, he intentado volver a ser la gran erudita más de diez veces en los últimos cinco años y siempre termino desechando el texto porque me parece un texto sin vida. La escritura en tiempo real termina convertida en arma de doble filo: produce adrenalina pero nos hace sentir culpables y sin compromiso como intelectuales, dolorosamente superficiales.
Sospecho que mi tragedia es una tragedia compartida por personas que escribieron y publicaron antes y después de internet, antes de las redes sociales, YouTube y WhatsApp. Vivimos el día a día y los días se esfuman de forma asombrosa, pasamos el día entero chateando y muertos de la risa leyendo las estupideces que la gente escribe en Twitter, siendo testigo de las olas de indignación de un día.
¿Cuál es el destino de la escritura académica? ¿Muertos casi todos los intelectules del siglo XX debemos acostumbrarnos a la falta de profundidad, a que los grandes temas sean abordados de la forma en que se abordan en las redes sociales?
Este año decidí no volver a comprar libros y eso también es preocupante. Tomé la decisión porque comprar libros se me ha convertido en un vicio y una enfermedad. Compro cien y leo veinte y luego los regalo o los tiro a la basura.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Carolina Sanín matoneada

Una persona demasiado llena de sí misma no puede tener buen sentido del humor, una escritora que insulta sin compasión desde una red social no puede esperar se tratada con dulzura cada vez que agrede a una persona o a un grupo de personas con un español digno de una vendedora de fritanga; debe estar dispuesta a recibir todo tipo de burlas y asumir que en las redes sociales las reglas del juego no se corresponden con las de la realidad real, aquí no existen títulos ni dignidades. No puede esperar que después de insultar a los estudiantes de la Universidad de los Andes en Facebook la feliciten por ser sincera, irreverente, contestataria, amiga de la verdad y le den un premio de periodismo de inmersión o de literatura de autoficción.
Si a un grupo de estudiantes en un espacio real les da por jugar cartas encima de una mesita la profesora no tiene ninguna autoridad para escribir en Facebook que preferiría verlos robando o consumiendo drogas.
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Esos juicios no son una broma y lo más natural es que a una agresión se responda con más agresiones y con un meme.
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Carolina Sanín ha creado un personaje grotesco en Facebook y en YouTube, la versión de una mujer altanera que insulta sin compasión y sin mesura en un español no precisamente digno de una profesora de literatura de la Universidad de los Andes. Ese personaje grotesco se hunde en la exposición de temas banales tratados con profundidad y en temas serios tratados con ligereza y cada cierto tiempo logra que sus pataletas virtuales en Facebook lleguen a Twitter, después a los medios y después al despacho del rector de la Universidad de los Andes.
El último gran escándalo ha causado más revuelo que todos los anteriores, se han manifestado varios columnistas en diferentes medios, hay cartas firmadas por profesores indignados que no saben cómo funcionan las redes sociales, hay columnas de estudiantes denunciando que la Universidad de los Andes se convirtió en un negocio rentable y que en el claustro hay o ha habido profesores abusadores que encierran niñas menores de veinte años en los salones no precisamente para discutir asuntos relacionados con crítica literaria.
Hay quienes se ponen de parte de la víctima (por ser mujer) y hay quienes se burlan sin compasión de la profesora-escritora ávida de fama, de premios y de reconocimiento que aspira a ser la versión moderna de Quevedo y termina recordándonos a Nicolás Arrieta-; lo que ella llama humor es la peor representación del mal gusto y en su cadena de insultos terminó damnificado hasta el pobre  Héctor Abad Faciolince.
Carolina Sanín quiere formar parte del campo literario, quiere ser la versión femenina de Fernando Vallejo y sueña con escribir un libro como El olvido que seremos, éxito indiscutible en ventas. Intenta ser la fusión de Vallejo y Abad y su fórmula la ha llevado a ponerse al lado de figuras tan lamentables como Catalina Ruiz-Navarro y Virginia Mayer, que  se solidarizaron con ella.
¿Qué pasa con Carolina Sanín?
¿Por qué deshonra el apellido del abuelo?
¿Por qué le cuesta tanto trabajo entender que la realidad virtual y la realidad son mundos diferentes?
¿No es preocupante que quienes estén poniendo en aprietos a las directivas de las universidades por hacer mal uso de las redes sociales y mezclarlas con entornos laborales sean los profesores y no los estudiantes?
¿Qué sentido tiene que una profesora universitaria matonee a los estudiantes desde una red social y luego se ponga en el papel de víctima cuando los agredidos responden con un meme y luego con otro?
¿Es el fin de la civilización?
¿Me volverán a amenazar de muerte o con ácido por tratar estos temas tan sensibles en este humilde blog?
¿Cuál será la próxima pataleta de Carolina Sanín?
¿Los viajes, el estudio y los apellidos ilustres no sirven para nada?

