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sábado, 27 de agosto de 2016

Marketing y feminismo

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de feministas tipo Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de rebeldes tipo Virginia Mayer?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de emprendedoras tipo Catalina Alba, Diana Marcela Ariza y Sandra Súarez?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de intelectuales tipo Katherine Ríos?
¡No hay derecho!
Las amenazas de muerte y de ataque con ácido siempre han sido anónimas, claro (estamos en Colombia)  y para mí es imposible saber cuál de las víctimas de mi supuesta muy variada y mucha maldad ha decidido tomar medidas en contra mía. Tal vez sea un simpatizante de una de las damas, una especie de justiciera que no soporta la libertad de expresión en un país en el que es prohibido dar opiniones sobre gente que expone su vida privada en público y aspira a convertirse en modelo, en mujeres dignas de respeto y admiración aunque no lo sean.
Todas las mujeres de las que me he ocupado en este blog exponen sus dotes o sus atributos en las redes sociales o en las revistas de farándula y lo que he hecho siempre es dar mi opinión sobre sus apuestas, sus estrategias, sus juegos, sus tomas de posición, su habitus, su posición en el campo. ¿Es tan difícil entender que me eduqué en la sociología del arte y que mi maestro indiscutible es Pierre Bourdieu? ¿Es tan difícil  entender que lo que puede ser interpretado como ataque personal a unas dulces e inocentes mujeres es una toma de posición intelectual que yo asumo ante lo que esas mujeres representan en un contexto particular?
Si me he ocupado de estas respetables damas es porque ellas encarnan los sueños, deseos y frustraciones de muchas mujeres. Mi intención nunca ha sido atacarlas a ellas sino lo que ellas representan.
¿Por qué vuelvo a escribir sobre “divas” si la última vez me advirtieron que el ataque con ácido sería efectivo si volvía a vulnerar los derechos de tan respetables damiselas?
Porque soy así, arriesgada. Porque si no escribo reviento, porque me gusta ejercer mi derecho a opinar en un país que presume de democrático aunque no lo sea. Se supone que las opiniones, que la escritura, es eso, escritura, y que quien escribe merece seguir viviendo a pesar de lo que haya escrito. Las palabras no son balas ni cuchillos y no deben ser recibidas con balas ni con cuchillos sino con otras palabras.
Yo esperaría palabras contra mis palabras, no amenazas de muerte ni ataques con ácido.
Sin más preámbulos pasemos a analizar este esperpento que encontré sin buscarlo. La autora es Catalina Ruiz-Navarro.
