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viernes, 11 de noviembre de 2016

¿Por qué el adicto a las drogas se aísla?

¿Qué sería de los demás? ¿Qué de las relaciones humanas? En la conversaciones de aquella mañana , hallo constantemente repetida esta pregunta:” ¿Qué hay acerca de las relaciones humanas? “. ¿Cómo se podría conciliar esta bienaventuranza sin tiempo de ver como se debería ver con los deberes temporales de hacer lo que se debería hacer y sentir lo que se debería sentir? “Deberíamos ser capaces de ver estos pantalones como infinitamente importantes y a los seres humanos todavía como más infinitamente importantes”, dije. Deberíamos… Pero, en la práctica, esto parecía imposible. Esta participación en la gloria manifiesta de las cosas no dejaba sitio, por decirlo así,  a lo ordinario, a los asuntos necesarios de la existencia humana, y, ante todo, a los asuntos relacionados con las personas. Porque las personas son ellas mismas y, en un aspecto, por lo menos,  yo era ahora un No-mismo, que simultáneamente percibía y era el No-mismo recién nacido, el comportamiento, la apariencia, la misma idea del sí mismo habían dejado momentáneamente de existir y, en cuanto a los otros sí mismos, sus antes semejantes, no parecían desagradables -el desagrado no era una de las categorías en función de las que estaba pensando-, sino enormemente ajenos.
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Al café le dije ¡No más!

Completé seis meses leyendo sobre drogas y adicciones y Juan Sebastián Lozano tiene razón: el café es una droga tan dañina como el alcohol y el tabaco si se consume en exceso.  Altera la conciencia, modifica nuestro comportamiento.
¡Pero son drogas legales y tenemos vía libre para pagar por envenenarnos, por compartir la adicción disfrazada de placer con nuestros amigos y señalar con aire de superioridad al marihuanero, al basuquero, al cocainómano y a todos los demás enfermos sin voluntad para renunciar a la adicción que los ata!
El café no se presenta como droga en este momento de la historia, pero en otros tiempos y en otros lugares se le ha condenado y despreciado como al vino y al opio. Optar por las drogas legales (dulces, harinas, café, alcohol, tabaco, partidos de fútbol, pornografía, consumo desmesurado…) es una estrategia de supervivencia, una actitud cómoda y un gran negocio para los productores de estas diversiones “sanas”.
Tomo café desde hace más de treinta años. Más de dos veces intenté renunciar a este vicio absurdo y fracasé siempre, pero ahora, desde hace unos dos meses o más, puedo pasar el día entero sin tomar café, puedo pasar tres días sin tomar café como primera bebida de la mañana.
La cita que me convenció de que se puede renunciar a cualquier droga fue esta:
La dependencia psíquica se relaciona con las propiedades reforzadoras de los opioides: positivas al principio (los efectos placenteros), negativas después (evitar la aparición del síndrome de abstinencia). La influencia del ritual de la inyección de la morfina desempeña un papel fundamental en la dependencia psíquica del adicto. Algunos lo llaman el “hábito de la aguja”, aunque en animales se ha visto que no sólo el piquete participa en el efecto. Dos interesantes experimentos nos ofrecen las pruebas.
En uno de ellos se investigaba el efecto de un antagonista de narcóticos el cual se administraba a todos los sujetos. A éstos se les dividió en tres grupos: uno de ellos se inyectaba una solución salina, otro de ellos se administraba una dosis baja de morfina, y el otro grupo se inyectaba una dosis elevada. Para hacer que los voluntarios se sintieran en confianza se trataron de recrear las condiciones de la administración habitual, en la que el adicto se inyectaba la droga en el baño. Así, se acondicionó un baño donde los morfinómanos, usando su propio equipo y ritual, se inyectaban una de las tres soluciones.
Al principio todos ellos reportaban efectos placenteros, a pesar de estar bajo los efectos del antagonista. Fue sólo después de tres a cinco sesiones cuando empezaron los reportes subjetivos de ausencia de efectos. Un sujeto, sin embargo, mostraba los efectos típicos de los opiáceos, ¡incluyendo la característica constricción pupilar! hasta la sesión 26, a pesar de que pertenecía al grupo que se inyectaba solución salina. Estos experimentos demostraban que el cerebro es capaz de reproducir cualquier estado producido por drogas, en ausencia de ellas. El dicho: “Nos ponemos como queremos”, tendría que ver con ello, y se aplicaría también a cualquier estado de ánimo.
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sábado, 27 de agosto de 2016