sábado, 27 de agosto de 2016

¿Para qué sirve la educación?

Una de las ventajas de tener blog es que se puede tratar cualquier tema y los lectores pueden opinar. Publico todos los comentarios para que quien los lea pueda ver todos los puntos de vista, no sólo los que me favorecen. En eso consiste la libertad de expresión y en eso creo. La ejerzo con todos los riesgos, a pesar de las amenazas de muerte y todos los inconvenientes que me han ocasionado quienes en un momento dado no han estado de acuerdo con lo que he escrito aquí y no sólo han dejado comentarios altaneros sino que me han ocasionado verdaderos tropiezos que han afectado mi vida privada, la de la persona de carne y hueso, la misma que escribe y espera que le respondan con escritura, no con atentados a la vida real, a la tranquilidad y a la paz perpetua.
A pesar de las amenazas de muerte sigo escribiendo sin censura, sin pensar que al hacerlo estoy arriesgando mi vida o la tranquilidad de mi familia. Es una apuesta arriesgada pero no sé vivir de otra manera.
En un blog se  puede escribir sobre la propia vida privada, sobre la vida privada de los demás (porque la exponen en internet, la hacen pública), sobre oralidad, lectura, escritura, interpretación, literatura, cine, periodismo… sobre cualquier tema, y me ha llamado la atención la altura del discurso y la argumentación en el post titulado “¿Quién es Lucas Ospina?”.
Aunque se toca y se hiere la sensibilidad de muchas personas nadie me ha amenazado de muerte ni me ha insultado. Han comentado más de veinte personas y todos han estado a la altura de la discusión, han presentado sus puntos de vista y sus desacuerdos con buen español y en tono respetuoso, sin poner en peligro la vida ni la honra de quien esto escribe sólo porque mi opinión no concuerda con la suya.
Hagamos un ejercicio para ver los contrastes:
Volvamos a leer una colección de los comentarios más insultantes dejados en este blog cuando me ocupé de lo que he dado en llamar “las divas tuiteras” y después leamos el comentario más respetuoso acerca del profesor Lucas Ospina. El lector saca las conclusiones:
“¿Doña Elsy usted no tiene vida propia? pareciera que tiene que entrometerse en la de los demás para tenerla. su vida debe ser muy triste y patética para meter con tanto esmero sus narices en la vida de esta mujer así como hace con … o …, estas habida de atención me imagino que esta chica sera tu nueva obsesión.
y cual es la envidia vieja patetica? le da envidia que … pueda comenzar una carrera y que usted se tenga que conformar con ser una profesora por horas de una universidad mediocre? le da envidia que … pueda salir con una persona reconocida y exitosa mientras usted …? le da envidia que … salga en medios de amplia circulacion mientras usted tiene que llamar las atencion desde este pinche blog? aunque intente hacerlo parecer humor se le nota por encima el resentimient. petetica.
perdedora envidiosa porque … es atractiva y puede salir con quien sea y usted da asco. no se la come ni el ebola.
ojala tenga claro demente patetica que si lo que usted hace en internet causa daños a las personas en la vida real usted lo tiene que pagar en la vida real. no se queje cuando llegue su turno.
sigase metiendo conmigo perra hijueputa y vfa a quedar como natalia ponce y el malparido de su novio va a quedar como un marica pedofilo con toda la gente de … si quiere hagamos la prueba. ya sabe cual mierda tiene que borrar malparia desforme. lo de menos es citar a ese hijuepita … y meterle una levantada bien hijueputa. perra hijueputa metase una vez mas conmigo y vera gonorrea”.
Ahora veamos el comentario de  El otro estudiante de Lucas Ospina:
“Elsy, yo también fui estudiante de Lucas Ospina y compañero de Daniel Segura en esa misma clase. Daniel era muy talentoso, de los mejores de la clase. Era un poco retraído y hoy lamento no haberme acercado más a él, hubiera querido ser un apoyo en esos períodos de duda que nos acompañan a los artistas. En la clase había estudiantes que pasaban mucha parte de su tiempo buscando la confirmación de que eran artistas. Cuando el profesor Ospina les daba un gesto de aprobación lo adoraban. Hay muchos que todavía dicen que él fue quien los entusiasmó a seguir su camino. Para quienes no estábamos tan atormentados por nuestra vocación, el profesor Ospina era más bien una pesadilla, un hombre completamente lleno de verdades incuestionables (para él), que parecían más bien elucubraciones de una mente paranoica. Como el “razonamiento” que lo llevó a enviarle una carta tan vergonzosa a la profesora Bonnet: ¿en qué estaba pensando Ospina? Pues en otra de sus grandes y brillantes ideas. Como cosa rara le pareció tan buena que no pudo esperar a enviársela a la profesora Bonnet. En clase teníamos el chiste de que el profesor Ospina era EL artista de meter el dedo en la llaga, solo que en su caso era el brazo completo. Como en este caso. Todo en nombre de la verdad, nunca con mala intención. 18 años de experiencia docente y esto es lo mejor que puede hacer: me sorprende que siga siendo profesor cuando está rodeado de gente mucho mejor en la misma universidad. El tirón de orejas que le dieron no servirá para nada, esos egos tan grandes no tienen cura”.