El título de este post es “Marketing y feminismo” porque nuestra feminista estrella es la mujer que mejor encarna la idea de que todos somos objetos de consumo, de que todos nos construimos no precisamente como sujetos sino como personas que han sido puestas a la venta en el mercado de la carne sin que lo sepamos. Yo lo sé, la casta Catalina no lo sabe, ella siente que crea su propio estilo en un mundo en el que la publicidad nos impone los estándares de belleza, libertad, estilo y sensualidad. Esta fotografía que la bella Catalina comparte con sus lectoras feministas podría ser perfectamente usada en un anuncio publicitario de toallas higiénicas, alimento para mascotas o planes turísticos. Ella jura que ha sido la artífice de tan bella obra de arte y nos dice que una mujer inteligente puede usar bikini, pintarse la boca de rojo y ser filósofa, que una cosa no riñe con la otra.
Ella es una feminista fuera de serie porque no parece hombre, porque no es una machorra.
descarga (1) La publicidad y el marketing empaquetan a las personas para que crean que se construyen como sujetos cuando en realidad forman parte de un grupo específico, de un paquete de personas que se venden como productos a sí mismos en las redes sociales y que los expertos en marketing no dudan en organizar para ofrecerles luego productos y servicios cuidadosamente diseñados para satisfacer la fase emocional, intelectual o espiritual por la que el empaquetado está pasando; los paquetes de productos y servicios son cuidadosamente diseñados para ellos, para crearles la ilusión de que son libres, de que seleccionan, de que se construyen y, es, sin duda, la mujer, una mujer como Catalina Ruiz-Navarro (mujer que en esta fase ha decidido etiquetarse como feminista filósofa inteligente maquillada y con bikini), una mujer que a los 33 años ha dejado de sentirse vieja y fea.
Cuando Catalina cumplió treinta entró en crisis y sentía que había quedado fuera del mercado de la carne, a los 33 siente que ha vuelto a renacer y el mercado le ofrece productos y servicios hechos a la medida de sus deseos y requerimientos. Cuando Catalina cumpla 40, 50, 60, 70, 80 y 90 soñará con ser otras mujeres y siempre habrá un paquete para ella, para hacerla sentir en su mejor momento. ¡Así funciona el asunto! No somos sujetos libres, ahora mucho menos que en los tiempos del casto Sartre.
La mujer-objeto perfecto para ser modelado- para ser todas las mujeres con las que pueda llegar a soñar. ¡En eso va el feminismo! Catalina es la mujer perfecta para formar parte de un paquete de mujeres como ella a las que se les crea un mundo hecho a su medida para hacerlas vivir en la ilusión de que ellas deciden, de que ellas escogen, de que ellas construyen su propio estilo, su modelo, no según las estrategias del mercado sino según sus propias elecciones.
La publicidad y el marketing saben que nadie como las mujeres y el feminismo para vender mucho más de lo que vendían antes.
Esta otra fotografía (lobísima, kitsch a más no poder) es exhibida por Catalina Ruiz-Navarro en el texto titulado “Soy feminista y eso no me quita lo femenina”.
No hay necesidad de hacer un análisis minucioso del documento para corroborar que Catalina ve mucha televisión y muchas revistas de novias, para constatar que está completamente dominada por el arte de no ser sujeto sino objeto.
¿Cuáles son los límites del feminismo?
¿A dónde hemos llegado?
¿Qué sigue?
¿Por qué te moriste Pierre Bourdieu?
¡Llamen a mi mamá!
catalina