Un local lleno de maricones

En el barrio francés hay unos cuantos bares de maricones que por las noches están tan abarrotados que muchas locas tienen que quedarse en la acera. Un local lleno de maricones es algo que me horroriza. Van espasmódicamente  de un lado para otro como marionetas que colgasen de cuerdas invisibles, con una hiperactividad postiza que es la negación de lo vivo y de lo espontáneo. El ser humano vivo abandonó sus cuerpos hace muchísimo tiempo. Pero algo penetró en ellos cuando los dejó su inquilino originario. Los maricones son muñecos de ventrilocuo que se introdujeron en el cuerpo de su creador y usurparon su personalidad. Se sientan en un bar de locas con su cerveza en la mano y parlotean incansablemente moviendo sólo la boca mientras el resto de su cara de muñeco permanece rígido.
De vez en cuando pueden encontrarse personalidades intactas en esos bares, pero los que imponen su estilo son los maricones, y entrar en esos locales siempre acaba por deprimirme.
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Síndrome de abstinencia

Ver a Doolie con el síndrome de abstinencia era algo terrible. La envoltura de su personalidad había desaparecido, disuelta por las células hambrientas de droga. Vísceras y células, galvanizadas por una repugnante actividad, como la de una larva de insecto tratando de romper su capullo, parecían a punto de salir a la superficie. Su cara estaba borrosa. Era realmente irreconocible al mismo tiempo hundida y tumefacta.
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martes, 31 de mayo de 2016