Marketing y feminismo

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de feministas tipo Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de rebeldes tipo Virginia Mayer?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de emprendedoras tipo Catalina Alba, Diana Marcela Ariza y Sandra Súarez?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de intelectuales tipo Katherine Ríos?
¡No hay derecho!
Las amenazas de muerte y de ataque con ácido siempre han sido anónimas, claro (estamos en Colombia)  y para mí es imposible saber cuál de las víctimas de mi supuesta muy variada y mucha maldad ha decidido tomar medidas en contra mía. Tal vez sea un simpatizante de una de las damas, una especie de justiciera que no soporta la libertad de expresión en un país en el que es prohibido dar opiniones sobre gente que expone su vida privada en público y aspira a convertirse en modelo, en mujeres dignas de respeto y admiración aunque no lo sean.
Todas las mujeres de las que me he ocupado en este blog exponen sus dotes o sus atributos en las redes sociales o en las revistas de farándula y lo que he hecho siempre es dar mi opinión sobre sus apuestas, sus estrategias, sus juegos, sus tomas de posición, su habitus, su posición en el campo. ¿Es tan difícil entender que me eduqué en la sociología del arte y que mi maestro indiscutible es Pierre Bourdieu? ¿Es tan difícil  entender que lo que puede ser interpretado como ataque personal a unas dulces e inocentes mujeres es una toma de posición intelectual que yo asumo ante lo que esas mujeres representan en un contexto particular?
Si me he ocupado de estas respetables damas es porque ellas encarnan los sueños, deseos y frustraciones de muchas mujeres. Mi intención nunca ha sido atacarlas a ellas sino lo que ellas representan.
¿Por qué vuelvo a escribir sobre “divas” si la última vez me advirtieron que el ataque con ácido sería efectivo si volvía a vulnerar los derechos de tan respetables damiselas?
Porque soy así, arriesgada. Porque si no escribo reviento, porque me gusta ejercer mi derecho a opinar en un país que presume de democrático aunque no lo sea. Se supone que las opiniones, que la escritura, es eso, escritura, y que quien escribe merece seguir viviendo a pesar de lo que haya escrito. Las palabras no son balas ni cuchillos y no deben ser recibidas con balas ni con cuchillos sino con otras palabras.
Yo esperaría palabras contra mis palabras, no amenazas de muerte ni ataques con ácido.
Sin más preámbulos pasemos a analizar este esperpento que encontré sin buscarlo. La autora es Catalina Ruiz-Navarro.
El título de este post es “Marketing y feminismo” porque nuestra feminista estrella es la mujer que mejor encarna la idea de que todos somos objetos de consumo, de que todos nos construimos no precisamente como sujetos sino como personas que han sido puestas a la venta en el mercado de la carne sin que lo sepamos. Yo lo sé, la casta Catalina no lo sabe, ella siente que crea su propio estilo en un mundo en el que la publicidad nos impone los estándares de belleza, libertad, estilo y sensualidad. Esta fotografía que la bella Catalina comparte con sus lectoras feministas podría ser perfectamente usada en un anuncio publicitario de toallas higiénicas, alimento para mascotas o planes turísticos. Ella jura que ha sido la artífice de tan bella obra de arte y nos dice que una mujer inteligente puede usar bikini, pintarse la boca de rojo y ser filósofa, que una cosa no riñe con la otra.
