domingo, 6 de diciembre de 2015

Un café a las cinco de la mañana para soñar

Uno de mis grandes placeres consiste en hacer experimentos con el sueño.
Uno de mis experimentos más recurrentes tiene que ver con el placer sublime de mezclar sueños y café.
Hay algo en el café que nos pone a soñar distinto
Y entonces durante meses me gusta despertarme a las cuatro de la mañana, pensar un rato, dar vueltas en la cama como cuando un bebé se despierta satisfecho y se solaza en su propio descanso. Y luego me levanto a las cinco, preparo un tinto y duermo hasta las ocho.
He caído en esas prácticas de la pereza a lo largo de mi vida pero lo sorprendente es que ahora sueño menos.
Sueño menos pero descanso más.
Dicen que la madurez consiste en no pensar en el público y en no preocuparse por nada. Ni emociones fuertes ni grandes decepciones.
Vamos a ver hasta cuándo me dura el idilio.

La historia debe pedir ser contada

Desde hace más de cinco años he tratado de escribir un texto en Word y nunca paso de la página diez. No paso de la página diez y el texto no se convierte en post, lo termino desechando sin pena ni pesar. Me pregunto por qué no puedo escribir textos de más de diez páginas si esa era mi especialidad y la respuesta tiene que ver seguramente con los ritmos de escritura y con su propósito. Me acostumbré a escribir directamente aquí y parece que es imposible regresar a la forma de escribir de antes. Sólo puedo escribir como lo piden los grandes maestros: llevada por un impulso, por algo que me dice escriba sobre este tema y no sobre otro. Hay una voz que me dice: escriba ya, si deja pasar el tiempo se le va a esfumar la idea y las frases que le rondan por la mente desde hace varios minutos.
Cuando me dejo llevar por ese impulso me gusta el resultado. Las mejores ideas se me pasan por la mente cuando me despierto y mientras camino. Si la idea se me ocurre dormida me despierto, pienso cinco minutos y me dispongo a escribir el post; si la idea se me pasa por la mente mientras camino empiezo a imaginarme las frases en el trayecto, pienso en el título del texto y en la estructura. Abro la puerta, prendo el computador y empiezo a escribir. Siempre tiene que ser así.
Este post se me pasó por la mente mientras preparaba un café. Recordé a Freud, a Marguerite Duras y a Virginia Woolf. Sus cartas y sus ensayos donde explican cómo escriben, cuál es el método y qué los impulsa a escribir. Casi todos los grandes escritores coinciden en que las historias o los temas no se escogen de forma racional sino que aparecen de la nada y no hay que dejarlos ir. La nada en realidad no es la nada sino el resultado de un proceso intelectual que requiere calma y mucho tiempo libre; es importante  pensar en  libros, en autores, relacionar lecturas y recordar pasajes de los libros favoritos de memoria. Es preciso pasar el día pensando -de forma natural- en aquello que se lee, no en aquello que se vive o en la vida de los demás. Pensar en la vida de los escritores y no en la de los vecinos, colegas o familiares.
Sin tiempo libre debe ser complicado escribir textos meritorios. Hay algo en el cerebro que pide lecturas sofisticadas y luego tiempo libre para digerirlas con calma. La mayoría de los grandes escritores no trabajaron o trabajaban muy poco. Ese es el secreto.
Hasta ahora estoy entendiendo a los autores que piden llevar siempre una libreta para anotar las ideas que fluyen. Cuando estoy lejos, cuando sé que tardaré varias horas en regresar y se me pasan ideas por la mente lo que hago es anotar el título. Siempre parto del título para escribir un post. Primero pienso en el título, luego en la estructura del texto, después me imagino las frases y luego escribo. Escribo de forma automática, muy rápido y sin orden y luego leo desde el comienzo y organizo los párrafos. Publico el post y sigo revisando. Luego lo leo en el teléfono. En el teléfono se detectan errores que no se ven en la pantalla del computador. Me imagino que si imprimiera los textos descubriría nuevos errores, pero no es necesario exagerar. Lo leo dos o tres días consecutivos para que  se incruste en mi alma y se convierta en sangre y entonces  me quedo con la sensación que me dejó la lectura de ese texto y ese texto se suma en mi cerebro a los más de dos mil textos que he escrito en los últimos diez años.
Estoy cumpliendo a cabalidad el plan de escribir para leer y la experiencia ha sido satisfactoria. La Idea consiste en convertirme en mi propio clásico.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Carta abierta a Juliana Malaparte