viernes, 16 de octubre de 2015

No sean como Catalina Ruiz-Navarro. No escriban como niñas malcriadas e irresponsables

“Yo soy dueña de mi cuerpo, me siento muy cómoda con él y puedo mostrarlo donde quiera y como quiera, incluso decidir ponerme en la posición de “objeto” (si así lo decido yo) porque de lo que se trata es de que YO sea quien tome decisiones autónomas sobre mi cuerpo y no OTROS POR MÍ. Cuando el lector me dice que yo no puedo salir en fotos desnuda “por ser feminista” lo que está haciendo es aplicarme las leyes de su machismo. Yo puedo hacer con mi cuerpo lo que me dé la gana, sépanlo bien”.
El feminismo colombiano apesta.
La cita anterior es de Catalina Ruiz-Navarro.
Me recordó la de otra gran intelectual colombiana exhibida como pedazo de carne en la revista SoHo: Margarita Posada.
Cuando le preguntaron por qué se desnuda de todas las formas posibles para esa revista respondió como una niña sin educación ni formación: “porque quiero, puedo y no me da miedo”.
Con ese feminismo colombiano es más respetable quedarse en el machismo y en el sistema opresor y falocéntrico.

domingo, 16 de agosto de 2015

Adolfo Zableh y Catalina Ruiz-Navarro: dos periodistas colombianos exitosos

La idea de éxito es subjetiva, eso nadie lo pone en duda, pero algunas formas de éxito parecen tan contundentes que pueden dejar con la boca abierta de puro asombro a algunas personas de las que esperaríamos un análisis más concienzudo de la situación, un análisis objetivo y desapasionado de su idea de éxito y de las personas exitosas. Hay personas inteligentes que admiran a Adolfo y a Catalina, a él lo ven inteligente, directo, cínico, autocrítico, burlándose de sí mismo como los payasos más patéticos de todos los tiempos…  A ella la ven comprometida con la causa femenina, enarbolando la bandera de las mujeres sin voz a través de todas las formas de lucha, a través de todos los medios y rompiendo las fronteras. De México a Barranquilla y de Barranquilla a Bogotá como una buena gran intelectual preparada para el mundo globalizado.
Todavía hay personas que consideran como un triunfo ser columnista de El Tiempo o El Espectador. Adolfo es columnista de El Tiempo y Catalina lo es de ElEspectador. Ese es un muy buen gran comienzo diría la persona poco analítica y seguramente muchos piensan de esa manera, pero olvidan que Adolfo y Catalina no publican sólo en esos medios prestigiosos sino en seis o siete medios más, ellos van del espacio más frívolo y vil a la página más comprometida con la realidad nacional. Los dos están ávidos de recoger dinerillo de diferentes fuentes para tener el estatus económico y social con el que soñaron cuando eran dos jóvenes ansiosos por ser reconocidos por los demás como gente inteligente, analítica, comprometida y exitosa, especialmente exitosa. Fueron jóvenes ambiciosos, eso nadie lo pone en duda. Lo que debemos preguntarnos es si su realidad está a la altura de sus sueños. Yo creo que no, creo que ellos aspiraban a llegar mucho más lejos y a ganar mucho más sin trabajar tanto. Debemos reconocer que los dos periodistas son trabajadores incansables, trabajan como negros, no tienen derecho a cansarse, eso lo sabemos todos también.
Los dos reconocen sin asomo de rubor que hay momentos en los que se ven ahogados y necesitados porque en general a los columnistas les pagan mal o no les pagan o les pagan con bonos o con anchetas o con pases de cortesía.
Adolfo y Catalina me hacen pensar en la estrofa de una vieja canción que me gustaba mucho cuando era niña. Mientras escribía los dos primeros párrafos de esta bella composición la recordé y recordé mi infancia; creí que tal vez ellos podrían fundar una linda familia, los dos tienen claro que su carrera hacia el éxito es evidente, aunque supongo también que para ellos sería más divertido estar en el papel de Daniel Coronell, León Valencia o Félix de Bedout.
Con ustedes, el versito de una vieja canción que me hizo pensar En Adolfo y Catalina, con el supuesto de que fueran una linda pareja:
El, pensando sólo en dinero
ella, en la moda en París
aparentando lo que no son
viviendo en un mundo de pura ilusión
diciendo a su hijo de cinco años:
No juegues con niños de color extraño (costeños colombianos negros, por ejemplo)
ahogados en deudas para mantener
su status social en boda o coctel
(qué fallo)
Adolfo es perfecto burlándose de sí mismo y Catalina es maravillosa en su papel de mujer empoderada. Eso excita a la masa. Los dos representan bien su papel.

viernes, 24 de julio de 2015

¿Por qué las feministas también son animales? Dedicado a Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín

Cuando una mujer ve a una perra, a una gata o a una burra extasiada frente a sus bebés recién nacidos queda maravillada ante la pasión de esas madres para hacerse cargo de sus crías, para amarlas con amor incondicional, desinteresado, gratuito… como sólo una madre puede amar a sus hijos.
Lo que la señora no sabe es que ella es hermana de la burra, la rata y la cerda porque son mamíferos, animales que se reproducen gracias al intercambio genético de una hembra y un macho a través del apareamiento, que las señoras llaman de forma “romántica” – para olvidar que son animales- Hacer el amor.
Hacer el amor como Dios manda para que dentro de nueve meses nazca un bebé gordo y llorón al que llamaremos El milagro de la vida.
¿Milagro de la vida?
Pero si somos siete mil millones de seres humanos. Una especie de virus que se inventó el amor para justificar la reproducción irracional y despiadada que vulnera los derechos fundamentales de las demás especies. Hombres y mujeres son responsables de semejante acto irracional. Hombres y mujeres participan del crimen de seres vivos mucho más hermosos y discretos que los hombres y las mujeres.
Si el milagro de la vida es varón será recibido como un rey, si es una niña será recibida con desprecio, lástima y consideración porque esa pobre criatura no sabe que llegó a una sociedad patriarcal y falocéntrica, piensa la madre feminista de la hipotética recién nacida que sólo ha leído libros de Ciencias Humanas y no sabe que también existe la biología, la genética y la neuorociencia y que cuando se aborda la vida desde estas perspectivas la hembra no sale muy bien librada porque la naturaleza no es precisamente feminista, a la naturaleza no le interesa la felicidad humana ni la liberación de la mujer, sólo le interesa crear estrategias para conservar especies.
Las feministas no saben que entre las hembras en general la mujer es una de las que mejor ha desarrollado armas para seleccionar al macho y para ejercer control sobre él. El cuerpo de la mujer es una trampa exquisita para seducir al pobre hombre presa del deseo y la pasión loca. ¡Por eso somos siete mil millones de milagros de la vida!
La feminista militante educará a su hija para que sea una mujer emancipada como ella, pero cuando la niña descubra que tiene tetas, culo, cintura, cadera, piel, voz y naturaleza de mujer descubrirá, sin saberlo, que es una máquina de seducción y correrá a buscar a su macho para reproducirse como todas las demás, como el animal más irresponsable de la tierra.
Deseará ser modelo SoHo como Catalina Ruiz-Navarro o verá maltrato a las pobres criaturas llamadas mujeres en los detalles más insignificantes, como Carolina Sanín.
Es difícil encontrar feministas en un rango de edad entre los 12 y los 20 años, esa es la edad de la reproducción y el animal joven no racionaliza la naturaleza de su deseo, sólo busca, como cualquier gata o perra en celo, a lo que ella llamará El amor de su vida para hacer el amor, pero todos sabemos que esos bellos sentimientos, esas búsquedas metafísicas son máscaras que la criatura inventa para no sentirse hermana en el deseo de la rata o de la gata.
Cuando el hombre ve a la mujer como un objeto, cuando la mira con deseo y babea como un perro porque quiere compartir sus genes con ella también se convierte en objeto, en objeto del deseo, no es más objeto la mujer que el hombre porque ella sea la deseada y él el deseoso, es la naturaleza manifestándose en ellos.
Feministas fanáticas: los hombres también sufren, los hombres también son tratados como objetos. ¿Quién defenderá a James y a Falcao? ¿No se dan cuenta de que esos dos pobres hombres son tratados como putas y son mucho más rentables que una puta?
Esta historia continuará….

