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viernes, 11 de noviembre de 2016

¿A las mujeres se les exige mucho?

Estuve hablando con un médico. Le pregunté si puede detectar enfermedades del cuerpo y del alma con sólo mirar al paciente y antes de que me respondiera le dije que yo sí puedo porque soy experta en la mirada espontánea. Le dije que es preciso fijarse en la mirada, la sonrisa y la forma de caminar de la gente, en la forma de mover los brazos y las manos. Le dije que están más tristes y enfermas las mujeres, aunque los hombres también están agobiados y confundidos. ¿Es el cambio de milenio, la Era de Acuario, la estrategia de los dueños del mundo? ¿Nos quieren volver locos a todos? ¿Quieren comenzar con las feministas?
El médico no lo negó y agregó la siguiente frase: “¡Claro! A las mujeres se les exige mucho. Deben verse bonitas, ser buenas esposas, experimentadas amantes, saber cocinar, vestirse bien, ser madres ejemplares, trabajar con esmero y ser feministas, jajajaja, esa ocupación también les quita mucho tiempo”.
Y yo no lo dije pero lo pensé: “Los hombres nunca se han tomado en serio el feminismo, han dejado que las mujeres se liberen todo lo que quieran para reírse un poco mejor.Y ahora que no tenemos feminismo sino feminismos tienen mucho material para recrearse con sus burlas. No importa, a pesar de todo sigo amando a estos cerdos machistas, a los cisgénero: hombres con genitales masculinos que se ven y se identifican como hombres. La próxima vez que me encuentre con un hombre le preguntaré si es cisgénero: “¿Tienes genitales masculinos y eres hombre hombre?”.
Lo más triste de todo: el médico tiene razón.
¡Y no es que a las mujeres se les exija demasiado, pasa más bien que muchas mujeres mal entrenadas y poco reflexivas quieren competir con los hombres y no saben que competir no es una actitud inteligente porque terminan haciendo doble trabajo: el de los hombres y el de las mujeres: los hombres sólo tienen que ser hombres y ya; ellos no están pidiendo ser madres, por ejemplo!
Muchas mujeres quieren posar de heroínas, de exitosas, de controladas y versátiles y, entonces, recordé la frase machista que oí hace como treinta años: ¡El feminismo les sirvió para que además de ser madres y amas de casa ahora también tengan que trabajar!
Y, claro. Ahora la mayoría de las mujeres se siguen casando, teniendo hijos, siguen cocinando, quieren verse muy femeninas y además trabajan. En el trabajo no quieren ser “menos” que los hombres y, entonces, por querer demostrar que son iguales, que no son seres inferiores, terminan trabajando el doble y muchos hombres se sientan a verlas trabajar.
No son inteligentes ni creativas como yo. La clave consiste en usar lo mejor del feminismo para beneficio propio. Para comenzar: ¿qué sentido tiene casarse y tener hijos si es lo menos original que las mujeres han hecho a lo largo de la historia? ¡Pero la feminista también cae en el juego de la reproducción y termina convertida en ama de casa y madre asfixiante como todas las demás! No tener hijos deja mucho tiempo libre, se nota que no aprendieron nada de Virginia Woolf y de Simone de Beauvoir.
La estrategia de la lucha por el poder es masculina, es el infantilismo masculino que explicó tan bien Virginia Woolf pero las feministas en vez de sentarse a contemplar a los pobres hombres luchando por el poder les pareció más divertido competir con ellos. ¡No son inteligentes! Buscan competir con los hombres.
Conclusión: ¡El médico tiene razón! Con el feminismo las propias mujeres se encargaron de echarse la soga al cuello.

sábado, 27 de agosto de 2016

Marketing y feminismo

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de feministas tipo Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de rebeldes tipo Virginia Mayer?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de emprendedoras tipo Catalina Alba, Diana Marcela Ariza y Sandra Súarez?
¡No hay derecho!
Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de intelectuales tipo Katherine Ríos?
¡No hay derecho!
Las amenazas de muerte y de ataque con ácido siempre han sido anónimas, claro (estamos en Colombia)  y para mí es imposible saber cuál de las víctimas de mi supuesta muy variada y mucha maldad ha decidido tomar medidas en contra mía. Tal vez sea un simpatizante de una de las damas, una especie de justiciera que no soporta la libertad de expresión en un país en el que es prohibido dar opiniones sobre gente que expone su vida privada en público y aspira a convertirse en modelo, en mujeres dignas de respeto y admiración aunque no lo sean.
Todas las mujeres de las que me he ocupado en este blog exponen sus dotes o sus atributos en las redes sociales o en las revistas de farándula y lo que he hecho siempre es dar mi opinión sobre sus apuestas, sus estrategias, sus juegos, sus tomas de posición, su habitus, su posición en el campo. ¿Es tan difícil entender que me eduqué en la sociología del arte y que mi maestro indiscutible es Pierre Bourdieu? ¿Es tan difícil  entender que lo que puede ser interpretado como ataque personal a unas dulces e inocentes mujeres es una toma de posición intelectual que yo asumo ante lo que esas mujeres representan en un contexto particular?
Si me he ocupado de estas respetables damas es porque ellas encarnan los sueños, deseos y frustraciones de muchas mujeres. Mi intención nunca ha sido atacarlas a ellas sino lo que ellas representan.
¿Por qué vuelvo a escribir sobre “divas” si la última vez me advirtieron que el ataque con ácido sería efectivo si volvía a vulnerar los derechos de tan respetables damiselas?
Porque soy así, arriesgada. Porque si no escribo reviento, porque me gusta ejercer mi derecho a opinar en un país que presume de democrático aunque no lo sea. Se supone que las opiniones, que la escritura, es eso, escritura, y que quien escribe merece seguir viviendo a pesar de lo que haya escrito. Las palabras no son balas ni cuchillos y no deben ser recibidas con balas ni con cuchillos sino con otras palabras.
Yo esperaría palabras contra mis palabras, no amenazas de muerte ni ataques con ácido.
Sin más preámbulos pasemos a analizar este esperpento que encontré sin buscarlo. La autora es Catalina Ruiz-Navarro.
El título de este post es “Marketing y feminismo” porque nuestra feminista estrella es la mujer que mejor encarna la idea de que todos somos objetos de consumo, de que todos nos construimos no precisamente como sujetos sino como personas que han sido puestas a la venta en el mercado de la carne sin que lo sepamos. Yo lo sé, la casta Catalina no lo sabe, ella siente que crea su propio estilo en un mundo en el que la publicidad nos impone los estándares de belleza, libertad, estilo y sensualidad. Esta fotografía que la bella Catalina comparte con sus lectoras feministas podría ser perfectamente usada en un anuncio publicitario de toallas higiénicas, alimento para mascotas o planes turísticos. Ella jura que ha sido la artífice de tan bella obra de arte y nos dice que una mujer inteligente puede usar bikini, pintarse la boca de rojo y ser filósofa, que una cosa no riñe con la otra.
Ella es una feminista fuera de serie porque no parece hombre, porque no es una machorra.
descarga (1) La publicidad y el marketing empaquetan a las personas para que crean que se construyen como sujetos cuando en realidad forman parte de un grupo específico, de un paquete de personas que se venden como productos a sí mismos en las redes sociales y que los expertos en marketing no dudan en organizar para ofrecerles luego productos y servicios cuidadosamente diseñados para satisfacer la fase emocional, intelectual o espiritual por la que el empaquetado está pasando; los paquetes de productos y servicios son cuidadosamente diseñados para ellos, para crearles la ilusión de que son libres, de que seleccionan, de que se construyen y, es, sin duda, la mujer, una mujer como Catalina Ruiz-Navarro (mujer que en esta fase ha decidido etiquetarse como feminista filósofa inteligente maquillada y con bikini), una mujer que a los 33 años ha dejado de sentirse vieja y fea.
Cuando Catalina cumplió treinta entró en crisis y sentía que había quedado fuera del mercado de la carne, a los 33 siente que ha vuelto a renacer y el mercado le ofrece productos y servicios hechos a la medida de sus deseos y requerimientos. Cuando Catalina cumpla 40, 50, 60, 70, 80 y 90 soñará con ser otras mujeres y siempre habrá un paquete para ella, para hacerla sentir en su mejor momento. ¡Así funciona el asunto! No somos sujetos libres, ahora mucho menos que en los tiempos del casto Sartre.
La mujer-objeto perfecto para ser modelado- para ser todas las mujeres con las que pueda llegar a soñar. ¡En eso va el feminismo! Catalina es la mujer perfecta para formar parte de un paquete de mujeres como ella a las que se les crea un mundo hecho a su medida para hacerlas vivir en la ilusión de que ellas deciden, de que ellas escogen, de que ellas construyen su propio estilo, su modelo, no según las estrategias del mercado sino según sus propias elecciones.
La publicidad y el marketing saben que nadie como las mujeres y el feminismo para vender mucho más de lo que vendían antes.
Esta otra fotografía (lobísima, kitsch a más no poder) es exhibida por Catalina Ruiz-Navarro en el texto titulado “Soy feminista y eso no me quita lo femenina”.
No hay necesidad de hacer un análisis minucioso del documento para corroborar que Catalina ve mucha televisión y muchas revistas de novias, para constatar que está completamente dominada por el arte de no ser sujeto sino objeto.
¿Cuáles son los límites del feminismo?
¿A dónde hemos llegado?
¿Qué sigue?
¿Por qué te moriste Pierre Bourdieu?
¡Llamen a mi mamá!
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martes, 31 de mayo de 2016