Espero que leas esta carta, si no la lees tú que la lean otros y entiendan por qué me gusta escribir cartas abiertas.
Escribo para un público masivo porque sé que te gusta mi estilo y lees con cierta frecuencia lo que escribo y porque aunque te pude haber escrito un mensaje privado prefiero que sea un mensaje público porque en la escritura pública me esmero más y reviso bien el texto antes de publicarlo. Me he vuelto exhibicionista y exhibirse ante muchas personas es más emocionante que hacerlo ante una sola.
Sé que nuestra amistad no es La amistad y a pesar de eso no me resigno a perderla. No es amor porque sólo me enamoro de las personas que me dan placer a través de la acrobacia y tú y yo, cuando hablamos, parecemos seres asexuales, almas de élite, personas concentradas en la conversación más que en la seducción. Te he dicho muchas veces y te lo vuelvo a decir: eres un gran conversador, tienes el don de la palabra, sin contar con tus excelentes dotes en el arte de la kinesia y la proxemia y como esos temas son de mi predilección porque soy muy culta y sensible -sin contar con que me  entusiasma la semiótica y la pragmática- por esa y por otras dos o tres razones una simple conversación contigo es un manjar para mis ojos y mis oídos. Ya sabes bien que los ojos no son el espejo del alma sino la puerta del cerebro. Y como tienes los ojos grandes y bonitos imagínate la emoción de mi cerebro cuando mi mirada espontánea se posa sobre la tuya. ¡Ay! Las palabras no son suficientes para plasmar mis emociones.
Tengo dos amigos buenos conversadores, a los dos les hablo de ti con entusiasmo cuando pasamos por las mejores temporadas de nuestra amistad y no disimulan el placer, se les ilumina el rostro cuando les digo que ya no somos amigos. Es asombroso. Los celos entre amigos son un asunto al que no se le brinda la debida importancia. También hay sufrimiento en la amistad.
Tú y yo hemos dejado de ser amigos tres a cuatro veces y los dos pensamos que ahora sí es para siempre. Es porque somos de carácter fuerte y nos encanta el drama, y parte del drama de nuestra amistad tiene que ver con el hecho de que los dos somos muy inteligentes y no hemos logrado descifrarnos a pesar del esmero. Los dos vivimos en un permanente estado de impotencia porque no sabemos exactamente por qué somos amigos y por qué los dos somos tan reservados en algunos asuntos personales, especialmente yo, claro. Después de varios años todavía no soy contigo como soy con mis amigos. Tendrías que verme, es un espectáculo conmovedor porque es absolutamente auténtico.
Tú eres una persona buena y sensible  y yo también lo soy, esa es la única certeza que tenemos. Las personas buenas y sensibles son escasas y por ser escasas casi nunca se cruzan en la vida. Que tú y yo nos hayamos encontrado no es sólo una bonita casualidad sino un absoluto privilegio. No tiene sentido ser humildes. Tú no eres humilde y yo tampoco lo soy y eso es parte del encanto en una conversación entre tú y yo. Estoy segura de que hay gente que pagaría por vernos conversar.
¿Recuerdas que teníamos programada una cita y yo la cancelé de forma intempestiva porque estaba peleando con la humanidad entera? Pasaba por un momento de delirio en el que me tomo por la Diosa y bendigo la soledad y porque hay momentos en los que necesito sacudirme porque necesito saber quién es mi amigo y quién no lo es. Una persona como yo se ve asediada todo el tiempo por seres falsos, interesados y zalameros y  no puedo vivir con un ejército de personas  adorándome y solazándose en mi amistad porque no soy una intelectual colombiana. No. Soy mucho más que eso. Necesito la amistad de dos o tres personas para sentirme bien y tú eres una de esas dos o tres personas. Cuando hago el inventario de mis amistades siempre apareces tú en en un lugar muy destacado, es inevitable, debes ser un alma de élite como yo.

