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sábado, 12 de noviembre de 2016

El cerebro y el mito del yo

Una neurona es, entre otras cosas una pila eléctrica y, como tal, genera un voltaje.
Somos básicamente máquinas de soñar que construyen modelos virtuales del mundo real.
Lo que hemos dado en llamar pensamiento es la interiorización evolutiva del movimiento.
El movimiento sin objetivo no sólo es un gasto inútil, sino que puede ser muy peligroso.
¿Cómo se efectúa esta interiorización de la motricidad cuando adentro nada se mueve?
El control cerebral del movimiento organizado dio origen a la generación y naturaleza de la mente.
Las plantas no se mueven activamente y no necesitan cerebro: su sobrevivencia no depende de la anticipación.
La gran desventaja de la homogeneidad es que disminuye la variación, la cual es la clave de la supervivencia.
Las emociones representan la plataforma premotora que impulsa o que frena la mayoría de nuestras acciones.
A pesar de que el corazón late por sí mismo, el sistema nervioso también modula la periodicidad de este ritmo intrínseco, como en el caso de estar aterrorizado.
Algunos estudiosos señalan que el hecho de no poder determinar directamente si lo animales tienen sentimientos subjetivos (cualias) implica que no los tienen.
Si el problema de caminar se dejara en manos de las propiedades intrínsecas de nuestros músculos propiamente dichos, no llegaríamos ni a la esquina de la casa.
No parece que los computadores de hoy en día estén listos para tener una mente, pero ello puede deberse más a limitaciones del diseño arquitectónico que a limitaciones teóricas para crear mentes artificiales.
Dada la naturaleza del sistema tálamo-cortical, la entrada sensorial del mundo externo sólo adquiere significado merced a la disposición funcional preexistente del cerebro en un momento dado, es decir, merced a su contexto interno.
La relación entre los estados emocionales y las acciones –y, por supuesto, la motricidad misma- es de suma importancia, pues, bajo circunstancias normales, los estados emocionales son disparadores de la acción y de su contexto interno.
A pesar del saludable respeto que tengo hacia la evolución, he llegado a creer que ésta puede explicarse básicamente como un producto de la Ley Universal de la Pereza. Esta ley ordena la comodidad y la utilidad: la vía de la menor resistencia.
Aunque nos resulte molesto, el hecho es que el “sí mismo” es fundamentalmente tan sólo una estructura funcional útil, generada por parte del sistema nervioso para centralizar y por tanto para coordinar sus propiedades predictivas.
Las cuestiones concernientes a la función de la mente se rigen por las mismas reglas biológicas que resultaron en la evolución del sistema nervioso, a saber, el desarrollo evolutivo por ensayo y error por parte de la selección natural, tanto en células singulares como en el animal como un sistema completo.
Si se coloca un electrodo de estimulación en el haz medial telencefálico de la rata, el centro de placer del cerebro, y se permite al animal activar esta área presionando una palanca conectada eléctricamente, la rata dejará de comer, de dormir y de beber para mantenerse en un estado de perpetua felicidad. Y se mantendrá así hasta morir.
Una vez evolucionadas, las neuronas constituyen la estructura central de todos los cerebros en todas las formas animales: transmiten información, construyen, soportan y memorizan el mundo interno –mundo compuesto de neuronas que simula la realidad externa apropiándose de sus principios operativos, para después volver a introducir en el mundo exterior el producto de la cognición por medio de los movimientos que denominamos conducta.
El cerebro es básicamente cerrado en su naturaleza y operación, escapa completamente al examen directo de los sentidos, no lo vemos ni oímos, no lo sentimos palpitar, no se mueve en ninguna dirección, no siente dolor si lo golpeamos. Más aún, parece muy distante de su asiento corporal como cuando nos compadecemos del dolor ajeno u observamos admirados el universo.
El placer debe tasarse y no inhalarse demasiado profundamente. Idealmente el placer no es un “fin en sí mismo”, sino el medio para un fin. Si llegamos a un tipo de conciencia colectiva, podría ser una conciencia peligrosamente narcisista, una conciencia que precipitara la desintegración de la sociedad, ya de por sí debilitada por el clima ominosamente anti-intelectual en el cual vivimos.
¿Es la ”mente” una propiedad únicamente biológica o es en realidad una propiedad física, que en teoría podría ser soportada por una arquitectura no biológica? En otras palabras, ¿hay alguna duda de que la biología sea diferente de la física? El conocimiento científico acumulado en los últimos 100 años sugiere que la biología, con todo y su sorprendente complejidad, no difiere de los sistemas sujetos a las leyes de la física. Por tanto, sería posible generar la conciencia con base en un organismo físico, que fue lo que ocurrió en nuestro caso, y al cual llamamos “un sistema biológico”.
El cerebro debe reconstruir el mundo externo como una película o un sueño continuo, en permanente discurrir. Para ello debe anticipar o prever constantemente, operando y orientando su foco de manera discontinua, pero integrando todo lo anterior mediante una actividad en saltos, en intervalos discretos de tiempo. En otras palabras, la predicción impulsa la reorganización de foco de manera rápida y evanescente.
Teóricamente se comprende que el sistema nervioso puede diseñar dos tipos generales de estrategia. En la primera dejaría el sistema en completa libertad y en la segunda lo dotaría de un mecanismo intrínseco que reduzca el número de tales elecciones. Por libre entiendo que si una gacela ve llegar a un tigre, puede decidir correr brincando de la manera esperada, o con sólo tres de sus cuatro patas o con dos patas hacia adelante y dos hacia atrás. El problema de una acción completamente libre, con posibilidades infinitas, es que resultaría muy costoso para el sistema. Por ser hipercompleto, necesita un mecanismo eficiente que reduzca sus grados de libertad, ya que sus elecciones son verdaderamente críticas. No sólo sería ineficiente, sino potencialmente letal pasar demasiado tiempo deliberando cómo escapar del tigre. Un sistema que implemente inadecuadamente la fuga, como sería, por ejemplo, intentar primero movimientos natatorios entando en la tierra, llevaría a la muerte.
El cerebro y el mito del yo. Rodolfo Llinás. Bogotá. Norma. 2002. 360 páginas.

