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sábado, 12 de noviembre de 2016

Si amas a tu perro trátalo como a un perro

Hay gente que no tiene hijos pero tiene perro y sueña con realizarse como padre con su perro: lo educa, juega con él, lo llama por su nombre, se siente orgulloso de sus avances, no pueden conversar pero, en todo caso, los hijos no conversan mucho con sus padres y a veces las palabras hieren y separan a los padres de los hijos. Los hijos no son de los padres sino de la vida, como los perros. Ni los perros ni los hijos son ramas de los padres, porque ni los padres ni los hijos ni los perros son árboles ni ramas sino personas y animales con pies y patas.
Los perros no son tan tontos como algunos amos suelen creer, hay algunos que los superan en inteligencia: el perro siente compasión, finge no poder alcanzar en el aire el objeto que su amo le lanza como si lo estuvieran filmando (la gente que suele jugar con su perro en el parque por lo general es más fea, más chica, más insignificante que su perro, es gente a la que nadie miraría si no fuera por la gracia del animal). El perro no atrapa el objeto que le lanza su amo porque sabe que si lo hace le va a dar golpes en la cabeza para que lo suelte y si es tan tonto como para lanzarle objetos pequeños, cuando el perro se los traga supone que después de cinco minutos se los va a devolver porque lo tiene debajo de la lengua. El problema de los domadores de perros no entrenados es que creen que el perro es una prolongación de sí mismos, no saben que aunque hombres y perros puedan convivir son seres diferentes.
Tomar al perro por hijo es gracioso, tomar al perro por alumno es gracioso, disfrazar al perro de persona es ofensivo, una ofensa contra la dignidad del perro: a la perra no le interesa saber cómo le queda la falda y la cintas rozadas en la orejas; al perro blanco le debe resulta bastante incómodo caminar con cuatro zapatos negros de cuero con cordones, es un pobre perro torpe que camina como ciego ¿qué tiene de divertido ponerle pesas en el cuerpo a un perro y sacarlo a caminar para que los demás lo vean como a un perro peligroso? ¿Por qué sentir que tengo un perro deportista por el solo hecho de llevarlo corriendo mientras yo disfruto en la comodidad de una bicicleta?
Hay gente no que tiene hijos ni desea tenerlos, para eso tiene perro; hay gente que quisiera aprovechar mejor su tiempo libre pero no tiene talento para nada, entonces se compra un perro, al que decide entrenar; hay quien busca reafirmar su propia personalidad y escoge un perro para hacerlo, la elección debe ser inconsciente pero es un hecho que la mente humana es poderosa y gracias a este poder hombre y perro terminan por parecerse, hay perros con cara de gente y gente con cara de perro, ¿quién termina por parecerse a quién?, ¿la transformación se da gracias al poder mental del amo o del perro?
Comprar un perro es como comprar un carro: grande o pequeño, discreto o extravagante, usado o nuevo, ruidoso o silencioso, elegante y costoso o corriente y barato. Tener o no tener, tengo carro y perro grande, tengo carro y perro pequeño, no tengo carro ni perro, no necesita carro ni perro, cómo me vería yo en tal carro o con tal perro…

domingo, 3 de abril de 2016

Si le diera forma de 7 al 1

 Buscaría múltiples opciones y futuros positivos.
Sería polifacética, afirmadora y generosa.
Me enfocaría intencionalmente en lo positivo  imaginando planes, opciones y posibilidades.
Los Sietes son re-encuadradores naturales dado que se enfocan en el lado luminoso de las cosas.
Se mantienen alegremente activos.
Evitan el dolor interno y son difíciles de alcanzar (como si fuesen un blanco móvil).
Renacentistas y polifacéticos capaces de desarrollarse favorablemente en muchos ámbitos totalmente dispares entre sí.
Aventureros y multi-talentosos, con un entusiasmo auténtico por la vida.
Como niños (sin ser infantiles) los Sietes sanos son enormemente receptivos.
Perspectiva positiva y estimulante. Pueden apreciar de manera entusiasta los regalos que otorga la vida.
Mezcla de encanto y curiosidad pudiendo ser creativos, extrovertidos, generosos con los amigos y constantemente interesados en los nuevos horizontes.
Normalmente muy elásticos, suelen regresar fortalecidos de la pérdida y la calamidad.
Leales y sensibles.
Buscan compromisos de gran alcance y las más profundas satisfacciones.
Pueden aceptar la real necesidad tanto del dolor como del compromiso en sus vidas.
Aceptar la dimensión dolorosa de la vida le otorga al Siete mayor profundidad y por consiguiente refuerza su alegría.
Al estar dispuestos a hacer los compromisos apropiados, esto genera una estructura global dentro de la que aun pueden encontrar variedad en sus vidas.
——–
Centro: Pensamiento
Pasión: Gula
Fijación: Planificación
Visión de sí mismo: “Yo divierto”
Estructura de temor (lo que evita): Dolor
Estructura de deseo: Sentirse feliz
Trampa o justificación: positivismo
*****
eneatipos

lunes, 27 de julio de 2015

Decir cosas para sorprender a los burgueses

El valor de confiar en la razón exige arriesgarse al aislamiento y la soledad, y este riesgo es para muchos aún más duro de arrostrar que el de la vida. Pero la busca de la verdad inevitablemente expone a quien lo hace a ese riesgo del aislamiento. La verdad y la razón son opuestas al sentido común y a la opinión pública. La mayoría se acoge a racionalizaciones cómodas y a opiniones que no miran más allá de la superficie de las cosas. La función de la razón es penetrar esa superficie y llegar a la esencia oculta detrás de ella, visualizar objetivamente, esto es, sin ser determinado por los deseos y los temores del sujeto, cuáles son las fuerzas que mueven a la materia y a los hombres. En ese intento, necesita uno afrontar el aislamiento, si no el desprecio y la burla, de aquellos a quienes perturba la verdad y odian al perturbador. Freud tuvo esa capacidad en un grado notable. Sentía su aislamiento, sufría por él, pero nunca quiso o ni siquiera se sintió inclinado a la más ligera concesión que hubiera aliviado su aislamiento. Ese valor fue también su mayor orgullo; no se consideraba a sí mismo un genio, pero apreciaba ese valor como la cualidad más sobresaliente de su personalidad. Ese orgullo quizá tuvo a veces una influencia negativa sobre sus formulaciones teóricas. Desconfiaba de toda formulación teórica que pudiera sonar conciliatoria y, como Marx, encontraba cierta satisfacción en decir cosas para sorprender a los burgueses.
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viernes, 17 de julio de 2015

De los sueños se puede decir cualquier cosa menos que son mentira

El año pasado leí un libro científico titulado Dormir y soñar. Las conclusiones son reveladoras pero los investigadores quedaron con más preguntas que respuestas. No saben por qué el animal llamado hombre necesita dormir tanto tiempo. El tiempo del sueño no concuerda con el tamaño del cuerpo y el tamaño del cuerpo no corresponde con su longevidad. Cuando llegan a la parte de los sueños, al no comprender nada deciden concluir que los sueños no significan nada, no tienen importancia, Freud y los demás perdieron el tiempo ocupándose de esta minucia. Los científicos llegaron a la conclusión de que gran parte de la población mundial toma valeriana para combatir el insomnio pero la valeriana no lo cura, sólo sugestiona y engaña al creyente en la hierba.
Cuando terminé de leer el libro sentí que había aprendido mucho, que se habían derrumbado algunos prejuicios pero los sueños siguen teniendo su misterio, ¿por qué he soñado toda la vida estudiando si odio la educación y desprecio a los profesores desde que estaba en quinto de primaria?, ¿por qué hay temporadas en las que sueño todas las noches con la misma persona o las mismas situaciones? ¿Por qué cuando un sueño perturbador perturba el día y se busca el significado del sueño se encuentran algunas respuestas?, ¿Por qué hay sueños tristes que nos hacen felices o otros felices que nos estritecen?, ¿Por qué algunos sueños parecen más reales que la realidad?