El placer de ver envejecer a los padres

Ver crecer a un niño es encantador, pero ver envejecer a un viejo que también fue joven y niño también lo es. Como fui una niña adelantada pude ver a mis padres con distancia y de forma objetiva y desapasionada desde que nací. Yo era una bebé pero no los veía como un señor y una señora sino como un par de jóvenes llenos de energía. Cuando yo nací mi mamá tenía veintidós años y mi papá tenía veintinueve y durante los cuarenta y cinco años que llevo de conocerlos han cambiado mucho pero siguen siendo los mismos.
La mayor parte de mi vida no la he vivido con ellos sino sola, pero ellos siempre han estado juntos y nunca los he perdido de vista. Ayer pasé casi todo el día en visita y me sorprendí con la belleza de mi mamá. Cuando yo era una niña no podía creer que fuera tan bonita. Nadie en la casa es tan bonito como ella y ella lo sabe y no disimula que lo sabe. La piel siempre ha sido blanca y  resplandeciente. No necesita retoques para tener la piel admirable. Los ojos son como los de un gato y puede hacer movimientos extraños con esos ojos hermosos. Es bonita y arrogante pero con nosotros puede llegar a ser sencilla. Cuando yo era niña me perdía en esos ojos y esa piel y ayer, mientras la miraba con atención, me costaba creer que es la misma piel y los mismos ojos aunque hayan pasado cuarenta y cuatro años. No era una ilusión óptica, no estaba enamorada de mi mamá, no era mi ídolo de infancia porque me consentía y jugaba conmigo sino porque de verdad era muy bonita, mucho más bonita que ahora y como nací enamorada de la belleza me volvía loca de amor porque mi mamá era bonita y jugaba conmigo.
En mi pobre papá operó la gran transformación. Siempre nos ha amado con locura, nos ha demostrado con hechos que por sobre todo en la vida la razón de su existencia y de su amor al trabajo son su esposa y sus hijos. La quiere mucho más a ella que a nosotros y nosotros lo aceptamos con resignación, parece que siempre ha sido un hombre enamorado. Es celoso como un loco, aunque los celos de ahora son un poco más controlados que los de hace cuarenta años. Varias veces nos ha dicho llorando de amor que quiere mucho a la señora de la piel blanca y los ojos hermosos que tanto me cautivaron a mí en la infancia. Es una linda historia de amor pero lo más lindo es que mi papá era una fiera indomable y ahora es un adorable abuelito que cambia de estado de ánimo como los niños. Es una mezcla explosiva de sensaciones, puede expresar total emoción ante un simple saludo y puede llorar de tristeza si le decimos, por ejemplo, que el 31 de diciembre no vamos a estar juntos porque como somos gente tan seria nos vamos a terminar aburriendo en ese día aburrido como nos hemos aburrido durante los últimos cuarenta años. El acepta con actitud madura pero no puede evitar manifestar tristeza de una forma que conmovería a la persona más insensible. ¿Por qué siente tanto? ¿Por qué nos quiere tanto? ¿Por qué no puede controlar sus sentimientos si antes lo hacía tan bien? Es un verdadero misterio ver a un hombre-fiera convertido en un niño sensible y mimado.
Los dos son de una vitalidad que siempre me ha sorprendido. En general me siento muy bien, creo que soy una persona que goza de excelente salud y tiene muy buena condición física. Creo que tengo energía acumulada y manifiesto deseos de vivir. Pero cuando los vuelvo a ver me vuelvo a desconcertar, vuelvo a sentir que nunca estaré a la altura de ellos. Pienso en mi propia vejez y me pregunto si llegaré a la edad que ellos van llegando de una forma tan digna y admirable. Porque son gente admirable y creo que ellos también me admiran un poco.
Como no somos gente ridícula no nos decimos nunca cómo nos amamos ni cómo nos admiramos pero es seguro que ellos se deben sentir un poco orgullosos de sus hijos. No nos dieron discursos, en mi casa educan con actos, no con discursos, y eso es lo que se merece el ser humano perfecto.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Escribir desde la normalidad

