jueves, 20 de abril de 2017

Porno vía WhatsApp

El amor y el sexo son bienes escasos en estos tiempos confusos en los que se impone la desconfianza y, sin embargo, la gente quiere sexo y busca amor. Hombres y mujeres comparten acaloradas conversaciones en las que se manifiestan sus más secretos deseos y en el momento menos pensado se deshacen de la ropa y envían fotos y videos que luego compartirán entre risas con sus contactos más queridos.
Aunque tengamos pornografía convencional gratuita el morbo de ver gente real exhibiéndose nunca es algo que se desprecie porque el ojo es insaciable y el cuerpo femenino será siempre el objeto del deseo, no sólo porque formamos parte de una sociedad heteropatriarcal y opresora sino porque el cuerpo de la mujer es mucho más atractivo que el cuerpo masculino, tiene muchos más matices y despierta más deseos.
Una mujer inteligente JAMÁS, bajo ninguna circunstancia, debe tomarse fotos y grabar videos para compartir con su novio, esposo, amante, mejor amigo o conquista ocasional por más enamorada o entusiasmada que esté por una sencilla razón: el amor y el entusiasmo pasan y en cambio las fotos y los videos se conservan intactos y se pueden compartir hasta el infinito.

Sola contra todos

Soy una guerrera invencible
Y nunca he tocado a nadie
Todas las guerras han sido verbales
Y todas las he ganado, claro.
Siempre hablo en tono suave porque el que grita pierde y el que escupe molesta a su interlocutor
Parece increíble pero la gran parte de mis cruentas batallas han sido contra cientos de imbéciles que atacan en manada y de forma sorpresiva, con trampas y mentiras que engañan al incauto, al bobo y al confiado.
Los he vencido siempre a todos moviendo los deditos sobre el teclado (risas grabadas).
La manada por manada no es fuerte porque la suma de imbéciles es una simple ilusión. La manada iracunda es suma de miedo concentrado y una simple mujer sentada en una silla, una señora que camina tranquila por ahí sin molestar a nadie y sin presumir de nada, puede inspirar más terror que un grupo de idiotas en una tertulia posando de intelectuales.
La primera batalla fue con padres y hermanos, quisieron imponer su autoridad y perdieron porque desde los 9 hago exactamente lo que me da la gana.
La segunda batalla fue con mis profesores y perdieron también puesto que yo escribo mejor que todos ellos juntos.
La tercera batalla fue con los vecinos, nunca los saludo porque no me da la gana.
La cuarta batalla fue con los colombianos, a pesar de sus amenazas de muerte, de ataque con ácido y de todas las bajezas que no quiero volver a enumerar aquí deben estar preparados para el ladrillazo que les va a caer en la cabeza hueca porque voy a escribir un libro portentoso divido en tres grandes partes:
  1. Censura en Colombia
  2. Las mujeres y el marketing
  3. Heteropatriarcado
En la tercera parte me ocuparé de este trío de payasos.
  1. Ricardo Silva Romero
  2. Andrés Hoyos
  3. Daniel Samper Ospina
¡Tiemblen!
yo

