Antes de cumplir diez años me hice varias promesas que no cumplí:
Ser estoica como Sócrates:
¿Ves todo lo que hay expuesto en la feria para la venta?
Sí, maestro, muy bonito todo. Muy buenas las promociones de enero.
¡No necesito ninguno de esos objetos, todos son innecesarios!
Vivir toda la vida en la misma casa como Flaubert:
Una persona debe vivir toda su vida en la misma casa, ser parte de ella. Cuando la persona muere deben enterrarla y quemar la casa porque la casa es un objeto vivo, es parte del difunto, no es un simple espacio para vivir.
Ser autodidacta como los verdaderos Maestros:
Para despreciar el sistema educativo no necesité a Sócrates ni a Flaubert porque lo descubrí con mis propios ojos y oídos. Cuando todavía no era bachiller tomé la decisión de no someterme más a esa prisión, a ese espacio creado para uniformar a las personas, para hacerlos dóciles, buenos ciudadanos, para que acojan con cariño y sumisión los aparatos ideológicos del Estado que tan bien explicó Althusser antes de matar a su esposa. La educación sirve para que la gente educada repita la misma historia hasta el infinito: nacer, crecer, estudiar, buscar novio, casarse, tener un hijo, comprar casa, tener otro hijo, comprar otra casa y carro, comprar, tener varias tarjetas de crédito, viajar, comprar en Zara y en Mango, debatir en las redes sociales, defender diferentes Causas, esperar que sus hijos repitan la misma historia, ver crecer a las nietos, morir convencido de que lo hizo todo muy bien y fue un ciudadano ejemplar.
También me prometí no ser esposa abnegada ni madre amorosa y de eso sí me siento bastante orgullosa porque cumplí, claro. Pero en estos últimos días me he torturado pensando que me traicioné a mí misma porque yo quería ser estoica, vivir siempre en la misma casa y no haber terminado el bachillerato (me hubiera gustado tener segundo de Primaria) y me doy látigo todos los días porque me siento como una idiota entre millones de idiotas en el centro comercial. Soy como todos.
Por no haber cumplido esas tres grandes promesas me siento inauténtica, frustrada, fracasada, una idiota entre millones de idiotas, una ciudadana ejemplar, una persona que ha “triunfado en la vida” y se puede constituir en modelo digno de ser imitado y yo no soñaba con eso para mi vida. Pienso en lo que hubiera podido llegar a ser sin tener una casa PROPIA, formación educativa en las mejores instituciones del país, un trabajo digno porque me deja mucho tiempo libre y -en vista de que pagan por trabajar- estar obligada a comprar, a hacer uso de la ganancia en el centro comercial.
Si me hubiera rebelado de verdad sería otra, el camino hacia la escritura hubiera sido mucho más complicado, no tendría los lectores que tengo ni me prestarían la atención que me prestan porque los benditos títulos pesan más que lo que yo pueda decir si sólo tuviera segundo de Primaria, no tendrían valor mis palabras aunque hubiera leído todos los libros que he leído en la biblioteca. En la universidad estuve apenas seis años y esos seis años pesan más que los treinta años como lectora de biblioteca, no es justo ese trato con los autodidactas.
Los grandes autores de autoficción (casi todos hombres, claro) hacen ajustes de cuentas a través de la literatura y los peores insultos casi siempre recaen sobre la pobre mujer que les dio la vida: la madre:
Me quiero follar a mi madre, vieja hijueputa, no me abrazaron lo suficiente, soy muy marica y muy loco y la responsable es ella, lo mío es pura falta de amor y por eso escupo a todas las mujeres…
Esta mañana pensé en ese asunto y me pregunté por qué aunque pretendo hacer autoficción -porque está de moda- mi pelea no es con mi madre, mi padre, mi hermana, mi marido, mis vecinos ni ningún otro ser humano con el que haya tenido contacto cara a cara; mi lucha es con vendedores de libros que posan de artistas, tuiteras emprendedoras, periodistas que hacen porno, modelos Soho dizque feministas, todo tipo de embaucadores digitales pero jamás con una persona con la que no haya conversado, con seres humanos no construidos a partir de la escritura. El hecho de que le haya sonreído y lo haya arrullado con el tono de mi voz lo salva como por arte de magia de mi vara implacable y la pregunta es simple. ¿Por qué?