Treinta y seis frases célebres

Desde hace cuatro meses mis conversaciones con Juan Lozano son meritorias y  la humanidad pierde no poco al privarse del privilegio de oírnos hablar. Como la vida suele ser generosa no hablamos sólo cara a cara sino que también nos comunicamos por escrito. Las frases maravillosas que compartiré a continuación forman parte de una conversación reciente, más exactamente del 12 de mayo de 2016, hace apenas dos días. Como somos pensadores y sabios nos comunicamos a través de sentencias, como somos seres influyentes y con ideas fuertes no importa quién dijo qué ni en qué contexto.
Sin intentar imitar a Cioran ni a Nietzsche somos sabios pontificando.
Con ustedes las sentencias de dos pensadores de nuestro tiempo:
  1.  Me he acostumbrado mucho a leer en PDF. Y fragmentos de cosas. Qué mal.
  2. El PDF no es muy recomendable porque la lectura es superficial. Se leen con juicio las primeras cinco páginas. Eso dicen los expertos. Yo sigo prefiriendo los libros impresos.
  3. Bayly es una perra del establecimiento. Es una gorda pastillera individualista.
  4. Eso de publicar las intimidades de los demás, ser el portavoz de eso me parece algo cuando mínimo muy fuerte. A mí me siguen gustando las abstracciones.
  5. Bayly es muy bueno en medio de su mediocridad. Nadie es tan valiente, ni siquiera Vallejo.
  6. Ahora está mejor de salud. La esposa es como la esposa de Bukowski. Lo cuida mucho.
  7. A todo viejo le gusta la juventud. A mí me gustan hasta las de 15. Soy un enfermo.
  8. A mí siempre me han gustado los niños.
  9. Lo mejor es morir joven. La vejez está sobrevalorada. Siempre se tienen que inventar misticismo y bobadas para justificar la vejez.
  10. No tengo nada contra los viejos y me gusta hablar con ellos.
  11. A mí me gusta vivir bien, evitar el dolor, pero no me gusta guardarme tanto. Me gusta lo del presente, como lo del orientalismo rebajado.
  12. En los 60s por la alta ingestión de LSD se desarrolló el género de la ciencia ficción.
  13. Me quedan pocas neuronas. Pero tengo conexiones extrañas que me dan cierta lucidez. Soy un robot buena gente y tierno.
  14. Con LSD sentí conversaciones distintas al mismo tiempo con la misma persona. Como universos paralelos. Una conversación del futuro en el presente.
  15. Creo en la teoría M un poco, eso de que el tiempo es un círculo plano. Los universos paralelos. Como si al lado de esta pantalla hubiera otra con lo que vamos a escribir en un rato.
  16. Es una experiencia muy loca con la tierra. Sentí como que dialogaba con un árbol. Y veía pentagramas. Me sentía muy iluminado. Luego la música se escuchaba de verdad en estéreo.
  17. Me pasa que he rechazado sexo con mujeres y cuando tengo necesidades sexuales ya ellas no quieren. Es la maldita ley de Murphy o lo que sea.
  18. Somos como Sísifo, sí. Llevando una puta bola hasta el fin. Malditos dioses.
  19. Yo no he fantaseado con ser prostituta sino puta. La plata me parece indigna, creo que el sexo tiene que ser gratis.
  20. No se debe cobrar por algo que es placentero para las dos partes.
  21. Es la idea de que si se puede cobrar por hacerlo es mejor cobrar. Se goza y se gana. Un buen negocio.
  22. No me gusta sobar mi carne con todo el mundo.
  23. A mí me da pesar con las putas y con los que tienen que pagar.
  24. Las chicas de ahora saben mucho. Ya no se dejan tramar tan fácil.
  25. Soy un viejo sacerdote en un cuerpo más o menos joven.
  26. El porno de profesoras con gafas es bueno.
  27. La crueldad humana a nivel lúdico es muy divertida y placentera.
  28. La idea de volverse loco haciendo un drama y luego recapacitar y reír.
  29. El sexo después de las peleas es muy bueno. Salvaje.
  30. Siempre es bueno el sexo.
  31. Hágales la propuesta. Por mucho le dicen que no.
  32. No me conviene comprar cereales. Me acabé dos cajas en tres días.
  33. Tuve un mozo al que quise mucho. Duramos un año.
  34. El estudio no sirve para nada. La mayoría de la gente termina casada, gorda, con hijos y no leen nada. Trabajan por la plata.
  35. Lo del orientalismo rebajado me tiene entusiasmada.
  36. Podríamos ser dos detectives de homicidios. Siempre dialogan en el carro.