jueves, 16 de julio de 2015

El credo de Erich Fromm

1.- Creo que la unidad del hombre, a diferencia de otros seres vivientes, se debe a que el hombre es la vida consciente de sí misma. El hombre es consciente de sí mismo, de su futuro, que es la muerte ; de su pequeñez, de su impotencia. Es consciente del otro en cuanto otro. El hombre está en la naturaleza, y sometido a sus leyes, aunque la trascienda con el pensamiento.
2.- Creo que el hombre es consecuencia de la evolución natural : que ha nacido del conflicto de estar preso y separado de la naturaleza y de la necesidad de hallar unidad y armonía con ella.
3.-Creo que la naturaleza del hombre es una incoherencia, debida a las condiciones de la existencia humana, que exige buscarle soluciones, las cuales a su vez crean nuevas incoherencias y la necesidad de nuevas soluciones.
4.- Creo que toda solución a estas incoherencias puede cumplir realmente la condición de ayudar al hombre a superar el sentimiento de separación y a lograr un sentimiento de concordancia, comunidad y participación.
5.- Creo que, en toda solución a estas incoherencias, el hombre sólo tiene la posibilidad de escoger entre avanzar o retroceder. Estas opciones, que se manifiestan en actos precisos, son medios para rebajar o para desarrollar la humanidad que tenemos dentro.
6.-Creo que la alternativa fundamental para el hombre es la elección entre "vida" y "muerte", entre creatividad y violencia destructiva, entre la realidad y el engaño, entre la objetividad y la intolerancia, entre fraternidad con independencia y dominio con sometimiento.
7.- Creo que podemos atribuir a la "vida" el significado de continuo nacimiento y constante desarrollo.
8.-Creo que podemos atribuir a la "muerte" el significado de suspensión del desarrollo y continua repetición.
9.- Creo que, con la solución regresiva, el hombre trata de encontrar la unidad librándose del insoportable miedo a la soledad y a la incertidumbre, desfigurando lo que lo hace humano y lo atormenta. La orientación regresiva se desarrolla en tres manifestaciones, juntas o separadas : La necrofilia, el narcisismo y la simbiosis incestuosa.
Por necrofilia entiendo el gusto por todo lo que es violencia y destrucción : el deseo de matar, la adoración de la fuerza, la atracción por la muerte, el suicidio y el sadismo y el deseo de transformar lo orgánico en inorgánico sometiéndolo al "orden". El necrófilo, por carecer de las cualidades necesarias para crear, en su impotencia encuentra más fácil destruir, porque para él sólo una cualidad tienen valor : la fuerza.
Por narcisismo entiendo la falta de un interés autentico por el mundo exterior y un intenso apego a uno mismo, al grupo, clan, religión, nación, raza, etc., con graves distorsiones del juicio racional. En general, la necesidad de satisfacción narcisista deriva de la necesidad de compensar una pobreza material y cultural.
Por simbiosis incestuosa entiendo la tendencia a seguir ligado a la madre y a sus equivalentes : la estirpe, la familia o la tribu ; a descargarse el insoportable peso de la responsabilidad, la libertad y la conciencia, para ser protegido y amado en un estado de seguridad con dependencia, que paga el individuo con el cese de su propio desarrollo humano.
10.-Creo que , escogiendo avanzar, el hombre puede encontrar una nueva unidad mediante el pleno desarrollo de todas sus energías humanas, que se muestran en tres orientaciones, juntas o separadas : la biofilia, el amor a la humanidad y a la naturaleza y la independencia y libertad.
11.- Creo que el amor es la llave principal para abrir las puertas al "crecimiento" del hombre. El amor y la unión a alguien o algo fuera de uno mismo permite trabar relaciones con otros, sentirse uno con otros, sin reducir el sentido de integridad e independencia. El amor es una orientación positiva, para la cual es esencial que se hallen presentes al mismo tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del objeto de unión.
12.- Creo que la experiencia del amor es el acto más humano y humanizador que es dado gozar al hombre y, como la razón, carece de sentido si se entiende de manera parcial.
13.-Creo en la necesidad de "liberación" de los lazos, externos o internos, como condición para poder tener la "libertad" de crear, obrar, querer saber, etc., para poder llegar a ser un individuo libre, activo y responsable.
14.- Creo que libertad es la capacidad de obedecer la voz de la razón y del conocimiento, en contra de las voces de las pasiones irracionales. Es la emancipación que libera al hombre y lo pone en el camino de emplear sus facultades racionales y de comprender objetivamente el mundo y el papel que en éste representa.
15.- Creo que la "lucha por la libertad" tiene, en general, el sentido excluido de lucha contra la autoridad impuesta sobre la voluntad individual. Hoy "lucha por la libertad" debe significar liberarnos, individual y colectivamente, de la "autoridad" a la que nos hemos sometido "voluntariamente" : liberarnos de las fuerzas interiores que exigen este sometimiento porque somos incapaces de soportar la libertad.
16.- Creo que la "libertad de elección" no siempre es igual para todos los hombres en todo momento. El hombre de orientación exclusivamente necrofílica, narcisista o simbiótico incestuosa, puede tomar sólo una opción regresiva. El hombre libre, liberado de lazos irracionales, no puede tomar ya una opción regresiva.
17.- Creo que el problema de la libertad de elección existe sólo para el hombre de orientaciones contrapuestas, y que esta elección siempre está estrechamente condicionada por deseos inconscientes y por justificaciones tranquilizadoras.
18.- Creo que nadie puede "salvar" a su prójimo decidiendo por él. Únicamente podrá ayudarlo señalándole alternativas posibles, con toda sinceridad y amor, sin sensiblería ni engaño alguno. La conciencia intelectiva de las alternativas liberadoras puede reavivar en un individuo sus energías ocultas y ponerlo en el camino en el que escoja la "vida", en lugar de la "muerte".
19.- Creo que la igualdad se siente cuando, al descubrirse uno mismo por completo, se reconoce igual a otros y se identifica con ellos. Todo individuo lleva la humanidad en su interior. La "condición humana" es única e igual en todos los hombres, a pesar de las inevitables diferencias de inteligencia, talento, estatura, color, etc.
20.- Creo que la igualdad entre los hombres se debe recordar especialmente para evitar que uno se convierta en instrumento de otro.
21.- Creo que la fraternidad es el amor dirigido a nuestros semejantes. No obstante, se quedará en palabra hueca mientras no se hayan eliminado todos los lazos "incestuosos" que impiden juzgar objetivamente al "hermano".
22.- Creo que el individuo no puede entablar estrecha relación con su humanidad en tanto no se disponga a trascender su sociedad y a reconocer de qué modo ésta fomenta o estorba sus potenciales humanas. Si le resultan "naturales" las prohibiciones, las restricciones y la adulteración de los valores, es señal de que no tiene un conocimiento verdadero de la naturaleza humana.
23.- Creo que la sociedad ha chocado siempre con la humanidad, aun teniendo una función a la vez estimulante e inhibitoria. La sociedad no dejará de paralizar al hombre y promover la dominación hasta que su fin se identifique con el de la humanidad.
24.- Creo que podemos y debemos esperar una sociedad cuerda que fomente la capacidad del hombre de amar a sus semejantes, de trabajar y crear, de desarrollar su razón y un sentido real de sí mismo basado en la experiencia de su energía positiva.
25.- Creo que podemos y debemos esperar la recuperación colectiva de una salud mental caracterizada por la capacidad de amar y crear, por la liberación de los lazos incestuosos con el clan y la tierra, por un sentido de identidad basado en la experiencia que tienen de sí mismo el individuo como sujeto y agente de sus facultades y por la capacidad de influir en la realidad exterior e interior a uno mismo, logrando el desarrollo de la objetividad y de la razón.
26.- Creo que, mientras parece que este mundo nuestro enloquece y se deshumaniza, cada vez más individuos sentirán la necesidad de asociarse y colaborar con quienes compartan sus preocupaciones.
27.- Creo que estos hombres de buena voluntad, no sólo deben hacerse una interpretación humana del mundo, sino que también deben señalar el camino y trabajar por su posible transformación : la interpretación sin voluntad de reforma es inútil ; la reforma sin previa interpretación es ciega.
28.- Creo posible la realización de un mundo en que el hombre "ser" mucho aunque "tenga" poco ; un mundo en que el móvil dominante de la existencia no sea el consumo ; un mundo en que el "hombre" sea el fin primero y último ; un mundo en que el hombre pueda encontrar la manera de dar un fin a su ida y la fortaleza de vivir libre y desengañado.