No tengo nada que reclamarle a mi familia y no me imagino haciendo esos reclamos en público, a través de un largo insulto al que pretendo llamar literatura. No se me antoja escribir la versión criolla de Carta al padre y tampoco me parece elegante escribir la versión femenina de El olvido que seremos.
No creo en traumas de infancia ni en la literatura como terapia familiar. Le creo más a Paul Watzlawick que a Freud.
Estuve hablando con un médico. Le pregunté si puede detectar enfermedades del cuerpo y del alma con sólo mirar al paciente y antes de que me respondiera le dije que yo sí puedo porque soy experta en la mirada espontánea. Le dije que es preciso fijarse en la mirada, la sonrisa y la forma de caminar de la gente, en la forma de mover los brazos y las manos. Le dije que están más tristes y enfermas las mujeres, aunque los hombres también están agobiados y confundidos. ¿Es el cambio de milenio, la Era de Acuario, la estrategia de los dueños del mundo? ¿Nos quieren volver locos a todos? ¿Quieren comenzar con las feministas?
El médico no lo negó y agregó la siguiente frase: “¡Claro! A las mujeres se les exige mucho. Deben verse bonitas, ser buenas esposas, experimentadas amantes, saber cocinar, vestirse bien, ser madres ejemplares, trabajar con esmero y ser feministas, jajajaja, esa ocupación también les quita mucho tiempo”.
Y yo no lo dije pero lo pensé: “Los hombres nunca se han tomado en serio el feminismo, han dejado que las mujeres se liberen todo lo que quieran para reírse un poco mejor.Y ahora que no tenemos feminismo sino feminismos tienen mucho material para recrearse con sus burlas. No importa, a pesar de todo sigo amando a estos cerdos machistas, a los cisgénero: hombres con genitales masculinos que se ven y se identifican como hombres. La próxima vez que me encuentre con un hombre le preguntaré si es cisgénero: “¿Tienes genitales masculinos y eres hombre hombre?”.
Lo más triste de todo: el médico tiene razón.
¡Y no es que a las mujeres se les exija demasiado, pasa más bien que muchas mujeres mal entrenadas y poco reflexivas quieren competir con los hombres y no saben que competir no es una actitud inteligente porque terminan haciendo doble trabajo: el de los hombres y el de las mujeres: los hombres sólo tienen que ser hombres y ya; ellos no están pidiendo ser madres, por ejemplo!
Muchas mujeres quieren posar de heroínas, de exitosas, de controladas y versátiles y, entonces, recordé la frase machista que oí hace como treinta años: ¡El feminismo les sirvió para que además de ser madres y amas de casa ahora también tengan que trabajar!
Y, claro. Ahora la mayoría de las mujeres se siguen casando, teniendo hijos, siguen cocinando, quieren verse muy femeninas y además trabajan. En el trabajo no quieren ser “menos” que los hombres y, entonces, por querer demostrar que son iguales, que no son seres inferiores, terminan trabajando el doble y muchos hombres se sientan a verlas trabajar.
No son inteligentes ni creativas como yo. La clave consiste en usar lo mejor del feminismo para beneficio propio. Para comenzar: ¿qué sentido tiene casarse y tener hijos si es lo menos original que las mujeres han hecho a lo largo de la historia? ¡Pero la feminista también cae en el juego de la reproducción y termina convertida en ama de casa y madre asfixiante como todas las demás! No tener hijos deja mucho tiempo libre, se nota que no aprendieron nada de Virginia Woolf y de Simone de Beauvoir.
La estrategia de la lucha por el poder es masculina, es el infantilismo masculino que explicó tan bien Virginia Woolf pero las feministas en vez de sentarse a contemplar a los pobres hombres luchando por el poder les pareció más divertido competir con ellos. ¡No son inteligentes! Buscan competir con los hombres.
