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sábado, 12 de noviembre de 2016

Si amas a tu perro trátalo como a un perro

Hay gente que no tiene hijos pero tiene perro y sueña con realizarse como padre con su perro: lo educa, juega con él, lo llama por su nombre, se siente orgulloso de sus avances, no pueden conversar pero, en todo caso, los hijos no conversan mucho con sus padres y a veces las palabras hieren y separan a los padres de los hijos. Los hijos no son de los padres sino de la vida, como los perros. Ni los perros ni los hijos son ramas de los padres, porque ni los padres ni los hijos ni los perros son árboles ni ramas sino personas y animales con pies y patas.
Los perros no son tan tontos como algunos amos suelen creer, hay algunos que los superan en inteligencia: el perro siente compasión, finge no poder alcanzar en el aire el objeto que su amo le lanza como si lo estuvieran filmando (la gente que suele jugar con su perro en el parque por lo general es más fea, más chica, más insignificante que su perro, es gente a la que nadie miraría si no fuera por la gracia del animal). El perro no atrapa el objeto que le lanza su amo porque sabe que si lo hace le va a dar golpes en la cabeza para que lo suelte y si es tan tonto como para lanzarle objetos pequeños, cuando el perro se los traga supone que después de cinco minutos se los va a devolver porque lo tiene debajo de la lengua. El problema de los domadores de perros no entrenados es que creen que el perro es una prolongación de sí mismos, no saben que aunque hombres y perros puedan convivir son seres diferentes.
Tomar al perro por hijo es gracioso, tomar al perro por alumno es gracioso, disfrazar al perro de persona es ofensivo, una ofensa contra la dignidad del perro: a la perra no le interesa saber cómo le queda la falda y la cintas rozadas en la orejas; al perro blanco le debe resulta bastante incómodo caminar con cuatro zapatos negros de cuero con cordones, es un pobre perro torpe que camina como ciego ¿qué tiene de divertido ponerle pesas en el cuerpo a un perro y sacarlo a caminar para que los demás lo vean como a un perro peligroso? ¿Por qué sentir que tengo un perro deportista por el solo hecho de llevarlo corriendo mientras yo disfruto en la comodidad de una bicicleta?
Hay gente no que tiene hijos ni desea tenerlos, para eso tiene perro; hay gente que quisiera aprovechar mejor su tiempo libre pero no tiene talento para nada, entonces se compra un perro, al que decide entrenar; hay quien busca reafirmar su propia personalidad y escoge un perro para hacerlo, la elección debe ser inconsciente pero es un hecho que la mente humana es poderosa y gracias a este poder hombre y perro terminan por parecerse, hay perros con cara de gente y gente con cara de perro, ¿quién termina por parecerse a quién?, ¿la transformación se da gracias al poder mental del amo o del perro?
Comprar un perro es como comprar un carro: grande o pequeño, discreto o extravagante, usado o nuevo, ruidoso o silencioso, elegante y costoso o corriente y barato. Tener o no tener, tengo carro y perro grande, tengo carro y perro pequeño, no tengo carro ni perro, no necesita carro ni perro, cómo me vería yo en tal carro o con tal perro…

lunes, 15 de febrero de 2016

El amor es un fenómeno de campo

Sufriré por lo tanto con el otro, pero sin exagerar, sin perderme. A esta conducta, a la vez muy afectiva y muy controlada, muy amorosa y muy pulcra, se le podría dar un nombre: es la delicadeza: es como la forma “sana” (civilizada, artística) de la compasión. (Até es la diosa del extravío pero Platón habla de la delicadeza de Até: su pie es alado, apenas toca el suelo.
Roland Barthes, en Fragmentos de un discurso amoroso
E. Ella. La protagonista de esta triste historia.
A. Una relación de diez años con E. Tres de convivencia (que acabaron con el amor).
B. Una amistad de cuatro años con E. que parecía amor no manifiesto. Una especie de amor platónico fruto de la mutua admiración desmedida que jamás llegó a convertirse en discurso amoroso por exceso de timidez y respeto excesivo de los participantes. Una amistad nerviosa, casi como la de Carlota y el pobre Werther.
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C. Una declaración de admiración desmedida durante un mes que terminó sumida en el silencio y sin que los participantes se hayan visto cara a cara (¿porque el Destino no lo quiso?). C. Logró desplazar de la mente de E. a A. y a B. porque es un absoluto amante latino: conquista con dibujos, canciones, conversaciones de índole intelectual con alto contenido sexual (vía telefónica, mensajes privados en Twitter y conversaciones de cuatro horas vía Whatsapp). Es lo que llamaríamos en un texto de biología un macho dominante.
E. sufre porque está obsesionada con los procesos de observación, comprensión e interpretación de textos de toda índole y el discurso amoroso y las acciones e intenciones de los participantes no le son ajenas. Después de una cadena de hechos que superan su entendimiento no ha podido llegar a comprender cuál era la intención de C. A veces se pregunta si no se trató de una conquista de venganza. Si hay porno de venganza puede haber conquista de venganza, pero, entonces surge otra pregunta: ¿A quién estaba vengando C.? ¿Por qué tanto despliegue de talento, memoria, tiempo y energía con el único propósito de que E. terminara locamente enamorada de C. si la única intención consistía en dejarla aturdida y abatida ante el más aplastante Silencio?