Franciso Bacon. Retrato de una pesadilla

No podía vivir sin la decadencia de las grandes ciudades. . El campo le producía horror, decía que no soportaba “despertar con todas esas cosas cantando afuera”. (Felipe Restrepo).
Aunque ya había pasado los cuarenta cuando conocí a Peter, me di cuenta de que nunca antes me había enamorado. Por supuesto, desde el inicio fue un desastre: estar enamorado de esa forma tan extrema -total y físicamente obsesionado- es como tener una enfermedad espantosa (Francis Bacon).
Soy idiota, pero soy curioso y brillante. No me importa nada y no creo en nada. Nada. Sólo existe mi brillantez y la brillantez de la vida (Francis Bacon).
Francis y yo nos encontramos situados en polos opuestos del espectro. A él le gustan los camioneros de mediana edad, y yo prefiero a los jovencitos. El se mofa de la inmortalidad y para mí es lo único que importa. Aunque claro que estamos relacionados por a morbosidad de nuestros temas (William Burroughs).
Desde luego Bacon siempre fue un ateo y sostenía que toda creencia religiosa no era más que una ilusión autoprotectora y dentro de su visión de mundo, en donde el azar era lo más importante, no había espacios para ningún Dios.
No creo en nada, pero siempre me alegra despertarme por las mañanas. No me deprime. Nunca estoy deprimido. Sé que es una locura, porque es un optimismo sobre nada. Creo que la vida no tiene sentido y sin embargo me excita. Siempre creo que va a suceder algo maravilloso (Francis Bacon).
El crítico Grey Gowrie dijo que Bacon y Eliot comparten “el mismo sentimiento de una civilización que atraviesa una depresión nerviosa” (Felipe Restrepo).
Una vez en Londres, el funeral de Dyder fue emotivo. A lo largo de la toda la ceremonia, Bacon mantuvo la misma actitud que le habían criticado tanto: no mostró ni un poco de tristeza y más bien parecía mirar todo con cierto sarcasmo (Felipe Restrepo).
A pesar de que sus cuadro se vendían en miles de libras, Bacon siempre mantuvo un estilo de vida austero. Aparte de algunas extravagancias -como las apuestas y las fiestas alocadas- no dejó que el dinero le cambiara la vida: nunca quiso tener lujos ni un estilo de vida burgués. Decía que, al igual que Picasso, quería “ser lo suficientemente rico para vivir pobremente”. Y la prueba es que, aunque comía en los mejores restaurantes de Londres, sostenía que su comida favorita era un huevo hervido (Felipe Restrepo).
Mi vida ha sido un desastre. Todos los que he amado están muertos. O se mataron con el alcohol o se suicidaron. No sé por qué atraigo a este tipo de personas, pero no hay nada que pueda hacer al respecto (Francis Bacon).
Siempre pretendí expresar las cosas del modo más directo y crudo posible, y puede que, si una cosa llega directamente, la gente sienta que es horrible. Porque si dices algo muy directamente a alguien, aunque sea un hecho, el otro suele ofenderse (Francis Bacon).
Creo que el arte es una obsesión de vida y, después de todo, dado que somos seres humanos, nuestra mayor obsesión somos nosotros mismos, aunque detesto mi propia cara y he hecho autorretratos porque no podía pintar a otros (Francis Bacon).
La mirada de Bacon se posa sobre el rostro como una mano brutal, intentando apoderarse de su esencia, de ese diamante oculto en las profundidades. Es cierto que no estamos seguros de que las profundidades encierren realmente algo. Pero, como quiera que sea, en cada uno de nosotros está ese gesto brutal, ese movimiento de la mano de arruga el rostro del otro, con la esperanza de encontrar en él o detrás de él, algo que se ha escondido allí (Milan Kundera).
A finales de los setenta le informaron que el Palacio de Bukhingham quería nombrarlo caballero del Imperio Británico, pero él declinó el honor y dijo en broma que ya era suficiente con un Sr Francis Bacon (Felipe Restrepo).
Tengo siempre conciencia de mi condición mortal. Y odio esa condición: no quisiera morirme nunca (Francis Bacon).
La violencia de los cuadros elegidos le dio la razón a los comunistas más conservadores. Para ellos ésta era la prueba de la decadencia del capitalismo y de Europa en general. Algunos extremistas llegaron a decir que el pintor era un pervertido, que estaba poseído por el demonio o que sufría de alguna enfermedad psiquiátrica. Un médico incluso escribió un artículo en el que explicaba que la manera de pintar de Bacon se debía a una grave lesión cerebral (Felipe Restrepo).
Deleuze sostenía que Bacon había creado una forma de pintura en la que sus figuras estaban vaciadas de todo sentido, en las que la sensación lo era todo (Felipe Restrepo).
Francis Bacon. Retrato de una pesadilla. Felipe Restrepo Pombo. Bogotá: Panamericana. 2006. 124 páginas.

Imagen

El estilo es un asunto sencillo

El estilo es un asunto sencillo; todo es ritmo. En cuanto lo comprendes, no puedes equivocarte de palabras. Aunque por otra parte aquí estoy, después de media mañana, llena de ideas y visiones y cosas así, pero incapaz de verterlas por falta del ritmo adecuado. Esto sobre la esencia del ritmo es muy profundo y va mucho más allá de las palabras. Una visión, una emoción, crean esta ola en la cabeza mucho antes de que surjan las palabras apropiadas. Y al escribir (esto es lo que creo ahora) uno tiene que recapturar esto y asentar este funcionamiento (que aparentemente no tiene nada que ver con las palabras), de modo que después, cuando se fragmenta y rueda por la cabeza, crea las palabras adecuadas.
Virginia Woolf a Vita Sackville-West.

Tres citas sobre el cerebro

La realidad es sólo una ilusión, pero una ilusión muy persistente.
Einstein
El cerebro está acostumbrado a asociar la visión del fuego cerca de la piel con la sensación de quemado, o la imagen de un cristal que cae, a un gran ruido. En el experimento los engañamos: la estimulación táctil del cuerpo real se sincroniza con la estimulación visual del cuerpo virtual. El cerebro intenta arreglar la incoherencia y acaba diciéndonos que nuestro cuerpo está allí donde se encuentra la imagen virtual.
Ehrsson
Si la tecnología de la conciencia se desarrolla suficientemente, se podría colocar a una persona en un entorno virtual y engañar a su cerebro hasta el punto de hacerle creer que su auténtica realidad es aquella y que su cuerpo real es el cuerpo que siente en el mundo virtual… la vuelta al mundo real podría ser muy impactante: una experiencia de este tipo conferiría una percepción muy clara de un hecho que normalmente tendemos a ignorar: que el mismo mundo real, la misma sensación que percibimos cada día de tener una identidad y estar en un cuerpo, no es nada más que una creación del cerebro, tan arbitraria y manipulable como la del mundo virtual. Incluso podríamos ser cerebros conservados en formol y nuestra conciencia, el resultado de una sencilla estimulación externa.
Metzinger