miércoles, 15 de julio de 2015

Aforismos de Flaubert en las cartas a Louise Colet

Los textos escritos, a diferencia de la narración o el diálogo oral, conservan el discurso y se convierten en archivos disponibles para la memoria individual y colectiva, si la lectura es posible es porque el texto no está cerrado en sí mismo sino abierto a otra cosa. Leer es encadenar un discurso conocido al discurso del texto que se está leyendo, relacionar experiencias anteriores de lectura y de vida y actualizar o activar la lectura de nuevos textos o de textos ya leídos a partir de perspectivas nuevas, la capacidad de reactualización de los documentos escritos es lo que garantiza su carácter abierto. En la correspondencia de Flaubert, y especialmente en las Cartas a Louise Colet, esta regla se evidencia en todo su esplendor puesto que al lector se le brinda la posibilidad de encontrar una y otra vez, expresado desde diversas perspectivas y con énfasis diferentes, desde la voz del enamorado que expresa la intensidad de sus sentimientos sólo a través de la escritura y desde la distancia, pasando por los más honestos consejos para emprender una vida menos dolorosa -toda una filosofía de la vida con argumentos lo suficientemente lógicos, sólidos y consecuentes- hasta las reflexiones más lúcidas relacionadas con el arte, la lectura y la escritura, sopesadas por un hombre que se autoproclama como un practicante del misticismo estético.
Para Flaubert el amor loco y las valores de la vida comunitaria como experiencias humanas son inferiores a las que proporciona la relectura de un clásico en absoluta soledad; él necesita de todo su tiempo para volver una y otra vez sobre los autores que más admira: Cervantes, Rabelais, Epicteto... y se empeñó en convertir en realidad la escritura de las obras con las que soñó. Ese fue su gran ideal y lo alcanzó a fuerza de trabajo, soledad y perseverancia, tres valores que enaltece a lo largo de su correspondencia.
Flaubert le escribía a su amante para distraerse del trabajo o para desatar la ira, la felicidad o la impotencia que generaba en él la escritura de su obra literaria más importante: Madame Bovary. La gran paradoja alrededor de la escritura simultánea de estos dos textos está relacionada con el hecho de que a pesar del innegable valor estético de la novela la lectura de las cartas en algunas ocasiones puede llegar a ser más estimulante, actual y universal, este hecho se debe, tal vez, a que son expresión cabal de lo que el mismo Flaubert consideraba sería la gran obra literaria del futuro: un texto autobiográfico escrito con total sinceridad, buen estilo y sin omitir detalles que pongan a salvo la imagen del escritor: "Cualquier hombre que supiera escribir correctamente crearía un libro soberbio al redactar sus Memorias, si las expusiera con sinceridad y de manera completa" (Flaubert. 1989. 95).
El principal objeto de estudio de Flaubert a lo largo de su vida fue él mismo y la experiencia amorosa con Louise Colet se constituyó en el mejor pretexto para profundizar más en su autocontemplación, en algunas ocasiones es asombrosa la convicción de Flaubert para expresar sus sentimientos y otorgarle un lugar preciso o cada pasión, casi siempre de manera racional y calculada, en medio de la placidez que le proporciona el hecho de compartir impresiones sobre la gran pasión de su vida, la lectura y la escritura, con una mujer que además de eso lo ama y estuvo dispuesta siempre a soportar sus cambiantes estados de ánimo y sus ausencias.
Flaubert escribe sobre la vida y la muerte, sobre las pasiones y las flaquezas humanas, sobre el arte, la lectura y la escritura. En vista de que se trata de un hombre tan consecuente consigo mismo y ha constituido su vida de tal manera que cada idea y acción suyas se corresponden de manera plena, sobran más explicaciones:
Un polvo dura un minuto, y lo has deseado durante meses.
Quisiera escribir palabras que te hicieran llorar de admiración.
Las pasiones son buenas, pero no en exceso; hacen perder mucho tiempo.
Se llegan a hacer cosas hermosas a fuerza de paciencia y de larga energía.
La felicidad es una mentira cuya búsqueda causa todas las calamidades de la vida.
¡Qué mecánica supone lo natural, y cuántas artimañas hacen falta para ser auténtico!
Me gustan los tipos tajantes y energúmenos. Sin fanatismo no se hace nada grande.
Ser tonto, egoísta y tener buena salud, son las tres condiciones requeridas para ser feliz.
Todos los grandes voluptuosos son púdicos; hasta ahora no he visto excepciones.
La naturaleza exterior nos avergüenza: es de una serenidad desoladora para nuestro orgullo.
No creo en el remordimiento: es una palabra de melodrama que jamás consideré auténtica.
Me gusta agotar las cosas. Y todo se agota; jamás he tenido un sentimiento sin tratar de agotarlo.
Por un instante he visto la sima, he comprendido el abismo, y luego el vértigo me ha arrastrado.
Así que tú también has sondeado el abismo y has visto el fondo allá donde creías que no lo había.
Ahora siento hacia mis semejantes un odio sereno, o una piedad tan inactiva que es lo mismo.
Más que galopar, Pegaso suele ir al paso. Todo el talento consiste en tomar el ritmo que uno quiere.
Las mujeres confunden el culo con el corazón y creen que la luna está hecha para alumbrar su cuarto.
Para aguantar todo lo que precisas, ángel mío, hazte una coraza secreta compuesta de poesía y orgullo.
Temo ser frío, seco, egoísta, y Dios sabe bien, sin embargo, lo que sucede en estos momentos dentro de mí.
Hay que apoyarse sobre los fuertes y sobre lo eterno, y no sobre nuestras pasiones tornasoladas y cambiantes.
Me disgusta profundamente el periódico, es decir, lo efímero, lo pasajero, lo que es importante hoy y no lo será mañana.
Cuando uno vale algo, buscar el éxito es estropearse sin motivo, y buscar la gloria es quizá perderse completamente.
Lo que vuelve tan hermosas las figuras de la antigüedad es que eran originales: ahí está todo, el sacar de uno mismo.
No soy ruiseñor, sino curraca de grito agrio que se oculta en el fondo de los bosques para no ser oída sino por ella misma.
Si no me quisieras, me moriría; como me quieres, aquí estoy, escribiéndote que te detengas. Mi propia estupidez me da asco.
Cada día me doy cuenta de lo poco que tengo, y la profundidad de mi vacío no iguala sino la paciencia que dedico a contemplarlo.
Por mucho que escondo lo más posible mis dolores en mi interior, a veces salen, y desgarran a quienes estrecho entre mis brazos.
La felicidad es un usurero que, por un cuarto de hora de dicha que te presta, te hace pagar todo un cargamento de desgracias.
Los nudos más sólidos se desatan por sí mismos, porque la cuerda se gasta. Todo se va, todo pasa; el agua corre y el corazón olvida.
La comicidad llegada al extremo, la comicidad que no hace reir, el lirismo en la broma es para mí lo que más me seduce como escritor.
Esta disposición para planear sobre uno mismo es quizá la fuente de toda virtud. Te arranca de la personalidad, lejos de retenerte en ella.
¡Camina, venga, no mires hacia atrás ni hacia adelante; pica piedras como un peón, con la cabeza gacha, latiéndote el corazón siempre, siempre!
Yo soy un arabesco de marquetería; hay trozos de marfil, de oro y de hierro; los hay de cartón pintado; los hay de diamante; los hay de hoja de lata.
No presumo de ir hacia un falso ideal de estoicismo, pero evito las ocasiones de sufrimiento y las atracciones peligrosas, de las que ya no se vuelve.
El amor no es lo primero en la vida, sino lo segundo. Es un lecho en el que acuesta uno su corazón para relajarlo. Y uno no puede pasarse todo el día echado.
Las mujeres, que han amado tanto, no conocen el amor, por haber estado demasiado acupadas con él; no tienen un apetito desinteresado por lo Bello.
Lo que constituye la fuerza de una obra es el empalme, como se dice vulgarmente, es decir, una larga energía que corre de un extremo a otro y que no flaquea.
Al amor le pusieron una venda, pues resultaba embarazoso representar sus ojos. Habría sido algo demasiado feo. Lleva tanto tiempo llorando que han de estar rojos.
Porque un imbécil tenga dos pies como yo, en vez de cuatro como un burro, no me creo obligado a quererlo, o al menos, a decir que lo quiero y que me interesa.
El amor, después de todo, no es sino una curiosidad superior, un apetito de lo desconocido que te empuja a la tormenta, a pecho abierto y con la cabeza adelante.
Lo que hace dulces los días es la expansión de la mente, la comunión de ideas, el relato confidencial de lo que se ha soñado, de lo que se desea, de todo lo que se piensa.