Machismo colombiano perpetrado por mujeres

Esta sentencia sobre el caso Rosa Elvira Cely fue redactada por dos mujeres: Luz Stella Boada y Nayive Carrasco. Las frases despectivas hacia la víctima deben tener asombrado hasta a Alejando Ordoñez. ¿O será que no?
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miércoles, 16 de marzo de 2016

Una muñeca bailando

Cuando era niña no me sentía niña sino niño o señor, más señor que niño, y veía televisión con mucha seriedad, con la mano en la barbilla. Sentía que extrañaba mi barba, viví con esa sensación hasta cuando cumplí catorce años, sentía que venía de otra vida y que mi familia no era mi familia, vivía con la sensación de que había llegado al lugar equivocado.
Me gustaba mucho ver programas musicales en vivo y si el cantante bailaba acompañado de otros bailarines me gustaba más. Estaba enamorada de Raffaela Carrá cuando tenía siete años, la veía cantando y bailando y me imagina que yo no era una niña de siete años sino un muchacho de veinte, soñaba que ese muchacho se fascinaba tanto con esta mujer que parece una muñeca bailando y no podía entender que un hombre renunciara a ser hombre porque deseaba verse como Marilyn Monroe o como Brigitte Bardot. Yo pensaba que si fuera hombre y deseara verme como una mujer elegiría como modelo a Raffaela Carrá.
Este video es la materialización total de la muñeca bailando
Aquí no es una muñeca, es una mujer. Cuando la veía pensaba que encarnaba el ideal de mujer libre. La veía como feminista sin haber leído sobre feminismo

sábado, 12 de diciembre de 2015

Carolina Sanín por ella misma

En la revista Shock (una revista de farándula o juvenil, supongo) entrevistaron a Carolina Sanín y ella se autodefinió. Es asombroso, no es una broma, ella se siente inteligente,  rebelde, despierta, sin pelos en la lengua, contestataria, libre, valiente… En Facebook, donde se ha convertido en una Institución porque insulta a la gente que no está de acuerdo con sus brillanteces. Su fama se debe a que es una especie de Doña Gloria con doctorado. ¿Para reír o para llorar? ¿Sigue convencida de que es la versión femenina de Fernando Vallejo? Lo más asombroso de todo es que hay gente convencida de su inteligencia y su estilo. ¿A dónde hemos llegado? El subrayado es mío.
Veamos:
¿Por qué crees que la gente salta a criticar en Internet cada crítica que publicas? Como la de tu columna sobre Bogotá, o ahora esto de lo de los polvos del moderno.
Veo que son tantas las personas que celebran mis críticas, y que entran en diálogo conmigo a raíz de ellas, como las que las deploran y me atacan por ellas. En cuanto a las personas que las deploran, supongo que se debe a que en esta sociedad colonial sujeta a la hipocresía, la franqueza es sinónimo de impertinencia. A nadie le gusta ver que otro es libre de decir lo que quiera, pues le señala que él también es libre y que, si ejerciera esa libertad, tendría que asumir una responsabilidad mucho mayor que la que asume al contentarse con su sujeción. Por otra parte, en esta sociedad acostumbrada a las fórmulas y al sainete, el ingenio resulta escandaloso. Y en esta sociedad acostumbrada a que las mujeres sean indolentes y uniformes, que una mujer sepa que sabe pensar muy bien en algunas cosas —y que no sea falsamente modesta al respecto— constituye una amenaza.Adicionalmente, aquí se cree que “hay que respetar” y se abusa de la palabra respeto, como si el respeto por cualquier cosa que alguien dice o hace, o por cualquier persona, fuera un deber. No saben que el respeto a la constitución y a las leyes es un deber y que, más allá de eso, uno solo debe respetar a quien le inspira respeto; lo otro es servidumbre. Por último, la de mi columna sobre Bogotá y la contenida en el chiste sobre los polvos del Moderno no son “cada opinión que se hace pública”; son dos ejemplos de chistes y opiniones entre muchos chistes y opiniones que he hecho públicos (en mis libros, en mis columnas de prensa, en facebook, en entrevistas, etc.), y, de hecho, están entre los ejemplos más banales y flojos. Lo que pasa es que a twitter llega lo más flojo, fácil y banal, si es a eso a lo que te refieres.
(Mea culpa: le pregunté por lo más flojo, fácil y banal)
Desde luego, a Carolina Sanín no se le puede discutir su trayectoria académica, ni que “sabe pensar”, ni le estamos pidiendo falsa modestia, pero no sabíamos que deplorar alguna de sus opiniones era no reconocer su ingenio. Tampoco nos escandalizó, queríamos seguir con la cadena de chistes flojos.
En realidad, acá a nadie que piense se le reconoce el ingenio, no solo por ser mujer que saben. Prueba de ello es que cuando a ella la invitaron a hablar sobre un tema social (el reinado) la pusieron a discutir con un comentarista de chismes.
Seguramente nuestro interés por las categorías sexuales de su comiquísima broma le pareció una mierda, lo más flojo.  Como la mierda que los perros dejan en los prados del Gimnasio Moderno, y que fotografió después en cuenta de Facebook. Pero, “no hay nada que temer, señores: es simple mierda”. Claro, no estamos acostumbrados al sofisticado humor libertario sobre mamás. 
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viernes, 16 de octubre de 2015