Uno de mis grandes placeres consiste en  indagar en la vida de las grandes mentes de todos los tiempos. Casi toda la gente admirable es de extremos: muy pobre, muy triste, muy enferma, muy suicida, muy adicta, muy infeliz, muy fea, muy tímida, muy frustrada, muy encerrada, muy abandonada, muy aislada, muy anormal, muy rechazada…  Las personas normales y corrientes no suelen ser talentosas, suelen ser personas comunes, gente que pasa por la vida como cualquier perro o gato de barrio.
Algunas personas me  han dicho que soy inteligente, que tengo talento y escribo muy bien. Me lo han dicho desde 1979. A veces yo también lo creo.  Puedo tomar distancia de mí misma y leer de forma objetiva lo que escribo. Una ventaja es que algunos de los textos que más me gustan los escribí hace más de veinte años. Los leo y pienso con asombro: “¿Yo escribí eso? Es muy bueno. ¿Por qué era tan culta, madura y profunda si era tan solo una niña? ¿por qué escribía como una doctora si era apenas una pobre muchacha?, ¿vengo de otra galaxia?, ¿nací aprendida?.. Son muchas preguntas y pocas respuestas.
Tengamos en cuenta que mi formación académica es en crítica literaria contemporánea y el único escritor colombiano que merece mi respeto y reverencia es Fernando Vallejo. Nadie más. No hay nadie que se merezca el honroso segundo lugar. No hay nadie en Colombia que se acerque a la originalidad, el estilo y la honestidad intelectual de Fernando Vallejo. Es un gran escritor  y los demás dan pena ajena.  Tengamos en cuenta que soy muy exigente. Implacable con los mediocres y los falsos. Esa exigencia mía me dice que podría llegar a escribir algún día textos de ficción y que probablemente esos textos podrían llegar a tener valor, valor ante mis ojos implacables. Creo que podría escribir composiciones poéticas dignas de mi cerebro y de mi formación académica. Decir con la arrogancia del autor que escribía libros dignos de ser leídos: “Si quiero leer un libro bien escrito lo escribo y luego lo leo”. Es una propuesta “interesante”. También pienso que podría escribir composiciones de corte nietzschiano como las que escribía el maestro cuando estaba a punto de caer en la locura profunda y definitiva, textos titulados “Yo, la mejor de todas”, “Yo, la más inteligente de todas”… Yo, yo y yo pero no porque crea que yo soy la mejor o la más inteligente sino por el simple placer de leer. Escribir para leer y leer para sonreír y para ver sonreír a otros. Quiero escribir  pastiches  y parodias, ejercicios de estilo a partir de las obras de los escritores más locos y degenerados de la historia de la literatura. ¿Lo lograré? ¿eso está por verse? Como idea es una Gran Idea.
Leo viejos textos -textos escritos por quien esto escribe, la persona más común y simple que se puedan llegar a imaginar, una pobre señora sumida en la normalidad, un ser casi insignificante- leo algunos textos viejos que escribí con total convencimiento y me asombra la profundidad y la originalidad de algunas ideas, la forma en que organizaba las frases y la contundencia y versatilidad de las palabras. Si es verdad que tengo talento es extraordinario saber que soy una persona ordinaria, la más común de las personas. Me gusta ser la persona común, la señora  normal. ¿Por qué me gusta? Yo misma no lo sé.

Biología animal

Hay dos alternativas en literatura: hablar de sexo y dinero o no hablar de sexo y dinero.
Si el autor habla de sexo y dinero debe ser para burlarse del sexo y despreciar el dinero. Y esta será la literatura realista de crítica social. Para que la obra sea auténtica el autor debe ser sincero, debe burlarse del sexo y despreciar el dinero. Si va a despreciar el engaño, la adulación, la mentira, el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo… Si va despreciar todos esos sentimientos y prácticas viles tan frecuentes en los seres humanos debe ser sincero también. Que no sea una pose para quedar bien, para parecer profundo y sensible, para parecer lo que no es, para vender muchos libros, ganar muchos premios y encontrar buenos amigos y mejores amantes. No debe actuar de esa forma porque un lector inteligente y sensible lo descubrirá cuando lo vea en público (aunque es extraño encontrar personas inteligentes y sensibles en eventos públicos relacionados con literatura).  Si en tu libro quieres parecer Nietzsche no aparezcas con la cara de Ricardo Silva, Héctor Abad, Andrés Hoyos o cualquier otro escritor colombiano de renombre. Trata de ser tú mismo en la  vida y en la obra.
Si el autor no habla de sexo y dinero es porque se burla del sexo y desprecia el dinero, más todavía que el autor de literatura realista. Este es el autor de literatura fantástica. Aquí los seres humanos no se igualan con los conejos y los perros, no se rebajan a su condición más primaria, la de juntar las partes para darle vida a un nuevo ser o para resoplar como cerdos durante diez minutos de  locura; al autor sólo le importa ocuparse de las dotes intelectuales de sus personajes, su capacidad de análisis y síntesis. Le interesa lo más noble de su triste condición. Por eso se burla del sexo y desprecia el dinero y el recurso más efectivo para constatarlo tiene que ver con el hecho de que en sus composiciones los personajes no caen en prácticas sexuales y tampoco hay intercambios de dinero. No se habla de la condición sexual ni económica de los personajes.
Hay literatura fantástica en la que se involucra el sexo y el dinero, pero para que sea fantástica el sexo no debe estar relacionado con biología animal sino con violencia, crímenes y todo tipo de excesos. El lector debe terminar asqueado del sexo o muerto de la risa.
Los mejores representantes de estos géneros son Bukowski, Sade y Lovecraft. Sus libros están llenos de verdades que la gente no está dispuesta a oír, leer ni imaginar.