Cartas poéticas e íntimas

Me podría decir qué es el hogar.
El Hoy hace que el Ayer signifique.
El corazón sigue sollozando en su sueño.
La vida es para dos. Nunca para un comité.
El dolor que merece la pena no se va tan rápido.
Cada uno que perdemos se lleva una parte de nosotros.
La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.
Nunca intenté levantar las palabras que no puedo sostener.
El temor – como el Morirse, dilata la confianza o la impone.
Llévate tu corazón y tus rizos, y nada más excepto tus dedos.
Las candilejas no pueden mejorar la tumba, sólo la inmortalidad.
Extraño que yo, que tanto digo “no”, no pueda soportarlo de otros.
“A una hora en que tú no piensas” significa algo cuando lo pruebas.
Un Hoyuelo en la Tumba Convierte esa feroz Habitación En un Hogar –
El amor de Dios puede ser enseñado para que no parezcamos osos.
Sólo se conoce lo que se pierde. Sólo se posee lo que se destruye.
La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo.
Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para turbar a nadie.
Para un Emigrante, es País es ocioso a no ser que sea el suyo propio.
Laboro para deshacerme del espanto, pero el espanto impulsa la labor.
La vida es una muerte que prolongamos; la muerte es el gozne de la vida.
No recibo cartas de los muertos, y sin embargo, cada día los quiero más.
No sabemos dónde se encuentra, aunque sean tantos los que nos lo dicen.
Ya te quieren. Sé simplemente la doncella que eres para mí y te querrán más.
Tenemos que tener cuidado con lo que decimos. Ningún pájaro vuelve al huevo.
No ha sucedido nada sino la soledad, acaso demasiado cotidiana como para relatarla.
El Cielo ronda tenazmente a aquellos que lo encuentran aquí abajo, y los arrebata.
Siempre hay una cosa por la que estar agradecido -y es que uno sea uno mismo y no otro.
El éxtasis lo encuentro en el vivir, la mera sensación de estar viviendo es suficiente gozo.
Es reconfortante reconocer que somos provisionales permanentes, aunque nada más sepamos.
La vida está construida de tal manera que el acontecimiento no puede igualar a las expectativas.
Vivir es tan asombroso que apenas deja espacio para otras ocupaciones, aunque los Amigos son, si cabe, un acontecimiento más hermoso.
Uno aprende, cuando se hace viejo, que ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable, como lo sería la simple verdad.
Su pensamiento es tan solemne y cautivador que le deja a uno más fuerte y mas débil también, a Sanción de la Dicha.
La mayor parte de nuestros Momentos son Momentos del Prólogo. “Siete Semanas” es una larga vida – si se viven del todo.
La idea de que algún día miremos hacia abajo, y veamos los pasos torcidos que hemos dado, desde un lugar más seguro, debe ser algo precioso.
Cada día la vida parece más poderosa, y puesto que tenemos el poder de existir, más asombrosa.
Me alegra que mi niñita esté tranquila. La calma es un lugar profundo. A algunos, demasiado débiles para empujar, los asisten los ángeles.
Ninguna parte de la mente es permanente. Esto desconcierta a los felices pero ayuda a los tristes.
Oigo petirrojos a lo lejos y carretas a lo lejos y ríos a lo lejos, y todo se me aparece como apresurándose hacia algún sitio no desvelado para mí.
Hasta que el primer amigo muere, creemos impersonal el éxtasis, pero luego descubrimos que él era la copa de la que bebíamos, siendo ella misma aún desconocida.
Mi gato ideal tiene siempre una enorme rata en su boca, al tiempo que desaparece a la vista – aunque al desaparecer de la vista tiene en sí mismo un peculiar encanto.
Cómo vive la mayor parte de la gente sin pensamientos. Hay mucha gente en el mundo (usted lo debe haber notado en la calle). Cómo viven. Cómo sacan fuerzas para vertirse por las mañanas.
El genio es la ignición del cariño -no del intelecto, como se supone- la exaltación de la devoción, y en proporción a nuestra capacidad para eso, es nuestra experiencia del genio.
Madre estaba hermosa cuando murió. Los serafines son artistas solemnes. La iluminación que no viene sino una sola vez, se posó sobre sus facciones y parecía como esconder un cuadro al ponerla en la tumba.
Sueño con mi padre todas las noches, siempre un sueño diferente, y olvido lo que hago durante el día, preguntándome dónde estará. Sin nadie, continúo pensando. ¿Cómo puede ser eso?
Una carta la siento siempre como la inmortalidad, porque es la mente sola sin el amigo corporal. Deudores en nuestra conversación de la actitud y del acento, parece que hay un poder espectral en el pensamiento que camina solo.
Cuando frecuentaba el Bosque de Pequeña, me decían que una Serpiente podría picarme, que podría coger una flor venenosa o que los Duendes me podrían raptar, pero continué yendo y no encontré sino Ángeles, mucho más tímidos ante mí de lo que yo pudiera sentirme ante ellos.
Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Esta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?
Emily Dickinson. Cartas poéticas e íntimas (1859-1886). Barcelona: Grijalbo. 1996. 244 páginas.

Reflexiones de Borges

Hubo una época en que un rey, por ejemplo, podía ser inocentemente cruel; no tenía necesidad de justificarse. Tal vez hoy se actúa mal pero se siente la necesidad de hacer creer a los otros , y lo que es más importante, se hacerse creer a sí mismo, que se ha actuado bien. Hemos llegado a una mejor etapa, la etapa de la mentira y la hipocresía. Y eso es mucho. Vivimos en el tiempo, vivimos en la sucesión.
Puesto que la felicidad no es más que un estado pasajero que no presagia nada nuevo, lo que hay que buscar es menos la felicidad que la serenidad. Para mí la serenidad, y quizas la felicidad, se encuentran más fácilmente en la lectura y en la reflexión que en las otras cosas de este mundo.
La literatura es mi único destino y trato de cumplirlo lo mejor que puedo. Para mí, la literatura es más verdad que muchas otras cosas, más verdad que circunstancias de mi propia vida.
Cuando tenía treinta años creía no haber vivido. En esa época no sospechaba todavía que era imposible no vivir. A los treinta años comprendí el error de pensar que la lectura y al meditación pertenecen menos a la vida que otras ocupaciones del hombre. En el presente creo que la meditación, el estudio, la pedagogía, el ocio, el sueño y el soñar son tan reales o irreales como las cosas de la vida de los hombres que llevan una vida “activa”: todo es real, todo está vivo.
Si podemos concebir las cosas tal vez podamos realizarlas. Pienso que la imaginación puede cumplir una misión profética: se comienza por imaginar las cosas y después éstas llegan.
Estoy seguro de que Jesús no pensé nunca en fundar una religión. Pienso que le habría sorprendido si le hubieran hablado de la religión cristiana. El era judío y se sentía como los otros.
Hay muchos autores jóvenes -y yo era uno de esos hace tiempo- que escriben pensando menos en la literatura que en la historia de la literatura, en su lugar en la historia de la literatura. Piensan: “Soy argentino, escribo en 1969, después de dos guerras mundiales, después de una dictadura, etc. ¿Qué suerte de poemas debo escribir, quién convendrá con ese carácter abstracto que acabo de crear?”.
La muerte me inquieta muy poco. Ya que estamos entre amigos puedo decirle que hay una sola cosa de la que tengo miedo, es la eventualidad de no morir.
Si las cosas no van tan bien aquí. quizá vayan mejor en otro lugar o, lo cual sería mejor, quizá no haya nada en absoluto. Eso sería perfecto.
Sería triste para mí, después de mi muerte, pensar que en la Tierra me llamaba Borges, que publiqué algunos libros, que venía de una familia de militares… prefiero olvidar todo eso, al igual que prefiero olvidar la época en que estaba en el vientre de mi madre. Estoy un poco fatigado de ser Borges, y después de mi muerte seré tal vez alguien, tal vez nadie, pero espero no ser Borges.