Ella es una feminista fuera de serie porque no parece hombre, porque no es una machorra.
descarga (1) La publicidad y el marketing empaquetan a las personas para que crean que se construyen como sujetos cuando en realidad forman parte de un grupo específico, de un paquete de personas que se venden como productos a sí mismos en las redes sociales y que los expertos en marketing no dudan en organizar para ofrecerles luego productos y servicios cuidadosamente diseñados para satisfacer la fase emocional, intelectual o espiritual por la que el empaquetado está pasando; los paquetes de productos y servicios son cuidadosamente diseñados para ellos, para crearles la ilusión de que son libres, de que seleccionan, de que se construyen y, es, sin duda, la mujer, una mujer como Catalina Ruiz-Navarro (mujer que en esta fase ha decidido etiquetarse como feminista filósofa inteligente maquillada y con bikini), una mujer que a los 33 años ha dejado de sentirse vieja y fea.
Cuando Catalina cumplió treinta entró en crisis y sentía que había quedado fuera del mercado de la carne, a los 33 siente que ha vuelto a renacer y el mercado le ofrece productos y servicios hechos a la medida de sus deseos y requerimientos. Cuando Catalina cumpla 40, 50, 60, 70, 80 y 90 soñará con ser otras mujeres y siempre habrá un paquete para ella, para hacerla sentir en su mejor momento. ¡Así funciona el asunto! No somos sujetos libres, ahora mucho menos que en los tiempos del casto Sartre.
La mujer-objeto perfecto para ser modelado- para ser todas las mujeres con las que pueda llegar a soñar. ¡En eso va el feminismo! Catalina es la mujer perfecta para formar parte de un paquete de mujeres como ella a las que se les crea un mundo hecho a su medida para hacerlas vivir en la ilusión de que ellas deciden, de que ellas escogen, de que ellas construyen su propio estilo, su modelo, no según las estrategias del mercado sino según sus propias elecciones.
La publicidad y el marketing saben que nadie como las mujeres y el feminismo para vender mucho más de lo que vendían antes.
Esta otra fotografía (lobísima, kitsch a más no poder) es exhibida por Catalina Ruiz-Navarro en el texto titulado “Soy feminista y eso no me quita lo femenina”.
No hay necesidad de hacer un análisis minucioso del documento para corroborar que Catalina ve mucha televisión y muchas revistas de novias, para constatar que está completamente dominada por el arte de no ser sujeto sino objeto.
¿Cuáles son los límites del feminismo?
¿A dónde hemos llegado?
¿Qué sigue?
¿Por qué te moriste Pierre Bourdieu?
¡Llamen a mi mamá!
catalina