Hay que poner el corazón en el arte, la inteligencia en el comercio del mundo, el cuerpo allá donde se encuentre bien, la bolsa en el bolsillo y la esperanza en parte alguna.
Me detesto y me acuso por esa demencia de orgullo que me hace jadear en pos de la quimera. Un cuarto de hora después, todo ha cambiado; el corazón me late de alegría.
Que cada uno se contente con ser honesto, quiero decir con cumplir su deber y no fastidiar al prójimo, y entonces todas las utopías virtuosas se verán rápidamente rebasadas.
¡Si me hubieras amada a los diecisiete años, qué cretino sería ahora! La feliclidad es como la sífilis: si se contrae demasiado joven, puede estropear completamente el temperamento.
No hay un cretino que no haya soñado ser un gran hombre, ni un burro que, al contemplarse en el arroyo junto al que pasaba, no se mirara con placer, encontrándose aires de caballo.
Soy el hermano en Dios en todo lo viviente, de la jirafa y del cocodrilo tanto como del hombre, y conciudadano de todos los inquilinos del gran caserón amueblado que es el Universo.
Lo grotesco triste tiene para mí un encanto inaudito; corresponde a las necesidades íntimas de mi naturaleza, que es bufonescamente amarga. No me hace reir sino soñar largamente.
Amo el arte, y no creo en él. Me acusan de egoísmo, y no creo en mí más que en otra cosa. Amo la naturaleza, y con frecuencia el campo me parece estúpido. Amo los viajes y detesto menearme.
Siempre soy sincero, y no puedes acusarme de haber mentido ni fingido un solo minuto, pues desde la primera hora, desde la primera palabra, dije todo eso; desde el bautismo anuncié el entierro.
Yo le había dado el fondo. Usted quiere, además, lo de encima, la apariencia, los mimos, la atención, los desplazamientos, todo lo que me he matado tratando de explicarle que no podía darle.
Ya he sido amado antes, y mucho, aunque soy de esos seres a los que se olvida pronto, más aptos para hacer nacer la emoción que para hacerla durar. Siempre me quieren un poco como algo raro.
Me parece que tú también tienes tristeza en el corazón, de esa profunda que de nada procede y que, como depende de la sustancia misma de la vida, es tanto mayor cuanto que ésta es más agitada.
La gente que medita, o sea, los champiñones intelectuales que se pudren en su sitio, como yo, hacen bien de vez en cuando en acercarse al fuego. Hace que despidan su jugo, luego quedan aún más secos.
Es fácil, con una jerga convenida, con dos o tres ideas en boga, hacerse pasar por un escritor socialista, humanitario, renovador y precursor de ese porvenir evangélico soñado por los pobres y por los locos.
La idea de dar la vida a alguien me produce horror. Me maldeciría si fuese padre. ¡Un hijo mío! ¡Oh, no, no, no! ¡Perezca toda mi carne, y que no transmita a nadie el hastío y las ignominias de la existencia!
El hastío que me entra por los ojos me rompe, desde el punto de vista nervioso, y además, sufrir durante mucho tiempo el espectáculo de la multitud me hunde siempre en ciénagas de tristeza, donde me asfixio!
Comprendo como cualquier otro lo que debe de experimentarse viendo dormir a un hijo. Yo no habría sido mal padre; pero ¿para qué hacer salir de la nada lo que duerme? Hacer venir a un ser es traer a un desdichado.
No he podido llegar al estoicismo, al que nada afecta, y que no se rebela más ante la estupidez que ante el crimen; pero he conseguido librarme completamente de todo cuanto puede mostrarme la estupidez humana.
Ya he vuelto a mi vida chata y monótona, que sólo tiene algún placer en su uniformidad, y alguna grandeza, quizá, sólo en su perseverancia. En cuanto rompo mi ritmo ordinario y quiero volver a él, siento una amargura sin fondo.
Todo el talento de escribir no consiste, después de todo, más que en la elección de las palabras. La precisión es la que hace la fuerza. En estilo es como en música: lo más hermoso y lo más raro que hay es la pureza del sonido.
Lo que siento por ti es un fruto de verano de piel lisa, que cae de la rama al menor soplo y derrama en la hierba su jugo bermejo. Se agarra al tronco, tiene la corteza dura como un coco y erizada de pinchos como los higos chumbos.
Lo que temo no son los leones ni los sablazos, sino las ratas y los alfilerazos. La habilidad práctica de un ser inteligente consiste en saber preservarse de todo eso. Para ello, como en todo, hace falta arte, y sobre todo paciencia.
No ha dado tiempo a su ira para que se enfríe. Una vez más, no se escribe con el corazón, sino con la cabeza, y por bien dotado que esté uno, siempre hace falta esa vieja concentración que da vigor al pensamiento y relieve a la palabra.
He perdido a muertos, he perdido a vivos, y he visto toda las estupidez vanidosa de mis dolores, cuando creía que estos afectos eran necesarios para mi vida. Nada es necesario ni útil. Hay cosas más o menos agradables, eso es todo.
¿Por qué has querido entrometerte en una vida que no me pertenece a mí mismo, y cambiar toda esa existencia a capricho de tu amor? Me ha hecho sufrir el ver los esfuerzos inútiles que hacías para mover esa roca que hace sangrar los dedos cuando se roza.
De día en día siento operarse en mi corazón un alejamiento de mis semejantes que va ensanchándose, y estoy contento de ello, pues mi facultad de aprehensión hacia lo que me es simpático va en aumento, debido a ese mismo alejamiento.
El fondo de mi creencia es no tener ninguna. Ni siquiera creo en mí; no sé si soy idiota o ingenioso, bueno o malo, avaro o pródigo. Como todo el mundo, floto entre todo eso; mi mérito es, quizá, el darme cuenta, y mi defecto, el tener la franqueza de decirlo.
Hay que leer, meditar mucho, pensar siempre en el estilo y escribir lo menos posible, sólo para calmar la irritación de la idea que exige tomar forma, y que se revuelve en nuestro interior hasta que le hemos encontrado una exacta, precisa, adecuada a ella misma.
La prueba de que no soy un fanático de los tonos crudos y de las ideas absolutas es que, tanto como me gustan en arte los amores desordenados y las pasiones que gritan, tanto me gustan en la práctica las amistades voluptuosas y los galanteos sentimentales.
No son las grandes desgracias las que crean la desgracia, ni las grandes felicidades las que hacen la felicidad, sino el tejo fino e imperceptible de mil cinscuntancias banales, de mil detalles tenues, que componen toda una vida de paz radiante o de agitación infernal.
No son las grandes cenas ni las grandes orgías las que alimentan, sino un régimen seguido, sostenido. Trabaja cada día pacientemente un número igual de horas. Toma el hábito de una vida estudiosa y tanquila; primero saborearás en ella un gran encanto y sacarás fuerza.
Lo que a mí me parece lo más elevado del Arte (y lo más difícil) no es hacer reir ni llorar, ni poner cachondo o enfurecer, sino obrar al modo de la naturaleza, es decir, hacer soñar. Por eso las obras más hermosas poseen ese carácter. Son serenas de aspecto e incomprensibles.
Me hablas de un terremoto en Livorno. Aunque abriera la boca al respecto, para dejar escapar las frases consagradas en semejante caso: "¡Es lamentable! ¡Qué horrible desastre! ¿Será posible? ¡Ay, Dios mío!", ¿devolvería la vida a los muertos y sus bienes a los pobres?
San Vicente de Paúl obedecía a un apetito de caridad, como Calígula a un apetito de crueldad. Cada uno goza a su estilo y para sí solo; unos, reflejando la acción sobre sí mismos, convirtiéndose en su causa, centro y finalidad; otros, convidando al mundo entero al festín de su alma.
El éxito no me tienta. Lo que me tienta es lo que puedo darme, mi propia aprobación; y quiza acabaré por prescindir de ella, como habría que tenido que prescindir de la de los demás. Así pues, traslada todo eso a ti, sobre ti, Trabaja, medita, medita sobre todo, condensa tu pensamiento.
Eres precisamente la única mujer a la que he querido y que he conseguido. Hasta ahora me iba a calmar con unas los deseos inspirados por otras. Me has hecho mentirle a mi sistema, a mi corazón, quizá a mi naturaleza, que, siendo incompleta en sí misma, busca siempre lo incompleto.
El amor no está, y no debe estar, en el primer plano de la vida; debe quedarse en la trastienda. Hay otras cosas antes que él, en el alma, que están, creo, más cerca de la luz, más próximas al sol. Conque, si tomas el amor como plato fuerte de la vida: no. Como condimento: sí.
Lo que me impide tomarme en serio, aunque tengo el espíritu bastante grave, es que me encuentro bastante ridículo, no con ese ridículo relativo que es la comicidad teatral, sino con ese ridículo inherente a la propia vida humana, y que brota del acto más sencillo o del gesto más ordinario.