domingo, 4 de octubre de 2015

La música más dulce

El verdadero arte jamás queda petrificado, sino que fluye constantemente. La música más dulce no es la del oratorio, sino la de la voz humana cuando habla desde su instante vital con tonos de ternura, verdad y valor.
Emerson

La mirada espontánea

Nuestra mejor acción es la espontánea. Ni tus deliberaciones, ni tu meticulosa observación te acercarán tanto a cualquier cuestión como lo hará tu mirada espontánea.
Emerson

domingo, 9 de agosto de 2015

Mi alma se deshace en una especie de pasta espiritual

Caí en un patético estado de desconexión. A menudo, con los humanos, ya sean buenos o malos, mis sentidos se cansan, simplemente desconectan, me doy por vencido. Soy educado. Asiento con la cabeza. Hago como si comprendiera porque no quiero que nadie se sienta herido. Ese es mi punto débil, el que más problemas me ha causado. Muchas veces, cuando intento ser amable con los demás, lo que consigo es que mi alma se deshaga en una especie de pasta espiritual.
Charles Bukowski

jueves, 23 de julio de 2015

Si Bukowski fuera tuitero

Si quieres saber quiénes son tus amigos, haz que te metan en la cárcel.
Un intelectual dice una cosa simple de un modo complicado; un artista dice una cosa complicada de un modo simple.
El culo es la cara del alma del sexo.
Tan preocupado está mi amigo por desgajar de mis huesos la carne de mi alma que apenas parece pensar en su propia existencia.
Eso es todo lo que hace la gente, juegos de niños. Van del coño a la tumba sin que les roce siquiera el horror de la vida.
Traté de convertirte en mujer pero no eres más que una puta.
Si hubiera nacido mujer hubiera sido prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba mujeres, cuanto más guarras mejor.
Las buenas mujeres me daban miedo porque a veces querían tu alma y lo poco que quedaba de la mía quería conservarlo para mí.
Es por culpa de mi niñez, sabes. Nunca supe lo que era el amor…
Ahora, después de décadas, era un escritor con escritorio. Sí, sentí el temor, el temor de volverme como ellos.
A mí cada vez que alguien me hablaba me entraban ganas de tirarme por la ventana o de escapar en el ascensor.
Si el mundo dura hasta el próximo siglo ahí estaré yo todavía, pero los viejos críticos estarán muertos y olvidados.
Aquella electricidad hedionda que continúa propagando la fealdad de la especie a lo largo de inútiles centurias.
Coge la familia, mézclala con Dios y la nación, añade diez horas de trabajo diario y tienes todo lo que necesitas.
Cuidado con aquellos que buscan constantes multitudes; no son nada solos.
Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo.
Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos.
Nunca sentía soledad; cuanto más separado de la especie humana se encontraba, mejor se sentía.
La gente que cree en la política es como la gente que cree en Dios: soban aire con pajitas torcidas.
El alma libre es rara, pero la identificas fácilmente cuando la ves.
El hombre ha nacido para morir. ¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar.
Por supuesto que es posible amar a un ser humano si no lo conoces demasiado.
Estaba horrorizado con la vida, con lo que un hombre tenía que hacer simplemente para comer, dormir y mantenerse vestido.
Cuando bebía el mundo aún estaba allí afuera, pero por el momento no te tenía agarrado del cuello.
Me levanté y fui hacia el jodido cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice.
Casi siempre lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando, rumiando todo ello.
Yo no analizo jamás, me limito a reaccionar… yo ando con todos mis prejuicios.
Al carajo con la verdad. El estilo es más importante: cómo hacer una por una cada cosita.