No sean como Catalina Ruiz-Navarro. No escriban como niñas malcriadas e irresponsables

“Yo soy dueña de mi cuerpo, me siento muy cómoda con él y puedo mostrarlo donde quiera y como quiera, incluso decidir ponerme en la posición de “objeto” (si así lo decido yo) porque de lo que se trata es de que YO sea quien tome decisiones autónomas sobre mi cuerpo y no OTROS POR MÍ. Cuando el lector me dice que yo no puedo salir en fotos desnuda “por ser feminista” lo que está haciendo es aplicarme las leyes de su machismo. Yo puedo hacer con mi cuerpo lo que me dé la gana, sépanlo bien”.
El feminismo colombiano apesta.
La cita anterior es de Catalina Ruiz-Navarro.
Me recordó la de otra gran intelectual colombiana exhibida como pedazo de carne en la revista SoHo: Margarita Posada.
Cuando le preguntaron por qué se desnuda de todas las formas posibles para esa revista respondió como una niña sin educación ni formación: “porque quiero, puedo y no me da miedo”.
Con ese feminismo colombiano es más respetable quedarse en el machismo y en el sistema opresor y falocéntrico.

domingo, 26 de julio de 2015

Feminazis en Bogotá. ¿Realidad o leyenda urbana?

Desde hace tres meses me persigue la palabra feminazi y todavía no tengo claro si es un chiste o una nueva deformación del feminismo.
Primero fue una conversación con mi hermana sobre una conversación de mi mamá con ella sobre una conversación de ella con una médica sobre lo complicado que puede ser para ellas (las médicas) encontrar hombres dignos de su estatus profesional y económico. La médica le dijo a mi mamá que muchas colegas tienen novios o parejas estables jóvenes y que ellas están bien dispuestas a sostener económicamente a esos hombres por el simple hecho de no estar solas, por aparecer ante sus vecinos como mujeres plenamente realizadas en el plano amoroso, como parejas normales.
He visto tuits burlescos de hombres que buscan novia feminazi. Lo que desean estos nuevos soñadores es una mujer profesional, feminista, independiente, clara en sus objetivos, con trabajo estable, carácter fuerte, carro, dispuesta a conquistar al hombre, a pedirle sexo, a pagar el motel después de haber pagado el almuerzo y la invitación a todas las atracciones del centro comercial.
He visto a varias vecinas salir felices a trabajar mientras su esposo (un vago) se queda todo el día descansando. Cuando regresa ella se ocupa de atenderlo y complacerlo. ¿Es también esa otra vertiente del feminismo mal comprendido? Cuando veo a esas rebeldes recuerdo la frase común que dice que gracias al feminismo las mujeres además de ser madres, esposas, amas de casa, consejeras, buenas cocineras… además de todo lo que hacían antes de la revolución, ahora también deben trabajar. Muchas mujeres salen a trabajar mientras su esposo se queda todo el día en la casa viendo partidos de fútbol y porno en RedTube. Esa es mi sospecha cuando veo los buses llenos de mujeres todas las mañanas y todas las tardes.
La feminazi es una feminista que reniega del sistema opresor y para oponerse al orden patriarcal asume el rol del hombre. Tiene un conflicto con los hombres, los odia y los desprecia y su forma de manifestarlo es convirtiéndolos en objetos y en víctimas. Lo peor de esta causa es que a muchos hombres les parece excitante que una mujer los trate de esa forma, les parece divertido que “abusen” de ellos. Tengo un buen amigo con una novia feminazi. No sé si este nuevo fenómeno da para reír o para llorar.
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sábado, 25 de julio de 2015