Un hombre querrá a su lavandera y sabrá que es tonta, sin gozar menos por ello. Pero si una mujer ama a un patán, es un genio desconocido, un alma de élite, etc., de modo que, debido a esa natural disposición al bizqueo, no ven la verdad cuando aparece, ni la belleza allá donde se encuentra.
La patria es la tierra, es el universo, son las estrellas, es el aire, es el propio pensamiento, es decir, lo infinito dentro de nuestro pecho. Pero las querellas de pueblo a pueblo, de municipio a barrio, de hombre a hombre, me interesan poco, y sólo me divierten cuando constituyen grandes lienzos en fondo rojo.
Lea y no sueñe. Sumérjase en largos estudios; lo único que hay perennemente bueno es el hábito de un trabajo tozudo. De él se desprende un opio que embota el alma. He pasado por atroces hastíos, y he girado en el vacío, loco de aburrimiento. De eso se salva uno a fuerza de constancia y de orgullo.
Déjame quererte a mi aire, al estilo de mi ser, con lo que tú llamas mi originalidad. Compréndeme y no me acuses. Si te considerase ligera y necia, como las demás mujeres, te engañaría con palabras, promesas y juramentos. ¿Qué me costaría? Pero prefiero quedarme por debajo que por encima de la verdad de mi corazón.
Si por amor entiendes tener una preocupación exclusiva por el ser amado, no vivir más que por él, no ver más que a él de todo cuanto hay en el mundo, estar lleno de su idea, tener el corazón colmado de él... sentir, en una palabra, que tu vida está ligada a esa vida y que ésta se ha convertido en un órgano particular de tu alma: no.
Creo que la noche está hecha para un orden de ideas muy particular, distinto de aquel en que vivimos todo el día; es el momento de los suspiros, de los deseos, del recuerdo y de la esperanza; entonces es cuando, solo y despierto, el pensamiento flota a gusto entre cielo y tierra, como esas aves que viven en las nubes.
He nacido hastiado; esa es la lepra que me corroe. Me aburro de la vida, de mí mismo, de los demás, de todo. A fuerza de voluntad he acabado por adquirir el hábito del trabajo; pero cuando lo interrumpo, todo mi hastío vuelve a la superficie, como una carroña hinchada que exhibe su vientre verde y corrompe el aire que respiramos.
Si alguna vez se enamora de ti un pobre muchacho que te encuentra hermosa, un chico como era yo, tímido, dulce, tembloroso, que te tiene miedo y te busca, te evita y te persigue, sé buena con él, no lo rechaces, dale solamente tu mano a besar; morirá de embriaguez. Pierde tu pañuelo, lo recogerá y dormirá con él; se revolcará encima, llorando.
El extremo de todos mis sentimientos tiene una punta afilada que hiere a los demás, y también a mí mismo, a veces. No me gusta que mis sentimientos sean conocidos por el público, y que en las visitas me arrojen a la cabeza mis propias pasiones, a modo de conversación. Siento que te amaría de manera más ardiente si nadie supiera que te amo.
Nunca hay que pensar en la felicidad, eso atrae al diablo, pues es él quien ha inventado esa idea para hacer enloquecer al género humano. El concepto de paraíso es, en el fondo, más infernal que el de infierno. La hipótesis de una felicidad perfecta es más desesperante que la de un tormento sin descanso, ya que estamos destinados a no encontrarla nunca.
A partir de la noche en que me besaste en la frente, me juré a mí mismo no mentirte nunca. Es el procedimiento más rudo, más brutal; ¿dirás, acaso, el menos tierno? Pero creo que obrar de otro modo sería despreciarte, envilecerte incluso. No estás hecha para que se te sirva con un amor falso y lleno de muecas. Preferiría rajarte la cara que burlarme de ti a tus espaldas.
Me oriento hacia una especie de misticismo estético (si ambas palabras pueden ir juntas), y querría que fuese más fuerte. Cuando ningún estímulo nos viene de los demás, cuando el mundo exterior nos asquea, nos vuelve lánguidos, nos corrompe y nos embrutece, las personas honradas y delicadas se ven forzadas a buscar en sí mismas, en algún lugar, un sitio más limpio para vivir.
¡Cuántos amores, entusiasmos, amistades profundas y vivas simpatías no habré tenido ya, para verlas derretirse como la nieve! Me aferro a lo poco que me queda. He llorado a los muertos, a algunos vivos, y me he reído de lástima ante la vanidad de mis mejores sentimientos y de mis creencias más puras. Pero no arrojo a la calle a los que quieren quedarse conmigo, en mi aburrido aislamento.
Antes pasé largas horas soñando con triunfos asombrosos para mí, cuyos clamores me hacían estremecerme como si ya los hubiera oído. Pero no sé por qué, una mañana me desperté desembarazado de aquel deseo, incluso más enteramente que si hubiera sido satisfecho. Entonces me vi más pequeño, y dediqué toda mi razón a observar mi naturaleza, su fondo, y sobre todo sus límites.
¿Sabes que es lo que hay de más íntimo, más oculto en todo mi corazón y lo que es más "yo" en mí? Son dos o tres pobres ideas de arte incubadas con amor; eso es todo. Los más grandes acontecimientos de mi vida han sido algunos pensamientos, lecturas, ciertas puestas de sol en Trouville al borde del mar, y charlas de cinco o seis horas consecutivas con un amigo que ahora está casado, y perdido para mí.
Para tener talento hay que estar convencido de que se posee, y para conservar la conciencia limpia hay que colocarla por encima de la de todos los demás. El modo de vivir con serenidad y al aire libre es instalarse sobre una pirámide cualquiera, no importa cuál, con tal que sea elevada y su base sólida. ¡Ah!, no siempre es divertido, y se está muy solo; pero se consuela uno escupiendo desde arriba.
Si a veces tengo momentos agrios que me hacen casi gritar de rabia, hasta tal punto siento mi impotencia y mi debilidad, hay otros también en que me cuesta contenerme de alegría. Algo profundo y extravoluptuoso desborda de mí a chorros precipitados, como una eyaculación del alma. Me siento transportado y todo ebrio de mi propio pensamiento, como si me llegase, por un tragaluz interior, una bocanada de perfumes cálidos.
Hubo un tiempo en que me mirabas como a un egoísta celoso que se complacía rumiando perpetuamente su propia personalidad. Eso es lo que creen quienes ven la superficie. Lo mismo ocurre con ese orgullo que tanto indigna a los demás y que, no obstante, cuesta tamañas miserias. Al contrario, nadie ha aspirado a los demás más que yo. He ido a olfatear estiércoles desconocidos, me he apiadado de muchas cosas ante las que no se enternecían las personas sensibles.
¿Por qué no amarnos como debe uno amarse cuando tiene inteligencia? ¿Por qué no disfrutar simplemente del placer de estar juntos, buscarlo, escribírnoslo de vez en cuando, vernos con el rostro risueño y el corazón abierto, y que todo quede ahí? No merece la pena el no ser perfectos imbéciles, si es para vivir como locos. Cuando se quiere que un río corra más aprisa, se estrecha, se hace más profundo, pero sus aguas son turbias. Cuando se suena uno demasiado fuerte, se sangra. Cuando se zambulle uno demasiado hondo, se rompe la cabeza. Cuando se ama irracionalmente, se sufre desmesuradamente.
En cuanto a la idea de la patria, es decir de cierta porción de terreno dibujada en el mapa y separada de las demás por una línea roja o azul, ¡no! La patria es para mí el país que quiero, es decir, con el que sueño, aquel en que me encuentro bien. Soy tan chino como francés, y no me alegro nada de nuestras victorias frente a los árabes, porque me entristecen sus reveses. Quiero a este pueblo áspero, vivo, último tipo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra, bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de nuestra valiente civilización que tiembla de ira.
Si por amor entiendes querer tomar de ese doble contacto la espuma que flota encima sin remover el pozo que puede estar en el fondo, unirse con una mezcla de ternura y de placer, verse con encanto y separarse sin desesperación... poder vivir uno sin el otro, puesto que uno vive separado de todo cuanto anhela, huérfano de todo lo que ama, viudo de todo aquello con lo que sueña; pero experimentar, no obstante, en estas aproximaciones, desfallecimientos que hacen sonreír, como ante un cosquilleo extraño; sentir, por último, que esto ha ocurrido porque tenía que ocurrir, y que pasará porque todo pasa, jurándose de antemano que no acusará al otro ni a uno mismo, y en medio de esta dicha vivir como uno vive, o un poco mejor, con un sillón más para reclinar en él el corazón los días de cansancio, sin que por ello deje uno de estar mucho más divertido al levantarse cada mañana.
Bibliografía
Flaubert, Gustave. Cartas a Louise Colet. Madrid: Siruela. 1989.