Vieja y fea a los 31. Dedicada a Catalina Ruiz-Navarro

Catalina Ruiz-Navarro es feminista, nadie lo duda, y en sus columnas de opinión suele tomar los escándalos relacionados con mujeres de la farándula norteamericana para reflexionar sobre estructuras de poder, patriarcado, falocentrismo, estereotipos impuestos por la sociedad patriarcal y reivindicación de los derechos de las mujeres reclamados desde hace ya bastante tiempo sin que ni hombres ni mujeres recapaciten ante la abominación de la que son cómplices al callar e ignorar.
¡No más! dice Catalina cada cierto tiempo y sale a marchar -en minifalda- (porque es dueña de su cuerpo) y a exhibir carteleras ante el Procurador.
Todos las semanas hay un escándalo relacionado con una “diva” y cada semana Catalina sufre y llora porque la diva atormentada es mujer y como mujer tiene derecho a no ser vulnerada en sus derechos. Toma como pretexto el sufrimiento de una mujer de la farándula para luego hablar de las mujeres en general y, luego, de ella en particular. Siempre termina hablando de ella y de la red de mujeres que la acompañaron en su infancia y adolescencia. Ella es una mujer rodeada de mujeres, educada por esas mujeres para luchar por los derechos de las mujeres. No hay quien lo dude.
La última columna feminista de Catalina Ruiz-Navarro se titula Espejito, espejito y en resumidas cuentas nos cuenta que está sumida en una tremenda depresión porque ya no aguanta el trago y la rumba dura como antes -cuando era modelo de la revista SoHo, cataba condones, despreciaba a los hombres con caspa, nos enseñaba cómo usar una minifalda y participaba en Estudios -de la revista SoHo- sobre cómo escoger hombres para rumbear, para goterear o para convertirlos en amantes de una noche.
Catalina está sumida en una tremenda depresión porque tiene 31 años, le salió una cana y se encontró una arruga cuando se contemplaba ante su espejo. Catalina se ve como una chica SoHo o como una chica Águila, es un hecho, y asume que la mayoría de las mujeres desean ser “la chica” porque ven mucho cine y mucha televisión norteamericana: “Mientras los personajes para mujeres en Hollywood sigan limitados a “la chica” las actrices de Hollywood no van a poder envejecer”.
Las divas del cine no pueden envejecer y Catalina tampoco, porque ella también es “la chica”, así se ha representado ante los hombres y ante las mujeres y, por esa misma razón, cumplir 31 años se ha constituido para ella en una absoluta tragedia, en un motivo para narrar su indignación y su desazón.
Dice Catalina más adelante: “Las mujeres, a diferencia de los hombres, salimos de escena cuando envejecemos”. Eso no es cierto y ha llegado el momento de hablar de mí: he conocido a lo largo de mi vida mujeres de más de sesenta años respetadas y admiradas por hombres y mujeres, mujeres que no soñaban con ser “la chica”, sino seres humanos que se pensaron más allá de la edad, las líneas de expresión y su color de pelo. Pueden o no dejarse ver la canas, pero ese detalle tonto no es relevante; esas mujeres son mucho más que un cuerpo para el placer visual de los hombres o para su propio espejo, son seres humanos, mujeres que trabajan con hombres y con mujeres y que piensan más en su cerebro, en su experiencias, en sus gustos, que en los cuerpos que se ocultan debajo de la ropa.
Catalina está obsesionada con la vejez, tiene miedo de no ser una mujer atractiva, deseable ante la mirada masculina, y hace de ese temor un universal femenino que la mayoría de las mujeres no comparte: “A las mujeres, además, nos exigen una cosa rarísima: envejecer “con dignidad”. Esto quiere decir o bien aceptar la vejez (y con ella una sentencia a la obsolescencia) calladas, sin chistar, o hacernos algunos retoques aquí y allá en cuyo caso la dignidad reside en que nadie sepa a ciencia cierta por qué nos vemos más jóvenes”. Es obvio que el grupo social del que forma Catalina no es precisamente de intelectuales o de artistas sino de hombres y mujeres preocupados por la apariencia, por lo bien que se ven ante los ojos de los demás; al parecer ella asume que su grupo de amigos y la gente que ella admira y desea imitar encarna los valores de la sociedad entera. Si Catalina viera a la gente común, que es la mayoría, descubriría asombrada que los temores de ella producirían la risa de millones de mujeres que no los comparten, que cuando eran jóvenes no aspiraban a ser “la chica”.