Un mensaje privado para compartir en público

Buenos dias José, le cuento que renuncié a Twitter y a Whatsapp y espero que esta vez sea para siempre. Es mi primer intento en Twitter y el segundo en Whatsapp. Quiero saber cómo se vive la vida usando sólo el blog, google, youtube, gmail y otras páginas que son de uso obligatorio por el trabajo. Lo que quiero es volver a hablar con la gente, chatear menos y vivir más. Necesito darle un giro a mi vida para que eso afecte la escritura. No voy a dejar de leer ni de escribir, eso es lo que más me gusta.
Sigo con la intención de publicar libros aunque no ha sido fácil comenzar, tendré que tener mucha paciencia. De los tuiteros (de las personas que conocí en Twitter)  sólo me interesa seguir hablando con usted, con nadie más. Podemos vernos cuando quiera, sigo teniendo mucho tiempo libre y nos queda la opción de los mensajes privados y las llamadas. Hace años no oigo su voz a través del teléfono.
Eso era lo que le quería contar. Vamos a ver cómo me va con el síndrome de abstinencia virtual, espero que lo supere pronto y pueda renunciar a Twitter igual renuncié a Facebook: de una vez y para siempre. Creo que las redes sociales son una gran pérdida de tiempo y una exhibición desmedida del ego, a eso quiero renunciar.
Yo soy buena gente, una persona amable y cordial. No quiero seguir jugando a distorsionarme sólo para burlarme de la gente y hacerlos reaccionar como si fueran una jauría de perros rabiosos, hace mucho tiempo dejó de ser divertido jugar ese juego. Cinco años de burlas fueron suficientes y creo que no tengo nada más que decir en Twitter.
Besos y abrazos. Espero que nos veamos pronto para hablar de cómo van nuestros proyectos.

Me invade la sensación de vuelo

Tengo ansias de perfección
Sin ser mormona aspiro a ser una Santa de los Últimos Días
Ayer mientras veía correr el agua sentí como una especie de voz que me decía “No hagas eso que estás pensando hacer, yo sé por qué te lo digo, no trunques el camino que has construido a lo largo de tu vida, falta poco para que sientas lo que siempre has soñado, déjame guiarte”
Y mi ser entero -cuerpo, mente, cerebro, alma, espíritu y esencia- sintió que debía oír con atención el mandato de esa voz y viví una especie de arrebato místico sin ser monja y sin vivir en un claustro. Para ser una simple mortal se trató de una gran experiencia, algo con lo que había soñado siempre. Mi sueño consiste en vivir experiencias límite hacia arriba no hacia abajo, más cerca de la elevación que de la caída, al lado de la gente común y viviendo una vida común, sin público y sin aplausos, sin premios, menciones ni diplomas.
Pasaron varias horas y mi ser racional me decía que esas voces no son reales sino producto de mi mente y decidí lanzarme a la aventura sin pensarlo mucho, sin fijarme en esas voces sin presencia. La experiencia no se realizó y me dio por pensar que la voz se encargó de que no pasara eso que estaba decidida a hacer. Ahora sospecho que hay Algo que me guía y tiene bellos planes reservados para mí. Recordé que todos mis deseos, al ser deseados de forma tan genuina, se han realizado siempre sin ningún tipo de esfuerzo, sólo con la fuerza del deseo. Es como si existiera un ser mágico que me concede lo  que sueño. Puedo sentir que el futuro me pertenece y sólo debo dejarme conducir por la voz que se manifestó ayer y que seguramente siempre ha estado ahí.
Hoy estaba sobre una superficie elevada con mi ropa leve, con la que paso la mayor parte del tiempo con la ilusión de que al perder peso gano.
Y estando sobre esa altura sentí que no sólo no debía hacer eso que pensaba hacer sino que también debía tomar una decisión radical que le dará un nuevo rumbo a mi vida, que me hará sentir en la cima sin necesidad de estar es un espacio elevado.
Con mis zapatos de ángel y mi capa improvisada decidí renunciar a la comunicación humana a través de medios digitales y entonces bajé la escalera y desinstalé Twitter y WhatsApp, los dos venenos a los que la voz me dice que debo renunciar.
No quiero más amistades virtuales con personas a las que puedo ver y no quiero creer que soy amiga de personas a las que nunca veré. Ahora mi teléfono sólo sirve para llamar y recibir llamadas. Me voy a reconciliar con la vida real, sólo hablaré con personas con cuerpo y sangre.