¿Por qué? Si se trata de un juego es muy divertido y si se trata de una venganza es una dulce venganza, tan dulce que puede ser narrada sin lágrimas y sin suspiros.
A. Era recordado con cierta nostalgia y aunque no se abrigaba el deseo de reanudar el idilio amoroso se vivía a su lado una especie de “bonita amistad”, recuerdo del viejo amor que se tuvieron y que C. destruyó para siempre porque durante un mes trastornó la mente de la protagonista de esta triste historia, se insertó de tal modo en lo más íntimo de su ser hasta el límite de convertir a  A. en un amigo lejano y B. en un amigo más.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Renuncio a mi carrera

Para renunciar es preciso estar facultado, tener talento y vitalidad para realizar una tarea. Se renuncia para emprender un nuevo camino, porque las pruebas han sido superadas o porque ha dejado de ser emocionante eso que tanto nos motivaba al comienzo, cuando sentíamos que eso que hacíamos era lo mejor que habíamos hecho en la vida, lo que nos hacía sentir plenos y felices. No vale la pena seguir haciendo algo sólo porque es lo que debemos hacer, porque todos lo hacen, porque así es el comportamiento de las personas normales y porque debemos dar una buena impresión, parecer felices, plenos y realizados.
No estoy hablando del trabajo sino del amor. Después de 23 años de pasión intacta, después de haber disfrutado plenamente primero durante trece años y luego durante diez con dos hombres encantadores creo que el amor es una prueba superada para mí y no me interesa volver a experimentar porque no sé lo que es actuar, porque no puedo hacer nada sin entusiasmo y porque tengo otros planes para mí, planes acordes con mi edad, mis deseos y lo que he ido cultivando a lo largo de la vida. El amor entre un hombre y una mujer es una prueba superada para mí, con lo vivido hasta ahora me sobra y me basta, no me apetece más. Estoy satisfecha.
El primer amor es el amor para siempre, el segundo amor es el verdadero y no quiero saber nada del tercer amor porque lo más seguro es que se trata de otra nueva ilusión muy persistente, otra interpretación de la realidad que me hará creer que llegó aquello que había estado soñando durante tanto tiempo sin esperarlo ni buscarlo. No quiero saber cómo es el tercer amor, no quiero saber cómo es el amor en la vejez, siempre tuve claro que el amor apasionado y el ejercicio de la sexualidad son experiencias dignas de la gente joven; después de los 45 no vale la pena soñar con grandes amores y con grandes pasiones porque a esa edad uno ya sabe qué es lo que de verdad le apasiona y la gran pasión de mi vida es la lectura: comprar libros, leerlos, recordarlos y escribir sobre esos libros. Descubrí la lectura hace treinta y cinco años y desde el primer día no he podido parar de leer. A eso me voy a dedicar durante el tiempo que me queda de vida.
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sábado, 25 de julio de 2015

Nos separó la risa

Hace diez años tuve la fortuna de conocer a Andrés
Como tenemos muchos rasgos comunes nos sorprendimos al coincidir en un instante concreto de tiempo y espacio con alguien tan parecido a nosotros mismos.
Sin pensarlo mucho confiamos el uno en el otro.
Sentíamos que teníamos una misión y que no podía ser casualidad que dos personas -como él y como yo- se conocieran por casualidad, como quien no quiere la cosa.
Porque nos conocimos por casualidad el 5 de mayo de 2005.
¡Sí!
5 – 5 – 5.
El día en el que el Universo prometió que ocurrirían cosas maravillosas a quienes estuvieran preparados y él y yo estábamos preparados para lo mejor.
Y fue maravilloso conocernos como si nos conociéramos desde mucho tiempo antes y descubrir hasta el último día que no nos habíamos equivocado al confiar desde el primer momento (es importante anotar que nos conocimos a través de la escritura en una sucia sala de chat cuando la mayoría de los usuarios de esos espacios virtuales eran maricas desesperados que buscaban a alguien con quien pasar un aburrido fin de semana en una sucio cuarto de motel). ¡Ahí, en un contexto sórdido y banal, nos conocimos él y yo!
Nos escribimos menos de media hora, nos vimos cara a cara un poco después y así comenzó la historia:
Dos persona que no confían en la condición humana decidieron confiar ese día sin saber por qué y no se equivocaron.
¿No es maravilloso?
Y nos sentimos en el mundo de la Fantasía desde el primero hasta el último día.
En alguna medida el Universo nos cumplió.
***
Pasó el tiempo y aunque nos divertíamos como locos no ocurría nada realmente extraordinario aparte de la dicha de estar juntos, que no era poca cosa.
Pero nosotros queríamos mucho más, pasamos diez años esperándolo y eso que esperábamos, que no sabíamos exactamente qué era, no llegó.
Andrés es trece años menor que yo
A veces pensábamos que yo le robaba la vida mientras alargaba mi juventud de manera desproporcionada,
Con mucha avaricia.
Mucha gente lo pensaba con una mezcla de envidia y de recelo (especialmente los hombres y las mujeres, a los perros y a los gatos -en cambio- les simpatizábamos mucho cuando íbamos al parque en pareja o cuando saludábamos a la perra de la vecina).