Catalina tiene miedo: “Yo crecí en una casa con mujeres de cuatro generaciones. Las vi a todas desnudas, a mi mamá, a mi abuela, a mi bisabuela, y sé lo que me espera”. Yo no he visto a las mujeres de mi familia desnudas pero tengo claro que ellas se ríen de la vejez, son mujeres que viven la vida de tal forma que siempre temo si podré estar a la altura cuando llegue a su edad. Mi mamá es mucho más vital que yo y mi abuela soporta con resignación el final de la vida sin sentirse superior a nadie por hacerlo. No somos feministas, no tenemos nada que reclamarle a los hombres porque nos han tratado muy bien. El hecho de que Catalina Ruiz-Navarro no haya visto hombres en su familia, el hecho de que no sepa lo que es un padre amoroso y un abuelo cariñoso y sabio no debe convertirlo en pretexto para adjudicarle a Los hombres, a La sociedad patriarcal, los dolores de todas las mujeres, porque, entonces, lo que escribe no es una columna de opinión sino un ajuste de cuentas personal (casi tan personal como el de Uribe con las FARC), que no tendría por qué involucrar a todos los hombres del universo por una sencilla razón: la mayoría de los hombres no son como ella los imagina. Los hombres y las mujeres son seres humanos que sufren y sienten miedo e incertidumbre de forma similar.
Y así continúan los lamentos de “la chica”. Como diría el poeta: Esto no hay por dónde agarrarlo.
¿Cuándo aparecerán las feministas que amen a los hombres, que sueñen con llegar al fondo de esos seres maravillosos que a veces sienten tanto miedo, respeto y reverencia, esos hombres que parecen niños aspirando al poder para deslumbrar a las mujeres, esos admiradores insaciables de las versatilidad y del cuerpo femenino?
Las feministas como Catalina Ruiz-Navarro no saben de lo que se pierden al ver a los hombres como enemigos o como verdugos, ella no sabe que los hombres pueden ser compañeros respetuosos y amables. Soy mujer y para los hombres que he conocido a lo largo de mi vida sólo tengo palabras de afecto y de gratitud, mi vida no sería tan plena sin mi papá, mis hermanos, sobrinos, novios, amigos, sin mi cuñado y sin todos los jóvenes a las que he tenido el placer de oír hablar en un salón de clase. En vez de escribir Catalina debería acudir a un psicólogo para que le ayude a solucionar sus conflictos con los hombres, un experto que le ayude a comprender y a perdonar la ausencia y el abandono de los hombres de su entorno.
Así termina, más o menos, el lamento de “la chica” que no sabe cómo asumir la edad adulta, es muy triste saber que hay mujeres que se pueden complicar la vida con semejantes tonterías:
“Hoy, a mis 31 años, me encuentro preguntándome preocupada si eso será una arruga frente al espejo. Encima este año me salió mi primera cana, algo que solo es preocupante porque soy mujer, en los hombres los cabellos blancos equivalen a sex appeal, madurez, experiencia. Mi envejecimiento empieza a hacerse visible, es más evidente que no poder lidiar con la resaca. Me encuentro entonces teniendo un miedo irracional a esa vejez, no a los achaques o dolores que puedo aguantar en silencio (y con una mano en la frente para mayor drama), es más un miedo a ver, y a que todos vean, cómo se avejentan mis selfies. Es el mismo miedo irracional que sentimos los fans de Empire Records al ver que Zellweger había envejecido, que eso se puede, que “we are next”.