jueves, 7 de julio de 2016

Fin de la autoficción

Durante los últimos diez años consagré la mitad del espacio en este blog y más de la mitad en mi cuenta de Twitter a convertir mi vida en asunto de dominio público, especialmente mi vida amorosa. No quiero seguir haciendo eso porque el amor se acaba y yo sigo pensando en literatura, en temas eruditos, en frases célebres, en comprar un libro o en sacar otro de la biblioteca.
El amor de pareja no es el gran tema en la historia de mi vida, no es el centro, es mucho más importante leer y escribir y escribir sobre lo que leo y sobre lo que pienso de esas lecturas. Voy a retomar lo que hacía hace quince años: ensayos. No quiero escribir ensayos de veinte o treinta páginas con veinte citas y  dos páginas de bibliografía; quiero escribir ensayos de quinientas páginas sin muchas citas y sin mucha bibliografía. Espero hacer eso durante los próximos cinco años.
Para lograr lo que sueño me acogeré a los consejos sabios de Emerson.
Hace quince hace tenía un extenso fichero que llenaba a mano, ahora tengo este blog y Word. Más fácil imposible:
“Lleva un diario para hacerte el hábito de rendir cuenta de ti mismo ante ti mismo de alguna manera rigurosa y con intervalos más regulares que los que puede ofrecerte la mera conversación”. Lo que Emerson llevaba , y lo que recomendaba con entusiasmo a otros, era lo que solía denominarse un libro de citas, un volumen en blanco en el que uno toma nota de las imágenes más vívidas, las grandes descripciones, las expresiones notables, los puntos sobresalientes de la propia vida y de sus lecturas; las cosas que uno quiere recordar y conservar.  Un libro de citas no es un diario, ni un calendario ni una agenda, ni un registro de los propios sentimientos. Si tu diario consiste en los mejores momentos de tu vida y tus lecturas, entonces releerlo será como caminar por una elevada senda de montaña que va de una cumbre a otra sin tener que descender a la depresión de la rutina. El solo hecho de leer un diario exclusivamente compuesto por puntos altos tensará las cuerdas y elevará el tono del lector.
***
Siempre es útil que otros te digan qué es lo que no funciona. Entonces, cuando esa persona habla de lo que sí funciona, podemos darle crédito. Emerson abandonó el sistema del encabezamiento predeterminado del tema. Le explicó su nuevo sistema a Elizabeth Peabody, quien se lo transmitió por carta a su hermano George:
“Me aconsejó llevar un libro manuscrito y tomar nota en él de cada idea que se me ocurriera sobre cualquier tema interesante, conservando las imágenes con las que había surgido en mi mente. Este manuscrito debía ser perfectamente informal, permitiendo pasar de un tema a otro con sólo trazar una línea divisoria entre ellos. Después de que estuviera escrito, podía encabezar cada zona con un tema; y cuando quisiera escribir un artículo… allí estarían todas mis ideas, listas“.
Emerson debería haber agregado -o tal vez Peabody lo olvidó- que uno tenía que hacer un índice de cada diario al final para poder encontrar todas las entradas sobre un determinado tema sin tener que leer todo el manuscrito cada vez que se deseaba localizar algo. ¡Un blog!