***
Durante diez años hicimos más o menos lo mismo
Y eso no es sólo sabio sino afortunado.
Nuestras rutinas nunca nos agotaron
Nunca deseamos abandonarnos a nuestra suerte.
Como nos gusta jugar y como nuestra vida ha consistido en sonreír a costa de la tontería ajena
Ahora vamos a jugar a que paramos el juego justo de diez años
Con la ilusión de volvernos un poco serios.
Nos vamos a poner de nuevo en manos del Destino
Con la ilusión de conocer a otras personas,
Vivir otras vidas con otras personas que nos hagan ver el mundo de otra manera porque nos lo merecemos,
Mucho más él que yo porque yo he vivido más y me quedan menos años de vida si es que llegamos a morir de viejos.
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miércoles, 15 de julio de 2015

Aforismos de Flaubert en las cartas a Louise Colet

Los textos escritos, a diferencia de la narración o el diálogo oral, conservan el discurso y se convierten en archivos disponibles para la memoria individual y colectiva, si la lectura es posible es porque el texto no está cerrado en sí mismo sino abierto a otra cosa. Leer es encadenar un discurso conocido al discurso del texto que se está leyendo, relacionar experiencias anteriores de lectura y de vida y actualizar o activar la lectura de nuevos textos o de textos ya leídos a partir de perspectivas nuevas, la capacidad de reactualización de los documentos escritos es lo que garantiza su carácter abierto. En la correspondencia de Flaubert, y especialmente en las Cartas a Louise Colet, esta regla se evidencia en todo su esplendor puesto que al lector se le brinda la posibilidad de encontrar una y otra vez, expresado desde diversas perspectivas y con énfasis diferentes, desde la voz del enamorado que expresa la intensidad de sus sentimientos sólo a través de la escritura y desde la distancia, pasando por los más honestos consejos para emprender una vida menos dolorosa -toda una filosofía de la vida con argumentos lo suficientemente lógicos, sólidos y consecuentes- hasta las reflexiones más lúcidas relacionadas con el arte, la lectura y la escritura, sopesadas por un hombre que se autoproclama como un practicante del misticismo estético.
Para Flaubert el amor loco y las valores de la vida comunitaria como experiencias humanas son inferiores a las que proporciona la relectura de un clásico en absoluta soledad; él necesita de todo su tiempo para volver una y otra vez sobre los autores que más admira: Cervantes, Rabelais, Epicteto... y se empeñó en convertir en realidad la escritura de las obras con las que soñó. Ese fue su gran ideal y lo alcanzó a fuerza de trabajo, soledad y perseverancia, tres valores que enaltece a lo largo de su correspondencia.
Flaubert le escribía a su amante para distraerse del trabajo o para desatar la ira, la felicidad o la impotencia que generaba en él la escritura de su obra literaria más importante: Madame Bovary. La gran paradoja alrededor de la escritura simultánea de estos dos textos está relacionada con el hecho de que a pesar del innegable valor estético de la novela la lectura de las cartas en algunas ocasiones puede llegar a ser más estimulante, actual y universal, este hecho se debe, tal vez, a que son expresión cabal de lo que el mismo Flaubert consideraba sería la gran obra literaria del futuro: un texto autobiográfico escrito con total sinceridad, buen estilo y sin omitir detalles que pongan a salvo la imagen del escritor: "Cualquier hombre que supiera escribir correctamente crearía un libro soberbio al redactar sus Memorias, si las expusiera con sinceridad y de manera completa" (Flaubert. 1989. 95).
El principal objeto de estudio de Flaubert a lo largo de su vida fue él mismo y la experiencia amorosa con Louise Colet se constituyó en el mejor pretexto para profundizar más en su autocontemplación, en algunas ocasiones es asombrosa la convicción de Flaubert para expresar sus sentimientos y otorgarle un lugar preciso o cada pasión, casi siempre de manera racional y calculada, en medio de la placidez que le proporciona el hecho de compartir impresiones sobre la gran pasión de su vida, la lectura y la escritura, con una mujer que además de eso lo ama y estuvo dispuesta siempre a soportar sus cambiantes estados de ánimo y sus ausencias.
Flaubert escribe sobre la vida y la muerte, sobre las pasiones y las flaquezas humanas, sobre el arte, la lectura y la escritura. En vista de que se trata de un hombre tan consecuente consigo mismo y ha constituido su vida de tal manera que cada idea y acción suyas se corresponden de manera plena, sobran más explicaciones:
Un polvo dura un minuto, y lo has deseado durante meses.
Quisiera escribir palabras que te hicieran llorar de admiración.
Las pasiones son buenas, pero no en exceso; hacen perder mucho tiempo.
Se llegan a hacer cosas hermosas a fuerza de paciencia y de larga energía.
La felicidad es una mentira cuya búsqueda causa todas las calamidades de la vida.
¡Qué mecánica supone lo natural, y cuántas artimañas hacen falta para ser auténtico!
Me gustan los tipos tajantes y energúmenos. Sin fanatismo no se hace nada grande.
Ser tonto, egoísta y tener buena salud, son las tres condiciones requeridas para ser feliz.
Todos los grandes voluptuosos son púdicos; hasta ahora no he visto excepciones.