El feminismo de Javier Moreno

Javier Moreno (en Twitter @infrahumano) ha sido uno de los hombres más implacables conmigo de forma gratuita, ha usado los peores términos para referirse a mis cualidades físicas, psicológicas e intelectuales y ahora, cuando Carolina Sanín perdió la tutela en segunda instancia y parece haber quedado de forma definitiva sin derecho a seguir siendo profesora en la  Universidad de los Andes y probablemente en ninguna universidad colombiana, el ultramacho ha devenido en feminista y se ha solidarizado con las mujeres de forma majestuosa.
Lo más preocupante de estos arrebatos momentáneos de personas que parecen una cosa pero son otra completamente diferente es que muchas mujeres sometidas que posan de liberadas y autónomas celebran y aplauden las frases del Genio y a través de este gesto parecen convalidar su triste estado de sumisión. Están tan sometidas  las hermosas y frágiles damiselas que aplauden al tirano.
Estado de la situación: un grupo de mujeres tontas y dependientes de machos proveedores, concentradas en su valor como hembras, bien peinadas, maquilladas y de buenas maneras aplauden al ídolo disfrazado de la versión masculina de Virginia Woolf.
Para comenzar recordemos un insulto clásico del maestro del chiste en Twitter:
Rosa Elvira Cely fue violada, empalada y asesinada en Bogotá y el maestro del humor elegante quiso hacer un juego con mi nombre y de paso desearme un destino parecido. Mi nombre es Elsy Rosas Crespo.
Lo peor de todo es que estos “chistes” son celebrados y aplaudidos por mujeres que se llaman a sí mismas Feministas con F mayúscula.
Veamos el discurso feminista -muy propicio para el día de la mujer- sobre la injusticia que se cometió con Carolina Sanín. El propósito de Javier Moreno es quedar ante el público en general como un hombre justo, bueno, racional y amante de las mujeres aunque no sean sumisas.
Se trata de una cadena de tuits escritos en ese orden:
La universidad de Los Andes (en su afán de complacer clientes) terminó pegándole severa validada al matoneo machista contra Carolina Sanín.
Parte de la razón por la que eso pasó es esa tendencia de las universidades de tratar a sus estudiantes como niños caprichosos a complacer.
Eso viene, por supuesto, como ñapa del modelo de negocio que resuelven seguir: uno donde la educación es un producto que se adquiere.
En vez de hacer énfasis en el aprendizaje se promueve la adquisición de “títulos” como objetivo: meritocracia a la medida de los ricos.
Y ahí seguirán entregados al matoneo contra mujeres camuflados tras la excusa de un supuesto humor que la universidad se niega a confrontar.
Porque el cliente siempre tiene la razón. Y al cliente siempre hay que sonreírle, así diga las atrocidades más destempladas.
Y bueno, Sanín es un blanco fácil porque a la clase elegante educada (a la que pertenece) la ve como un animal rabioso, fuera de control.
¿La razón? Sanín salta varias de las cortesías imbéciles que esa clase se inventó para distinguirse (por diseño) de la plebe ignara.
Dice vainas que “no se pueden decir”. No se “comporta”. Decepciona como mujer: no se queda encerradita en la jaula que le corresponde.
“Es que es muy inapropiada”, dicen. Alguien de su clase y distinción no puede hablar/comportarse públicamente de ciertas formas.
Y de ahí saltan suavecito a un “bien merecido” que dicen en voz baja pero sin remordimiento alguno.
Lo que le cobran a Sanín es la “falta de modales”. Un hijueputa con modales nunca deja de ser alguien respetable. A veces incluso admirado.
Y bueno, con hombres la falta de modales se tolera ocasionalmente, cuando alcanzan cierta dignidad sacerdotal.
Porque de los hombres se espera cierta brutalidad verbal, claro. Para enfatizar la hombría.
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Ahí termina el discurso de hombre bueno y justo con las mujeres vulneradas y para rematar retuitea a dos mujeres sometidas conscientes de su minusvalía:
Hagamos algo, mujeres: numeremos las veces que en nuestra vida nos juzgaron por no cumplir con las expectativas de ser mujer. Las leo.
He recibido los mensajes más machistas por el Día de la Mujer. Agradezco el detalle pero no han entendido un culo. Agregó está payasada.
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Como se puede notar todo queda en la apariencia, en la superficie. Es casi seguro que el maestro @infrahumano fue uno de los centenares de internautas que matoneó sin ningún asomo de compasión a Carolina Sanín y ahora, cuando la ve perdida y burlada, vencida y humillada, se solidariza con ella.
Lo peor de este “feminismo” disfrazado, ejercido por los hombres más machistas  y celebrado por las mujeres más estúpidas, es que hombres y mujeres se abrazan unos a otros y se sienten moralmente superiores sin ver lo que se oculta detrás de esos discursos en los que se impone la apariencia; aquí la verdad y la justicia pierden todo el sentido. Lo importante no es ser sino parecer y recibir muchos favs y RTs