domingo, 3 de abril de 2016

El camino

1995 – 2000. Teoría y crítica  literaria
Empecé a leer en 1979. Ahí comenzó mi proceso educativo. La universidad me sirvió para ponerle orden al conocimiento y los trabajos que escribía para mis profesores me dieron impulso para escribir textos que llegaran un poco más allá de los ojos de ellos y, entonces, empecé a publicar en revistas indexadas y no indexadas. Cuando era niña soñaba con hablar en público, me imaginaba ante un gran auditorio aclamada por la multitud enardecida. Soñaba con saludar de esta manera a mis fans: ¡Ya basta, no aplaudan más, no es necesario exagerar, no estamos en un circo, recuerden que este es un espacio académico! Mi sueño era ser diestra con el discurso oral. Soñaba con influir en los demás, con renovar sus ideas y su forma de pensar y de actuar. Mi sueño de infancia consistía en presentarme como un ser humano digno de ser imitado. Quería que aprendieran a evitar el sufrimiento, ese ha sido el gran interés de mi vida: el sufrimiento humano.
Hoy, 25 de marzo de 2016, creo que es imposible influir en los demás de manera profunda y lo digo por los miembros de mi familia: nací convencida de que dar la vida es un error, eduqué a mis hermanos para que no se casaran ni tuvieran hijos y hoy todos ellos tienen o tuvieron una linda pareja a la que amaban y todos son padres. No logré influir de manera profunda en ninguno de ellos después de años y años de haber pronunciado largos discursos sobre por qué los seres humanos inteligentes, justos y nobles no tienen hijos. Si no convencí a los miembros de mi familia -gente que me conoce, me aprecia y me respeta desde hace mucho tiempo- creo que es imposible convencer a una persona que, por ejemplo, lee este blog.
En 1999 descubrí el mundo virtual y supe que no necesitaría tribunas ni auditorios, mi tribuna y mi auditorio serían las redes sociales. Desde la comodidad del hogar pronunciará los más bellos discursos y haría llorar de alegría e indignación; desde la redes sociales me haría amar y me haría odiar: me amarían los justos, los nobles y los sinceros y me odiarían los zalameros, los deshonestos y los tontos. Creo que lo logré. Por prudencia tuve que terminar el ciclo 2010-2015 (al que llamaremos mi fase activa en Twitter Colombia) más pronto de lo que esperaba y deseaba. Lo que me han dicho es que las amenazas de muerte iban muy en serio. Yo quería hacer reír o llorar, no quería que me mandaran matar, esa no era la intención.
Entre 1995 y 2000, como buena novata, estaba dispuesta a mostrar de qué estaba hecha y, entonces, escribía ladrillos teóricos y críticos que yo misma no soporto ahora. Mucho marco teórico, mucha cita, mucha nota de pie de página, mucha bibliografía de veinte páginas.
No quiero volver a saber nada de esa vida tan intelectual, tan rancia y tan conservadora, no quiero volver a escribir como esa señora. No quiero saber nada más de teorías ni de críticas literarias, renuncio a y me avergüenzo de ese pasado oscuro.
2000 -2005. Ensayos filosóficos y psicológicos
Mi primer amor, por haber sido el primero, me causó un fuerte impacto cuando se acabó porque -en mi inocencia- creía que era para siempre. No era para siempre, se acabó y ese final me llevó a experimentar etapas de furia e intenso dolor. Como nací aprendida sabía que un ser humano destrozado no se cura con alcohol, promiscuidad, psicólogos ni suicidio sino con libros y, entonces, me entregué de lleno a la lectura para saber qué era exactamente lo que me pasaba y cómo salir de eso. Terminé convertida en experta en amor, melancolía,  depresión, nostalgia, insomnio y, como soy tan inteligente, desemboqué en la risa. Entre 2000 y 2005 escribí mis ensayos favoritos, los que todavía me gustan y me dan ánimo en los momentos oscuros.
2005 – 2010. Escritura en internet (escritura sobre escritura)
En 2005 conocí a Andrés y fueron diez años de risa e irresponsabilidad, por eso decidimos que lo mejor era cortar el juego y seguir cada uno su camino, sin odio, sin deseo de volver y con la sensación de que lo nuestro no era amor sino diversión total. En 2005 ya estaba totalmente curada, estaba completamente entregada a la vida y al placer, a la risa y a la satisfacción y con esa actitud me embarqué en la vida virtual. Entre 2005 y 2010 fui un portento en la red, escribí más de cien posts sobre virtualidad, oralidad, lectura, escritura, educación… Conocí gente maravillosa, nadie de Colombia, era extraño, yo era colombiana pero no me contactaba con colombianos. La experiencia de esos cinco años me sirvió para lo que sería encontrarme con mi gente, con mi patria, con colombianos en Twitter.
2010 – 2015. Escritura despiadada
Twitter fue una locura maravillosa, un juego peligroso del que todavía no sé si me he librado del todo. Se supone que tengo más enemigos que el colombiano más peligroso que pueda existir en Colombia, se supone que dañé vidas y le hice daño a mucha gente, pero ¿Qué fue lo que hice? Lo que hice fue escribir sobre quince o veinte colombianos entre figuritas de Twitter, escritores, periodistas, intelectuales y humoristas y eso bastó para que me convirtieran en objetivo militar, me calumniaran, persiguieran, censuraran y desprestigiaron.
¿Es Colombia un país peligroso en el que no se puede ejercer la libertad de expresión?
Sí, eso es correcto. Tuve que dejar de escribir sobre colombianos porque varias personas me dijeron que las amenazas de muerte iban muy en serio.
2016. De lleno en la autoficción (escritura sobre el yo)
A finales de 2015 descubrí un término nuevo de la nueva teoría literaria: autoficción. Estoy entregada de lleno en la experimentación de esa nuevo género literario.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Juguemos al sí y al no