Squirting. Confesiones de una vieja verde

Anoche antes de dormirme pensé que casi todo se puede vivir como meditación si se hace de forma consciente y se disfruta mientras se ejecuta cada acción: pensar es una acción, caminar es una acción, contar un chiste es una acción, llorar de tristeza es una acción. Lo importante siempre es entregarse a cada tarea de manera tranquila y natural, tratando siempre de que sea de forma ordenada y consciente, con un fin bien definido.
El ejercicio de la sexualidad también podría pensarse como meditación y no estoy hablando de sexo tántrico sino de amor propio, buena salud, predisposición física (tener las benditas glándulas de Skene) y entregarse a la experiencia con entusiasmo, inteligencia y buena actitud.
Viendo porno -la nueva escuela de amantes de las nuevas generaciones- noté que el famoso squirting le cambia la cara a los actores porque se puede fingir placer, se puede gritar para hacer sentir bien al hombre, se puede gemir para decir con las feministas que el orgasmo femenino es otra manifestación del dominio del macho, de la sociedad patriarcal y falocéntrica. Pero la eyaculación femenina es una experiencia que le cambia la cara y la actitud a la pareja. Para la mujer es una sensación de plenitud total, para el hombre (por ser una experiencia tan escasa en el terreno sexual) es un trofeo que lo hace sentir muy bien y lo convierte en un mejor amante, es una especie de condecoración que le confirma que la mujer está gozando de verdad. Mientras ocurre el hecho los dos saben que ninguno de los dos está fingiendo.
Un squirting en los primeros encuentros sexuales puede ser el comienzo de una relación duradera. Está casi científicamente comprobado que el hombre se enamora de la mujer que le da placer sexual y que a la mujer le produce una sensación de paz y de confianza un hombre que además de saber usar sus dedos y su lengua es apasionado, cariñoso, de trato suave, amante y admirador de las mujeres. Si está bien dotado y no tiene problemas de disfunción eréctil ni eyaculación precoz se convertirá en el amante perfecto. Una mujer con glándulas de Skene bien estimuladas, dispuesta a disfrutar del placer y con un hombre con las cualidades señaladas anteriormente es una mujer bendecida y afortunada.
Un buen squirting exige dedos y lengua diestros, pero, ¿qué es el bendito squirting de manera objetiva? ¿cuál es la explicación científica y por qué tan pocas mujeres han vivido esta experiencia tan espiritual?:
El squirting es la expulsión de un líquido generado por las glándulas de Skene o parauretrales, estas glándulas se encuentran ubicadas en la zona de la pared anterior de la vagina. Se estimulan en el acto sexual, producen un líquido transparente, incoloro, sin olor ni sabor, es como una especie de agua bendita que brota de una especie de fuente en forma de chorro, de forma similar a la eyaculación masculina, pero puede ser mucho más abundante y puede ocurrir varias veces en un encuentro sexual. La mujer no necesita recuperarse de cada eyaculuación, como el hombre, sino que cada nuevo chorro la hace sentir más plena y más leve, es un placer que viene del deseo consciente de la mujer de gozar del placer y de compartirlo con otro. El sexo es un trabajo en equipo.
En muchas mujeres esta experiencia no llega a vivirse nunca porque la mayoría no tienen las glándulas de Skene (llamadas próstata femenina) y entre las pocas que las tienen la mayoría no han contado con la estimulación adecuada porque las mismas mujeres no conocen su cuerpo, porque confunden la sensación placentera con el deseo de orinar (aunque el líquido expulsado en el squirting contiene residuos de urea y creatina, no es orina, sino que está formado principalmente por glucosa, fructosa y fosfatasa ácida prostática) o porque su pareja masculina es un hombre insensible, sin interés en conocer los límites del cuerpo y el placer de su novia, esposa o amante.
Algunas mujeres logran el squirting mediante la masturbación y es mucho más frecuente entre lesbianas que en parejas heterosexuales. El problema radica en que el autoamor es una experiencia triste porque la persona puede divertirse mucho pero al final puede sentirse muy solita y, además, en asuntos sexuales es más satisfactorio compartir con alegría. En cuanto a gozar de semejante dicha con una mujer es un placer que no deseo experimentar porque creo en la teoría del espejo y porque amo a los hombres, porque el squirting también es muy placentero cuando interviene el miembro viril.
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Emprendedores colombianos en la red. El caso Sandra Suárez

En este blog nos hemos ocupado de dos emprendedores colombianos: Adrián Peláez y Catalina Alba, dos vendedores de humo e ilusiones que le han roto el corazón a quienes esperan con ansias verlos triunfar como Justin Bieber y Lady Gaga. Nada de eso, ni siquiera Nicolás Arrieta ha llegado a ese nivel.
Se puede triunfar en la vida dando cursos de emprendimiento, dando cursos de marketing digital y posicionamiento de marca, cocinando o tatuándose todo el cuerpo, pero también se puede triunfar encontrando novio famoso producto de un trabajo calculado de actuación y melodramatismo digno de una telenovela. Con Sandra tenemos toda la trama.
Sandra Suárez supo usar su capital (aparentemente negativo y lastimero) para conquistar el mundo. Con mucho menos recursos superó a Catalina Ruiz-Navarro y a Virginia Mayer, maestras indiscutibles en el arte de conquistar el corazón de la gente influyente para estar cada día más cerca de sus sueños. Ellas llevan media vida en la tarea, a Sandra le bastaron dos o tres años. Es un verdadero ejemplo de autosuperación, un modelo a seguir.
Sandra es madre soltera desde los 15 años y eso no la convierte en una brincona -dice ella cada cierto tiempo- una joven bailarina sin recursos pero con muchas ganas de triunfar, una joven promesa de Floridablanca que sueña con llegar a Bogotá para conquistar el mundo y está a punto de lograrlo. Renunció a su carrera de Derecho porque los profesores le mataron la pasión.
Sandra se dio a conocer en Twitter por #operacionsandra. Dos o tres tuiteros influyentes -los que ayudan a los débiles y a los pobres de manera desinteresada- convencieron a otros tuiteros de que las bailarinas pobres tienen derecho a realizar sus sueños y gracias a un patrocinador Sandra bailó y fue feliz. Después del baile vino la radio. Sospecho que la madre soltera convenció a algún amigo influyente de que podría ser una buena locutora y entonces la vimos compartiendo espacio con Antonio García Ángel, otra joven promesa de la literatura que lleva más de quince años tratando de convencernos de que tiene mucho talento. Lo último que supe del famoso @erizodemar es que está dictando cursos de escritura creativa en La madriguera del conejo. Bien por él.
En la radio Sandra se sentía segura y tenía motivos de sobra, en el tono de su voz evidenciábamos que se sentía bien, segura de su valía, el presente era maravilloso pero el futuro era mucho más prometedor y lo fue: Sandra está en el Hay Festival posando para los medios al lado de su novio Fabio Rubiano, una especie de Jorge Orlando Melo de las artes escénicas.
¿Cómo logró Sandra conquistar el cuerpo y el alma de un hombre tan serio, exigente y comprometido? ¡Sólo Dios lo sabe!
Mientras nos enteramos de los pormenores que llevaron a nuestros personajes a convertirse en un pareja digna de ser fotografiada para las revistas de farándula criolla es un hecho que Sandra logró en poco tiempo lo que muchas tuiteras, instagrameras, facebookeras y blogueras han estado soñando mientras exhiben la esencia de su ser, la profundidad de sus pensamientos, su cultura general, su desempeño en el lecho, su desparpajo o su falta de vergüenza, su tristeza, su locura, su talento o su cuerpo provocativo. Ninguna ha llegado tan lejos como Sandra. ¿Qué está fallando en su plan de negocios? ¿Cuál es el problema en su estrategia de marketing?
La pareja se instalará en Bogotá. Sandra posa desde ya con su ropa de neobogotana. Lo más seguro es que en poco tiempo la veremos en los medios como nueva estrella de teatro o de televisión, todo depende de los planes que tenga con Fabio Rubiano.
Fabio Rubiano