Conclusión: ¡El médico tiene razón! Con el feminismo las propias mujeres se encargaron de echarse la soga al cuello.
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de feministas tipo Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de rebeldes tipo Virginia Mayer?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de emprendedoras tipo Catalina Alba, Diana Marcela Ariza y Sandra Súarez?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de intelectuales tipo Katherine Ríos?
¡No hay derecho!
Las amenazas de muerte y de ataque con ácido siempre han sido anónimas, claro (estamos en Colombia) y para mí es imposible saber cuál de las víctimas de mi supuesta muy variada y mucha maldad ha decidido tomar medidas en contra mía. Tal vez sea un simpatizante de una de las damas, una especie de justiciera que no soporta la libertad de expresión en un país en el que es prohibido dar opiniones sobre gente que expone su vida privada en público y aspira a convertirse en modelo, en mujeres dignas de respeto y admiración aunque no lo sean.
Todas las mujeres de las que me he ocupado en este blog exponen sus dotes o sus atributos en las redes sociales o en las revistas de farándula y lo que he hecho siempre es dar mi opinión sobre sus apuestas, sus estrategias, sus juegos, sus tomas de posición, su habitus, su posición en el campo. ¿Es tan difícil entender que me eduqué en la sociología del arte y que mi maestro indiscutible es Pierre Bourdieu? ¿Es tan difícil entender que lo que puede ser interpretado como ataque personal a unas dulces e inocentes mujeres es una toma de posición intelectual que yo asumo ante lo que esas mujeres representan en un contexto particular?
Si me he ocupado de estas respetables damas es porque ellas encarnan los sueños, deseos y frustraciones de muchas mujeres. Mi intención nunca ha sido atacarlas a ellas sino lo que ellas representan.
¿Por qué vuelvo a escribir sobre “divas” si la última vez me advirtieron que el ataque con ácido sería efectivo si volvía a vulnerar los derechos de tan respetables damiselas?
Porque soy así, arriesgada. Porque si no escribo reviento, porque me gusta ejercer mi derecho a opinar en un país que presume de democrático aunque no lo sea. Se supone que las opiniones, que la escritura, es eso, escritura, y que quien escribe merece seguir viviendo a pesar de lo que haya escrito. Las palabras no son balas ni cuchillos y no deben ser recibidas con balas ni con cuchillos sino con otras palabras.
Yo esperaría palabras contra mis palabras, no amenazas de muerte ni ataques con ácido.
Sin más preámbulos pasemos a analizar este esperpento que encontré sin buscarlo. La autora es Catalina Ruiz-Navarro.
El título de este post es “Marketing y feminismo” porque nuestra feminista estrella es la mujer que mejor encarna la idea de que todos somos objetos de consumo, de que todos nos construimos no precisamente como sujetos sino como personas que han sido puestas a la venta en el mercado de la carne sin que lo sepamos. Yo lo sé, la casta Catalina no lo sabe, ella siente que crea su propio estilo en un mundo en el que la publicidad nos impone los estándares de belleza, libertad, estilo y sensualidad. Esta fotografía que la bella Catalina comparte con sus lectoras feministas podría ser perfectamente usada en un anuncio publicitario de toallas higiénicas, alimento para mascotas o planes turísticos. Ella jura que ha sido la artífice de tan bella obra de arte y nos dice que una mujer inteligente puede usar bikini, pintarse la boca de rojo y ser filósofa, que una cosa no riñe con la otra.
Ella es una feminista fuera de serie porque no parece hombre, porque no es una machorra.
La publicidad y el marketing empaquetan a las personas para que crean que se construyen como sujetos cuando en realidad forman parte de un grupo específico, de un paquete de personas que se venden como productos a sí mismos en las redes sociales y que los expertos en marketing no dudan en organizar para ofrecerles luego productos y servicios cuidadosamente diseñados para satisfacer la fase emocional, intelectual o espiritual por la que el empaquetado está pasando; los paquetes de productos y servicios son cuidadosamente diseñados para ellos, para crearles la ilusión de que son libres, de que seleccionan, de que se construyen y, es, sin duda, la mujer, una mujer como Catalina Ruiz-Navarro (mujer que en esta fase ha decidido etiquetarse como feminista filósofa inteligente maquillada y con bikini), una mujer que a los 33 años ha dejado de sentirse vieja y fea.