¿La censuraron de nuevo en Twitter?
Sí.
¿Quienes dieron el golpe esta vez se adjudicaron la cerrada de la cuenta y lo anunciaron con orgullo como cuando suspendieron @ensayista?
No.
Fueron dos golpes duros este año. Bloqueada de una cuenta con 37.000 seguidores y cerrada de otra con 11.000.
Sí.
¿Hay un grupo de personas celebrando la cerrada de la cuenta?
No.
¿Hay un grupo de personas denunciando la cerrada de la cuenta?
No.
¿Le habían cerrado la cuenta antes?
Sí.
¿En 2012?
No.
¿En 2010?
Sí.
¿Le cerraron la cuenta con un enlace malicioso, como en el lejano 2010?
No.
¿Sabía que le iban a cerrar la cuenta?
Sí.
¿Alcanzó a avisar que estaban intentando vulnerar la seguridad de su cuenta?
Sí.
¿Es cierto que su cuenta parecía inviolable porque le habían dado la clave para hacer muy fuerte la seguridad, para que no volvieran a robársela o cerrársela?
Sí.
¿Sospecha de alguien?
No.
¿Odia a la persona o grupo de personas que la censuraron de nuevo?
No.
¿Los perdona como siempre?
Sí.
¿Usted sabe lo que es el odio?
No.
¿Creó una cuenta ayer para conversar con las veinte personas que le simpatizan?
Sí.
¿Sólo una de ellas la ha identificado?
Sí.
¿Hablaron a través de mensajes privados?
Sí.
¿Con esa cuenta tiene menos de diez seguidores?
Sí.
¿Se siente poca cosa al sentirse ignorada?
No.
¿Espera que todos la reconozcan?
No.
Una persona le ofreció una cuenta con cincuenta mil seguidores para que  “no se deje callar”. ¿Va a hacer uso de esa cuenta?
No.
¿En su caso ganó la censura, la intolerancia y la indiferencia?
Sí.
¿Creó esa cuenta para despedirse de las veinte personas que le simpatizan?
Sí.
¿Extraña la fama de @ensayista?
No.
¿Se va a dedicar a leer y a escribir?
Sí.
¿Le queda un pésimo recuerdo de su experiencia en Twitter?
No.
¿Conoció gente agradable?
Sí.
¿Se enteró de la realidad nacional en tiempo real?
Sí.
¿Twitter sirve para algo?
Sí.
¿Se pierde mucho tiempo en Twitter?
Sí.
¿Su nueva cuenta es ?
Sí.
¿Cerrará esa cuenta después?
Sí.
¿Este año?
Sí.
¿El 31 de diciembre?
Sí.
¿2015 fue un año de grandes cambios?
Sí.
¿Eso le gusta?
Sí.
¿Está triste?
No.
¿Twitter es más adictivo que el bazuco?
Sí.
¿Ha probado el bazuco?
No.
¿Pero se imagina el efecto?
Sí.
Cuando dejó Facebook se despidió con una frase célebre: “Ya dije lo que tenía que decir”. ¿Siente que esa frase aplica para su salida de Twitter?
Sí.
¿Desea de todo corazón no volver a crear una cuenta en Twiter cuando elimine ?
Sí.
¿Cree que también van a suspender o borrar ?
Sí.
¿Si la borran crea otra cuenta para despedirse de los veinte tuiteros que le simpatizan?
No.
¿Cree que ellos leerán esta entrevista?
Sí.
¿Y dan por entendido que los recordará durante un buen tiempo?
Sí.
¿Eso es todo?
Sí.