Cincuenta sombras de Grey

En tiempos de estupidez universal y del tan efectivo voz a voz seguramente Cincuenta sombras de Grey será la película más taquillera de la historia del cine. El porno para mamás que hizo famoso el libro logrará que muchos de los que no lo leímos -por puro amor propio- veamos la película por curiosidad, para ver la reacción del público, para apreciar cómo presentan el supuesto porno en pantalla gigante para ser visto en plan familiar y porque es menos doloroso ver una mala película que leer un mal libro. Perdemos menos tiempo y no estamos obligados a reciclar.
La película recrea la historia de amor de una joven inexperta, juiciosa, bien educada, con valores, bonita, inocente y sumisa que se enamora de un hombre mayor, experimentado, atractivo, rico, dominante y machista. La típica historia soñada por millones de niñas pobres que quieren triunfar, inspirarse viendo telenovelas porque sospechan que aquello que le pasa a las heroínas podría pasarle a ellas también y se preparan para lograrlo. La mayoría fracasa porque así es la vida, porque lo que pasa en los libros, en las telenovelas y en el cine no le pasa casi a nadie, es un simple consuelo para que el público se olvide -mientras disfruta de la obra- de su propia miseria personal. Cuando se acaba la película se reencuentran de nuevo con la dolorosa realidad, con el soñador fracasado.
Cincuenta sombras de Grey es un gran pretexto para que las feministas se indignen porque la mujer es tratada como un objeto que se pone a disposición del hombre a cambio de regalos caros. El orden patriarcal y falocéntrico es asumido por hombres y mujeres en la película y en la sala de cine, en los millones de lectoras deseosas de ser sometidas por un hombre frío que las domina, a ellas les resulta excitante imaginar que son atadas y golpeadas. Desean ser tan afortunadas como la protagonista de la historia mientras engordan, educan a sus hijos y soportan a su marido gordo y desagradecido.
La película es una bonita fusión entre liberación sexual y mentalidad de prepago. El hombre le pide apertura mental a la mujer y mientras lo hace reconoce que tiene traumas de infancia y termina seducido, enamorado de la mujer que quiere tocarlo, mirarlo a los ojos, dormir a su lado, no simplemente constituirse en su objeto sexual. Es una historia tonta que produce risa, risa estúpida, nada que ver con la historia de O, Irreversible, El amante, Luna de hiel, El último tango en París o Saló o los 120 días de Sodoma. Es una película estúpida para un público estúpido que ríe ante su propia estupidez porque se siente engañado. Iban a ver porno y les terminaron ofreciendo una insulsa historia de amor, se sienten burlados y sólo pueden reír ante sus expectativas truncadas.
El público va dispuesto a estimularse viendo imágenes estimulantes que nunca llegan, las escenas más fuertes son menos fuertes que las que se pueden ver en películas de mujeres y carros o en algunas telenovelas. Cuando la pareja de enamorados descubre que su sentimiento está mucho más allá del cuerpo y notamos que se acabó el asunto la gente ríe asombrada porque cae en cuenta de que han sido burlados de nuevo por la publicidad, el marketing, el voz a voz y el instinto básico que los lleva a creer que el sexo es lo más importante en la vida, porque fantasearon con la idea de que ir a cine con una amiga a divertirse un poco en un plan diferente, algo que los sacará de la rutina de los sábados resultó ser sólo otra mala película, como lo son la mayoría de las películas que se ven un sábado en una sala de centro comercial.

viernes, 24 de julio de 2015

¿Por qué las feministas también son animales? Dedicado a Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín

Cuando una mujer ve a una perra, a una gata o a una burra extasiada frente a sus bebés recién nacidos queda maravillada ante la pasión de esas madres para hacerse cargo de sus crías, para amarlas con amor incondicional, desinteresado, gratuito… como sólo una madre puede amar a sus hijos.
Lo que la señora no sabe es que ella es hermana de la burra, la rata y la cerda porque son mamíferos, animales que se reproducen gracias al intercambio genético de una hembra y un macho a través del apareamiento, que las señoras llaman de forma “romántica” – para olvidar que son animales- Hacer el amor.
Hacer el amor como Dios manda para que dentro de nueve meses nazca un bebé gordo y llorón al que llamaremos El milagro de la vida.
¿Milagro de la vida?
Pero si somos siete mil millones de seres humanos. Una especie de virus que se inventó el amor para justificar la reproducción irracional y despiadada que vulnera los derechos fundamentales de las demás especies. Hombres y mujeres son responsables de semejante acto irracional. Hombres y mujeres participan del crimen de seres vivos mucho más hermosos y discretos que los hombres y las mujeres.
Si el milagro de la vida es varón será recibido como un rey, si es una niña será recibida con desprecio, lástima y consideración porque esa pobre criatura no sabe que llegó a una sociedad patriarcal y falocéntrica, piensa la madre feminista de la hipotética recién nacida que sólo ha leído libros de Ciencias Humanas y no sabe que también existe la biología, la genética y la neuorociencia y que cuando se aborda la vida desde estas perspectivas la hembra no sale muy bien librada porque la naturaleza no es precisamente feminista, a la naturaleza no le interesa la felicidad humana ni la liberación de la mujer, sólo le interesa crear estrategias para conservar especies.
Las feministas no saben que entre las hembras en general la mujer es una de las que mejor ha desarrollado armas para seleccionar al macho y para ejercer control sobre él. El cuerpo de la mujer es una trampa exquisita para seducir al pobre hombre presa del deseo y la pasión loca. ¡Por eso somos siete mil millones de milagros de la vida!
La feminista militante educará a su hija para que sea una mujer emancipada como ella, pero cuando la niña descubra que tiene tetas, culo, cintura, cadera, piel, voz y naturaleza de mujer descubrirá, sin saberlo, que es una máquina de seducción y correrá a buscar a su macho para reproducirse como todas las demás, como el animal más irresponsable de la tierra.
Deseará ser modelo SoHo como Catalina Ruiz-Navarro o verá maltrato a las pobres criaturas llamadas mujeres en los detalles más insignificantes, como Carolina Sanín.
Es difícil encontrar feministas en un rango de edad entre los 12 y los 20 años, esa es la edad de la reproducción y el animal joven no racionaliza la naturaleza de su deseo, sólo busca, como cualquier gata o perra en celo, a lo que ella llamará El amor de su vida para hacer el amor, pero todos sabemos que esos bellos sentimientos, esas búsquedas metafísicas son máscaras que la criatura inventa para no sentirse hermana en el deseo de la rata o de la gata.
Cuando el hombre ve a la mujer como un objeto, cuando la mira con deseo y babea como un perro porque quiere compartir sus genes con ella también se convierte en objeto, en objeto del deseo, no es más objeto la mujer que el hombre porque ella sea la deseada y él el deseoso, es la naturaleza manifestándose en ellos.
Feministas fanáticas: los hombres también sufren, los hombres también son tratados como objetos. ¿Quién defenderá a James y a Falcao? ¿No se dan cuenta de que esos dos pobres hombres son tratados como putas y son mucho más rentables que una puta?
Esta historia continuará….