Superación del amor alucinado

«Lo que uno piense del amor es, en el fondo, lo que más profundamente
piensa del sentido de lo que somos y de lo que nos rodea.»
Javier Sádaba
El amor es una de las experiencias humanas más complejas, no es un sentimiento ni una sensación sino la suma de sentimientos y sensaciones manifiestas de manera simultánea y a veces contradictoria: la alegría se convierte o lleva consigo aparejada la tristeza, el amor más profundo puede acabar sumido en la más dolorosa indiferencia, la realización del deseo conduce al hastío y en los periodos durante los cuales la experiencia amorosa se vive sin situaciones que la perturben, la plenitud se acompaña del miedo a la pérdida definitiva del ser amado, la muerte o la ruptura se vislumbran como hechos posibles. Si se ama intensamente la vida no puede ser concebida sin la presencia del otro.
El amor es la experiencia más dulce y también la más amarga:
Dulce y amargo es el amor;
pregunta a quienes lo conocen, o bien pruébalo.
Sólo el enamorado saborea
la dicha y la desgracia de la vida.
...
El llanto del amante lo traiciona.
El amor es dulzura y es tormento,
felicidad y desventura;
cuanto más doloroso es más querido
y cuanto más intenso, menos grave parece.
(Al-Wassa. 1990: 107)
El amor puede experimentarse como realidad, deseo, recuerdo o ensoñación, surge como necesidad para aliviar la soledad, como anhelo de plenitud, felicidad o realización personal. El problema es que «la felicidad es una mentira cuya búsqueda causa todas las calamidades de la vida» y el amor, «después de todo, no es sino una curiosidad superior, un apetito de lo desconocido que te empuja a la tormenta, a pecho abierto y con la cabeza adelante» (Flaubert. 1989: 234).
1. Cuando fui presa en el dulce comienzo de una dulzura tan dulcemente dulce
«Oh, tú, que ocupas en mi cuerpo el puesto del espíritu,
no pienses que estoy libre del insomnio y de cuidados.
¡Que Dios te guarde del insomnio,
de la inquietud
y de la tristeza que padezco!
Por ti mi pena se renueva y no se extingue,
rompe mi corazón
y corta el nudo de mi entereza.
No tengo ya resignación de perderte,
resignación que enciende la inquietud en mi costado,
lo mismo que una madre
no se resigna a perder a su hijo»
Al-Wassa.
En el momento en que el enamorado se halla en su estado más crítico, después de que se ha entregado sin orgullo, límite ni desesperación ante su objeto amoroso, cuando se encuentra ?sin remedio y por más que lo intente? a expensas del otro y ha perdido la voluntad y la confianza en sí mismo para tomar decisiones radicales, por lo general considera si no habrá sido un error haber emprendido una aventura tan desconcertante en la medida en que ha ennoblecido a un ser que no posee dotes sobrenaturales, porque en realidad nadie es dueño de ellas, al contrario, cuanto más se aproxime una persona a otra, tanto menos consecuente en sus empresas y consistente en su interior le parecerá, a no ser, claro, que la vea con los ojos del amor. Ahí comienza el problema y con mayor razón si se trata de una enamorada,quizá proclive a sufrir de bizqueo:
Un hombre querrá a su lavandera, y sabrá que es tonta, sin gozar menos por ello. Pero si una mujer ama a un patán, es un genio desconocido, un alma de élite, etc., de modo que, debido a esa natural disposición al bizqueo, no ven la verdad cuando aparece, ni la belleza allá donde se encuentra (Flaubert. 1989: 187).
El enamorado se jacta de que su objeto amoroso es «diferente a los demás» y en su desvarío jura amar hasta la muerte, pretende anular por completo el pasado y proyecta la vida hacia la eternidad, en línea recta, incluso más allá de lo desconocido. Cuando despierta de su sueño o su pesadilla le puede costar trabajo asumirse como «juguete de los dioses» y continuar viviendo como si esa pasión lo hubiera embargado precisamente a él.
El enamorado casi siempre actúa como si desvariara, desvirtúa la proporción de los hechos y los sentimientos y se iguala con quienes viven la misma experiencia por su cursilería, por el hecho de fastidiar a los demás:
Quién no conoce los nombres ridículos que los amantes se aplican, que apelativos de perros y cotorras son el fruto natural de las intimidades carnales. Las palabras del corazón son infantiles. Las voces de la carne son elementales. De hecho... el amor consiste en poder ser tontos juntos ?licencia total de necedad y de bestialidad (Valéry. 1972. 76).
Cuando se ha despertado del sueño de amor en el logro de la posesión física, el sentimiento puede terminar convertido en goce, plenitud, hastío o desilusión, el resultado depende de las expectativas y la pericia de los participantes para el ejercicio de la combinación entre amor y erotismo.
La estridencia que algunas veces provoca la experiencia erótica cuando se involucra en la experiencia amorosa se debe a que se sobrestima en demasía el erotismo como complemento o consolidación del amor, cuando en realidad amor y erotismo no tienen por qué manifestarse con la misma intensidad en relación con una persona en particular: se puede amar sin participación del cuerpo y gozar del cuerpo por puro placer sin que en ninguno de los dos casos se viva la experiencia como si le faltara algo más para ser plena.
2. El placer carnal
«Cada ser siente o vislumbra en ciertos instantes de sigilo trémulo que el erotismo introduce en la vida un elemento de placer y de fiesta, pero también de desorden y destrucción... ¿Por qué la angustia y el horror nos invaden cuando descubrimos que somos ese desconocido que se desnuda y goza hasta el olvido de su ser y se revuelca y crispa como una bestia en la obscenidad y el orgasmo?»
Jorge Gaitán Durán
La imaginación no tiene límites, la utilización y los recursos físicos del cuerpo sí. Cuando se supone que se goza tanto a través de erotismo, lo que está en juego no es sino una extraña combinación de acción, fantasía y riesgo, a lo que se añade ?cuando se trata de «amores sublimes»? la ilusión de que se trata de un acto divino realizado en compañía de un ser celestial. Cuando el sentimiento es profundo y se goza plenamente del erotismo, se experimentan sensaciones semejantes al misticismo que, como se sabe, es la experiencia amorosa por excelencia.
La desobediencia es uno de los ingredientes que le conceden mayor garantía a la pasión amorosa y no es cuestión del azar el hecho de que las experiencias eróticas más intensas se observen entre parejas homosexuales, cuando se es infiel, o si se trata del primer gran amor entre jóvenes inocentes e inexpertos que se hacen diestros a partir de la experiencia. En la medida en que la relación sea más peligrosa o censurada, los amantes gozarán más, es probable que confundan este goce con el Amor y se solacen con la idea de que realizan la más grande proeza humana cuando en realidad son presa, apenas, de una sensación que se constituye en la suma de accidentes de tipo material: se trata de una ilusión motivada por la imaginación y un buen estado de salud.