Cuando Catalina cumplió treinta entró en crisis y sentía que había quedado fuera del mercado de la carne, a los 33 siente que ha vuelto a renacer y el mercado le ofrece productos y servicios hechos a la medida de sus deseos y requerimientos. Cuando Catalina cumpla 40, 50, 60, 70, 80 y 90 soñará con ser otras mujeres y siempre habrá un paquete para ella, para hacerla sentir en su mejor momento. ¡Así funciona el asunto! No somos sujetos libres, ahora mucho menos que en los tiempos del casto Sartre.
La mujer-objeto perfecto para ser modelado- para ser todas las mujeres con las que pueda llegar a soñar. ¡En eso va el feminismo! Catalina es la mujer perfecta para formar parte de un paquete de mujeres como ella a las que se les crea un mundo hecho a su medida para hacerlas vivir en la ilusión de que ellas deciden, de que ellas escogen, de que ellas construyen su propio estilo, su modelo, no según las estrategias del mercado sino según sus propias elecciones.
La publicidad y el marketing saben que nadie como las mujeres y el feminismo para vender mucho más de lo que vendían antes.
Esta otra fotografía (lobísima, kitsch a más no poder) es exhibida por Catalina Ruiz-Navarro en el texto titulado “Soy feminista y eso no me quita lo femenina”.
No hay necesidad de hacer un análisis minucioso del documento para corroborar que Catalina ve mucha televisión y muchas revistas de novias, para constatar que está completamente dominada por el arte de no ser sujeto sino objeto.
Cuando me entrego al encierro voluntario me abandono y me olvido del “arreglo”
No soy una mujer
Soy alguien que lee
Camina dentro de la casa
Toma mucho café
Y se siente en el mundo perfecto (así se deben sentir las personas un poco enfermas de la mente, las que viven encerradas en su mundo interior).
Cuando salgo y me reconcilio con el mundo sé que me he entregado al encierro voluntario y me parece extraño y ajeno todo lo que tiene que ver con salir de nuevo a reencontrarme con otros seres humanos, me cuesta un poco de trabajo representar bien mi papel pero finalmente, casi terminando la jornada, vuelvo a ser yo representando mi papel en sociedad.
Pienso en los locos
En las personas obligadas a estar encerradas
En los ancianos que salen de su encierro sólo cuando alguien se compadece de ellos y los saca a tomar el sol y sufro por todos esos pobres seres porque sé que mi casa es una cárcel porque yo decido encerrarme y sé que esos encierros me ayudan a ver los contrastes de la vida y lo hermoso que es integrarse a una comunidad de personas normales que se reúnen para decirse cuánto se aman y lo mucho que se han extrañado.
Tengo familia pero ellos confían en mi cordura y saben que aunque vivamos en la misma ciudad no les está permitido interferir en mi soledad buscada y asumida.
Esta sentencia sobre el caso Rosa Elvira Cely fue redactada por dos mujeres: Luz Stella Boada y Nayive Carrasco. Las frases despectivas hacia la víctima deben tener asombrado hasta a Alejando Ordoñez. ¿O será que no?
Desde hace cuatro meses mis conversaciones con Juan Lozano son meritorias y la humanidad pierde no poco al privarse del privilegio de oírnos hablar. Como la vida suele ser generosa no hablamos sólo cara a cara sino que también nos comunicamos por escrito. Las frases maravillosas que compartiré a continuación forman parte de una conversación reciente, más exactamente del 12 de mayo de 2016, hace apenas dos días. Como somos pensadores y sabios nos comunicamos a través de sentencias, como somos seres influyentes y con ideas fuertes no importa quién dijo qué ni en qué contexto.
Sin intentar imitar a Cioran ni a Nietzsche somos sabios pontificando.