lunes, 6 de marzo de 2017

Feminismo y pornografía

Gracias a Alejandra Omaña (@AmarantaHank), supe de la existencia de Marina (@AmarnaMiller). AmarantaHank (colombiana, cucuteña, acuerpada, mujer de frontera y comprometida con el periodismo) parecía muy original, rebelde, con carácter, inteligente y hasta feminista y la admiración terminó cuando supimos que es una copia total de Amarna. Basta ver la carrera y las opiniones de Marina para imaginar en lo que se convertirá nuestra querida Alejandra.
Amarna tiene 26 años y Amaranta 24, mujeres jóvenes, vitales, llenas de deseo y dispuestas a satisfacerlo, una cualidad que no se sale de la generalidad de la mujer normal. Lo anormal sería que las niñas de esta edad pasaran el día entero cavilando sobre la evolución de la marsopa de cristal, la velocidad de los neutrinos, la naturaleza del tiempo y el espacio; la mayoría de las mujeres de su edad pasan casi todo el día pensando en sexo porque la naturaleza es cruel y Dios (si existe) se ríe de nosotros.
Amarna y Amaranta (discípulas de Henry Miller y de Charles Bukowski, según ellas) son claras en que están ávidas de sexo y quieren saciar todas sus fantasías. Ellas están en todo su derecho pero la pregunta es por qué lo tienen que hacer público y lo quieren mezclar con periodismo, arte, literatura y feminismo cuando todos sabemos que son campos completamente diferentes. A las dos les parece divertido hacer lo que más les gusta, que les paguen por hacerlo y que nosotros disfrutemos viéndolas trabajar pero qué sentido tiene aparecer como artistas o feministas cuando el 99% de sus espectadores están pensando en sexo y sólo en sexo cuando las oyen; las ven como actrices porno que se salen un poco de su libreto y se presentan como mujeres emancipadas y esa es la gran novedad, el gancho que ellas usan para vender más y para no parecer simples muñecas de carne.
No, Amarna y Amaranta no son simples objetos carnales, son  mujeres con ideas claras y talentos bien identificados. Esa es la novedad, son actrices porno con discurso.
Cuando la gente ve pornografía no se interesa casi nunca en la trayectoria intelectual de la actriz, en sus gustos estéticos, de qué lado de la cama duerme cuando está sola o cuál es su serie favorita porque ante la escena pornográfica el ser se anula y el ojo se concentra sólo en el cuerpo y en lo que quien está detrás de la escena quiere que pase con ese cuerpo a través de otros cuerpos, es una sucesión de miradas sin participación de la palabra, todo se concentra en el ojo, en ese momento crucial sobran los discursos y la ideología porque no tienen sentido en este contexto, no cabe la racionalidad, sólo existen el deseo quien observa, carne deseosa observando actos carnales de seres anónimos a través de la pantalla. No hay un cuerpo, hay cientos de cuerpos disponibles en la web y de esos centenares de cuerpos los espectadores saben el nombre de dos o tres mujeres no precisamente porque quisieran saber cómo son fuera de cámaras, cómo piensan, sino porque corresponden exactamente a su fetiche.
Hay cientos de mujeres trabajando en la pornografía, como hay cientos de mujeres ejerciendo la prostitución y a estas dos mujeres les pareció muy inteligente y original (más a Marina que a Alejandra) decir que son feministas y entre más lo pienso más me convenzo de que no hay ninguna relación entre feminismo y pornografía por una razón muy simple: la naturaleza del cuerpo de la mujer, sus particularidades. El cuerpo femenino es mucho más complejo que el masculino, todo en el cuerpo de la mujer está hecho para ser contemplado, tocado, disfrutado y por eso la pornografía se concentra en la mujer y manipula esos cuerpos hasta el límite. Mirarlas ya es un placer, ver cómo se visten y luego caen las prendas, ver los rostros, las formas de caminar, las curvas y luego ver esa belleza en movimiento convertida en muñeca de carne realizando actos acrobáticos hechos a la medida de la imaginación de quien está detrás de la actriz, de quien la dirige. Mujeres tratadas como muñecas de carne para saciar la imaginación y el deseo del espectador. Eso no tiene nada que ver con feminismo, tiene que ver con machismo, con el hecho de ver hasta dónde llega la imaginación masculina, sus fantasías hechas realidad a través del cuerpo de mujeres reales exhibidas para millones de ojos que contemplan gratis este triste espectáculo.
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Relación sentimental con una almohada