Tampoco es casualidad que en la pornografía, que se burla del discurso oficial, la desobediencia se presente de manera frecuente y descarada; aquí se descarta el tinte edulcorado que predomina en las telenovelas y precisamente por esta razón la pornografía molesta tanto a algunos espectadores de telenovelas y amigos de los amores sublimes: mientras que la pornografía presenta a los seres humanos como bestias sedientas de carne y limita al cuerpo a convertirse sólo en objeto de placer, algunas telenovelas muestran a los enamorados ideales como ángeles y sus cuerpos como si apenas fueran el albergue de limpias pasiones, en muchas telenovelas el cuerpo parece convertirse en un obstáculo para la realización del amor.
La pornografía se burla del amor y la telenovela reniega del cuerpo, se trata de la eterna disputa en la que se considera al ser humano como el animal más repulsivo y sucio o como la materialización de la integridad, cuando en realidad no se encierra en ninguna de estas dos categorías sino que es portador potencial de ambas: «el infierno donde todo es deseo y el edén donde todo es delicia sólo caben simultáneamente en la literatura» (Gaitán. 1997: 39).
3. El aburrimiento del amor carnal
«¡El amor! Pero, ¿qué es por tanto el amor? ha sido poetizado para uso de los necios. Una vulgar necesidad periódica, una chillona ley de la naturaleza, de la naturaleza eterna que reproduce y se multiplica, una inclinación brutal, un carnal cruce de sexo, un espasmo ¡Nada más! Pasión, ternura, sentimiento, todo se limita a eso.»
Petrus Borel
Los enamorados, después de haber superado los límites de amor y placer soñados, y si además de esto ya se han casado, tienen varios hijos y cuentas por pagar, podrían sentirse identificados con los planteamientos de Borel cuando han despertado de su modorra, de un desbordante amor carnal.
El comentario de las editoras del texto en el que se cita a Borel es el siguiente:
El desprecio de Borel por el amor es el que siente frente al acto procreador como reproductor de conductas animales, repetitivas, mediocres y tristes. Existe, por tanto un aburrimiento del amor carnal, una tristeza de la carne, de la limitación de la práctica amorosa, que lleva a la muerte del deseo. Y cuando el otro no es más que instrumento de placer, es entonces causa de tedio... Sólo el amor del Amor podría escapar al aburrimiento. Se trata del deseo de amar, siempre fugaz, que se desvanece cuando se hace realidad. Porque el otro, cuando por fin cree haber encontrado al ser amado, nunca estará a la altura del amor ideal. (de Diego. 1998: 23-24).
A través de su queja Borel parece anhelar la realización de algunos valores del amor «elegante» promulgado por la tribu preislámica Banú Udra (hijos de la virginidad), celebrada por Al-Wassa en El libro del brocado, asimilada por los poetas provenzales y algunos románticos. El amor, desde esta perspectiva, no debería ser un «carnal cruce de sexo» sino perpetuación del deseo, de gozo en el sufrimiento, en la sensación de que el objeto amoroso está próximo y lejano, es caprichoso y majestuoso, humano pero con un halo de divinidad; se trata, en últimas, de un sentimiento que alberga contemplación y deseo y por encima de todo idealización del amor, concebido como la experiencia que le concede mayor vitalidad al ser humano:
El amor es uno de los preceptos fijos de los hombres discretos ... es el comportamiento más hermoso de los hombres corteses y nobles... Un hombre cortés no puede estar libre de pasión ni desnudo de languidez, porque la pasión tal como la han descrito los sabios y como lo dicen los filósofos, es la primera puerta a través de la cual se abren las mentes y se ensancha el espíritu, y tiene una intensidad en el corazón por la que vive el alma. (Al-Wassa. 1990: 76).
El amor es una de las pocas experiencias capaces de transformar el comportamiento de manera radical:
Da valor al cobarde, hace generoso al avariento y elocuente al mudo, da fuerzas de decisión al indeciso... El poderoso se humilla ante la pasión y el orgulloso se somete; por el amor aparecen los secretos ocultos y se dejan llevar los reticentes, pues es un príncipe obediente y un jefe al que se sigue (Al-Wassa. 1990: 75).
Gracias al amor el enamorado ve más claro en sí mismo, la oscuridad desaparece de los actos y los pensamientos. El amor se convierte en luz, transforma y conduce a quien vive la experiencia hacia el análisis de refinados procesos introspectivos:
Usted cambió esta mañana mi mundo. Me sentía melancólico, aterrorizado del futuro. Y cuando usted apareció quedé deslumbrado... la sangre se me oxigenó, los músculos se me fortalecieron, el pensamiento se me aclaró, y me creció el valor. El amor me dice las mentiras más absurdas: me dice que usted es la mujer más hermosa del mundo. Mi loco corazón me dice que llore como un chiquillo. Su voz me está desgarrando el corazón en jirones. Se ha introducido usted en lo más íntimo de mi ser, me inquieta y me desazona... Es extraño, ¿no es cierto? Tenga en cuenta que soy un hombre nada sentimental. (Guide. 1989: 43).
El poeta enamorado no tardará en decir:
Por ti conozco quién soy. Me levantaste de tierra y me elevaste hasta el cielo; y diste un dulce sonido a mi lenguaje (Ovidio. 1989: 199).
Ovidio considera que el mejor ejercicio para evitar la ociosidad es estar enamorado:
Yo mismo era indolente y nacido para el reposo tranquilo; el lecho y la sombra habían ablandado mi carácter, pero la preocupación por una hermosa muchacha estimuló mi ociosidad y me ordenó ganar la soldada sirviendo en su campamento. Desde entonces me ves ágil y llevando a cabo guerras nocturnas. El que no quiera volverse perezoso, ¡que se enamore! (Ovidio. 1989: 236).
Si los enamorados no han satisfecho su amor bajo los preceptos de la «elegancia» promulgada por Al-Wassa en El libro del brocado («nadie será elegante hasta que no reúna en sí cuatro características: saber hablar, ser elocuente, casto y continente» (1990: 68), sino que la plenitud se ha logrado a través de la experiencia erótica, de la pasión carnal más intensa, es muy probable que se cuestionen sobre la veracidad de la idea de que en asuntos de arte, como de amor, de lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso; tal vez asuman su equívoco y acepten con desilusión que, en relación con los sentimientos más intensos ?con el supuesto de que se trate de experiencias idílicas y plenas?, de cualquier manera llega un momento en que, de forma natural e irremediable «los nudos más sólidos se desatan por sí mismos, porque la cuerda se gasta. Todo se va, todo pasa, el agua corre y el corazón olvida» (Flaubert. 1989: 34).
Al final de la historia no se recuerda ni siquiera el dolor que ha producido el amor. El tiempo, la energía y el dinero que se ha invertido en estas ocupaciones parecen haber caído en saco roto, con el transcurrir de los años la experiencia amorosa más arrebatada puede relacionarse con aquello que a lo largo de la vida se concibe como tiempo muerto, los periodos en los que se le ha concedido demasiada importancia a situaciones que no lo ameritaban y de las que sólo se es consciente mucho tiempo después de ocurrida la experiencia. Si la realización de la pasión amorosa se ha consolidado a través del matrimonio, el resultado final de la proeza puede ser, como escribe Fernando Vallejo en La virgen de los sicarios cuando se refiere a los hombres casados: «Vive prisionero, encerrado, casado, con mujer gorda y propia y cinco hijos, comiendo, jodiendo y viendo televisión» (Vallejo. 1994: 134).