Con ustedes las sentencias de dos pensadores de nuestro tiempo:
Me he acostumbrado mucho a leer en PDF. Y fragmentos de cosas. Qué mal.
El PDF no es muy recomendable porque la lectura es superficial. Se leen con juicio las primeras cinco páginas. Eso dicen los expertos. Yo sigo prefiriendo los libros impresos.
Bayly es una perra del establecimiento. Es una gorda pastillera individualista.
Eso de publicar las intimidades de los demás, ser el portavoz de eso me parece algo cuando mínimo muy fuerte. A mí me siguen gustando las abstracciones.
Bayly es muy bueno en medio de su mediocridad. Nadie es tan valiente, ni siquiera Vallejo.
Ahora está mejor de salud. La esposa es como la esposa de Bukowski. Lo cuida mucho.
A todo viejo le gusta la juventud. A mí me gustan hasta las de 15. Soy un enfermo.
A mí siempre me han gustado los niños.
Lo mejor es morir joven. La vejez está sobrevalorada. Siempre se tienen que inventar misticismo y bobadas para justificar la vejez.
No tengo nada contra los viejos y me gusta hablar con ellos.
A mí me gusta vivir bien, evitar el dolor, pero no me gusta guardarme tanto. Me gusta lo del presente, como lo del orientalismo rebajado.
En los 60s por la alta ingestión de LSD se desarrolló el género de la ciencia ficción.
Me quedan pocas neuronas. Pero tengo conexiones extrañas que me dan cierta lucidez. Soy un robot buena gente y tierno.
Con LSD sentí conversaciones distintas al mismo tiempo con la misma persona. Como universos paralelos. Una conversación del futuro en el presente.
Creo en la teoría M un poco, eso de que el tiempo es un círculo plano. Los universos paralelos. Como si al lado de esta pantalla hubiera otra con lo que vamos a escribir en un rato.
Es una experiencia muy loca con la tierra. Sentí como que dialogaba con un árbol. Y veía pentagramas. Me sentía muy iluminado. Luego la música se escuchaba de verdad en estéreo.
Me pasa que he rechazado sexo con mujeres y cuando tengo necesidades sexuales ya ellas no quieren. Es la maldita ley de Murphy o lo que sea.
Somos como Sísifo, sí. Llevando una puta bola hasta el fin. Malditos dioses.
Yo no he fantaseado con ser prostituta sino puta. La plata me parece indigna, creo que el sexo tiene que ser gratis.
No se debe cobrar por algo que es placentero para las dos partes.
Es la idea de que si se puede cobrar por hacerlo es mejor cobrar. Se goza y se gana. Un buen negocio.
No me gusta sobar mi carne con todo el mundo.
A mí me da pesar con las putas y con los que tienen que pagar.
Las chicas de ahora saben mucho. Ya no se dejan tramar tan fácil.
Soy un viejo sacerdote en un cuerpo más o menos joven.
El porno de profesoras con gafas es bueno.
La crueldad humana a nivel lúdico es muy divertida y placentera.
La idea de volverse loco haciendo un drama y luego recapacitar y reír.
El sexo después de las peleas es muy bueno. Salvaje.
Siempre es bueno el sexo.
Hágales la propuesta. Por mucho le dicen que no.
No me conviene comprar cereales. Me acabé dos cajas en tres días.
Tuve un mozo al que quise mucho. Duramos un año.
El estudio no sirve para nada. La mayoría de la gente termina casada, gorda, con hijos y no leen nada. Trabajan por la plata.
Lo del orientalismo rebajado me tiene entusiasmada.
Podríamos ser dos detectives de homicidios. Siempre dialogan en el carro.
Mis conversaciones con Juan Lozano son tan profundas que varias veces nos hemos sentado a pensar cuál sería el mejor método para que no se pierdan, hablar con testigos como si no los hubiera, que otras personas puedan disfrutar de nuestras fantásticas reflexiones y puedan contemplar nuestro cerebro al desnudo. Es un derecho, tanta brillantez no puede quedar sólo entre él y yo, no sería justo con la humanidad. Es un Milagro que nos hayamos encontrado y esas conversaciones no se pueden perder.