Si Nicolás Gómez Dávila fuera tuitero

Gran escritor no es el que carece de defectos, sino el que logra que sus defectos no importen.
La soledad nos enseña a ser intelectualmente más honestos, pero nos induce a ser intelectualmente menos corteses.
Se acostumbra pregonar derechos para poder violar deberes.
No les demos a las opiniones estúpidas el placer de escandalizarnos.
Los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia.
La decisión que no sea un poco demente no merece respeto.
Las influencias no enriquecen sino a los espíritus originales.
El manifiesto firmado por más de tres personas resulta siempre un ejemplo más del mismo tema idiota.
Para renovar no es necesario contradecir, basta profundizar.
La presencia de un imbécil entristece.
Abundan los que se creen enemigos de Dios y sólo alcanzan a serlo del sacristán.
Sólo lo inesperado satisface plenamente.
Los textos reaccionarios les parecen obsoletos a los contemporáneos y de una actualidad sorprendente a la posteridad.
Cada una de las sucesivas ortodoxias de una ciencia le parecen verdad definitiva al discípulo.
Las épocas de liberación sexual reducen a unos pocos gritos espasmódicos las ricas modulaciones de la sensualidad humana.
Sólo la contemplación de lo inmediato nos salva del tedio en este incomprensible universo.
Las soluciones en filosofía son el disfraz de nuevos problemas.
Cierta clase de alusión culta es propia del semi-culto.
Tan sólo el hombre inteligente y el estólido saben ser sedentarios.La mediocridad es inquieta y viaja.
Nada le es tan funesto al arte como el entusiasmo del público.
Las nomenclaturas metafóricas (v. g. cuerpo social — cerebro electrónico— etc.) proveen de soluciones y de enigmas al imbécil.
Indicios de civilización sólo son la claridad, la lucidez, el orden, los buenos modales, de la prosa cotidiana.
La filosofía que se tecnifica no gana en certidumbre, sino en ininteligibilidad.
Del que se dice que “pertenece a su tiempo” sólo se está diciendo que coincide con el mayor número de tontos en ese momento.
El libro que no escandalice un poco al experto no tiene razón de existir.
El reaccionario no es un pensador excéntrico, sino un pensador insobornable.
A la sombra del pintor genial, decenas de pintores de talento pueden crecer; la sombra del gran poeta, en cambio, es letal.
Literatura es todo lo que está escrito con talento.
Al vulgo no se le puede enseñar nada sino deduciéndoselo de sus apetitos, de su codicia, de su miedo.
El buen gusto aprendido resulta de peor gusto que el mal gusto espontáneo.
La lectura de poetas menores seguramente figura entre los suplicios del infierno.
Ideario del hombre moderno: comprar el mayor número de objetos; hacer el mayor número de viajes; copular el mayor número de veces.
Cuidémonos de llamar “aceptar la vida” aceptar sin resistencia lo que degrada.
Proletario consciente en el vocabulario marxista significa pueblo convertido a los ideales burgueses.
Lo que distingue al hombre culto del inculto es su manera de ignorar.
La “explicación” no necesita ser cierta para tranquilizar al tonto.
A la gente no la indigna el error en sí, sino el error,o la verdad, que no estén de moda.
Más que lo que dice, al imbécil lo delata su dicción.
Ya no hay clase alta, ni pueblo; sólo hay plebe pobre y plebe rica.
Las palabras son las verdaderas aventuras del auténtico escritor.
En todo sistema filosófico hay un lugar secreto,donde la rigidez del raciocinio se quiebra, donde la continuidad del pensamiento se rompe.
Los lugares comunes de las letras clásicas fueron los preceptores de Occidente.
En las utopías de una época se originan las matanzas de la siguiente.
Nada inquieta más al incrédulo inteligente que el católico inteligente.
Para ridiculizar basta citar fuera de contexto.
Los credos del incrédulo me dejan atónito.
La aserción breve no debe ser ocurrencia repentina,sino conclusión lacónica.
La pérdida de transparencia es el primer síntoma de decadencia de un idioma.
La perfecta transparencia de un texto es, sin más, una delicia suficiente.
Al repudiar los ritos, el hombre se reduce a animal que copula y come.
El contemporáneo que no admira a los escritores de su tiempo comete algunas injusticias, pero evita un sin número de cómicos errores.
Sólo es transparente el diálogo entre dos solitarios.
Mis convicciones son las mismas que las de la anciana que reza en el rincón de una iglesia.
Marxismo y psico-análisis han sido los dos cepos de la inteligencia moderna.
Más que la estupidez misma lo irritante es un voca bulario científico en su boca.
Nuestras repugnancias espontáneas suelen ser más lúcidas que nuestras convicciones razonadas.
Todo el que se sienta parte de una muchedumbre cualquiera sin incomodarse, debe avergonzarse.

miércoles, 22 de julio de 2015

Todo lo que es profundo ama la máscara

Todo espíritu profundo necesita una máscara: aún más, en torno a todo espíritu profundo va creciendo continuamente una máscara, gracias a la interpretación constantemente falsa, es decir, superficial, de toda palabra, de todo paso, de toda señal de vida que él da.
Friedrich Nietzsche, en Más allá del bien y del mal.Barcelona: Altaya. 1999: 70.

Epilepsia enmascarada

Dondequiera que ha aparecido hasta ahora en la tierra la neurosis religiosa, la encontramos ligada a tres peligrosas prescripciones dietéticas: soledad, ayuno y abstinencia sexual, - pero sin que aquí sea posible decidir con seguridad cuál es la causa y cuál es el efecto, y si en absoluto hay aquí una relación de causa y efecto. Lo que autoriza a esta última duda es el hecho de que cabalmente uno de los síntomas más singulares de esa neurosis, tanto en los pueblos salvajes como en los domesticados, es también la lascivia más súbita y desenfrenada, la cual se transforma luego, de modo igualmente súbito, en convulsiones de penitencia y en una negación del mundo y de la voluntad: ¿ambas cosas serían interpretables acaso como epilepsia enmascarada?
Friedrich Nietzsche, en Más allá del bien y del mal.Barcelona: Altaya. 1999: 79.

Si Nietzsche fuera tuitero

En la venganza y en el amor la mujer es más bárbara que el varón.
De las personas muy inteligentes comenzamos a desconfiar cuando se quedan perplejas.
Madurez del hombre adulto: significa haber reencontrado la seriedad que de niño tenía al jugar.
¿Quieres predisponer a alguien en favor de ti? Fíngete desconcertado ante él-
Constituye una fineza el que Dios aprendiese griego cuando quiso hacerse escritor.
Cuando en el juego no intervienen el amor o el odio la mujer juega de manera mediocre.
La voluntad de superar un afecto, no es, a fin de cuentas, más que la voluntad de tener uno o varios afectos más.
Cuanto más abstracta sea la verdad que quieras enseñar , tanto más tienes que atraer hasta ella incluso a los sentidos.
Cada uno de los sexos se engaña acerca del otro: esto hace que, en el fondo, se honren y se amen sólo a sí mismos.
Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes.
Quien no sabe encontrar el camino que lleva a su ideal lleva una vida más frívola y descarada que el hombre sin ideal.
Lo que se hace por amor acontece siempre más allá del bien y del mal.
El sentido de lo trágico aumenta y disminuye con la sensualidad.
Los poetas carecen de pudor con respecto a sus vivencias: las explotan.
Sin duda mentimos con la boca; pero con la jeta que ponemos al mentir continuamos diciendo la verdad.
Hay una petulancia de la bondad que se presenta como maldad.
Si queremos tener de nuestro lado a los que ríen no debemos tener demasiada razón.
Aunque ninguna otra cosa de hoy tenga futuro, téngalo, sin embargo, precisamente, nuestra risa.
El tomar las cosas de un modo profundo y radical constituye ya una violación, un querer-hacer-daño a la voluntad fundamental del espíritu.
El traje negro y el mutismo visten de inteligencia a cualquier mujer.
Lo que en la mujer infunde respeto y, con bastante frecuencia, temor, es su naturaleza, la cual es "más natural" que la del varón.
Friedrich Nietzsche, en Más allá del bien y del mal.Barcelona: Altaya. 1999: 79.