La naturaleza exterior nos avergüenza: es de una serenidad desoladora para nuestro orgullo.
No creo en el remordimiento: es una palabra de melodrama que jamás consideré auténtica.
Me gusta agotar las cosas. Y todo se agota; jamás he tenido un sentimiento sin tratar de agotarlo.
Por un instante he visto la sima, he comprendido el abismo, y luego el vértigo me ha arrastrado.
Así que tú también has sondeado el abismo y has visto el fondo allá donde creías que no lo había.
Ahora siento hacia mis semejantes un odio sereno, o una piedad tan inactiva que es lo mismo.
Más que galopar, Pegaso suele ir al paso. Todo el talento consiste en tomar el ritmo que uno quiere.
Las mujeres confunden el culo con el corazón y creen que la luna está hecha para alumbrar su cuarto.
Para aguantar todo lo que precisas, ángel mío, hazte una coraza secreta compuesta de poesía y orgullo.
Temo ser frío, seco, egoísta, y Dios sabe bien, sin embargo, lo que sucede en estos momentos dentro de mí.
Hay que apoyarse sobre los fuertes y sobre lo eterno, y no sobre nuestras pasiones tornasoladas y cambiantes.
Me disgusta profundamente el periódico, es decir, lo efímero, lo pasajero, lo que es importante hoy y no lo será mañana.
Cuando uno vale algo, buscar el éxito es estropearse sin motivo, y buscar la gloria es quizá perderse completamente.
Lo que vuelve tan hermosas las figuras de la antigüedad es que eran originales: ahí está todo, el sacar de uno mismo.
No soy ruiseñor, sino curraca de grito agrio que se oculta en el fondo de los bosques para no ser oída sino por ella misma.
Si no me quisieras, me moriría; como me quieres, aquí estoy, escribiéndote que te detengas. Mi propia estupidez me da asco.
Cada día me doy cuenta de lo poco que tengo, y la profundidad de mi vacío no iguala sino la paciencia que dedico a contemplarlo.
Por mucho que escondo lo más posible mis dolores en mi interior, a veces salen, y desgarran a quienes estrecho entre mis brazos.
La felicidad es un usurero que, por un cuarto de hora de dicha que te presta, te hace pagar todo un cargamento de desgracias.
Los nudos más sólidos se desatan por sí mismos, porque la cuerda se gasta. Todo se va, todo pasa; el agua corre y el corazón olvida.
La comicidad llegada al extremo, la comicidad que no hace reir, el lirismo en la broma es para mí lo que más me seduce como escritor.
Esta disposición para planear sobre uno mismo es quizá la fuente de toda virtud. Te arranca de la personalidad, lejos de retenerte en ella.
¡Camina, venga, no mires hacia atrás ni hacia adelante; pica piedras como un peón, con la cabeza gacha, latiéndote el corazón siempre, siempre!
Yo soy un arabesco de marquetería; hay trozos de marfil, de oro y de hierro; los hay de cartón pintado; los hay de diamante; los hay de hoja de lata.
No presumo de ir hacia un falso ideal de estoicismo, pero evito las ocasiones de sufrimiento y las atracciones peligrosas, de las que ya no se vuelve.
El amor no es lo primero en la vida, sino lo segundo. Es un lecho en el que acuesta uno su corazón para relajarlo. Y uno no puede pasarse todo el día echado.
Las mujeres, que han amado tanto, no conocen el amor, por haber estado demasiado acupadas con él; no tienen un apetito desinteresado por lo Bello.
Lo que constituye la fuerza de una obra es el empalme, como se dice vulgarmente, es decir, una larga energía que corre de un extremo a otro y que no flaquea.
Al amor le pusieron una venda, pues resultaba embarazoso representar sus ojos. Habría sido algo demasiado feo. Lleva tanto tiempo llorando que han de estar rojos.
Porque un imbécil tenga dos pies como yo, en vez de cuatro como un burro, no me creo obligado a quererlo, o al menos, a decir que lo quiero y que me interesa.
El amor, después de todo, no es sino una curiosidad superior, un apetito de lo desconocido que te empuja a la tormenta, a pecho abierto y con la cabeza adelante.
Lo que hace dulces los días es la expansión de la mente, la comunión de ideas, el relato confidencial de lo que se ha soñado, de lo que se desea, de todo lo que se piensa.
Hay que poner el corazón en el arte, la inteligencia en el comercio del mundo, el cuerpo allá donde se encuentre bien, la bolsa en el bolsillo y la esperanza en parte alguna.
Me detesto y me acuso por esa demencia de orgullo que me hace jadear en pos de la quimera. Un cuarto de hora después, todo ha cambiado; el corazón me late de alegría.
Que cada uno se contente con ser honesto, quiero decir con cumplir su deber y no fastidiar al prójimo, y entonces todas las utopías virtuosas se verán rápidamente rebasadas.
¡Si me hubieras amada a los diecisiete años, qué cretino sería ahora! La feliclidad es como la sífilis: si se contrae demasiado joven, puede estropear completamente el temperamento.
No hay un cretino que no haya soñado ser un gran hombre, ni un burro que, al contemplarse en el arroyo junto al que pasaba, no se mirara con placer, encontrándose aires de caballo.