Catalina Ruiz-Navarro: censora de la revista SoHo

En la revista SoHo ofrecen todo tipo de productos y entre esos productos está la mujer. Casi todos los productos para la venta están relacionados con mujeres y sexo: carros, hoteles, restaurantes, colonias, condones, ropa, juguetes sexuales, alcohol… Durante quince años Daniel Samper Ospina se ha dado el lujo de desnudar a más del 90% de las mujeres a las que se ha propuesto hacer pasar por su revista y algunas de ellas, claro, son feministas indignadas. Hoy vamos a hablar de una de las más indignadas e incoherentes de todas: Catalina Ruíz-Navarro.
Los dos trabajos más destacados de ella en la revista han sido: catadora de condones y participante en una encuesta sobre sexualidad, la mujer y la sexualidad de la mujer típica de la revista SoHo: amante del sexo a cambio de comida, regalos costosos y dinero, la mujer exigente que se hace pagar y se fija en la marca del carro, aquella que valora al hombre dependiendo de cuánto pagó en el restaurante y en el motel.
En el último número de la revista hicieron experimentos con productos que se ofrecen en el mercado, querían saber si las cualidades del producto corresponden con las que anuncian los medios: cremas reductoras, tratamientos para la calvicie, brujos y prostitutas conseguidas a través de páginas web, entre otros. En el caso de las mujeres el experimento consistía en saber si la mujer que aparece en el portal es la misma que llega a prestarle el servicio sexual al investigador. De las tres mujeres sólo una correspondía a la realidad. La conclusión es que ni las cremas, ni los brujos ni las prostitutas cumplen con las expectativas del cliente. Todo predecible, nada digno de escandalizar a nadie.
Catalina escribió una columna en El Espectador en la que sienta su voz de protesta porque en la revista la mujer fue tratada como un objeto sin su consentimiento, juzga con severidad a Daniel Samper Ospina como si no lo conociera, como si no fuera consciente del tratamiento que le da a la mujer número tras número en la revista de la que es director. Todos sabemos, no necesitamos ser expertos en nada para saberlo, que en la revista SoHo la mujer es un producto más. En todos los números salen modelos ambiciosas que presentan su perfil sexual para quien desee hacer uso de sus servicios, con frecuencia entrevistan prostitutas y actrices porno para animar a las mujeres que leen la revista para que aprendan las técnicas que proponen estas maestras. Los hombres se deben sentir muy bien viendo cómo estas mujeres, las que posan y las que participan en los experimentos, se sienten dichosas porque trabajan para un medio tan prestigioso y no se complican pensando en la forma en que son vistas por los lectores.
Pueden indignarse Carolina Sanín y Salud Hernández, pueden despreciar al director de la revista, a los lectores y a las mujeres que se sienten realizadas porque colaboran para la revista. Catalina Ruíz-Navarro no, ella no tiene derecho, ella se ha congraciado muchas veces con Daniel Samper Ospina, ha consentido ser tratada y vista como un pedazo de carne, como carne para la venta, soltera y disponible. Así la presentan en la encuesta.
De nuevo, como tantas otras veces, uno no entiende si Catalina Ruíz-Navarro se esfuerza por llamar la atención, si pide ser insultada por alguien como yo, si goza con el descrédito permanente, o si no tiene el nivel de inteligencia y coherencia suficientes como para entender que ella no es la mujer más indicada para ajusticiar a la revista y ni al director.
catalina ruíz.-navarro

