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sábado, 25 de julio de 2015

Escribir es como bailar

Acabo de presenciar quince minutos de una clase de “rumba”, hacer ejercicio con música para bailar, deporte mezclado con diversión. Antes de que hubieran transcurrido los primeros cinco minutos supe que escribir es como bailar: se tiene talento o no se tiene, de nada sirve el esfuerzo, el deseo de hacerlo bien, de dejarse llevar por la emoción del momento, si no se tiene sabor en las caderas para bailar el mapalé y estilo en la escritura para lograr que las señoras que ven bailar a su profesor lo conviertan en objeto del deseo y los lectores de este post lean lo que estoy escribiendo hasta el final por el simple placer de leer, porque tengo el poder de seducir con las palabras así como el bailarín seduce con la gracia y el encanto de su cuerpo en movimiento.
Yo miraba al bailarín y él bailarín me miraba a mí, sabía que estaba fascinado con mi admiración porque lo hacía muy bien, pocas personas tienen verdadero talento y este profesor lo tenía. Los asistentes al curso lo contemplaban con adoración, especialmente las mujeres. Recordé a mi amigo bailarín, él tiene muchas pretendientes porque ellas, al verlo bailar, sueñan con que es un gran amante, y recordé también que el desempeño en la pista de baile no tiene nada que ver con el desempeño sexual. Aunque el baile está cargado de erotismo nada tiene que ver con el sexo, son escenarios diferentes. La gente se suele confundir, suelen asociar ambas cosas porque una puede llevar a la otra y porque las dos están relacionadas con el sabor, el movimiento, el ritmo y la pasión, pero son asuntos diferentes, no me queda la menor duda. Les habla la voz de la experiencia.
Mientras lo miraba con su cara de satisfacción al sentirse adorado pensaba en mi propio placer cuando la gente me dice que le gusta lo que escribo, que tengo mucho talento, que soy un diamante en bruto, que esperan ansiosos mi libro… No puedo negar que es una sensación muy agradable. Pero mi dicha se multiplicó cuando recordé que él baila y yo escribo y los dos gozamos viendo gozar a otros mientras contemplan la manifestación de nuestro talento. Pero recordé que yo también soy profesora como él y no pude tener claro si son más intensos los momentos de gozo cuando me dejo llevar por el teclado, en conexión con el cerebro, o cuando me oigo en un salón de clase y a veces me sorprendo con la mirada de asombro o con la admiración que algunas veces manifiesta un estudiante ante lo que acabo de decir o ante la forma de decirlo, o cuando camino pensando en el libro que estoy leyendo o cuando camino pensando en un texto que quiero escribir, o cuando me quedo mirando muy concentrada y dichosa durante quince minutos a un profesor de baile como hoy o cuando me siente un ángel, un hada o una persona que vive con la sensación de que no camina sino vuela bajo el efecto de ninguno droga sino por el simple placer de caminar. Lo mejor de caminar es dejar de caminar, caminar y llegar a escribir sobre lo importante que es para alguien como yo caminar para escribir. Hay una relación evidente entre mis piernas, mis ojos, mis dedos y mi cerebro.
Creo que el profesor bailarín es afortunado porque goza absolutamente gracias a su don, pero creo que yo soy mucho más afortunadamente que él porque para él todo termina cuando termina la clase mientras que las lecturas, las ideas para escribir, oír mi propia voz y mi propio discurso cada semestre ante rostros nuevos son placeres mucho más intensos que los vividos por el profesor de baile. No lo creo, lo sé.

Una pregunta muy seria: ¿Te gusta lo que hace Elsy?

Recordemos que mi interlocutor anónimo tenía cuenta en Twitter y decidió abandonarnos porque no soportó tanta podredumbre en masa. Hoy durante el almuerzo tuvo una discusión que sospecho acalorada con una lectora-detractora que no me quiere.
No me quiere, pero me lee.
No le importo pero sabe quién soy y se atreve a referirse a mí como Elsy
¿Quién le concedió tanta confianza?
No le gusta mi estilo pero todo le queda siempre bastante claro.
El eterno retorno.
¿Estará ella leyendo este post temblando de ira e indignación?
¿Cree que nadie debe leerme porque soy un peligro para la sociedad?
¿Un ser inmisericorde y malvado que merece un castigo ejemplar?
¿O simplemente alguien que sabe escribir y la obliga a llegar hasta el final aunque no quiera?
Ven, vamos, dime que quieres llegar hasta el final, que te mueres por saber qué es lo que viene después, el golpe bajo.
¿Una persona falta de afecto que escupe toda su indignación aquí?
¿Soy venenosa pero no se pierde ninguna de las entradas?
¿Por qué hay gente así?
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Veamos cómo se discute sobre mí mientras se saborea un delicioso jugo de mora después de deglutir la papa y la yuca:
La indignada: “¿Te gusta lo que hace Elsy?”.
Mi interlocutor anónimo: Y entonces tuve que resolver en un giro dramático al estilo de la mierda que se comería al final el coronel cuando vio que no le escribían:
“Todos tenemos facetas, y no en todas las facetas caben todos los afectos”.
Mi compañera de mesa apuró un insípido jugo de mora, hizo la pausa y respondió:
La indignada: “O sea, celebras lo que hace al escribir sobre otras personas”.
Mi interlocutor anónimo: Perdonen la hondura de esto que diré, pero entonces pensé en cómo la pobre sin querer condenó a la humanidad entera por ser una humanidad llena de humanos hablando de otros humanos. Pensé en las lágrimas de Homero al saber que esta sujeta (para ser incluyente y que después Florence no me calumnie) lo condenaba por hablar de Telémaco, la calienta güevos de la mamá y el viajero de negocios de su padre.
Como bien pude haberme equivocado en mi percepción, pedí algo de ruta, y entonces me encontré sancionado por leer a alguien supuestamente sancionable. Y tuve que pensar en qué era la sanción. Pero en particular, tuve que pensar de nuevo en esta horda de celebradores de la sanción que no separa asuntos, que se unge de análisis pero que carece de capacidad relativa a los contextos. Lo que haga Elsy con las celebridades, es asunto de Elsy. Lo que haga usted leyendo tales diatribas, es su asunto. Mientras no separen cada cosa en la libre administración de su ocio, no dejarán de ser morbosos y aguapaneleros que se divierten y después se confiesan. Porque de eso está hecha hoy esta trama de la red.