Soy el hermano en Dios en todo lo viviente, de la jirafa y del cocodrilo tanto como del hombre, y conciudadano de todos los inquilinos del gran caserón amueblado que es el Universo.
Lo grotesco triste tiene para mí un encanto inaudito; corresponde a las necesidades íntimas de mi naturaleza, que es bufonescamente amarga. No me hace reir sino soñar largamente.
Amo el arte, y no creo en él. Me acusan de egoísmo, y no creo en mí más que en otra cosa. Amo la naturaleza, y con frecuencia el campo me parece estúpido. Amo los viajes y detesto menearme.
Siempre soy sincero, y no puedes acusarme de haber mentido ni fingido un solo minuto, pues desde la primera hora, desde la primera palabra, dije todo eso; desde el bautismo anuncié el entierro.
Yo le había dado el fondo. Usted quiere, además, lo de encima, la apariencia, los mimos, la atención, los desplazamientos, todo lo que me he matado tratando de explicarle que no podía darle.
Ya he sido amado antes, y mucho, aunque soy de esos seres a los que se olvida pronto, más aptos para hacer nacer la emoción que para hacerla durar. Siempre me quieren un poco como algo raro.
Me parece que tú también tienes tristeza en el corazón, de esa profunda que de nada procede y que, como depende de la sustancia misma de la vida, es tanto mayor cuanto que ésta es más agitada.
La gente que medita, o sea, los champiñones intelectuales que se pudren en su sitio, como yo, hacen bien de vez en cuando en acercarse al fuego. Hace que despidan su jugo, luego quedan aún más secos.
Es fácil, con una jerga convenida, con dos o tres ideas en boga, hacerse pasar por un escritor socialista, humanitario, renovador y precursor de ese porvenir evangélico soñado por los pobres y por los locos.
La idea de dar la vida a alguien me produce horror. Me maldeciría si fuese padre. ¡Un hijo mío! ¡Oh, no, no, no! ¡Perezca toda mi carne, y que no transmita a nadie el hastío y las ignominias de la existencia!
El hastío que me entra por los ojos me rompe, desde el punto de vista nervioso, y además, sufrir durante mucho tiempo el espectáculo de la multitud me hunde siempre en ciénagas de tristeza, donde me asfixio!
Comprendo como cualquier otro lo que debe de experimentarse viendo dormir a un hijo. Yo no habría sido mal padre; pero ¿para qué hacer salir de la nada lo que duerme? Hacer venir a un ser es traer a un desdichado.
No he podido llegar al estoicismo, al que nada afecta, y que no se rebela más ante la estupidez que ante el crimen; pero he conseguido librarme completamente de todo cuanto puede mostrarme la estupidez humana.
Ya he vuelto a mi vida chata y monótona, que sólo tiene algún placer en su uniformidad, y alguna grandeza, quizá, sólo en su perseverancia. En cuanto rompo mi ritmo ordinario y quiero volver a él, siento una amargura sin fondo.
Todo el talento de escribir no consiste, después de todo, más que en la elección de las palabras. La precisión es la que hace la fuerza. En estilo es como en música: lo más hermoso y lo más raro que hay es la pureza del sonido.
Lo que siento por ti es un fruto de verano de piel lisa, que cae de la rama al menor soplo y derrama en la hierba su jugo bermejo. Se agarra al tronco, tiene la corteza dura como un coco y erizada de pinchos como los higos chumbos.
Lo que temo no son los leones ni los sablazos, sino las ratas y los alfilerazos. La habilidad práctica de un ser inteligente consiste en saber preservarse de todo eso. Para ello, como en todo, hace falta arte, y sobre todo paciencia.
No ha dado tiempo a su ira para que se enfríe. Una vez más, no se escribe con el corazón, sino con la cabeza, y por bien dotado que esté uno, siempre hace falta esa vieja concentración que da vigor al pensamiento y relieve a la palabra.
He perdido a muertos, he perdido a vivos, y he visto toda las estupidez vanidosa de mis dolores, cuando creía que estos afectos eran necesarios para mi vida. Nada es necesario ni útil. Hay cosas más o menos agradables, eso es todo.
¿Por qué has querido entrometerte en una vida que no me pertenece a mí mismo, y cambiar toda esa existencia a capricho de tu amor? Me ha hecho sufrir el ver los esfuerzos inútiles que hacías para mover esa roca que hace sangrar los dedos cuando se roza.
De día en día siento operarse en mi corazón un alejamiento de mis semejantes que va ensanchándose, y estoy contento de ello, pues mi facultad de aprehensión hacia lo que me es simpático va en aumento, debido a ese mismo alejamiento.
El fondo de mi creencia es no tener ninguna. Ni siquiera creo en mí; no sé si soy idiota o ingenioso, bueno o malo, avaro o pródigo. Como todo el mundo, floto entre todo eso; mi mérito es, quizá, el darme cuenta, y mi defecto, el tener la franqueza de decirlo.
Hay que leer, meditar mucho, pensar siempre en el estilo y escribir lo menos posible, sólo para calmar la irritación de la idea que exige tomar forma, y que se revuelve en nuestro interior hasta que le hemos encontrado una exacta, precisa, adecuada a ella misma.