Hemos pensando en la posibilidad de hablar siempre con conexión a internet, pero el problema es que cuando no hablamos cara a cara nos escribimos y podemos escribir durante cuatro horas consecutivas o más. Nos escribimos casi más de lo que hablamos, siempre estamos ávidos y somos insaciables.
Mientras descubrimos el método para hacer públicas nuestras conversaciones privadas quiero compartir un breve fragmento de nuestra conversación de anoche. El contexto es el siguiente: Fernando Vallejo dio un discurso en la feria del libro de Bogotá, los dos estamos leyendo a Jaime Bayly y yo estoy volviendo a leer Los ojos azules pelo negro, de Marguerite Duras. Desde hace dos meses estamos hablando de sexo, drogas y rock and roll.
Yo: El poema de Bayly que acabé de publicar en el blog (Suéltate el pelo) me hace pensar en Virginia Mayer.
Juan: Sí, lo estoy leyendo y también pensé en ella. Una gordita en busca de amor.
Yo: Es un hombre sensible Bayly. Tiene uno muy bueno escrito al jardinero. Su mejor amigo. Ese libro (Los ojos azules pelo negro) es muy extraño y muy triste. Lo voy a volver a leer. La tristeza de Marguerite Duras es asombrosa.
Juan: Y de qué trata más o menos, ¿por qué se lo recordé? Cuénteme.
Yo: Por la idea de dormir juntos. El libro es de una pareja que se reúne en un cuarto, se vendan los ojos y sufren mucho. Dormir es un asunto serio.
Juan: Claro.
Yo: ¿Ha leído La casa de las bellas durmientes?
Juan: No le he leído, me lo han recomendado bastante.
Yo: Yo nunca he dormido con un amigo. Ni siquiera con mis hermanos. Siempre duermo sola cuando salgo con ellos y cuando me quedo donde mi mamá. Pero con usted me gustaría dormir. Es un misterio.
Juan: Sí, una experiencia.
Yo: La casa de las bellas durmientes es muy bueno. De los libros favoritos de Vargas Llosa y García Márquez.
Juan: Lo leeré.
Yo: También es un libro muy triste. Es la mezcla entre deseo y tristeza. Como el niño que llora después de tener sexo en el poema de Bayly.
Juan: Me gusta bastante ese poema.
Yo: Es muy bueno. Vamos a ver si consigo el libro. Hay varios muy buenos. Uno titulado No quiero ser presidente.
Juan: Sí, quiero leerlo, cuando lo devuelva a la LA lo saco.
Yo: Lo entrego el lunes.
Juan: Noooo. Acabé de llegar a la casa. Me perdí a Fernando Vallejo. ¿Lo dieron en Canal Capital o en televisión más humana por internet?
Yo: Sí. En vivo.
Juan: Que mal.
Yo: Pero ya lo publicaron en la página de El Espectador.
Juan: ¿Hace cuánto terminó? Ah, bien.
Yo: Terminó hace como veinte minutos.
Juan: Ojalá pueda verlo.
Yo: Sí.
Juan: Pero está el texto nada más. Yo quería verlo.
Yo: Sí. Acabo de verlo. Me imagino que lo publican en Youtube más tarde.
Juan: Pronto lo publican, me imagino.
Yo: Sí.
Juan: Se está pareciendo a Bukowski
Yo: Sí. La risa satánica. Lo mejor del discurso fue el final. Un insulto al público.
Juan: sí, lo leo, no sabia que Abad lo odiaba. Ese bobo. Bien que lo haya insultado. leyéndolo podría ser como los humoristas que le he enviado. Dicen lo mismo de diferente manera.
Yo: Terminaron peleando. Eran amigos. Sí. La gente estaba fastidiada. Ya sabe que hace autoficción. Le gusta incomodar al público y esta vez no habló. Leyó y se fue. Se notaba ofendido al final, se apropia del personaje. No le gusta que lo manoseen. ¿Ya pudo ver el discurso?