Vieja y fea a los 31. Dedicada a Catalina Ruiz-Navarro

Catalina Ruiz-Navarro es feminista, nadie lo duda, y en sus columnas de opinión suele tomar los escándalos relacionados con mujeres de la farándula norteamericana para reflexionar sobre estructuras de poder, patriarcado, falocentrismo, estereotipos impuestos por la sociedad patriarcal y reivindicación de los derechos de las mujeres reclamados desde hace ya bastante tiempo sin que ni hombres ni mujeres recapaciten ante la abominación de la que son cómplices al callar e ignorar.
¡No más! dice Catalina cada cierto tiempo y sale a marchar -en minifalda- (porque es dueña de su cuerpo) y a exhibir carteleras ante el Procurador.
Todos las semanas hay un escándalo relacionado con una “diva” y cada semana Catalina sufre y llora porque la diva atormentada es mujer y como mujer tiene derecho a no ser vulnerada en sus derechos. Toma como pretexto el sufrimiento de una mujer de la farándula para luego hablar de las mujeres en general y, luego, de ella en particular. Siempre termina hablando de ella y de la red de mujeres que la acompañaron en su infancia y adolescencia. Ella es una mujer rodeada de mujeres, educada por esas mujeres para luchar por los derechos de las mujeres. No hay quien lo dude.
La última columna feminista de Catalina Ruiz-Navarro se titula Espejito, espejito y en resumidas cuentas nos cuenta que está sumida en una tremenda depresión porque ya no aguanta el trago y la rumba dura como antes -cuando era modelo de la revista SoHo, cataba condones, despreciaba a los hombres con caspa, nos enseñaba cómo usar una minifalda y participaba en Estudios -de la revista SoHo- sobre cómo escoger hombres para rumbear, para goterear o para convertirlos en amantes de una noche.
Catalina está sumida en una tremenda depresión porque tiene 31 años, le salió una cana y se encontró una arruga cuando se contemplaba ante su espejo. Catalina se ve como una chica SoHo o como una chica Águila, es un hecho, y asume que la mayoría de las mujeres desean ser “la chica” porque ven mucho cine y mucha televisión norteamericana: “Mientras los personajes para mujeres en Hollywood sigan limitados a “la chica” las actrices de Hollywood no van a poder envejecer”.
Las divas del cine no pueden envejecer y Catalina tampoco, porque ella también es “la chica”, así se ha representado ante los hombres y ante las mujeres y, por esa misma razón, cumplir 31 años se ha constituido para ella en una absoluta tragedia, en un motivo para narrar su indignación y su desazón.
Dice Catalina más adelante: “Las mujeres, a diferencia de los hombres, salimos de escena cuando envejecemos”. Eso no es cierto y ha llegado el momento de hablar de mí: he conocido a lo largo de mi vida mujeres de más de sesenta años respetadas y admiradas por hombres y mujeres, mujeres que no soñaban con ser “la chica”, sino seres humanos que se pensaron más allá de la edad, las líneas de expresión y su color de pelo. Pueden o no dejarse ver la canas, pero ese detalle tonto no es relevante; esas mujeres son mucho más que un cuerpo para el placer visual de los hombres o para su propio espejo, son seres humanos, mujeres que trabajan con hombres y con mujeres y que piensan más en su cerebro, en su experiencias, en sus gustos, que en los cuerpos que se ocultan debajo de la ropa.
Catalina está obsesionada con la vejez, tiene miedo de no ser una mujer atractiva, deseable ante la mirada masculina, y hace de ese temor un universal femenino que la mayoría de las mujeres no comparte: “A las mujeres, además, nos exigen una cosa rarísima: envejecer “con dignidad”. Esto quiere decir o bien aceptar la vejez (y con ella una sentencia a la obsolescencia) calladas, sin chistar, o hacernos algunos retoques aquí y allá en cuyo caso la dignidad reside en que nadie sepa a ciencia cierta por qué nos vemos más jóvenes”. Es obvio que el grupo social del que forma Catalina no es precisamente de intelectuales o de artistas sino de hombres y mujeres preocupados por la apariencia, por lo bien que se ven ante los ojos de los demás; al parecer ella asume que su grupo de amigos y la gente que ella admira y desea imitar encarna los valores de la sociedad entera. Si Catalina viera a la gente común, que es la mayoría, descubriría asombrada que los temores de ella producirían la risa de millones de mujeres que no los comparten, que cuando eran jóvenes no aspiraban a ser “la chica”.
Catalina tiene miedo: “Yo crecí en una casa con mujeres de cuatro generaciones. Las vi a todas desnudas, a mi mamá, a mi abuela, a mi bisabuela, y sé lo que me espera”. Yo no he visto a las mujeres de mi familia desnudas pero tengo claro que ellas se ríen de la vejez, son mujeres que viven la vida de tal forma que siempre temo si podré estar a la altura cuando llegue a su edad. Mi mamá es mucho más vital que yo y mi abuela soporta con resignación el final de la vida sin sentirse superior a nadie por hacerlo. No somos feministas, no tenemos nada que reclamarle a los hombres porque nos han tratado muy bien. El hecho de que Catalina Ruiz-Navarro no haya visto hombres en su familia, el hecho de que no sepa lo que es un padre amoroso y un abuelo cariñoso y sabio no debe convertirlo en pretexto para adjudicarle a Los hombres, a La sociedad patriarcal, los dolores de todas las mujeres, porque, entonces, lo que escribe no es una columna de opinión sino un ajuste de cuentas personal (casi tan personal como el de Uribe con las FARC), que no tendría por qué involucrar a todos los hombres del universo por una sencilla razón: la mayoría de los hombres no son como ella los imagina. Los hombres y las mujeres son seres humanos que sufren y sienten miedo e incertidumbre de forma similar.
Y así continúan los lamentos de “la chica”. Como diría el poeta: Esto no hay por dónde agarrarlo.
¿Cuándo aparecerán las feministas que amen a los hombres, que sueñen con llegar al fondo de esos seres maravillosos que a veces sienten tanto miedo, respeto y reverencia, esos hombres que parecen niños aspirando al poder para deslumbrar a las mujeres, esos admiradores insaciables de las versatilidad y del cuerpo femenino?
Las feministas como Catalina Ruiz-Navarro no saben de lo que se pierden al ver a los hombres como enemigos o como verdugos, ella no sabe que los hombres pueden ser compañeros respetuosos y amables. Soy mujer y para los hombres que he conocido a lo largo de mi vida sólo tengo palabras de afecto y de gratitud, mi vida no sería tan plena sin mi papá, mis hermanos, sobrinos, novios, amigos, sin mi cuñado y sin todos los jóvenes a las que he tenido el placer de oír hablar en un salón de clase. En vez de escribir Catalina debería acudir a un psicólogo para que le ayude a solucionar sus conflictos con los hombres, un experto que le ayude a comprender y a perdonar la ausencia y el abandono de los hombres de su entorno.
Así termina, más o menos, el lamento de “la chica” que no sabe cómo asumir la edad adulta, es muy triste saber que hay mujeres que se pueden complicar la vida con semejantes tonterías:
“Hoy, a mis 31 años, me encuentro preguntándome preocupada si eso será una arruga frente al espejo. Encima este año me salió mi primera cana, algo que solo es preocupante porque soy mujer, en los hombres los cabellos blancos equivalen a sex appeal, madurez, experiencia. Mi envejecimiento empieza a hacerse visible, es más evidente que no poder lidiar con la resaca. Me encuentro entonces teniendo un miedo irracional a esa vejez, no a los achaques o dolores que puedo aguantar en silencio (y con una mano en la frente para mayor drama), es más un miedo a ver, y a que todos vean, cómo se avejentan mis selfies. Es el mismo miedo irracional que sentimos los fans de Empire Records al ver que Zellweger había envejecido, que eso se puede, que “we are next”.