La prueba de que no soy un fanático de los tonos crudos y de las ideas absolutas es que, tanto como me gustan en arte los amores desordenados y las pasiones que gritan, tanto me gustan en la práctica las amistades voluptuosas y los galanteos sentimentales.
No son las grandes desgracias las que crean la desgracia, ni las grandes felicidades las que hacen la felicidad, sino el tejo fino e imperceptible de mil cinscuntancias banales, de mil detalles tenues, que componen toda una vida de paz radiante o de agitación infernal.
No son las grandes cenas ni las grandes orgías las que alimentan, sino un régimen seguido, sostenido. Trabaja cada día pacientemente un número igual de horas. Toma el hábito de una vida estudiosa y tanquila; primero saborearás en ella un gran encanto y sacarás fuerza.
Lo que a mí me parece lo más elevado del Arte (y lo más difícil) no es hacer reir ni llorar, ni poner cachondo o enfurecer, sino obrar al modo de la naturaleza, es decir, hacer soñar. Por eso las obras más hermosas poseen ese carácter. Son serenas de aspecto e incomprensibles.
Me hablas de un terremoto en Livorno. Aunque abriera la boca al respecto, para dejar escapar las frases consagradas en semejante caso: "¡Es lamentable! ¡Qué horrible desastre! ¿Será posible? ¡Ay, Dios mío!", ¿devolvería la vida a los muertos y sus bienes a los pobres?
San Vicente de Paúl obedecía a un apetito de caridad, como Calígula a un apetito de crueldad. Cada uno goza a su estilo y para sí solo; unos, reflejando la acción sobre sí mismos, convirtiéndose en su causa, centro y finalidad; otros, convidando al mundo entero al festín de su alma.
El éxito no me tienta. Lo que me tienta es lo que puedo darme, mi propia aprobación; y quiza acabaré por prescindir de ella, como habría que tenido que prescindir de la de los demás. Así pues, traslada todo eso a ti, sobre ti, Trabaja, medita, medita sobre todo, condensa tu pensamiento.
Eres precisamente la única mujer a la que he querido y que he conseguido. Hasta ahora me iba a calmar con unas los deseos inspirados por otras. Me has hecho mentirle a mi sistema, a mi corazón, quizá a mi naturaleza, que, siendo incompleta en sí misma, busca siempre lo incompleto.
El amor no está, y no debe estar, en el primer plano de la vida; debe quedarse en la trastienda. Hay otras cosas antes que él, en el alma, que están, creo, más cerca de la luz, más próximas al sol. Conque, si tomas el amor como plato fuerte de la vida: no. Como condimento: sí.
Lo que me impide tomarme en serio, aunque tengo el espíritu bastante grave, es que me encuentro bastante ridículo, no con ese ridículo relativo que es la comicidad teatral, sino con ese ridículo inherente a la propia vida humana, y que brota del acto más sencillo o del gesto más ordinario.
Un hombre querrá a su lavandera y sabrá que es tonta, sin gozar menos por ello. Pero si una mujer ama a un patán, es un genio desconocido, un alma de élite, etc., de modo que, debido a esa natural disposición al bizqueo, no ven la verdad cuando aparece, ni la belleza allá donde se encuentra.
La patria es la tierra, es el universo, son las estrellas, es el aire, es el propio pensamiento, es decir, lo infinito dentro de nuestro pecho. Pero las querellas de pueblo a pueblo, de municipio a barrio, de hombre a hombre, me interesan poco, y sólo me divierten cuando constituyen grandes lienzos en fondo rojo.
Lea y no sueñe. Sumérjase en largos estudios; lo único que hay perennemente bueno es el hábito de un trabajo tozudo. De él se desprende un opio que embota el alma. He pasado por atroces hastíos, y he girado en el vacío, loco de aburrimiento. De eso se salva uno a fuerza de constancia y de orgullo.
Déjame quererte a mi aire, al estilo de mi ser, con lo que tú llamas mi originalidad. Compréndeme y no me acuses. Si te considerase ligera y necia, como las demás mujeres, te engañaría con palabras, promesas y juramentos. ¿Qué me costaría? Pero prefiero quedarme por debajo que por encima de la verdad de mi corazón.
Si por amor entiendes tener una preocupación exclusiva por el ser amado, no vivir más que por él, no ver más que a él de todo cuanto hay en el mundo, estar lleno de su idea, tener el corazón colmado de él... sentir, en una palabra, que tu vida está ligada a esa vida y que ésta se ha convertido en un órgano particular de tu alma: no.
Creo que la noche está hecha para un orden de ideas muy particular, distinto de aquel en que vivimos todo el día; es el momento de los suspiros, de los deseos, del recuerdo y de la esperanza; entonces es cuando, solo y despierto, el pensamiento flota a gusto entre cielo y tierra, como esas aves que viven en las nubes.
He nacido hastiado; esa es la lepra que me corroe. Me aburro de la vida, de mí mismo, de los demás, de todo. A fuerza de voluntad he acabado por adquirir el hábito del trabajo; pero cuando lo interrumpo, todo mi hastío vuelve a la superficie, como una carroña hinchada que exhibe su vientre verde y corrompe el aire que respiramos.