Juan: No, no lo han colgado. Todavía lo leo porque me pongo a leer otras cosas.
Yo: Yo estoy leyendo el libro de Marguerite Duras.
Juan: ¿Y qué tal?
Yo: Es un libro que asusta. Es como una situación de locos. Lloran todo el tiempo y se miran dormir. Se conocieron por casualidad. Es un libro único. Se lee y no se olvida nunca, da tristeza leerlo. Marguerite Duras era alcohólica, triste y sola.
Juan: Una mujer inteligente entonces.
Yo: Sí. Mucho. Y la biografía es asombrosa también. Tenía alma de puta y fue promiscua siempre, escribe sobre sus amantes. ¿Ha leído o visto El amante? La hipótesis de ella es que todas las mujeres quieren ser prostitutas pero no se lo permiten.
Juan: No he leído nada de ella, otra pendiente. Sí, como ninfómana. Así es, como dice nuestro querido Vallejo, somos unos simios lujuriosos.
Yo: Es muy valiente. Escribe que cuando era niña tenía dos cosas claras: quería escribir y tener muchos amantes. Lo hizo. Al final de la vida le agregó mucho alcohol y una casa inmensa a esa vida.
Juan: La mujer está muy reprimida, la educan para que esté sometida y sea sumisa, la religión las jodió demasiado. Por eso las compadezco.
Yo: Tiene un libro muy bueno titulado Escribir. Me gusta mucho Marguerite Duras, ella dice que para escribir se necesita soledad. Igual que Virginia Woolf. Ella es como la hija de Virginia Woolf. Así como Bayly con Bukowski.
Juan: De todas maneras creo que la sexualidad de hombre y mujer es distinta, el hombre esta más dispuesto todo el tiempo. Hay diferencias biológicas. La mujer creo que es más ciertas temporadas.
Yo: Claro. Las mujeres tienen alma de putas pero también tienen muy clara la idea de pecado y de infierno y muchas son promiscuas pero reprimidas. Hasta las prostitutas. Rezan y son muy decentes, no le admiten todos los requerimientos a los clientes. Son señoras respetables.
Juan: Leeré a Margarite Duras.
Yo: Sí.
Juan: Jaja. Sí. ¿y usted qué dice?, ¿piensa que es así? ¿que todas quieren ser prostitutas?
Yo: Cuando era niña sí lo pensaba. Marguerite Duras dice que todas las mujeres lo piensan.
Juan: Lo cierto es que la mujer tiene una capacidad sexual impresionante, mucho más que el hombre.
Yo: Es por el cuerpo, uno se mira en el espejo y se imagina en un prostíbulo. A mí me pasaba.
Juan: Sí, es un cuerpo muy sexual, como diseñado para eso.
Yo: O en una revista pornográfica. La belleza, la juventud y el deseo se juntan y aparecen esas fantasías.
Juan: Claro, el posar, el exhibirse, el mostrar la belleza y que otros disfruten de esa portento de la biología que es el cuerpo femenino.
Yo: Sí. Yo he visto la película con mis sobrinas y se ponen nerviosas. Hay muchas frases incómodas, como que hay una niña que se prostituye cuando sale del colegio y las otras la envidian porque les gustaría hacer lo mismo.
Juan: ¿Cuál película?
Yo: El amante. Hay dos libros. El amante,El amante de la china del norte y la película El amante. Es basada en una historia real. Ella tiene 16 años, se para como una puta y se consigue un amante chino. Luego él se casa con una china pero se aman siempre, cuando el chino muere escribe El amante de la china del norte. La película parece porno, fue tan escandalosa como El último tango en París.
Juan: La próxima la compro.
Yo: Es muy buena. Y los libros también. Todo lo de Marguerite Duras.
Juan: Somos simios lujuriosos, el más lujurioso de todos los animales. Por la locura del cerebro. Lo que pasa es que el que conoce el placer intelectual y otros placeres, pues también disfruta de otras cosas.
Yo: Claro, es muy intenso. La mayor parte de la gente ni siquiera se entera.