Después de cuarenta y seis años de existencia supe -no sin asombro- que establezco relaciones sentimentales con las almohadas.
Lo supe porque hace dos años encontré la almohada perfecta, disfruté noches intensas con ella sin descanso y cuando se deterioró quise encontrar una idéntica o parecida y fracasé en todos mis intentos.
Compré dos almohadas nuevas y quise cambiarlas pero me gustaba más la almohada vieja y seguí aferrada a ella durante un año más mientras las almohadas nuevas no me sabían a nada y las miraba con desprecio.
Hice varios intentos con la almohada nueva hasta que un día cualquiera y sin saber por qué sentí que entre ella y yo se estableció un puente más poderoso que el que había establecido con la anterior.
Completamos una semana de noches intensas, es una experiencia nueva porque no se parece en nada a mi aventura pasada, es toda una aventura en mi cabeza.
Esta mañana me descubrí asombrada abrazada a la almohada en actitud fraterna como abrazaba a un oso que terminé tirando a la basura porque sentía me que seguía con la mirada y lograba intimidar con su actitud a los osos de carne y hueso, a los hombres que parecen osos.

Biología animal

Hay dos alternativas en literatura: hablar de sexo y dinero o no hablar de sexo y dinero.
Si el autor habla de sexo y dinero debe ser para burlarse del sexo y despreciar el dinero. Y esta será la literatura realista de crítica social. Para que la obra sea auténtica el autor debe ser sincero, debe burlarse del sexo y despreciar el dinero. Si va a despreciar el engaño, la adulación, la mentira, el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo… Si va despreciar todos esos sentimientos y prácticas viles tan frecuentes en los seres humanos debe ser sincero también. Que no sea una pose para quedar bien, para parecer profundo y sensible, para parecer lo que no es, para vender muchos libros, ganar muchos premios y encontrar buenos amigos y mejores amantes. No debe actuar de esa forma porque un lector inteligente y sensible lo descubrirá cuando lo vea en público (aunque es extraño encontrar personas inteligentes y sensibles en eventos públicos relacionados con literatura).  Si en tu libro quieres parecer Nietzsche no aparezcas con la cara de Ricardo Silva, Héctor Abad, Andrés Hoyos o cualquier otro escritor colombiano de renombre. Trata de ser tú mismo en la  vida y en la obra.
Si el autor no habla de sexo y dinero es porque se burla del sexo y desprecia el dinero, más todavía que el autor de literatura realista. Este es el autor de literatura fantástica. Aquí los seres humanos no se igualan con los conejos y los perros, no se rebajan a su condición más primaria, la de juntar las partes para darle vida a un nuevo ser o para resoplar como cerdos durante diez minutos de  locura; al autor sólo le importa ocuparse de las dotes intelectuales de sus personajes, su capacidad de análisis y síntesis. Le interesa lo más noble de su triste condición. Por eso se burla del sexo y desprecia el dinero y el recurso más efectivo para constatarlo tiene que ver con el hecho de que en sus composiciones los personajes no caen en prácticas sexuales y tampoco hay intercambios de dinero. No se habla de la condición sexual ni económica de los personajes.
Hay literatura fantástica en la que se involucra el sexo y el dinero, pero para que sea fantástica el sexo no debe estar relacionado con biología animal sino con violencia, crímenes y todo tipo de excesos. El lector debe terminar asqueado del sexo o muerto de la risa.
Los mejores representantes de estos géneros son Bukowski, Sade y Lovecraft. Sus libros están llenos de verdades que la gente no está dispuesta a oír, leer ni imaginar.

Voluntad de acero

Este año me he trazado varias metas difíciles de lograr porque tienen que ver con placeres disfrutados durante hace ya bastante tiempo y lo más sorprendente de todo es que lo hago sin esfuerzo, sin trabajo, sin sacrificio, no me cuesta, me siento como una buena monja enclaustrada posando de sacrificada.
Si es tan sencillo convertirse en monja entonces nos tenían engañados y lo más probable es que tampoco sea cierto que Dios exista y esté presente en nuestros actos y algunas veces interfiera en nuestros pensamientos.
Conclusión: somos libres para portarnos mal.
No es ninguna penitencia  hacer el balance de mis grandes logros porque no me cuesta trabajo y la pregunta que suelo hacerme mientras vivo mi vida sin sacrificio es si soy yo, mi naturaleza o mis maestros a través de mí o yo a través de la historia de la especie y la galaxia. ¿Nací aprendida, me eduqué o me dejé educar? ¿Soy dócil, me aplaqué o ascendí en mi carrera espiritual?