Si alguna vez se enamora de ti un pobre muchacho que te encuentra hermosa, un chico como era yo, tímido, dulce, tembloroso, que te tiene miedo y te busca, te evita y te persigue, sé buena con él, no lo rechaces, dale solamente tu mano a besar; morirá de embriaguez. Pierde tu pañuelo, lo recogerá y dormirá con él; se revolcará encima, llorando.
El extremo de todos mis sentimientos tiene una punta afilada que hiere a los demás, y también a mí mismo, a veces. No me gusta que mis sentimientos sean conocidos por el público, y que en las visitas me arrojen a la cabeza mis propias pasiones, a modo de conversación. Siento que te amaría de manera más ardiente si nadie supiera que te amo.
Nunca hay que pensar en la felicidad, eso atrae al diablo, pues es él quien ha inventado esa idea para hacer enloquecer al género humano. El concepto de paraíso es, en el fondo, más infernal que el de infierno. La hipótesis de una felicidad perfecta es más desesperante que la de un tormento sin descanso, ya que estamos destinados a no encontrarla nunca.
A partir de la noche en que me besaste en la frente, me juré a mí mismo no mentirte nunca. Es el procedimiento más rudo, más brutal; ¿dirás, acaso, el menos tierno? Pero creo que obrar de otro modo sería despreciarte, envilecerte incluso. No estás hecha para que se te sirva con un amor falso y lleno de muecas. Preferiría rajarte la cara que burlarme de ti a tus espaldas.
Me oriento hacia una especie de misticismo estético (si ambas palabras pueden ir juntas), y querría que fuese más fuerte. Cuando ningún estímulo nos viene de los demás, cuando el mundo exterior nos asquea, nos vuelve lánguidos, nos corrompe y nos embrutece, las personas honradas y delicadas se ven forzadas a buscar en sí mismas, en algún lugar, un sitio más limpio para vivir.
¡Cuántos amores, entusiasmos, amistades profundas y vivas simpatías no habré tenido ya, para verlas derretirse como la nieve! Me aferro a lo poco que me queda. He llorado a los muertos, a algunos vivos, y me he reído de lástima ante la vanidad de mis mejores sentimientos y de mis creencias más puras. Pero no arrojo a la calle a los que quieren quedarse conmigo, en mi aburrido aislamento.
Antes pasé largas horas soñando con triunfos asombrosos para mí, cuyos clamores me hacían estremecerme como si ya los hubiera oído. Pero no sé por qué, una mañana me desperté desembarazado de aquel deseo, incluso más enteramente que si hubiera sido satisfecho. Entonces me vi más pequeño, y dediqué toda mi razón a observar mi naturaleza, su fondo, y sobre todo sus límites.
¿Sabes que es lo que hay de más íntimo, más oculto en todo mi corazón y lo que es más "yo" en mí? Son dos o tres pobres ideas de arte incubadas con amor; eso es todo. Los más grandes acontecimientos de mi vida han sido algunos pensamientos, lecturas, ciertas puestas de sol en Trouville al borde del mar, y charlas de cinco o seis horas consecutivas con un amigo que ahora está casado, y perdido para mí.
Para tener talento hay que estar convencido de que se posee, y para conservar la conciencia limpia hay que colocarla por encima de la de todos los demás. El modo de vivir con serenidad y al aire libre es instalarse sobre una pirámide cualquiera, no importa cuál, con tal que sea elevada y su base sólida. ¡Ah!, no siempre es divertido, y se está muy solo; pero se consuela uno escupiendo desde arriba.
Si a veces tengo momentos agrios que me hacen casi gritar de rabia, hasta tal punto siento mi impotencia y mi debilidad, hay otros también en que me cuesta contenerme de alegría. Algo profundo y extravoluptuoso desborda de mí a chorros precipitados, como una eyaculación del alma. Me siento transportado y todo ebrio de mi propio pensamiento, como si me llegase, por un tragaluz interior, una bocanada de perfumes cálidos.
Hubo un tiempo en que me mirabas como a un egoísta celoso que se complacía rumiando perpetuamente su propia personalidad. Eso es lo que creen quienes ven la superficie. Lo mismo ocurre con ese orgullo que tanto indigna a los demás y que, no obstante, cuesta tamañas miserias. Al contrario, nadie ha aspirado a los demás más que yo. He ido a olfatear estiércoles desconocidos, me he apiadado de muchas cosas ante las que no se enternecían las personas sensibles.
¿Por qué no amarnos como debe uno amarse cuando tiene inteligencia? ¿Por qué no disfrutar simplemente del placer de estar juntos, buscarlo, escribírnoslo de vez en cuando, vernos con el rostro risueño y el corazón abierto, y que todo quede ahí? No merece la pena el no ser perfectos imbéciles, si es para vivir como locos. Cuando se quiere que un río corra más aprisa, se estrecha, se hace más profundo, pero sus aguas son turbias. Cuando se suena uno demasiado fuerte, se sangra. Cuando se zambulle uno demasiado hondo, se rompe la cabeza. Cuando se ama irracionalmente, se sufre desmesuradamente.
En cuanto a la idea de la patria, es decir de cierta porción de terreno dibujada en el mapa y separada de las demás por una línea roja o azul, ¡no! La patria es para mí el país que quiero, es decir, con el que sueño, aquel en que me encuentro bien. Soy tan chino como francés, y no me alegro nada de nuestras victorias frente a los árabes, porque me entristecen sus reveses. Quiero a este pueblo áspero, vivo, último tipo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra, bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de nuestra valiente civilización que tiembla de ira.