viernes, 17 de julio de 2015

Drogas y narcotráfico en Colombia

"La mentalidad prohibicionista ha progresado, hasta el punto, que decir la verdad sobre las drogas parece peligroso y subversivo" (Oriol Romani).
Las cifras del Banco Mundial parecen darles la razón a los antiguos seguidores del islam, quienes preferían la embriaguez del opio a la del alcohol porque éste les generaba descoordinación, halitosis y agresividad.
Las drogas por sí mismas no pueden considerarse dañinas, pues a lo largo de la historia le han proporcionado bienestar al ser humano al aliviarle el dolor físico o psíquico y al permitirle la comunicación con sus dioses.
Los drogadictos son aquellos que se hacen dependientes de cualquier tipo de droga, así ella sea legal. También pueden ser adictos los que consumen pastas tranquilizantes, alcohol o cerveza.
El 85% de los casos de drogadictos que se reciben en el Instituto Luis Amigó -la entidad con mayor experiencia en drogadicción en Colombia- provienen de hogares con padres ausentes o con una figura paterna débil.
En Colombia hay quienes dices que la sustitución de cultivos va muy bien; se ha tumbado mucho café y se ha sembrado mucha amapola. Y aunque parece un mal chiste, esto tiene mucho de verdad.
El derroche de dinero y fuerza, el consumo fastuoso y el ritual religioso son mecanismos de reafirmación personal y colectiva de quienes vienen del mundo de los excluidos.
Tanto las familias con una autoridad vertical, donde todo se soluciona con gritos y con rejo, como las familias con una autoridad horizontal, donde no hay normas ni ley, tienen propensión a generar adictos.
"Lo de la droga es a la vez dos cosas: un negocio -el mejor del mundo- y una cruzada -la más moral del mundo-. Pero el negocio es bueno porque existe la cruzada; si no hubiera cruzada el negocio se derrumbaría" (Antonio Caballero).
De cada cien personas que ingresan a urgencias por lesiones personales, 42 han consumido alcohol y 23 han consumido cocaína. Y de cada cien personas que fallecen por causa de la violencia, 34 han consumido bebidas alcohólicas y diez han consumido cocaína.
Es una cultura donde la fuerza se transforma en instrumento de honor, en instrumento de una noción de justicia donde sólo la sangre venga la sangre. En este caso, la versión social no concibe que sus héroes sean calificados como simples delincuentes.
"Un colombiano casi no se reconoce en otro si no media una larga serie de comprobaciones de tipo étnico, económico, político, social y familiar; si no se hace una pormenorizada exploración acerca del sitio donde trabaja, del barrio en que vive, la ropa que usa y la gente que conoce" (William Ospina).
El hombre tiene hoy mil drogas toleradas por la sociedad, otras prohibidas y se inventará otras más para enfrentar su ansiedad, o alcanzar el equilibrio o la lucidez para mirar el caos desde los fármacos, la televisión, el alcohol, el tabaco, el café, el poder, la gula, la Coca-Cola, la heroína, el hachís, la cocaína...
El hombre moderno enfrenta un enorme dilema: "Como el pez que muere de sed en el agua", muere de soledad y de la impotencia que le produce estar lejos del poder y del dinero, o de los supuestos ideales de éxito, quiere alucinar un paraíso perdido. No habrá entonces poder ni ley que le impida evadirse.
Francisco de Roux plantea tres desafíos para que Colombia deje de ser tierra fértil para el negocio de las drogas: crear una sociedad civil y una ética civil, lograr la paz política (con sus componentes de derechos humanos y humanitarios), e incorporar a los pobladores a los circuitos de la economía formal.
En la cosmovisión de los narcotraficantes, la religión católica es funcional a sus prácticas de vida. Son personas que veneran a la virgen pero consideran la venganza como la única justicia auténtica. Ejercen una violencia guiada por el instinto, desprovista del sentido de las proporciones y de racionalidad política, y entrelazadas con añejos conflictos familiares o con los ancestrales conflictos de la vida nacional.
En el fondo del asunto existe un factor estructural: Colombia es un país donde los campesinos no tienen acceso a la tierra. La estructura tradicional de la tenencia de la tierra, basada en grandes latifundios, se ha conservado, aunque con una pequeña diferencia: la tierra ha cambiado de dueños. Hoy, buena parte de las sabanas productivas ha pasado a ser propiedad de narcotraficantes.
"Todos los hombres, en todos los momentos y bajo todas las latitudes se entregan a la droga. Esta conducta, entre muchas otras, nos distingue de las criaturas del reino animal. Aquellos seres extraordinarios que saben o pueden vivir son las drogas los denominamos según nuestras culturas, sabios, justos y santos" (Michel Serres).