El enamorado puede buscar suplir su vacío, la pérdida de la ilusión, a partir de emociones más consistentes y duraderas, por ejemplo, con la lectura de los clásicos. Si por casualidad termina encontrándose con El amor, la mujeres y la muerte, de Schopenhauer, podría aceptar que a través de su pasión sólo obedecía a la voluntad de vivir en concordancia con la naturaleza, es decir, que lo que parecía tan sublime no era más que un mecanismo que motivaba a que, como lo dice el filósofo de manera descarnada, el macho montara a su hembra, eso y nada más; si durante el tiempo de las promesas hubiera visualizado a su objeto amoroso con quince o veinte años más en su haber, seguramente hubiera dudado sobre la veracidad de sus juramentos de «amor constante más allá de la muerte».
4. Superación del amor alucinado
«Mi mente está para apreciarte,
mis ojos para verte,
mis oídos para llenar todo mi ser con
tus alabanzas.
Me gustaría hacer de mi mente una
abeja negra
y entronizar tus pies en mi mente,
y en mi lengua libar el Néctar de tu nombre.»
Ravi Das
El desfogue de la pasión a través del erotismo es proporcional al hastío que se experimenta cuando se han superado los límites del cuerpo y del placer carnal. El impacto de la caída será tan fuerte e intenso en la misma medida y proporción en que se hayan experimentado sensaciones de ser elevado hacia el infinito. Con el transcurrir del tiempo, los estados de gracia que se vivieron pueden terminar convertidos en desagradables sensaciones de vacío, dolor, insomnio y soledad; como consecuencia, la plenitud del placer conduce con demasiada facilidad a abismos sin fondo, abismos de los que no es muy divertido salir.
Los amigos del Amor, los eternos buscadores de tesoros ocultos, difícilmente hallarán plenitud hasta la eternidad en compañía de otro ser humano objeto de amor incondicional en la dicha y en las adversidades; para ellos siempre es necesario ir un poco más allá, superar nuevas etapas y, como ya se ha dicho, los límites del cuerpo se agotan demasiado pronto y las promesas de los enamorados casi siempre terminan convertidas en humo y olvido.
Cuando se supera el amor carnal es posible establecer relaciones amorosas más satisfactorias y plenas con otras personas o con Dios (concebido fuera de costumbres, credos o rituales específicos). En este tipo de experiencias las sensaciones son más elaboradas en la medida en que el objeto amoroso tiene la potencialidad de conducir al enamorado por encima de sí mismo, siempre que esté dispuesto; cuando la experiencia amorosa y la mística son muy profundas suelen confundirse, el Amado de los místicos podría equipararse con un profundo amor humano:
El místico Ravi Das le canta a su Amado:
Ravi Das no duerme en la noche,
ni conoce el placer durante el día.
El se encuentra en constante remembranza
del Señor.
Evitando las discusiones ociosas.
...
No contaminemos nuestros ojos con el sueño
durante la noche de separación.
¿ Cómo puede dormir aquel
que está constantemente absorto en el Amado?
...
Oh inquieto corazón, ven, lloremos,
retorzámonos de dolor,
¿ Para qué pensar en dormir
Esta es una noche que no tiene amanecer.
Rabia Dasri escribe:
Te he amado con dos amores,
un amor egoísta y uno que es digno de Ti.
En el amor egoísta,
me ocupo de recordarte
excluyendo a todos los demás.
En el amor digno de Ti
Tú retiras el velo para que yo pueda verte.
...
Estaba tan perdido en la intensa búsqueda
de mi Amado
que muchas veces
no lo vi pasar por mi lado.
Para Mira Bai:
Esta angustia de la separación me atormenta,
y el tiempo pasa sin que el sueño
me dé alivio en toda la noche.
Uno de los enamorados citados en El libro del brocado dirá, de manera muy cercana a la expresión de los místicos citados por Darshan Singh (1998):
Tú que yaces enfermo y torturado por la pasión,
también conozco yo los sufrimientos del amor.
Quien conoce el amor pasa insomne la noche
y el corazón enamorado se le escapa del pecho.
Es el amor una dolencia
que anida en las entrañas, en el pecho.
No se puede ocultar el amor, aunque se intente.
En este tipo de relaciones la calidad de la experiencia no depende del otro, que es inmenso, inalcanzable, sino del enamorado, de hasta dónde puede llegar para hacerse uno con su ideal. En las experiencias amorosas de este tipo el otro no es pensado «para», sino «en», no se trata de experiencias utilitarias, sino que lo que está en juego es la calidad de la vivencia en función de sí misma:
la vivencia en la que se está parece desconectarse de lo inmediato y temporalmente anterior y posterior. No se hace algo para otra cosa, sino que ese algo está concentrado en sí mismo. ... Se trata de vivencias concentradas en sí mismas, no subordinadas a otras cosa, atentas en su ser. Debido a que en ellas el yo no se determina utilitariamente, se encuentra determinado absolutamente por ellas. Se olvida o se enajena de sí mismo pues el sujeto queda trans-portado, transpuesto fuera de sí, precisamente para permanecer en la vivencia (García. 1995: 2).
En la medida en que más desmedido haya sido el amor carnal y cuanto más inocente, confiada y plena haya sido la entrega del cuerpo y de los sentimientos, más cerca se estará de franquear la barrera que impide la realización de experiencias con mayor apariencia de realidad en la medida en que son inducidas y pueden ser explicadas por quien las vive. En este tipo de experiencias el enamorado se constituye en artífice supremo, inspirador absoluto con pleno control de sus emociones, la realización de sus objetivos es más probable y si hay frustración ésta no surge porque el objeto amoroso no se halle a su altura, sino precisamente porque el objeto está demasiado lejos, se trata del Dios escondido, un ideal inalcanzable pero deseable.
El enamorado de Dios clama:
¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria?
¿ Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?
Dios mío, clamo de día, y no me respondes; y de noche, y no hay para mi reposo.
Se trata de un ideal que se hace más inaccesible cuando se cree estar más cerca de él, es la frustración del místico que algunas veces el enamorado experimenta de manera dramática.
* * *
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Bibliografía
Al-Wassa. El libro del brocado (la elegancia y los elegantes). Madrid: Alfaguara. 1990.
Diego de, Rosa; Vázquez, Lydia (eds). Humores negros. Del tedio, la melancolía, el esplín y otros aburrimientos. Biblioteca Nueva: Madrid. 1998.
Flaubert, Gustave. Cartas a Louise Colet.Madrid: Siruela. 1989.
Font, Jordi. Religión, psicopatología y salud mental. Barcelona: Paidós. 1999.
Gaitán Durán, Jorge. Sade. Bogotá: Planeta. 1997.
Galmés de Fuentes, Alvaro. El amor cortés en la lírica árabe y en la lírica provenzal. Madrid: Cátedra. 1995.
Guide, André. Escuela de las mujeres. Madrid: 1989.
García Alonso, Rafael. Literatura filosófica. Madrid: Siglo XXI. 1995.
Ovidio Nasson p. Amores. Arte de amar. Sobre la cosmética del rostro femenino. Remedios contra el amor. Madrid: Gredos. 1989.
Sádaba, Javier. El amor contra la moral. Madrid: Prodhufi. 1993.
Schopenhauer, Arthur. La sabiduría de la vida - En torno a la filosofía - El amor, las mujeres y la muerte y otros temas. México: Porrúa. 1998.
Singh, Darschan. Corrientes de néctar. Vidas, poesías y enseñanzas de santos y místicos. Medellín: SK. 1998.
Valéry, Paul. El señor Teste. México: Universidad Autónoma de México. 1972.
Vallejo, Fernando. La virgen de los sicarios. Bogotá: Alfaguara. 1994.