Juan: Lo importante es no reprimirse, como con el tema de las drogas, a uno le da más fuerza eso. Las drogas y el sexo son importantes para el que no los tiene…
Yo: Ah, sí. Lo que decía Bukowski. Y la promiscuidad también es triste. Marguerite Duras lo hacía para hundirse luego en la tristeza.
Juan: Yo lo que creo es que no hay salida. Como que todo termina siendo triste. Vivir es una tragedia.
Yo: Para mí no. Yo casi siempre me siento muy bien. Esa es una ventaja. Lo que me tiene triste es que he comprado mucha ropa. No me gusta, me siento superficial. Me gusta andar con ropa vieja.
Juan: Sí es una ventaja. Yo disfruto lo que me gusta, he aprendido a eso, pero no dejo de ver la tragedia y el absurdo que es esto, pero antes me entristecía, me iba por el abismo, ya estoy más tranquilo y resignado a ciertas cosas.
Yo: Es la edad, a medida que pasa el tiempo todo es más fácil.
Juan: Sí, eso espero.
Yo: La gente le tiene pesar a los viejos pero sufren menos. Yo creo que lo más duro es entre los 15 y los 30.
Juan: Sí, antes también me pasaba por tener ideales que no se cumplían y esas cosas, ya como que tengo una visión más desesperanzada y eso me tranquiliza. Así, es. Es la época más dura. A mí me dio muy duro. Pero sobreviví. Drogas, encerrado largas temporadas en clínicas, noviazgos locos, ideales destruidos, en fin…
Yo: Usted se merece una vida tranquila. ¿Soñaba mucho?
Juan: Así es. Y sueño bastante. Ayer soñé que me desdoblaba, porque me daba pereza levantarme al baño, entonces mandé a mi espíritu y yo me quedé en cama. Y soñé con mi exnovia, que vivía con ella de nuevo.
Yo: ¿Y ella todavía lo quiere?
Juan: No, y yo tampoco viviría con ella de nuevo, es pasado. Tal vez el sueño me mostraba que me hace falta una novia o algo así.
Yo: Usted sí tiene de 9 y de 4. Debe ser complicado.
Juan: sí, tengo de los peores del eneagrama. También el fóbico. El 6.
Yo: No son los peores, es una mezcla explosiva. Lo he estado pensando. ¿usted se siente mal siendo como es?
Juan: No, yo disfruto mucho mi mente. Creo que tengo mucha sensibilidad y me considero inteligente. Una inteligencia ligada al lenguaje y filosófica, algo así. Abstracta.
Yo: A mí me gusta mucho como es. Muy suave, analítico, culto, sensible, apasionado, tranquilo…
Juan: De razonamiento abstracto. Sí, me gusta mi tranquilidad. No soy bello o algo así, pero me gustaría ser la versión masculina de Remedios la bella.
Yo: Es una mezcla de femenino y masculino, inteligencia, intuición, cultura y observación.
Juan: Como que sabe que todo es absurdo, una mentira. Que no vale la pena tanto esfuerzo.
Yo: Volverse más leve.
Juan: Me gusta ser un espectador de la vida, como ser espectador del desastre.
Yo: Sí. Usted necesita una herencia. No merece trabajar.
Juan: Ya no creo en que la realidad se pueda cambiar con ingentes esfuerzos, creo que todo conduce al fracaso.
Yo: Yo tampoco creo en el esfuerzo, todo tiene que ser fácil.
Juan: Me gustaría trabajar en cosas físicas, y escribir y leer, y beber y fumar, ir a prostíbulos. La vieja vida de los hombres.
Yo: A mí me hubiera gustado no haber trabajado nunca, es chévere vivir en estado de pureza.
Juan: A mí por eso me gustan los relatos de Bukowski, hacer trabajos físicos, sencillos, largas noches en bares y prostíbulos, pero ser un obrero lúcido claro. Leer y escribir. Pero lo mejor es no hacer nada, claro.
Yo: Los mejores filósofos y escritores no trabajaron nunca.