"No se les debe a las sustancias embriagadoras la ganancia inmediata del placer, sino una cuota de independencia, ardientemente anhelada, respecto al mundo exterior. Bien se sabe que con los quitapenas es posible sustraerse en cualquier momento de la presión de la realidad y refugiarse en un mundo propio que ofrece mejores condiciones para las sensaciones. Es notorio que esa propiedad de los medios embriagadores determina justamente su carácter peligroso y dañino" (Freud).
La carencia de una subjetividad autónoma permite que el medio presione al consumo al generar curiosidad. Los grupos empujan al "sano" para que consuma droga, para probar finura o para que tenga las mismas sensaciones. Este proceso, que se inicia generalmente con drogas blandas, como la marihuana, termina en muchas ocasiones con la utilización de drogas más fuertes.
La curiosidad sobre las drogas se fomenta, contradictoriamente, tanto con los mensajes que satanizan el consumo como con los que lo glorifican ocultando los efectos perversos. Según Alesandro Baratta, en muchos casos las intervenciones preventivas, basadas en el estereotipo negativo de la droga y sus consecuencias, centradas en lo simbólico sobre el entorno criminal en vez de centrarse en propuestas afirmativas, resultan ser contrapoducentes.
En el mundo contemporáneo se destacan la influencia del estrés, la soledad, las instauración del consumismo como paradigma de éxito o felicidad, el deterioro de la calidad de vida y la violencia como factores que inducen al consumo de psicoactivos. Esto se constata especialmente en el crecimiento del consumo de tranquilizantes entre las mujeres y de alcohol en diferentes segmentos de la población.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica las drogas psicoactivas según su peligrosidad, en el siguiente orden: grupo uno: opio y derivados (heroína, morfina, metadona, cadeína, oxicodona); grupo dos: alcohol y barbitúricos; grupo tres: coca-cocaína, anfetaminas; grupo cuatro: cannabis (marihuana, LSD, mescalina).
"Ustedes no pueden impedir a los espíritus hallarse predestinados para el envenenamiento, de cualquier clase que él sea: intoxicación de morfina, intoxicación de lectura, intoxicación de soledad, intoxicación de onanismo, intoxicación de repetidos coitos, intoxicación de arraigada flaqueza del alma, intoxicación de alcohol, intoxicación de tabaco, intoxicación de antisociabilidad. Hay almas incurables y perdidas para el resto de la sociedad. Si ustedes les arrebatan un instrumentos de locura ellos inventarán diez mil más. Ellos encontrarán medios más sutiles, más furiosos, absolutamente desesperados" (Antonin Artaud)
Las potencias coloniales intentaron sembrar coca en sus tierra y controlar el mercado, pero para su desgracia el cultivo del arbusto no prosperó por fuera de los Andes americanos. La casa Merck de Europa y la Parke-Davis de Estados Unidos producción emulsiones de coca y opio y la mercadeaban con estos anuncios: "No pierda el tiempo, sea feliz; si se siente pesimista, abatido, solicite cocaína". "Fortifique y refresque el cuerpo y el cerebro".
El discurso sobre las drogas se ha traspasado, a lo largo del tiempo, de una sustancia a otra, borrando en cada momento los matices de la realidad. La visión homogeneizante impide ver la diferencia radical que existe entre los consumidores: un mama arhuaco que encuentra en el mambeo un camino a la sabiduría, un yuppie deseoso de eficiencia que mete compulsivamente cocaína, un indígena embera que consume chicha para una sesión de sanación, un asesino que se da en la cabeza con roches, una mujer triste que busca en los antidepresivos un aliento para su alma, un consumidor de basuco que ha soplado todo su patrimonio, un marihuanero expulsado de la universidad, un indígena que no abandona su botella de aguardiente Platino, un intelectual vencido por el alcohol.
El país se modernizó en lo económico sin ingresar a la modernidad política, sin que se abrieran las compuertas hacia la secularización, donde las funciones del Estado y la Iglesia están separadas, y sin asumir la pluralidad como esencia de lo democrático. Nuestra historia presenta altas dosis de enfrentamiento y escasa deliberación, sobredosis de represión y ausencia de capacidad normativa del Estado, mucho de moralismo y poco de ética, superávit de negaciones culturales y déficit en la conformación de un espíritu nacional que incluya lo diverso.
"Sin compartir completamente la doctrina socrática de que el único mal que aqueja al hombre es la ignorancia, porque cuando conocemos la verdad conocemos el bien y cuando conocemos el bien no podemos menos que seguirlo, sí es preciso admitir que el conocimiento es un presupuesto esencial de la libre elección y si la elección, cualquier que ella sea, tiene esa connotación, no hay alternativa distinta que respetarla, siempre que satisfaga las condiciones que a través de esta sentencia varias veces he indicado, a saber: que no resulte atentatoria la órbita de la libertad de los demás y que. por ende, si se juzga dañina, sólo afecte a quien libremente la tome" (Carlos Gaviria).
Alonso Salazár J. Drogas y narcotráfico en Colombia. Bogotá: Planeta. 2001. 198 páginas.