lunes, 20 de julio de 2015

Historias breves para lectores perezosos

La frase con alambre de púas:
La frase con alambre de púas, la palabra laboriosamente rara, la afectación intelectual del estilo, son todos trucos divertidos, pero inútiles.
Un imbécil:
Porque un imbécil tenga dos pies como yo, en vez de cuatro como un burro, no me creo obligado a quererlo, o al menos, a decir que lo quiero y que me interesa.
Un barrio libre:
Uno puede preferir un barrio de vida libre y fácil donde rompan las botellas vacías en la acera los sábados por la noche. Pero en la práctica no es muy cómodo.
La vista:
Nuestro autor radial vino una vez a verme aquí y se sentó frente a esta ventana y lloró de lo hermosa que encontraba la vista. Pero nosotros vivimos aquí, y al diablo con la vista.
El amor:
El amor, después de todo, no es sino una curiosidad superior, un apetito de lo desconocido que te empuja a la tormenta, a pecho abierto y con la cabeza adelante.
No te repitas jamás:
No te repitas jamás. Si a las tres has dicho algo estupendamente ingenioso y lo repites dos veces en la siguiente hora, todos se inclinarán a pensar que eres un imbécil.
La confesión:
En toda confesión, en toda representación, se introduce fácilmente la deformación, y lo más tierno, lo indecible, se puede convertir, con un movimiento de la mano, en vulgar.
La garra del león:
No es el temperamento violento, es la prudencia lo que hace parecer terrible y amenazador; de tal manera, el cerebro del hombre es un arma más terrible que la garra del león.
Los ojos del amor:
Cuanto más se aproxime una persona a otra, tanto menos consecuente en sus empresas y consistente en su interior le parecerá, a no ser que la vea con los ojos del amor.
La utopía:
Que cada uno se contente con ser honesto, quiero decir con cumplir su deber y no fastidiar al prójimo, y entonces todas las utopías virtuosas se verán rápidamente rebasadas.
El burro:
No hay un cretino que no haya soñado ser un gran hombre, ni un burro que, al contemplarse en el arroyo junto al que pasaba, no se mirara con placer, encontrándose aires de caballo.
El hermano de Dios:
Soy el hermano en Dios en todo lo viviente, de la jirafa y del cocodrilo tanto como del hombre, y conciudadano de todos los inquilinos del gran caserón amueblado que es el Universo.
Los éxitos de un amigo:
Todo el mundo puede simpatizar con los sufrimientos de un amigo; pero se requiere una naturaleza excepcionalmente pura, realmente individualista, para simpatizar con los éxitos de un amigo.
Los caminos.
El recordar una determinada imagen no es sino echar de menos un determinado instante, y las cosas, los caminos, los paseos, desgraciadamente son tan fugitivos como los años.
El ángel de la sociabilidad:
Un hombre será tanto más poderoso lingüísticamente cuanto más profunda sea la soledad en la que se arraiga. A la inversa, el hombre más social, el ángel de la sociabilidad, debería callar y observar.
El escritor socialista:
Es fácil, con una jerga convenida, con dos o tres ideas en boga, hacerse pasar por un escritor socialista, humanitario, renovador y precursor de ese porvenir evangélico soñado por los pobres y por los locos.
Un licor precioso:
El odio es un licor precioso, más caro de aquel del los Borgia, pues está hecho con nuestra sangre, nuestra salud, nuestro sueño, y dos terceras partes del nuestro amor. Es necesario ser avaro con él.
Las dichas futuras:
Las dichas futuras, como las playas de los trópicos, proyectan sobre la inmensidad que les precede sus suavidades natales, una brisa perfumada, y uno se adormece en aquella embriaguez sin siquiera preocuparse del horizonte que no se vislumbra.
Voy a mandarlo todo al infierno:
Tengo una historia en mente que espero escribir antes de morirme. No tendrá casi nada de dureza en la superficie. pero la actitud de mandarlo todo al infierno, que en mí no es una pose, probablemente aparecerá de todos modos.
No hay que escribir de noche:
¿Qué hago en mi vida cotidiana? Escribo cuando puedo y no escribo cuando no puedo; siempre por la mañana o en la primera parte del día. De noche, uno tiene ideas muy brillantes, pero no se sostienen. Esto lo descubrí hace mucho.
Un engreído que se hace pasar por mí:
Odio la publicidad, sinceramente. He pasado por la piedra de molino de las entrevistas y las considero una pérdida de tiempo. El tipo que encuentro en esas entrevistas haciéndose pasar por mí suele ser un engreído al que no me gustaría conocer.
No descuides este diario:
El edificio de tu existencia es complicado y frágil, como la arquitectura de un navío; un accidente, una vía de agua, y todo está en peligro y el brillante navío se hunde entre las olas. No te abandones a ti mismo y no interrumpas tu educación, es decir: no descuides este diario.
El disidente:
Escribir es ser un disidente de la realidad, escaparse de los destinos marcados donde cada año significa una suma de meses frente a un despacho impersonal que convierte la vida en una duración insoportable. Se va de la casa a la oficina y de la oficina a la casa en un círculo abominable e infernal.
Estilo:
Todo el talento de escribir no consiste, depués de todo, más que en la elección de las palabras. La precisión es la que hace la fuerza. En el estilo es como en música: lo más hermoso y lo más raro que hay es la pureza del sonido.
Los buenos modales:
Me gusta la gente con modales, algo de intuición social, una educación ligeramente por encima del Readers Digest, gente cuyo orgullo de vivir no se exprese en sus aparatos de cocina o sus automóviles.
Las promesas:
Promete realizar todo lo que te pidan. Prométele con tanto júbilo que cualquier duda sobre tu promesa se disuelva enseguida. Si luego no cumples lo prometido, habrás sido alabado de tal modo, que ya no valdrá la pena decir lo contrario de ti.
El impaciente:
Recuerda que todo el que te ha hecho partícipe de su sufrimiento o te ha contado algo acerca de su amor ha despertado en ti un vago sentimiento de impaciencia. No cometerás así jamás el burdo error de ocupar a otros contigo cuando quieras que se ocupen de ti.
Tus ojos frente al espejo:
Ejercita cada día tus ojos poniéndote frente al espejo. Tu mirada debe aprender a posarse silenciosa y pesadamente sobre el otro, a disimular con velocidad, a aguijonear, a protestar O a irradiar tanta experiencia y sabiduría que tu prójimo te dé la mano temblando.
Finge un malestar:
Cuando estés mal, harás bien en intentar ocultarlo. Pero si gozas de éxito, a tu alrededor surgirán odios y envidias, así que finge un malestar pulmonar o un dolor de riñones y cómprate una sepultura: todo enemistad se desvanecerá.
Banaliza todo:
Durante siglos, a todas las cosas se les suscribieron profundidades que en verdad nunca han tenido. Esto ha sido la causa de grandes desgracias. Banaliza todo; cosecharás éxitos y sembrarás oportunidades.
Una panza y un hijo:
No permitas que tu vida se vuelva demasiado regular. Podrás encontrar satisfacción en ello y en un año tener una panza y un hijo. Todo derrumbe ocurre de prisa. Y a menudo cae el más fuerte sin poder ponerse de pie de nuevo.
El odio:
Revelar cólera u odio en las palabras o en los ademanes es inútil, peligroso, imprudente, ridículo y vulgar. No se debe, pues, manifestar cólera u odio sino por actos. La segunda manera obtendrá tantos más éxitos cuando mejor se preserve uno de la primera.
Estilo (2):
Hay que leer, meditar mucho, pensar siempre en el estilo y escribir lo menos posible, sólo para calmar la irritación de la idea que exige tomar forma, y que se revuelve en nuestro interior hasta que le hemos encontrado una exacta, precisa, adecuada a ella misma.
Galanteos sentimentales:
La prueba de que no soy un fanático de los tonos crudos y de las ideas absolutas es que, tanto como me gustan en arte los amores desordenados y las pasiones que gritan, tanto me gustan en la práctica las amistades voluptuosas y los galanteos sentimentales.
Me pones cachondo:
Lo que a mí me parece lo más elevado del Arte (y lo más difícil) no es hacer reir ni llorar, ni poner cachondo o enfurecer, sino obrar al modo de la naturaleza, es decir, hacer soñar. Por eso las obras más hermosas poseen ese carácter. Son serenas de aspecto e incomprensibles.
Un terremoto en Livorno:
Me hablas de un terremoto en Livorno. Aunque abriera la boca al respecto, para dejar escapar las frases consagradas en semejante caso: "¡Es lamentable! ¡Qué horrible desastre! ¿Será posible? ¡Ay, Dios mío!", ¿devolvería la vida a los muertos y sus bienes a los pobres?
Mis palabras favoritas:
La mortal repetición de palabras favoritas hasta que a uno le hacen gritar de impaciencia. Y las palabras favoritas son siempre pequeñas palabritas a medias arcaicas como jejuney umbrage y vouchsafe, ninguna de las cuales la persona de educación media podría siquiera definir correctamente.
Apetito:
San Vicente de Paúl obedecía a un apetito de caridad, como Calígula a un apetito de crueldad. Cada uno goza a su estilo y para sí solo; unos, reflejando la acción sobre sí mismos, convirtiéndose en su causa, centro y finalidad; otros, convidando al mundo entero al festín de su alma.
El éxito no me tienta:
El éxito no me tienta. Lo que me tienta es lo que puedo darme, mi propia aprobación; y quiza acabaré por prescindir de ella, como habría que tenido que prescindir de la de los demás. Así pues, traslada todo eso a ti, sobre ti, Trabaja, medita, medita sobre todo, condensa tu pensamiento.
La patria:
La patria es la tierra, es el universo, son las estrellas, es el aire, es el propio pensamiento, es decir, lo infinito dentro de nuestro pecho. Pero las querellas de pueblo a pueblo, de municipio a barrio, de hombre a hombre, me interesan poco, y sólo me divierten cuando constituyen grandes lienzos en fondo rojo.
La muerte nos amenaza:
No es necesario ser un espíritu muy cultivado para comprender que no hay aquí abajo satisfacción verdadera y sólida; que todos nuestros placeres no son otra cosa que vanidad; que nuestros males son infinitos; y que, en fin, la muerte que nos amenaza en todos los instantes debe infaliblemente colocarnos dentro de pocos años en la infalible realidad de ser eternamente aniquilados o desgraciados.
Un pobre muchacho:
Si alguna vez se enamora de ti un pobre muchacho que te encuentra hermosa, un chico como era yo, tímido, dulce, tembloroso, que te tiene miedo y te busca, te evita y te persigue, sé buena con él, no lo rechaces, dale solamente tu mano a besar; morirá de embriaguez. Pierde tu pañuelo, lo recogerá y dormirá con él; se revolcará encima, llorando.
Posturas egocéntricas:
Es horrible admirar el libro de un hombre y después conocerlo, y destruir todo el placer que causó su obra con unas pocas posturas egocéntricas, de modo que no sólo a uno le disgusta su personalidad, sino que nunca puede volver a leer nada de él con una mente abierta. Su pequeño ego malo siempre está espiándolo a uno detrás de las palabras.
Mujeres maduras gordas con ojos de cuervo:
La mayoría de los escritores son gente tan fea que sus caras destruyen un sentimiento que quizá podría haberles sido favorables. Quizá soy demasiado sensible, pero varias veces me he sentido tan repugnado por esas caras que no he podido leer los libros sin que la cara se interpusiera. Especialmente esas caras de mujeres maduras gordas con ojos de cuervo.
Tontas entrevistas:
Otros escritores están haciendo cosas todo el tiempo (charlas en ferias del libro, giras de firmas de autógrafos, conferencias, difusión de sus personalidades en tontas entrevistas) que, no puedo evitar pensarlo, los hacen parecer un poco baratos. Para ellos es parte del oficio, para mí, es lo que lo vuelve un oficio.
¿Quiero ganar el premio Nobel?:
Cada cosa que uno alcanza elimina un motivo para querer alcanzar algo más. ¿Quiero ser un gran escritor? ¿Quiero ganar el premio Nobel? No si es demasiado trabajo. Qué diablos, les dan el premio Nobel a demasiados mediocres para que me interese. Además, tendría que ir a Suecia y ponerme un frac y pronunciar un discurso. ¿El premio Nobel vale todo eso? Diablos, no.
Los editores:
¿Por qué diablos esos idiotas editores no dejan de poner fotos de escritores en sus sobrecubiertas? Compré un libro perfectamente bueno... estaba dispuesto a que me gustara, había leído sobre él y entonces le echo una mirada a la foto del tipo y es obviamente un completo imbécil, una basura realmente abrumadora (fotogénicamente hablando) y no puedo leer el maldito libro.
Un golpe mal dirigido:
Existen personas que se fabrican tanto odios como admiraciones, irreflexivamente. Esto constituye una imprudencia; es granjearse enemigos sin razón ni provecho. Un golpe mal dirigido no hiere menos el corazón del rival al que estaba destinado, sin contar con que puede herir a derecha o a izquierda a uno de los testigos del combate.
Un espíritu cultivado:
No es necesario ser un espíritu muy cultivado para comprender que no hay aquí abajo satisfacción verdadera y sólida: que todos nuestros placeres no son otra cosa que vanidad; que nuestros males son infinitos: y que, en fin, la muerte que nos amenaza en todos los instantes debe infaliblemente colocarnos dentro de pocos años en la infalible realidad de ser eternamente aniquilados o desgraciados.
Las grandes orgías:
No son las grandes desgracias las que crean la desgracia, ni las grandes felicidades las que hacen la felicidad, sino el tejo fino e imperceptible de mil cinscuntancias banales, de mil detalles tenues, que componen toda una vida de paz radiante o de agitación infernal. No son las grandes cenas ni las grandes orgías las que alimentan, sino un régimen seguido, sostenido. Trabaja cada día pacientemente un número igual de horas. Toma el hábito de una vida estudiosa y tanquila; primero saborearás en ella un gran encanto y sacarás fuerza.
Las propias respuestas:
Mi experiencia en ayudar a la gente a escribir ha sido limitada pero en extremo intensiva. Lo he hecho todo, desde dar dinero a futuros escritores para que vivan, hasta darles argumentos y reescribir sus textos, y hasta el momento no ha servido para nada. La gente que Dios o la naturaleza quiso que fueran escritores encuentran sus propias respuestas, y los que tienen que preguntar es imposible ayudarlos. Son simplemente gente que quiere ser escritora.
Ser escritor:
El hombre quiere revelar su propia imagen en la acción, pero esa imagen no se le aparece. Un personaje sale de su casa queriendo ser escritor, pero su destino sólo dibuja el fracaso, la errancia. La vida puede cambiar en un punto de quiebre. De repente todo es arena. El barco se hunde en la insportable tormenta y nuestros cuerpos son arrojados a la deriva. Todo el desierto en la piel. Todo el dolor en los ojos. Caminando entre ruinas en la inútil tarea de unir los fragmentos. Sumergidos en la profundidad del agua vislumbramos por un instante la otra orilla. Salimos de lo oscuro para entrar en lo oscuro. Pequeñas muertes se van dando en el transcurso de la vida. Pequeñas resurrecciones...
Lo cómico:
"La seriedad mira a través de lo cómico, y cuanto más profundamente se alza desde abajo tanto mejor, pero no interviene. Naturalmente, no considera cómico lo que quiere en serio, pero sí puede ver lo que de cómico hay en ello. De este modo lo cómico depura lo patético, y viceversa, lo patético da énfasis a lo cómico. Por eso, lo más devastador sería una concepción cómica configurada de tal modo que secretamente actuase en ella la indignación, pero sin que, de pura risa, nadie lo notara. Lo vis comica es el arma que exige mayor responsabilidad, y por eso tan sólo está sustancialmente a disposición de quien posea el pathos correspondiente. Quien por ejemplo sepa dejar en ridículo a un hipócrita, también podrá aplastarlo con su indignación. En cambio, el que quiera emplear la indignación y no posea la correspondiente vis comica sucumbirá fácilmente a la declamación y resultará cómico él mismo.
La mansa paloma:
Un animal que se muestre perfectamente altruista, que siempre le cede el turno a sus compañeros, que no acapare recursos vitales cuando se presenta la oportunidad, que no responde con violencia a las agresiones o a las injusticias, que no se muestre vengativo, que no se interese en el sexo, que no descanse de trabajar en bien de sus parientes o que no se alimente en abundancia cuando las circunstancias lo propicien, ese animal no dejará descendientes, o dejará muy pocos, en relación con sus compañeros de grupo. En cambio, los lujuriosos, los egoístas, los altruistas con sus parientes próximos, los ventajosos, los agresivos, los maquiavélicos, los codiciosos y los avaros tenderán a dejar más descendientes y en consecuencia, esas "virtudes" - "pecados" desde la perspectiva humana- serán elegidas por la selección natural para incorporarlas en la dotación biológica de cada especie. Y el hombre no es ninguna excepción.
Prefiero ser afortunado que bueno:
El hombre que dijo: "preferiría ser afortunado que bueno" tenía una profunda perspectiva de la vida. La gente teme reconocer que parte tan grande de la vida depende de la suerte. Da miedo pensar que sea tanto sobre lo que no tenemos control. Hay momento en un partido en que la pelota alcanza a pegar en la red y por una décima de segundo puede seguir su trayectoria o bien caer hacia atrás. Con un poco de suerte, sigue su trayectoria y ganas. O tal vez no y pierdes.
La verdadera felicidad:
El gran error de la naturaleza humana es adaptarse. La verdadera felicidad está construida por un perpetuo estado de iniciación, de entusiasmo constante. Y aquella sensación sólo la producen las cosas nuevas que nos ofrecen resistencia o que aún no hemos asimilado. El matrimonio destruye el amor, la posesión mata el deseo, el conocimiento aniquila el placer, el hábito la novedad, la destreza, la conciencia. Ser el eterno forastero, el eterno aprendiz, el eterno postulante: he allí una forma para ser feliz. Un fórmula sin embargo difícil. La naturaleza humana reclama la estabilidad. La estabilidad en el amor, en la residencia, en el pensamiento. Hay en nosotros una pesada carga de sedentarismo que nos obliga a vivir en un sitio, querer a una mujer, pertenecer fiel a una ideología. Y esto es terrible pero necesario. Necesario porque tiene sus compensaciones, y porque hace posible, además, la vida social. El nomadismo, como lo concibo -geográfico o intelectual- produciría una sociedad anárquica y primitiva, construida por hombres egoístas y dispersos.
Quién sabe, sin embargo, si esto será lo mejor. Por lo menos cada uno seria feliz -lo creo al menos- y ésta es ya una razón suficiente.
Una casa con tejado:
Es necesario dotar a todo niño de una casa. Un lugar que, aún perdido, pueda más tarde servirle de refugio y recorrer con la imaginación buscando su alcoba, sus juegos, sus fantasmas.
Una casa: ya sé que se deja, se destruye, se pierde, se vende, se abandona. Pero al niño hay que dársela porque no olvidará nada de ella, nada será desperdiciado, su memoria conservará el color de sus muros, el aire de sus ventanas, las manchas del cielo raso y hasta "la figura escondida en las venas del mármol de la chimenea". Todo para él será atesoramiento.
Más tarde no importa. Uno se acostumbra a ser transeúnte y la casa se convierte en posada. Pero para el niño la casa es su mundo. Niño extranjero, sin casa. En casas de paso, de paseo, de pasaje, de pasajero, que no dejarán en él más que imágenes evanescentes de muebles innobles y muros insensatos.
¿Dónde buscará su niñez en medio de tanto trajín y tanto extravío? La casa, en cambio, la verdadera, es el lugar donde transcurre y se transforma, en el marco de la tentación, del ensueño, de la fantasía, de la depredación, del hallazgo y del deslumbramiento.
Lo que seremos está allí, en su configuración y sus objetos. Nada en el mundo abierto y andarín podrá reemplazar al espacio cerrado de nuestra infancia, donde algo ocurrió que nos hizo diferentes y que aún perdura y que podemos rescatar cuando recordamos aquel lugar de nuestra casa.