jueves, 23 de julio de 2015

El plagio perdonado a Catalina Ruiz-Navarro

Gracias a Twitter nos enteramos de la muerte de Rosa Elvira Cely y marchamos indignados (Catalina Ruiz-Navarro recuerda ese atroz feminicidio cada vez que se agrede a una mujer).
Gracias a Twitter supimos que en el parqueadero de Andrés Carne de Res las parejas embriagadas de alcohol y de deseo se aman ante la mirada atónita de los vigilantes que cubren el turno de las 3 a.m (Catalina Ruiz-Navarro odió como tantas a Andrés Jaramillo y desde su columna en El Espectador volvió a gritar: ¡No más maltrato a la mujer! Desde ese día no ha dejado de usar minifalda para sentar su voz de protesta).
Gracias a Twitter supimos quién es Gabriela Salazar: una niña recién graduada de Bachiller que dejó a su papá con una deuda de 180 millones porque copió ilustraciones de varias autoras norteamericanas para un libro de Pilar Castaño y éste tuvo que ser recogido por plagio. La deuda sólo incluye la recogida de los libros; a la familia de Gabriela Salazar sólo le queda esperar si las ilustradoras de las obras originales la denuncian por el robo o no (Catalina Ruiz-Navarro decidió seguir los pasos de Gabriela, aunque plagiar a una mujer no es precisamente un detalle cordial y respetuoso con ella ni con sus ideas. Más tratándose del robo de una feminista colombiana a una feminista norteamericana, entre feministas deberían tratarse mejor porque comparten el peso de esta sociedad patriarcal y falocéntrica).
La primera pregunta que vale la pena formularse es simple: ¿Por qué en Colombia se le rinde tanta reverencia a los autores norteamericanos hasta el nivel de robarse sus trabajos?
Plagio es plagio como violación es violación, no se plagia un poquito y de nada sirve ofrecer disculpas y arrepentirse de la falta cuando un hombre viola o asesina a una mujer; es un delito imperdonable y no se admiten términos medios. Catalina es una feminista radical como sólo podría serlo en un país tropical y amarillista como Colombia, ella está dispuesta a denunciar todo tipo de abusos y malos tratos a las mujeres sin importar su condición social, es una especie de Pirry de las nuevas tecnologías y tiene su club de fans, gente que está dispuesta a hacerse matar por ella especialmente porque es una mujer muy deseable y porque hizo una cata de condones para la revista SoHo. Cada vez que se convoca a una marcha -en minifalda o no- por el maltrato a una mujer, ella marcha y grita como todas las demás y luego se indigna a través de su columna en El Espectador y los otros cuatro medios para los que trabaja.
Y entonces pasamos a formularnos la segunda pregunta:
¿Esperaríamos un plagio tan obvio de una mujer tan ejemplar como ella? ¡No!
Catalina Ruiz-Navarro es una trabajadora incansable de los derechos vulnerados de las mujeres y necesita que su voz de protesta llegue desde diferentes medios. También es profesora en el área de Comunicación Social en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Irónico sería que la materia a su cargo se llamara Comunicación y Ética, o Derechos de Autor, o Escritura en Medios Digitales. Si es escandaloso que un estudiante incurra en plagio y lo niegue cuando ha sido evidenciado, cuál será nuestro nivel de indignación cuando Catalina Ruíz-Navarro copia casi todo el texto de Lisa Wade y luego ofrece disculpas diciendo que sí, que le faltaron algunas comillas y que ya envió la corrección al medio en el que el plagio fue publicado.
Los tuiteros en general le han perdonado el plagio a Catalina Ruíz-Navarro, lo han visto como un mal menor, algo que pasó y debe ser olvidado porque todos en algún momento se han robado las ideas ajenas. Para mí sigue siendo escandaloso, más tratándose de una persona dispuesta a luchar con manos y pies por los derechos de los desvalidos, dispuesta a denunciar a los corruptos y a analizar todas las formas de atropello en contra de seres sin voz. Eso se llama falta de coherencia, es una actuación infame, una pose, un personaje que ella ha creado porque es creíble y porque posar de justiciero es algo que excita a las masas estúpidas y le reporta buenos dividendos a quien asume el rol.
Cuando un estudiante se acostumbra a plagiar llega un momento en el que se confía tanto que no le da importancia a los detalles, un golpe de suerte del profesor puede darle pistas sobre un plagio. Seguramente Catalina viene incurriendo en este delito desde hace mucho tiempo y se confió como se confía el estudiante vago, la copia es tan evidente y premeditada que es obvio que no es la primera vez que lo hace, es un acto recurrente. una forma de subestimar a los lectores, cuando roba a otros autores debe pensar con cinismo: “¿Si lo he hecho tantas veces y no lo han notado por qué lo van a notar esta vez?”. Ella pone en práctica las políticas de El rincón del vago: “¿Para qué escribir lo que ya está escrito? Se supone que El rincón del vago es para estudiantes, no para profesores de Comunicación Social y activistas profesionales.
A ella no le va a pasar nada, no va a tener que rendir cuentas ante el director de El Espectador ni ante el Director de Comunicación Social en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, reinará la ley del silencio en ese otro mundo de la impunidad amparado por los medios de comunicación, pero nos queda internet, este blog, la maravillosa herramienta llamada Twitter para decirle a quien se pase por aquí:
Catalina Ruiz-Navarro no es coherente, lo suyo no debería ser el activismo, el periodismo y la docencia sino la política.