Feminismo colombiano

En 1929 Virginia Woolf escribió Una habitación propia y a partir de ese momento ese ensayo se constituyó en un texto clave para pensar en las mujeres, el arte, el dinero y el feminismo. Ha pasado casi un siglo y el feminismo sigue estando de moda, se siguen escribiendo libros sobre el asunto, pero los cambios de fondo no son muy evidentes; no se sabe si por falta de difusión del material teórico y si porque hombres y mujeres son más dichosos viviendo en estado natural, como cualquier animal con ojos para ver y patas para desplazarse y buscar con quién copular: machos y hembras mezclan su material genético para que no se pierda el prodigio, para vivir la plenitud del milagro de la vida, como si no hubiera más sentido que la reproducción de los seres y la multiplicación de los nombres y los apellidos.
A continuación voy a tratar de presentar de forma breve y concreta las formas de vivir el feminismo en Colombia, hay feminismo para todos los gustos, según las necesidades y la conveniencia de cada mujer. Cada colombiana tiene su andamiaje teórico en el cual escudarse, ideas maravillosas para justificar su propia estupidez.
1. El puterío como feminismo
Hay una vertiente del feminismo que parte del cuerpo y de la libertad de la mujer para disponer de ese cuerpo-máquina como le plazca porque es lo único que de verdad le pertenece. Si el cuerpo y la explotación de la sexualidad se constituyen en fuente de placer -y de ingresos- es la mujer y sólo la mujer quien, gracias a una decisión autónoma, decide convertirse en la máquina de follar, en la gran puta. Si cobra o no cobra no es relevante, lo que de verdad importa es que la mujer decida sobre su cuerpo y ya.
2. La madre cabeza de hogar
Hay una vertiente del feminismo que parte del siguiente presupuesto: la mujer es una verraca, mucho más verraca que el hombre. La predisposición biológica para parir le confiere poder y si es capaz de parir y de educar a sus hijos como ciudadanos de bien, sin necesidad de un hombre, esa mujer se constituye en una especie de heroína, es la Hembra superior a todas aquellas que no han vivido la experiencia más bella de la vida: la maternidad.
Esta teoría goza de mucha aceptación en Colombia. Algunas de estas mujeres ven al hombre como semental, el gran trabajo, la gran realización y el ser ejemplar de la historia será siempre la mujer, la guerrera, la incansable, la que lo entrega todo por amor a la cría.
Algunas feministas quieren al hijo pero no quieren al hombre; algunas llevan su rebeldía a constituirse en abiertamente lesbianas. Lesbianismo y feminismo son una buena combinación para convertirse en una mujer respetable en algunos contextos. Ellas también se sienten autónomas.
3. La empresaria exitosa
Hay una vertiente del feminismo que parte de la idea de que la mujer no es inferior al hombre y compite con éste con la idea de gozar del poder que ha sido instaurado a lo largo de los siglos para ser beneficio propio del gozo masculino. Entonces la mujer se convierte en una máquina de producir plata, es una mujer que desea ser famosa, reconocida y admirada por millones de seres humanos, masas que se extasían ante su presencia. Son cantantes, bailarinas, diseñadoras, fabrican perfumes, promueven causas y son hermosas, casi siempre muy femeninas y muy tranquilas, controladas, claras en sus metas como los grandes ejecutivos, como los hombres.
4. La todoterreno
Hay una vertiente del feminismo que parte de la idea de la realización de la mujer. Ella puede disfrutar del trabajo, la maternidad, la feminidad, la intuición, la creatividad, la sexualidad, se trata de la mujer que puede ser muchas mujeres y en cada faceta se desempeña bien, es una mujer exitosa en un nivel o en varios y se lleva bien con la publicidad y con los bancos, ella es un cliente preferencial. Los niños son un buen gancho para atraer clientes pero algunas mujeres pueden llegar a ser todavía más dóciles que el más mimado de los bebés.
El dinero que cae en las manos de las mujeres es dinero que se esfuma de forma más dispersa que el que cae en las manos de los hombres, la mujer es mejor administradora, más intuitiva, más organizada. Ellas saben cómo gastarse el dinero, cómo llegar a ser mujeres admirables, son mujeres que gozan viendo cómo se esfuma la ganancia de forma organizada y creativa.
5. La indignada
Hay una vertiente del feminismo que parte de la idea de que ser feminista consiste en llorar durante toda una vida porque las mujeres han sido maltratadas, violadas, mutiladas, humilladas, estigmatizadas, minimizadas, atacadas de forma física y psicológica a lo largo de la historia. Lloran por las víctimas del pasado y por las del presente. Buscan víctimas todos los días para exhibir, para sensibilizar a la sociedad entera sobre hechos que no se pueden volver a repetir, ven agresión por doquier, se convierten en mujeres amargadas, resentidas, frustradas y solitarias porque el sufrimiento por el dolor ajeno se convierte en su propio peso, en su propio castigo.
Algunas lo sufren de verdad y mueren vírgenes y mártires. Otras, la mayoría de estas buenas mujeres, suelen mezclar otros tipos de feminismo, especialmente el feminismo del puterío y el de la mujer exitosa que no es menos que nadie, menos que el hombre. Esos papelones suelen hacer sentir bien a las masas embrutecidas, la chusma se siente bien ante la representación de la mujer más buena del mundo, la que es capaz de ponerse en el papel del otro y sufrir con las demás, sufrir por los dolores de comunidades enteras. Mártires como Cristo o iluminadas como Buda.