Si por amor entiendes querer tomar de ese doble contacto la espuma que flota encima sin remover el pozo que puede estar en el fondo, unirse con una mezcla de ternura y de placer, verse con encanto y separarse sin desesperación... poder vivir uno sin el otro, puesto que uno vive separado de todo cuanto anhela, huérfano de todo lo que ama, viudo de todo aquello con lo que sueña; pero experimentar, no obstante, en estas aproximaciones, desfallecimientos que hacen sonreír, como ante un cosquilleo extraño; sentir, por último, que esto ha ocurrido porque tenía que ocurrir, y que pasará porque todo pasa, jurándose de antemano que no acusará al otro ni a uno mismo, y en medio de esta dicha vivir como uno vive, o un poco mejor, con un sillón más para reclinar en él el corazón los días de cansancio, sin que por ello deje uno de estar mucho más divertido al levantarse cada mañana.
Bibliografía
Flaubert, Gustave. Cartas a Louise Colet. Madrid: Siruela. 1989.

¿Lo real es el azar?

El ser humano está constituido por tres entidades delimitadas y complementarias: el cuerpo (la materia), el alma (los sentimientos) y la mente (el intelecto o la racionalidad), también cuenta con la posibilidad de expresar lo que su condición conlleva a través del universal llamado lenguaje articulado, éste le brinda la posibilidad de expresarse a sí mismo tanto como al exterior; Si la exteriorización se realiza a través de la escritura el proceso puede llegar a ser más explícito que si se realiza a través de la oralidad debido a que la escritura permite tomar distancia de la propia experiencia, revisar permanentemente las propias reflexiones y explicar, a partir de la selección de las palabras más precisas, aquello que ha sido tan importante y, con un poco de esmero y paciencia, vale la pena narrar. Si cada quien hiciera de su propia experiencia un ejercicio restrospectivo con el solo propósito de aclarar los hechos ocurridos, si se atreviera a narrar por escrito cada detalle del camino que ha recorrido, es probable que pueda seguir caminando con menos incertidumbre y mayor responsabilidad, con la ilusión de que su vida es el resultado del cálculo, la perseverancia y la responsabilidad, que el tan anhelado proyecto de vida se ha materializado a través de una nítida línea recta que se dirige siempre hacia el infinito, la vida se constituye, entonces, en un plácido viaje a través de un paisaje en el que todo es bello y pefecto; si las cosas no van bien, en el sentido que han tomado el camino que no habíamos proyectado, se puede llegar a la triste y fácil consideración de que cada acto de la vida por minucioso y concreto que haya sido en el momento de ser sólo un proyecto, en un abrir y cerrar de ojos puede verse desfigurado o aniquiliado por designios del azar.
Al parecer, la base del equilibrio se funda en el amor: el amor al cuerpo expresado a través de ejercicio, la higiene, la nutrición; el amor al alma a través de la realización de valores como la sinceridad, la generosidad, el desinterés, el ánimo ante la adversidad, la búsqueda del placer, y, por último, el amor al intelecto, expresado a través de actividades que exigen la realización de procesos mentales con altos grados de concentración y abstracción a través de ejercicios como la lectura, la escritura, la elaboración de objetos, la apreciación de obras de arte. Quienes privilegian el amor hacia el cuerpo suelen descuidar el alma y el intelecto, quienes consagran su vida a perfeccionar el alma suelen despreciar el valor y los cuidados del cuerpo, quienes dedican la mayor parte de su vida a cultivar el intelecto, con frecuencia desprecian los placeres que brinda el cuerpo y el alma. Cuando la vida ha transcurrido bajo parámetros sólidos y bien delimitados en los que una de las tres dimensiones -cuerpo, alma o intelecto- ha entrado en conflicto con las demás porque se le han concedido demasiados privilegios, la crisis no se hará esperar, es la mejor manera de hacer manifiesto el abandono o la falta de equilibrio, entonces vendrá la desesperación, el cansancio, la depresión y la injusta o débil valoración de las propias cualidades, bajo estas condiciones el monje desprecia la vida, la modelo de pasarela desprecia la vida y el intelectual consagrado desprecia la vida; el monje sueña con ser modelo de pasarela, el intelectual quiere hacerse monje y a la modelo de pasarela se le antoja consagrarse como intelectual.
La vida puede concebirse como compromiso, carga, condena, placer o curiosidad, depende del momento en que se valore el hecho de estar vivo, del pasado y del presente; la intepretación de la propia vida siempre es subjetiva y la valoración que hacemos de la vida de los demás depende casi siempre de nuestra propia experiencia. Es poco lo que se puede hacer cuando se interpone el azar en la realización de los más grandes o altruistas deseos humanos, algunas personas se concentran en la tarea que han dado en llamar la razón, centro y fin de su vida, cuando más embebidos se hallan, consagrados a la realización de su proyecto personal, de pronto llega, sin avisar, de manera intempestiva y para alterar de manera radical algunos valores muy bien sustentados, el amor, la vejez, la enfermedad, las dificultades económicas, los desastres naturales y en el más desalentador de todos los casos, la muerte.