Lo bello y lo triste

Un escritor narra la historia de su amor con una joven de dieciséis años y como es literatura la heroína es mucho más fantástica que la protagonista, que la mujer real; es la historia de una verdad distorsionada, una versión de los hechos desde la distancia y el recuerdo por un hombre triste que se divierte observando a los pasajeros de un tren, los paisajes desde la distancia, flores y sonidos de campañas en la Noche de Año Nuevo. Se han vendido muchas ediciones, el autor mejora su condición económica, es un escritor famoso. Su esposa y sus dos hijos se dan la buena vida a costa de la narración del sufrimiento de una joven y el amor de esa joven con el narrador (que es el mismo escritor). El título de la novela es Una chica de dieciséis, simple, como tenía que ser el título de una novela de Yasunari Kawabata.
Oki y Otoko se conocieron en Tokio, se enamoraron, ella era una amante diestra dispuesta a todo, sumisa y discreta, quedó embarazada, perdió al bebé de Oki (una niña) y la pérdida la llevó a la locura, pero nunca dejó de amarlo. El asunto es cursi y la historia es absurda. ¿Será frecuente este hecho en Tokio y en kioto? ¿En Japón los hombres de treinta y cinco años desean y se enamoran de jóvenes vírgenes que luego enloquecen de amor por ellos? El narrador insiste en que la literatura sólo puede surgir de la vida real, de las experiencias intensas, que sólo se puede escribir algo bello, artístico, cuando el sentimiento ha sido muy profundo: sin amor, sin odio, sin deseo… es imposible escribir algo que pueda llamarse con respeto y reverencia una Obra de Arte digna de ser apreciada, esa es una de las conclusiones contundentes en esta novela en la que se reflexiona seriamente sobre la esencia de la estética, el estilo y la pureza.
En Colombia esta conmovedora historia de amor sólo podría verse en una telenovela, no en lo que llamamos Una Obra Literaria. Si las feministas analizan Lo bello y los triste con lupa descubrirán fácilmente el patriarcado y el falocentrismo, podrían terminar odiando a Kawabata como odian a Bukowski y tal vez a Lovecraft. ¡Dios no permita que esta novela caiga en las manos de Catalina Ruiz-Navarro porque la destrozaría!
Otoko supera el dolor gracias al apoyo de su madre, se tienen la una a la otra y la madre desea que su hija se enamore de nuevo, se case y tenga hijos pero ella sólo puede amar a Oki y lo amará hasta la última página del libro porque en ella no cabe el odio, el resentimiento ni la venganza, ella sólo sabe amar a ese hombre y él también siente que no volverá a amar a otra mujer como la amó a ella.
Otoko pinta y Oki escribe novelas, la esposa de Oki ha perdonado la traición pero se atormenta sabiendo que en la novela se destaca más la pureza de la joven que sus propios celos y sabe que debe soportar el sufrimiento que implica ser la esposa de un escritor. Pasan los años y parecen haberse curado las heridas, ninguno de los personajes imagina el final dramático de la historia en manos de Keiko, la protegida de la señorita Otoko Ueno. Un drama total que termina en la muerte de un joven que no pudo resistirse ante los encantos de la belleza femenina.
Oki es un hombre triste y sueña con ir a Kioto (donde vive Otoko) para oír con ella las campanas en la noche de Año Nuevo. Ella lo recibe con su aprendiz: Keiko. Keiko es joven, hermosa y seductora y espera vengar el dolor de Otoko, su maestra, a través del sufrimiento del padre y el hijo y, entonces, los seduce a los dos. La novela termina con la muerte de Taichiro, el hijo de Oki, una joven promesa de la intelectualidad de Tokio.

jueves, 23 de julio de 2015

Margarita Posada: una puta vieja

Para expresar lo que me inspira Margarita Posada es preciso que hable antes de mí cuando era joven: tenía tetas grandes y culo abundante, tanto que ningún hombre podía creer que fuera bogotana. Esas tetas y ese culo no eran mi carta de presentación, jamás le di gracias a Dios, a mi madre, a la naturaleza ni a la genética por haberme hecho tetona y culona. Al contrario, esos “atributos” me hacían sentir incómoda porque atraía miradas de hombres que pensaban en sexo y sólo en sexo. Mientras ellos pensaban en sexo y sólo en sexo yo buscaba la manera de que ellos hablaran conmigo porque la idea de usar esas cualidades para buscar amor, dinero, placer o ser portada en la revista SoHo para recordar a los cincuenta que fui tetona y culona, jamás formó parte de mi perspectiva de futuro.
Mientras los hombres pensaban en sexo cuando me veían yo sólo deseaba ser mayor para que dejaran de mirarme, de desearme y de decírmelo (los piropos siempre me han parecido agresivos, no entiendo por qué Camila Zuluaga dice que cuando le dicen algo bonito ella lo agradece).
Como yo era inteligente sabía que las tetas y el culo son atributos para atraer machos deseosos de aparearse con la hembra, me sentía triste porque no quería sentirme deseada, sólo quería hablar, me gustaba cuando me decían que les gustaba mi voz, mi forma de caminar o mi forma de pensar; me gustaba cuando me decían que era una persona difícil de olvidar, única porque era auténtica, porque no medía las palabras antes de pronunciarlas, una persona seria con risa de niña.
Margarita Posada también tuvo tetas y culo grande, ahora tiene las tetas más grandes que antes porque se sometió a una cirugía estética; también se están definiendo en su rostro marcas de mujer vieja, de mujer vivida, se nota que ha comido muchas vergas, a ella le fascina decir que le fascinan las vergas en casi todas las crónicas sobre su vida sexual que publica en la revista SoHo. Ella sospecha que comer muchas vergas la hace ver más mujer, más definida en su condición de heterosexual.
Margarita Posada es una mujer despreciable, más despreciable desde cuando narró su experiencia en Biancas, un bar de lesbianas que cerró sus puertas pocos días después de que ella fuera a reírse de las mujeres que frecuentaban ese sitio porque no parecían mujeres. Mientras desprecia el sitio, las mujeres, la música, la forma de bailar, resalta lo maravilloso que es ser una mujer como ella -una mujer tetona y culona-. De tanto ver mujeres que parecen hombres termina antojada de verga, ese es el resumen de su trabajo periodístico para una de las revistas más prestigiosas de Colombia.
Nuestra comedora compulsiva de vergas también es escritora de novelas, trabaja en radio y participa en tertulias de todo tipo; hace poco, en un foro organizado por la revista Semana, le pidieron que explicara por qué se desnuda en SoHo, si este hecho la pone en una situación de minusvalía, de objeto, de pedazo de carne para exhibir. Ella, con las cualidades intelectuales que la caracterizan respondió con un enfático: “Me desnudo en la revista SoHo porque quiero, puedo y no me da miedo”.


lunes, 20 de julio de 2015

El matrimonio: la mejor carrera de la mujer

No es la inferioridad de las mujeres lo que ha determinado su insignificancia histórica, sino que ha sido su insignificancia histórica lo que las ha destinado a la inferioridad.

Educadas por mujeres en el seno de un mundo femenino, su destino normal es el matrimonio, que las subordina todavía prácticamente al hombre; el prestigio viril está muy lejos de haberse borrado: todavía descansa en sólidas bases económicas y sociales.

Se abren a las mujeres las puertas de las fábricas, las oficinas, las Facultades, pero se continúa considerando que el matrimonio es para ellas una de las carreras más honorables, una carrera que las dispensa de toda otra participación en la vida colectiva.

Los padres aún educan a la hija con vistas al matrimonio más que propician su desarrollo personal, y la hija ve en ello tantas ventajas, que llega a desearlo ella misma; resulta así que, a menudo, está menos especializada, menos sólidamente formada que sus hermanos, se entrega menos totalmente a su profesión; de este modo, se condena a permanecer inferior; y el círculo vicioso se cierra: esa inferioridad refuerza su deseo de hallar marido.

Simone de Beauvoir, en El segundo sexo